Leyendo un artículo sobre el monumento que los nacionalistas vascos habían realizado a Sancho III el mayor, proclamándolo primer rey de todos los vascos, había desatado la polémica con los no nacionalistas, ya que según defienden Sancho III El Mayor se autoproclamaba rey de las Españas, ya en aquella época, por lo que me puse a buscar y resumiendo encontré esto de ambas teorías.
SANCHO III EL MAYOR REY DE LAS ESPAÑAS
(h. 992-1035) Rey de Navarra (1000-1035) y conde de Aragón (1000-1035), de Ribagorza (1017-1035) y de Castilla (1029-1035). Hijo de García III, rey de Navarra y conde de Aragón, sucedió a su padre en el año 1000. Aprovechando las disensiones internas surgidas en el califato cordobés tras la muerte de Almanzor (1002) y de su hijo Abd al-Malik (1008), Sancho III consiguió imponer, a lo largo de su reinado, un auténtico protectorado sobre buena parte de los territorios cristianos peninsulares, desde Zamora hasta Barcelona, gracias a su habilidad diplomática y a su determinación militar. Casado con Munia, hija del conde Sancho García de Castilla y bisnieta del conde Ramón III de Ribagorza, el monarca navarro aprovechó la muerte del conde ribagorzano Guillermo II (1017) para anexionarse las tierras de Ribagorza y Sobrarbe, entre 1017 y 1025. Paralelamente, obtuvo el vasallaje del duque Sancho V de Gascuña, su tío, y del conde Berenguer Ramón I de Barcelona (1023). En 1029, el asesinato en León del conde castellano García II, hermano de Munia, permitió a Sancho III ocupar Castilla para hacer valer los derechos sucesorios de su esposa. Con la ayuda de los castellanos, el monarca navarro se enfrentó al rey Bermundo III de León por las tierras situadas entre los ríos Pisuerga y Cea, llegando a ocupar temporalmente León, Zamora y Astorga (1034). Monarca renovador, Sancho III introdujo en sus Estados las prácticas feudales de otras regiones europeas, impulsó la reforma cluniacense y favoreció la peregrinación hacia Santiago de Compostela. A la muerte del soberano, sus territorios fueron divididos entre sus cuatro hijos, tres de ellos recibieron el título de rey: García IV de Navarra, Fernando I de Castilla y Ramiro I de Aragón. Curiosamente los reinos de Castilla y Aragón creados tras su muerte acabarían con el reino de Navarra.
Tras su biografía se apunta que Sancho III se autoproclamaba rey de las Españas, como se refleja en el acta de traslación del cuerpo de San Millán fechada el 14 de mayo de 1030 –según recuerda el historiador Vaca de Osma– se dice: «reinando en Nájera, en Castilla y en León el rey de las Españas».
Además fue gran protector del Monasterio de Leyre –donde deberían reposar sus restos junto a otros reyes navarros– y restaurador de la Catedral de Pamplona, en cuyo Decreto de restauración se refiere a «nuestra patria España. Sancho III al igual que Alfonso III de León se autodenominó «rex totius Hispaniae»
También encuentro lo siguiente Sancho III el Mayor de Navarra, conde de Castilla, aprovecha esta situación y penetra en el reino de León, llegando incluso hasta su capital, donde se proclama Emperador de las Españas. Ocurría esto en Enero del año 1034. Es cierto que se declaró emperador y acuñó monedas como tal, aunque los historiadores nacionalistas aducen que se coronó emperador sin más y que se le conoció como rey de Iberia, a diferencia de los historiadores hispanistas.
