Capitulo 3: VICTORIA
Amanecía en el Álamo, dentro de el todavía se mantenían varios miles de hombres, el ejercito mejicano encontró en estos colonos mal armados una resistencia inusual, Santa Anna no podía explicarse como aquellos hombres podían seguir luchando contra un ejercito 6 veces superior. La verdad era que el ejercito de Tejas estaba muy desgastado por las bajas se cree que en esta guerra murieron un 16.000 tejanos combatiendo al estado mejicano.
En marzo aun con una proporcion de 6 a 1 el ejercito mejicano vuelve a fracasar en la toma del Álamo
El 26 de Agosto Santa Anna salio de ciudad de Méjico con rumbo a San Antonio, con un único objetivo tomar el Álamo y acabar con la numantina resistencia que ofrecían esos rebeldes pulgosos como el definía al ejercito de tejas, lo que nunca pudo adivinar es que su llegada fue vista por el alto mando como una oportunidad única de acabar con la guerra.
Fue por todo esto que a un grupo de unos 10 hombres a mi cargo, nos fue dada la orden de escondernos tras las líneas enemigas, para intentar la captura del general Santa Anna, así que la semana antes de que llegaran yo y mis hombres ya nos encontrábamos escondidos y bien camuflados en una de las montañas que se encontraban enfrente del Álamo.
La batalla comenzó el día 7 de septiembre al alba, yo y mis compañeros vimos como testigos de excepción aquella grandiosa batalla, el general gritaba a sus tropas que avanzaran, pero ya no se atrevían miles de mejicanos yacían en las inmediaciones del Álamo los soldados mejicanos sentían miedo y muchos huyeron, algunos fueron hacia las montañas, gracias a los cuales nos hicimos con uniformes. Y fue en medio de este caos cuando desde el Álamo se nos dio la señal convenida izando una bandera mejicana en llamas. Con nuestros nuevos atuendos nos fue fácil llegar hasta Santa Anna ya que nadie a simple viste podía notar diferencia entre un tejano y un mejicano. La acción fue rápida un poco de cloroformo en un paño dejaron fuera de combate al general Santa Anna luego un poco de tinte hizo que pareciera herido, por lo que lo metimos en una camilla y nos los llevamos corriendo procurando que los mejicanos lo vieran y lo dieran por muerto. Tras ver esto el ejército mejicano se batió en retirada y no hubo ningún problema en llegar cerca del Álamo por una de las puertas laterales tras hacer la seña correcta.
Cuando Santa Anna despertó no podía creerlo se hallaba dentro de la fortaleza pero ninguna cara le era familiar aquello le extraño hasta que se percato que unos grilletes le apresaban los pies. El general grito y maldijo, hasta que al rato de estar intentando librarse de los grilletes llego el general Houston con un papel y una pluma.
-Perdone por los grilletes general, no es nada personal solo son por seguridad
-Maldito perro, juro que os matare o todos por esta ofensa
-Querido general creo que no esta en condiciones de jurar ni de intimidar a nadie
-Si no lo he fusilado es por que quiero que esto acabe de una vez, usted solo tiene que firmar este papel y será liberado.
-¿liberado? ¿A cambio de que?
-De la libertad de Texas por supuesto, usted reconoce de facto la independencia de Texas y nos da la palabra de no volver intentar invadirnos y yo le perdonare la vida. Piénselo más vale reconocer Texas y perder una pequeña porción de terreno, que no dejar esta vida y su país en manos de gente como el general Cos.
-Jamás, tejas es mejicana hoy y siempre.
Tras esto el general Houston se giro hacia mí y me dijo en voz alta
- Bueno entonces no hay más que hablar. Teniente McMillan reúna a 10 hombres y lleve al general a uno de los muros de la fortaleza y matenlo.
-Pero señor- conteste- ¿no andamos ya muy escasos de munición?
-Tiene razón McMillan dejen las armas cojan esas maderas y matenlo a palos.
Fue entonces cuando el general Santa Anna viendo tan próxima su muerte, comenzó a llorar como un bebe, suplicando clemencia.
-¡Firmare!, ¡firmare!, pero por favor no me mate.
Y así fue como el 8 de Septiembre de 1837 entro en la historia como el día en que Texas se convirtió en una nación libre bajo el sol.
Narración extraída del diario del teniente Miguel McMillan
tratado de paz con mejico
que por supuesto Santa Anna acepto