Veamos:
1- B
La opción A la descarto: el arzobispo de todas formas repartir bendiciones con la derecha mientras sujeta firmemente la bota de vino con la izquierda.
La C tampoco me convence: en el centro hay una profundidad de entre 15 y 20 brazas (por lo que se ve en la carta), por lo que no creo que las cofas que asomen del agua sean obstáculo para una coca de buen tamaño. Solo en el bajío que está en el centro de la carta (cerca de la rosa de los vientos) y cerca de la costa, serían úitles esas 30 cocas barrenadas... Pero creo que lo mejor es conservarlas para hacer valer nuestra superioridad numérica.
2-D
¿Dividir mis fuerzas para que las comande quién? ¿Dos cortesanos cuyo único mérito militar hasta ahora ha sido asediar a las damas?
La opción 2-F también me gusta... es una lástima que las opciones del examen sena excluyentes, pero así están las cosas. Sin embargo, ordenaría a las otras 50 galeras que se sitúen a mi retaguardia y obstaculicen a las cocas que salgan del puerto (si salen) y les impidan atacarme por la espalda (bueno... la popa

).
3-G
Si la mayoría de mi gente de armas son de infantería, lo mejor es proporcionarles un medio donde puedan combatir como están mejor entrenados.
4-L
Si no tengo buenos capitanes de guerra, entonces lo mejor es adoptar la táctica más simple: Taponar la zona 2 con una sólida barrera de cocas, formando uno o varios pontones en la parte más estrecha entre ambas costas como si fuera un reducto, hacer valer el número, y que sean ellos los que ataquen y soporten el degaste.
El inconveniente que además le veo a las otras opciones, es la dirección del viento: durante el día presumiblemente soplará hacia la costa desde los cuadrantes N-NW y N-NE. Y esto permitirá a mi enemigo maniobrar con facilidad, mientras que si voy a su encuentro recibiré el viento por la amura... y la verdad que una coca con solo una vela redonda en el mayor y una latina en el mesana no tiene precisamente el mejor aparejo para navegar de bolina en una mar tan reducida. Son demasiadas naves navegando en un espacio estrewcho y bastante corto y teniendo que cambiar continuamente de rumbo para aproximarse a la flota enemiga... y mis capitanes estarían más pendientes de no abordarse entre ellos que de las maniobras de las naves rivales.
En cambio, las galeras que envié hacia alta mar, son más ágiles por aparejar velas latinas y navegarán con viento a favor cuando hostiguen a la retaguardia enemiga. Y si el viento mengua, pueden bogar para el mismo fin.
5-N
Si el objetivo es DESTRUIR A LA FLOTA ENEMIGA, no nos vamos andar con refinamientos cortesanos: a degüello o al agua, es toda la merced que otorgaremos al enemigo, si no dispongo lo contrario.
Al que pierda el tiempo saqueando, ordenaré embrearlo completamente y haré que le peguen su mísero botín al cuerpo.
Y en cuanto al rey, ya tendrá su parte de lo que quede a flote: es mejor tener algo de poco, que mucho de nada.
6-Q
El hacha y la daga de infantería suelen ser buenas armas de ataque... pero si voy a adoptar una actitud defensiva, hay que armar a los hombres con armas afines a la táctica elegida.
Espada larga y alabarda... lo mismo que lo anterior; y además, no son las mejores armas para el combate cuerpo a cuerpo en un espacio tan reducido y con los hombres tan apiñados. La alabarda también requiere espacio para manejarla con eficacia, por lo que solo se podría usar como una pica el pequeño espontón que lleva en la punta reduciendo su eficacia a menos de la mitad. Pero una alabarda no es una pica y es apenas un poco más alta que un hombre, aparte de que el alabardero se vería muy expuesto a las saetas enemigas.
Las figuras de combates navales que acompañan al enunciado, las tomo como orientativas, pero no me convencen: La ventaja de la maza de guerra es que se usa golpeando de arriba hacia abajo, por lo que los hombres pueden pelear hombro con hombro. Y para matar a un enemigo, vale tanto hendirle el yelmo hasta la quijada como una estocada certera (la elegancia la dejamos mejor para fardar y vacilar ante las pibitas en los torneos... aquí estamos para otra cosa.

).
Y los escudos, permiten formar una muralla defensiva contra saetas y las armas de mano enemigas.
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NOTA ACLARATORIA: Estoo... Bobby: te deseo la mejor buena suerte.
Y si no me ves cerca tuyo en el combate, es porque estoy... ejem... ya sabes: custodiando a las chicas del sultán dentro de su camarote.

Es que me da no sé qué dejarlas solas e indefensas durante el combate... y me siento con el deber de ser su última línea de defensa contra el tipo ese que es buen estratega, arrojado y de noble piltra... pero sanguinario. ¡Y qué quieres que te diga!: no me fío ni un pelo de su sentido de la caballerosidad.