Para determinar que Sancho III no se consideraba vasco únicamente se estudia su rama genealógica que es la siguiente:
Sancho Garcés III apodado El Mayor (992-28/1/1035 o 36), era hijo de Garcia Sanchez II llamado "El Tremulo" o "Temblon" y de Jimena Fernandez (hija de Fernando Bermudez de Leon y tataranieto de Ordoño I de Asturias), nieto de Sancho Garces II apodado "El Abarca" (940-994) y de Urraca Fernandez (hija de Fernan Gonzalez Conde de Castilla y de Sancha Sanchez de Pamplona), bisnieto de Garcia Sanchez I de Pamplona (Conde de Aragon 919-970) y de Andregota Galindez de Aragon, tataranieto de Sancho Garces (880- 6/3/925 o 26) y de Toda Aznarez de Pamplona (880) , y esta tatarabuela, hija a su vez de Onneca Fortunez de Pamplona (855) y de Aznar Sanchez de Pamplona, y esta Onneca Fortunez hija a su vez de Fortun Garces de Pamplona , apodado "El Monje" y de una hija de la familia de extirpe mixta de los Ben Muza, y este Fortun Garces Hijo de Garcia Iñiguez de Pamplona (810-882) muerto segun la tradicion en la Batalla de Aibar y de Urraca Fernandez y este último Garcia Iñiguez era hijo de Iñigo Jimenez de Pamplona (790-8/7/857) apodado "El Arista", hijo de Jimeno de Pamplona (745-805) y de Faquilene.
Como veís los Aznar y Aznarez, que fueron los primeros condes de Aragón, y los Enneco, Ennecones, no son nombres de familias vascas sino de las familias hispanas de estirpe celtibera de la zona cantabra y aquitana. Oneco o Enecco y su femenino Onneca, compuestos de one (uno) y cun (hijo/a estirpe) con el que se bautizaba a los hijos unicos o primogénitos en lengua celtíbera.
Sancho El Mayor caso en 1010 con Elvira (o Munia) de Castilla, de quien tuvo por hijos a Fernando I de Castilla, a Garcia III (noveno Rey de Navarra) y a Gonzalo, conde de Sobrarbe y de Ribagorza y fuera de matrimonio tuvo por hijo, en Sancha de Aibar a Ramiro I de Aragón (1010-1063). Casó con Ermesinda de Conserans (hija del conde Bernard I Roger de Foix y Garsinda de Bigorra), de quien tuvo por hijo a Sancho Ramírez. Además, según cuenta la leyenda, tuvo por hijo, fuera del matrimonio, al conde don Vela (c.1030), fundador de la Casa de Ayala. Su hermana Urraca Garces casada con Alfonso V de Leon es la madre de Jimena, la abuela de Jimena Diaz la esposa del Cid. Su hijo Sancho Garces de Navarra (1045), habido fuera del matrimonio, tuvo por hijo a Ramiro Sanchez de Navarra (1075) que casó con Cristina Rodríguez de Vivar (hija del Cid Campeador y doña Jimena) y el hijo de estos últimos fué Garcia Ramirez VI de Navarra (El Restaurador) (1110 o 15- 20/3/1150 o 512) casado con Margarita de L'Aigle Rotrou son los padres de Blanca de Navarra (1133- 9/XII/1156). Blanca de Navarra y Sancho III de Castilla son los padres de Alfonso VIII rey de Castilla.
Con lo cual se pretende demostrar lo interrelacionados que estaban todos los reinos de España de la época, y que Sancho III se consideraba rey de todos los españoles, y no de los vascos, ya que viendo su linaje encontramos que sus abuelos eran de León y Asturias y su esposa castellana.
Para acabar de liar la madeja aparecen referencias constantes a la romanización del País Vasco, cosa que siempre han negado los nacionalistas, ya que según estos historiadores nacionalistas los vascos no fueron sometidos y se resistieron a la romanización y vivieron en paz y armonía con los romanos como aliados, por ello mantuvieron sus raíces milenarias intactas. No está relacionado con Sancho III el mayor pero las referencias al tema de la romanización son constantes y me parece interesante incluirlo
La arqueología nos enseña que los restos de los vascos en nada se diferencian de los de otros pueblos del Cantábrico, y muy poco de los demás de Europa.
Un viejo perito en la materia el geógrafo griego Estrabón (siglo I a. C.), después de contar lo brutos que eran todos nos aclara: “Así viven estos montañeses, que, como dije, son los que habitan en el lado septentrional de Iberia; es decir galaicos, astures y cantabros, hasta los vascones y el Pirineo, todos los cuales tienen el mismo modo de vida”.
