Capítulo 13 – En el centro del tornado
La sala estaba escuetamente decorada, no les esperaban. Se trataba de una mera visita de cortesía con el nuevo régimen de Hungría. Budapest seguía dañada por los conflictos entre blancos y rojos y los pocos edificios en perfecto estado estaban siendo utilizados como almacenes y oficinas así que cuando Barth pidió una habitación para discutir algo con Töller se encontraron con menos medios de los que podían desear.
Desde hace unas semanas los dos cargos más importantes de la república socialista de Alemania no se veían. Cada uno se ocupaba con sus asuntos, pero con especial interés Töller; en visitas diplomáticas mostrando su apoyo y realizando discursos en sus capitales con una idea en mente no tener que verse con Barth, sus relaciones eran tensas además desde hace tiempo se sabía que Barth no lograría ganar las próximas elecciones. Su espectáculo totalitario le había sentenciado. En el 42 se celebrarían nuevas elecciones y para entonces Töller esperaba haberse ganado una renovada popularidad con la que hacerse nuevo presidente. No obstante el pueblo seguía deseando lo mismo, la victoria del socialismo en Europa. Y la URSS aguardaba.
Barth tampoco había andado corto pero su público era distinto: el ejército. Se había dedicado a llevar a cabo entrevistas con el ejército asegurándose apoyos desde el mismo pero siempre procurando lograr una reunión con Töller y por fin lo había conseguido.
-Buenos días Ernst, hace tiempo que no nos vemos hablando como señores, ¿Cierto?
- Supongo Emil, ¿Qué demonios quieres que no pueda esperar a Alemania?
-Oh, no te haga el tonto, ambos sabemos cómo me has evitado.
-Responde Emil
-Bueno, como sabes desde el pequeño problema con mi propuesta de reforma de la organización del estado…
-Golpe de estado, querrás decir.
-Ernst, ¿No querrás que los máximos dirigentes de la república se lleven aun peor verdad? Bien, eso creía. Entonces quería pedirte un favor. Sabes muy bien lo que va a pasar en nada ¿Verdad?
Töller por un momento pensó en hacerse el tonto, hacer que creía que Alemania todavía no estaba preparada. Pero lo estaba. Claro que lo estaba. Había confiado en que Alemania no volvería entrar en guerra antes de las próximas elecciones. Había sido un error.
-Declararas la guerra a la URSS. –Dijo con un hilo de voz casi imperceptible
-Declararemos, camarada.
-¿Hasta que todas las madres hayan perdido a sus hijos no estarás tranquilo?
-Hasta que no quede más que un socialismo en el mundo, y ni todas las madres del mundo me impedirán eso.
-Veo que estas muy convencido, porque no tú y tus perros sarnosos la declaráis ya. No me necesitas.
-Ignorare eso. Como decía la guerra es próxima y no soy demasiado popular, sin embargo Alemania necesita un último esfuerzo para lograr la victoria total. El estado de “guerra total”. Y tú, amigo mío, eres querido. Tú harás un emotivo discurso acerca de la necesidad de drásticas reformas militares y económicas para lograr la victoria de la revolución y de la historia.
-Antes me pasen mil burgueses por la espalda que acercarme a un demonio como tú.
-Entonces declarare la guerra con lo que halla. ¿Quieres la victoria y la posterior paz? Apóyame. ¿Quieres un futuro bajo la bota de nuestro vecino Stalin? Quédate en la retaguardia como un cobarde.
-No lo harás sin mi apoyo.
-Oh, sí lo hare. ¿Crees que no sé qué perderé las próximas elecciones? Llevare esto hasta sus últimas consecuencias antes de abandonar el cargo.
Nunca había visto Töller los ojos de Barth así. Eran vacíos, carentes de toda alama y humanidad. Parecía que Lucifer en persona había decidido llegar a la tierra en el cuerpo de aquel lunático. Sabía que lo decía perfectamente. Si Alemania no era suya el montón de ruinas humeantes que quedase no sería de nadie. ¿Podía Alemania lograr ahora una victoria? No estaba seguro. Y eso aterraba a Töller. Una guerra ahora le robaba la esperanza a Töller, una victoria de Barth también. Pero, Alemania debía sobrevivir.
-Lo hare. Dame un maldito discurso y lo recitare.
-Sabía que entrarías en razón. Ya había preparado las líneas generales del discurso, pero tú deberás darle tu toque. Que se note tu “esencia”.
Eran unas directrices escalofriantes, Alemania se movilizaría como nunca lo hizo. Una cara de pavor ensombreció a Töller.
-Todo ello nos prácticamente asegura poder en año y medio aumentar las fuerzas en un 50%. A finales del 41 estaremos listo para lo que venga.
-Que sea lo que la historia quiera.
Tendría un año para lograr grandes victorias, lograr prestigio y quizás esta vez completar su ambición. Pero Barth no era el único que tenía trucos bajo la manga, ahora solo necesitaba tiempo para lograr acabar con Barth antes de que lograra una victoria. Solo tiempo.
La formación de decenas de nuevas divisiones comenzaba.