Ya nadie en América ni en el resto del mundo se atrevía a dudar de que se había desencadenado la guerra total. Las grandes potencias, en especial el Reino Unido y Francia estaban acercando posiciones diplomáticas a la nueva nación Dixie, pese a las insistencias del norte de que tarde o temprano se pondría fin a la sublevación del sur.
La guerra se estaba convirtiendo en un fenómeno sin precedentes. Por la naturaleza del conflicto (que enfrentaba no sólo dos intereses contrapuestos, sino dos maneras de entender el mundo y la vida), por el exponencial número de tropas que se acumulaban en el frente de batalla (inaudito desde las guerras napoleónicas), y por lo más curioso de la guerra: la llegada de divisiones enteras formadas por voluntarios extranjeros.
Los que se habían vuelto más populares en los frentes de ambos bandos fueron las divisiones de irlandeses.
En el Norte, la Irish Brigade ganó un gran prestigio después de frenar el avance de los confederados en Maryland. Y lo más curioso de todo, ironías del destino, fue que se enfrentó a otra división sureña formada íntegramente por irlandeses:
[pdxvid]UJEkWs4GOZY[/pdxvid]
Sin embargo, hasta la prestigiosa división irlandesa del norte cayó frente a la solidez defensiva del sur en la contraofensiva ordenada por Grant.
Antes del inicio de la contienda, el ejército de los USA contaba tan sólo con 16.000 hombres, y muchos oficiales habían renunciado a sus cargos para combatir del lado del sur. Así, los originales regimientos de los Estados Unidos (diez regimientos de infantería, cuatro de artillería, dos de caballería, dos de dragones, y uno de infantería montada), diseminados por todo el vasto territorio de la unión, eran una fuerza más que insuficiente frente al rápidamente organizado ejército dixie, que ya contaba con cerca de un millón y medio de hombres (aunque muchos aún no habían sido mobilizados al frente, y la mayoría estaban dispuestos de manera defensiva a lo largo de la frontera de Missouri y Kentucky). Así pues, en un principio el presidente Lincoln había ordenado mobilizar una fuerza de 75.000 hombres, que se consideraba suficiente para aplastar la revuelta del sur.
Sin embargo, tras las dos fuertes derrotas en la lína mason-dixon, el incendio de Washington, y la derrota final de la compañía irlandesa, el gobierno de la Unión se dio cuenta de que era necesario mobilizar muchos más hombres. Así, el congreso autorizó la creación de una fuerza de 500.000 voluntarios, más otros tantos reservistas, para abastecer el ejército de la unión.
Al principio, el llamamiento de voluntarios fue fácilmente cubierto por nordistas de convicciones patrióticas, por abolicionistas, e incluso por inmigrantes de origen europeos, que se alistaron con la esperanza de una paga constante y de recibir las raciones del Ejército. Más de 10.000 colonos de origen alemán en los estados de Nueva York y Pennsylvania respondieron inmediatamente a la llamada de Lincoln para ofrecerse como voluntarios, y también se ofrecieron rápidamente voluntarios de origen francés.
Por lo que correspondía a los mandos militares, en el comienzo de la guerra había 824 graduados de la academia militar de West Point en la lista activa; de éstos, 296 dimitieron o fueron despedidos y 184 de ellos se convirtieron en oficiales confederados. De los aproximadamente 900 graduados de la Academia de West Point que eran entonces civiles (retirados), 114 volvieron al Ejército de la Unión y 99 al Confederado. Por lo tanto, el número total de oficiales profesionales en ambos ejércitos era de 754 para la Unión frente a 283 para la Confederación (uno de los oficiales que renunciaron era Robert E. Lee, a quien le habían ofrecido inicialmente el cargo de comandante en jefe del Ejército de la Unión). Pese a esta abismal diferencia, el sur sí tenía la ventaja de disponer de licenciados de otras universidades militares, tales como el instituto militar de Citadel y de Virginia (VMI), pero produjeron un número comparativamente pequeño de oficiales. Aun así, el conflicto demostró que, en materia de oficiales, más vale calidad que cantidad.
Sin embargo, en el ejército del norte más del 25% de las tropas eran inmigrantes extranjeros, a diferencia del sureño en el cual sólo lo eran el 9%. El norte poseía un ejército muy multiétnico, con la presencia de alemanes, franceses, neerlandeses, mexicanos, escandinavos e incluso polacos. Sin embargo, los irlandeses eran mayoría en el sur, donde combatían unos 200.000 (a diferencia de los 45.000 que combatían en el Norte). Además, en el sur, además de haber pocos inmigrantes (exceptuando en Louisiana, donde la inmigración había llegado a raudales durante los últimos años, atraídos por los bien pagados cultivo de la caña de azúcar y extracción del azufre), se dio un fenómeno muy diferente al de la llegada semi-forzosa a las filas de los inmigrantes: las brigadas extranjeras, de las cuales habíamos hablado al inicio del capítulo.
Además de las populares brigadas irlandesas, otras divisiones bastante curiosas fueron las españolas.
(continuará...)
PS: esta es la primera mitad del capítulo, que no puedo acabar de publicar por falta de tiempo. Así mismo, chequead el post de arriba de todo sobre los irlandeses confederades, pues ya he podido añadir todo el contenido multimedia que quería.