Para más INRI en las actuales provincias vascongadas vivían los autrigones, los caristios y los várdulos, que ocupaban más o menos una provincia cada uno y ni asomo de vascos. El entretenimiento habitual de estos pueblos era pelearse entre ellos. Estos tres pueblos, según nos enseñan Menéndez Pidal, Sánchez Albornoz y muchos otros, se asemejaban más a sus vecinos occidentales, los cantabros, que a los orientales, los vascones, habitantes del norte de Navarra. Y también nos contaban que la lengua de autrigones y demás en nada se parecía a la vasca.
Los romanos, que usaban normalmente criterios étnicos para sus divisiones políticas, hacían depender a los várdulos y demás pueblos del occidente del convento cluniense, con capital en Clunia (Coruña del Conde, Burgos) y a los vascones del convento caesarugustano de capital Zaragoza.
El mismo criterio usaban para su organización militar: los várdulos y demás formaban la Cohorte I Vardullorum y los vascos la Cohorte II Vasconum.
De los vascones se sabe poco en la época de la conquista romana, toda vez que no dieron demasiada lata a los conquistadores, su zona se ocupó sin problemas y ni siquiera hay referencias del asunto. No así con los lusitanos, astures y cantabros, pues estos si causaron graves y sangrientos problemas bélicos a los romanos, que fueron descritos abundantemente en sus escritos. La primera referencia a los vascones es en tiempo de Pompeyo, donde se les cita como sus aliados.
Posteriormente, con el apoyo de sus aliados los romanos, se extendieron hacia el oeste, conquistando los terrenos de várdulos, caristios y autrigones, que acabaron desapareciendo.
La romanización de Álava y prácticamente toda Navarra fue tan intensa como la del resto de España. En pocas regiones del norte de la Península se encuentran tantos restos romanos como en Navarra y Álava. Esto choca un poco con lo que nos aseguran, los nacionalistas, sobre el aislamiento secular de los vascones en el devenir de nuestra historia y su no conquista por los romanos. En Guipúzcoa y Vizcaya, aunque menos, los restos son abundantes, sobre todo en explotación de minas. En el mismo casco urbano de Bilbao se han encontrado restos.
Dos grandes vías romanas cruzaban el territorio vascón, pasando por Cascante, Calahorra, Alfaro, Irún y Pamplona, con una importante red secundaria.
Una de las ciudades reclamadas por los nacionalistas como propia, contada como heroica defensa contra los romanos, en defensa de la independencia vasca, fue Calahorra.
Los romanos lo cuentan de manera algo distinta: la celtibérica Calahorra fue arrasada por los romanos después de una defensa heroica, sus defensores muertos, incluidos mujeres y niños, y posteriormente entregada a los vascones en premio a su alianza fiel. Lo mismo sucedió con Tudela, Cascante, Jaca, Ejea de los Caballeros, Alfaro y otras muchas, después de la muerte o esclavización de sus habitantes, lo cual era práctica habitual, como sucedió en Numancia, ciudad arévaca, arrasada y posteriormente entregada a sus aliados pelendones. Fueron numeroso los calagurritanos, ahora ya vascos, que figuran en la historia militar, administrativa e intelectual de Roma.
Los vascones fueron aliados fieles de los romanos durante toda su dominación en la Península. Suetonio nos cuenta que vasca era la guardia personal del emperador Octavio Augusto. Se sabe que la cohorte II Vasconum formaba parte de las fuerzas que ocupaban Britannia en tiempos de Trajano (105 d. C.). Incluso vascos había entre los pretorianos, tropa de élite.
Nos aseguran, no obstante, los historiadores nacionalistas que la resistencia fue feroz, sin conseguir, los romanos, la conquista de Vasconia.
Bernardino de Estella, voluntarioso historiador nacionalista, nos narra de la defensa de Calahorra por los vascos: “Sitiada por los generales Pompeyo y Metelo, sufrió los horrores del hambre más espantosa. Consumidos los alimentos, comieron los defensores de la ciudad las carnes de sus padres, mujeres e hijos”. El único problema era que los vascos, fieles aliados de Pompeyo, estaban fuera.
Y como la ocupación romana fue innegable, otro historiador nacionalista Estornes Lasa nos asegura: “podemos asegurar que los Bascos vivieron en paz con los romanos e independientes de ellos”.
Como no podía ser de otra manera los vascos también fueron los autores de las pinturas de la cueva de Altamira, (15.000 a. C.), así nos lo asegura el mismo Estornes con absoluta certeza.
De todas maneras no tenian los nacionalistas muy claro si los vascos de Túbal (los vascos eran descendientes de Tubal, hijo de Jafet y nieto de Noé, y se afirmaba que los vascos siempre vivieron en una sociedad democrática, con asambleas de ciudadanos libres que hacían las leyes, pero esto es pura mitología como tienen la mayoría de pueblos) existieron y menos de sus feroces luchas con Roma.
Continuando los numerosos testimonios sobre la presencia de vascones en el ejército romano. Tácito menciona las cohortes vasconas contra Nerón (años 69 d.c.). Al siglo II d.C. pertenecen seis inscripciones, encontradas en muy diversos lugares del Imperio Romano, como Sydenham (Inglaterra), Budapest, Mauritania Tingitana (Marruecos), Alcalá del Río (Sevilla) y Nimes (Galia Narbonense). En todas ellas se alude a la Cohors II Hispanorum Vasconum. Esta habría sido destinada primero a Germinia y muy posiblemente llevada después por Trajano a Britannia, para ser trasladada más tarde a Mauritania.
Otra inscripción del siglo II d.C., de carácter no militar, que fue hallada en Roma, menciona a vascones y várdulos. Referencias más tardías (siglo III d.C.) se encuentran en Aelio Lampridio, que alude a las artes adivinatorias de los vascones. Se carácter primitivo y un tanto rudo se refleja en la correspondencia intercambiada entre Ausonio y su discípulo Paulino. El poeta Prudencio, con ocasión del canto a los mártires Emeterio y Celedonio (en Calahorra), alude a la Vasconum gentilitas de otro tiempo.
SANCHO III EL MAYOR REY DE LAS ESPAÑAS
(h. 992-1035) Rey de Navarra (1000-1035) y conde de Aragón (1000-1035), de Ribagorza (1017-1035) y de Castilla (1029-1035). Hijo de García III, rey de Navarra y conde de Aragón, sucedió a su padre en el año 1000. Aprovechando las disensiones internas surgidas en el califato cordobés tras la muerte de Almanzor (1002) y de su hijo Abd al-Malik (1008), Sancho III consiguió imponer, a lo largo de su reinado, un auténtico protectorado sobre buena parte de los territorios cristianos peninsulares, desde Zamora hasta Barcelona, gracias a su habilidad diplomática y a su determinación militar. Casado con Munia, hija del conde Sancho García de Castilla y bisnieta del conde Ramón III de Ribagorza, el monarca navarro aprovechó la muerte del conde ribagorzano Guillermo II (1017) para anexionarse las tierras de Ribagorza y Sobrarbe, entre 1017 y 1025. Paralelamente, obtuvo el vasallaje del duque Sancho V de Gascuña, su tío, y del conde Berenguer Ramón I de Barcelona (1023). En 1029, el asesinato en León del conde castellano García II, hermano de Munia, permitió a Sancho III ocupar Castilla para hacer valer los derechos sucesorios de su esposa. Con la ayuda de los castellanos, el monarca navarro se enfrentó al rey Bermundo III de León por las tierras situadas entre los ríos Pisuerga y Cea, llegando a ocupar temporalmente León, Zamora y Astorga (1034). Monarca renovador, Sancho III introdujo en sus Estados las prácticas feudales de otras regiones europeas, impulsó la reforma cluniacense y favoreció la peregrinación hacia Santiago de Compostela. A la muerte del soberano, sus territorios fueron divididos entre sus cuatro hijos, tres de ellos recibieron el título de rey: García IV de Navarra, Fernando I de Castilla y Ramiro I de Aragón. Curiosamente los reinos de Castilla y Aragón creados tras su muerte acabarían con el reino de Navarra.
Tras su biografía se apunta que Sancho III se autoproclamaba rey de las Españas, como se refleja en el acta de traslación del cuerpo de San Millán fechada el 14 de mayo de 1030 –según recuerda el historiador Vaca de Osma– se dice: «reinando en Nájera, en Castilla y en León el rey de las Españas».
Además fue gran protector del Monasterio de Leyre –donde deberían reposar sus restos junto a otros reyes navarros– y restaurador de la Catedral de Pamplona, en cuyo Decreto de restauración se refiere a «nuestra patria España. Sancho III al igual que Alfonso III de León se autodenominó «rex totius Hispaniae»
También encuentro lo siguiente Sancho III el Mayor de Navarra, conde de Castilla, aprovecha esta situación y penetra en el reino de León, llegando incluso hasta su capital, donde se proclama Emperador de las Españas. Ocurría esto en Enero del año 1034. Es cierto que se declaró emperador y acuñó monedas como tal, aunque los historiadores nacionalistas aducen que se coronó emperador sin más y que se le conoció como rey de Iberia, a diferencia de los historiadores hispanistas.
Para determinar que Sancho III no se consideraba vasco únicamente se estudia su rama genealógica que es la siguiente:
Sancho Garcés III apodado El Mayor (992-28/1/1035 o 36), era hijo de Garcia Sanchez II llamado "El Tremulo" o "Temblon" y de Jimena Fernandez (hija de Fernando Bermudez de Leon y tataranieto de Ordoño I de Asturias), nieto de Sancho Garces II apodado "El Abarca" (940-994) y de Urraca Fernandez (hija de Fernan Gonzalez Conde de Castilla y de Sancha Sanchez de Pamplona), bisnieto de Garcia Sanchez I de Pamplona (Conde de Aragon 919-970) y de Andregota Galindez de Aragon, tataranieto de Sancho Garces (880- 6/3/925 o 26) y de Toda Aznarez de Pamplona (880) , y esta tatarabuela, hija a su vez de Onneca Fortunez de Pamplona (855) y de Aznar Sanchez de Pamplona, y esta Onneca Fortunez hija a su vez de Fortun Garces de Pamplona , apodado "El Monje" y de una hija de la familia de extirpe mixta de los Ben Muza, y este Fortun Garces Hijo de Garcia Iñiguez de Pamplona (810-882) muerto segun la tradicion en la Batalla de Aibar y de Urraca Fernandez y este último Garcia Iñiguez era hijo de Iñigo Jimenez de Pamplona (790-8/7/857) apodado "El Arista", hijo de Jimeno de Pamplona (745-805) y de Faquilene.
Como veís los Aznar y Aznarez, que fueron los primeros condes de Aragón, y los Enneco, Ennecones, no son nombres de familias vascas sino de las familias hispanas de estirpe celtibera de la zona cantabra y aquitana. Oneco o Enecco y su femenino Onneca, compuestos de one (uno) y cun (hijo/a estirpe) con el que se bautizaba a los hijos unicos o primogénitos en lengua celtíbera.
Sancho El Mayor caso en 1010 con Elvira (o Munia) de Castilla, de quien tuvo por hijos a Fernando I de Castilla, a Garcia III (noveno Rey de Navarra) y a Gonzalo, conde de Sobrarbe y de Ribagorza y fuera de matrimonio tuvo por hijo, en Sancha de Aibar a Ramiro I de Aragón (1010-1063). Casó con Ermesinda de Conserans (hija del conde Bernard I Roger de Foix y Garsinda de Bigorra), de quien tuvo por hijo a Sancho Ramírez. Además, según cuenta la leyenda, tuvo por hijo, fuera del matrimonio, al conde don Vela (c.1030), fundador de la Casa de Ayala. Su hermana Urraca Garces casada con Alfonso V de Leon es la madre de Jimena, la abuela de Jimena Diaz la esposa del Cid. Su hijo Sancho Garces de Navarra (1045), habido fuera del matrimonio, tuvo por hijo a Ramiro Sanchez de Navarra (1075) que casó con Cristina Rodríguez de Vivar (hija del Cid Campeador y doña Jimena) y el hijo de estos últimos fué Garcia Ramirez VI de Navarra (El Restaurador) (1110 o 15- 20/3/1150 o 512) casado con Margarita de L'Aigle Rotrou son los padres de Blanca de Navarra (1133- 9/XII/1156). Blanca de Navarra y Sancho III de Castilla son los padres de Alfonso VIII rey de Castilla.
Con lo cual se pretende demostrar lo interrelacionados que estaban todos los reinos de España de la época, y que Sancho III se consideraba rey de todos los españoles, y no de los vascos, ya que viendo su linaje encontramos que sus abuelos eran de León y Asturias y su esposa castellana.
Para acabar de liar la madeja aparecen referencias constantes a la romanización del País Vasco, cosa que siempre han negado los nacionalistas, ya que según estos historiadores nacionalistas los vascos no fueron sometidos y se resistieron a la romanización y vivieron en paz y armonía con los romanos como aliados, por ello mantuvieron sus raíces milenarias intactas. No está relacionado con Sancho III el mayor pero las referencias al tema de la romanización son constantes y me parece interesante incluirlo
La arqueología nos enseña que los restos de los vascos en nada se diferencian de los de otros pueblos del Cantábrico, y muy poco de los demás de Europa.
Un viejo perito en la materia el geógrafo griego Estrabón (siglo I a. C.), después de contar lo brutos que eran todos nos aclara: “Así viven estos montañeses, que, como dije, son los que habitan en el lado septentrional de Iberia; es decir galaicos, astures y cantabros, hasta los vascones y el Pirineo, todos los cuales tienen el mismo modo de vida”.
Para más INRI en las actuales provincias vascongadas vivían los autrigones, los caristios y los várdulos, que ocupaban más o menos una provincia cada uno y ni asomo de vascos. El entretenimiento habitual de estos pueblos era pelearse entre ellos. Estos tres pueblos, según nos enseñan Menéndez Pidal, Sánchez Albornoz y muchos otros, se asemejaban más a sus vecinos occidentales, los cantabros, que a los orientales, los vascones, habitantes del norte de Navarra. Y también nos contaban que la lengua de autrigones y demás en nada se parecía a la vasca.
Los romanos, que usaban normalmente criterios étnicos para sus divisiones políticas, hacían depender a los várdulos y demás pueblos del occidente del convento cluniense, con capital en Clunia (Coruña del Conde, Burgos) y a los vascones del convento caesarugustano de capital Zaragoza.
El mismo criterio usaban para su organización militar: los várdulos y demás formaban la Cohorte I Vardullorum y los vascos la Cohorte II Vasconum.
De los vascones se sabe poco en la época de la conquista romana, toda vez que no dieron demasiada lata a los conquistadores, su zona se ocupó sin problemas y ni siquiera hay referencias del asunto. No así con los lusitanos, astures y cantabros, pues estos si causaron graves y sangrientos problemas bélicos a los romanos, que fueron descritos abundantemente en sus escritos. La primera referencia a los vascones es en tiempo de Pompeyo, donde se les cita como sus aliados.
Posteriormente, con el apoyo de sus aliados los romanos, se extendieron hacia el oeste, conquistando los terrenos de várdulos, caristios y autrigones, que acabaron desapareciendo.
La romanización de Álava y prácticamente toda Navarra fue tan intensa como la del resto de España. En pocas regiones del norte de la Península se encuentran tantos restos romanos como en Navarra y Álava. Esto choca un poco con lo que nos aseguran, los nacionalistas, sobre el aislamiento secular de los vascones en el devenir de nuestra historia y su no conquista por los romanos. En Guipúzcoa y Vizcaya, aunque menos, los restos son abundantes, sobre todo en explotación de minas. En el mismo casco urbano de Bilbao se han encontrado restos.
Dos grandes vías romanas cruzaban el territorio vascón, pasando por Cascante, Calahorra, Alfaro, Irún y Pamplona, con una importante red secundaria.
Una de las ciudades reclamadas por los nacionalistas como propia, contada como heroica defensa contra los romanos, en defensa de la independencia vasca, fue Calahorra.
Los romanos lo cuentan de manera algo distinta: la celtibérica Calahorra fue arrasada por los romanos después de una defensa heroica, sus defensores muertos, incluidos mujeres y niños, y posteriormente entregada a los vascones en premio a su alianza fiel. Lo mismo sucedió con Tudela, Cascante, Jaca, Ejea de los Caballeros, Alfaro y otras muchas, después de la muerte o esclavización de sus habitantes, lo cual era práctica habitual, como sucedió en Numancia, ciudad arévaca, arrasada y posteriormente entregada a sus aliados pelendones. Fueron numeroso los calagurritanos, ahora ya vascos, que figuran en la historia militar, administrativa e intelectual de Roma.
Los vascones fueron aliados fieles de los romanos durante toda su dominación en la Península. Suetonio nos cuenta que vasca era la guardia personal del emperador Octavio Augusto. Se sabe que la cohorte II Vasconum formaba parte de las fuerzas que ocupaban Britannia en tiempos de Trajano (105 d. C.). Incluso vascos había entre los pretorianos, tropa de élite.
Nos aseguran, no obstante, los historiadores nacionalistas que la resistencia fue feroz, sin conseguir, los romanos, la conquista de Vasconia.
Bernardino de Estella, voluntarioso historiador nacionalista, nos narra de la defensa de Calahorra por los vascos: “Sitiada por los generales Pompeyo y Metelo, sufrió los horrores del hambre más espantosa. Consumidos los alimentos, comieron los defensores de la ciudad las carnes de sus padres, mujeres e hijos”. El único problema era que los vascos, fieles aliados de Pompeyo, estaban fuera.
Y como la ocupación romana fue innegable, otro historiador nacionalista Estornes Lasa nos asegura: “podemos asegurar que los Bascos vivieron en paz con los romanos e independientes de ellos”.
Como no podía ser de otra manera los vascos también fueron los autores de las pinturas de la cueva de Altamira, (15.000 a. C.), así nos lo asegura el mismo Estornes con absoluta certeza.
De todas maneras no tenian los nacionalistas muy claro si los vascos de Túbal (los vascos eran descendientes de Tubal, hijo de Jafet y nieto de Noé, y se afirmaba que los vascos siempre vivieron en una sociedad democrática, con asambleas de ciudadanos libres que hacían las leyes, pero esto es pura mitología como tienen la mayoría de pueblos) existieron y menos de sus feroces luchas con Roma.
Continuando los numerosos testimonios sobre la presencia de vascones en el ejército romano. Tácito menciona las cohortes vasconas contra Nerón (años 69 d.c.). Al siglo II d.C. pertenecen seis inscripciones, encontradas en muy diversos lugares del Imperio Romano, como Sydenham (Inglaterra), Budapest, Mauritania Tingitana (Marruecos), Alcalá del Río (Sevilla) y Nimes (Galia Narbonense). En todas ellas se alude a la Cohors II Hispanorum Vasconum. Esta habría sido destinada primero a Germinia y muy posiblemente llevada después por Trajano a Britannia, para ser trasladada más tarde a Mauritania.
Otra inscripción del siglo II d.C., de carácter no militar, que fue hallada en Roma, menciona a vascones y várdulos. Referencias más tardías (siglo III d.C.) se encuentran en Aelio Lampridio, que alude a las artes adivinatorias de los vascones. Se carácter primitivo y un tanto rudo se refleja en la correspondencia intercambiada entre Ausonio y su discípulo Paulino. El poeta Prudencio, con ocasión del canto a los mártires Emeterio y Celedonio (en Calahorra), alude a la Vasconum gentilitas de otro tiempo.