3.3 La guerra de los principados
La declaración de guerra provocó el apoyo de todos los príncipes y ciudades libres de alemania en contra de Prusia, en virtud de los pactos de defensa establecidos. Todos excepto los reyes de Sajonia, que temían un levantamiento revolucionario similar, y que se mantuvieron neutrales en el conflicto.
Al principio Austria no movió ficha, pero apoyó secretamente a la coalición antiprusiana. Sin embargo, las tropas prusianas, apoyadas por los voluntarios, fueron ocupando rápidamente los principados del norte y del centro de Alemania. La ayuda de los revolucionarios de los propios principados fue crucial, al levantarse el pueblo en apoyo de Prusia. Pronto, Lippe y otros principados fueron cayendo uno por uno en manos de la República: Hesse, Braunchsweig, Coburgo, Anhalt, Oldemburgo, Lübeck...
Fue entonces, cuando se hizo patente la superioridad prusiana en la guerra de los principados, cuando llegó lo inevitable.
Austria no podía tolerar que los principados alemanes fueran atacados, así es que el Imperio Austríaco declaró la guerra a la República, ante lo cual ésta pidió ayuda a sus aliados, el Imperio Otomano y Rusia, que se unieron por conveniencia a la guerra. Tanto Rusia como el Imperio Otomano esperaban obtener tajada de una guerra contra Austria, pese a que la causa democrática de Prusia no les despertaba simpatías.
En realidad Austria no estaba preparada para hacer frente a Prusia, que envió a varios cuerpos de la guardia polaca de élite a invadir Bohemia.
Batalla de Brno, importante victoria prusiana que despejó el camino a Viena
En pocas semanas, las tropas prusianas habían ocupado tres de las ciudades importantes: Viena, Praga y Bratislava, ésta última con apoyo de la población húngara que buscaba la independencia. Ante la humillante derrota, los austríacos tuvieron que aceptar lo inevitable y cedieron Bratislava, en el corazón de Hungría, a la que poco después Prusia concedió la autonomía.
La nueva república de Hungría, creada por la república prusiana en recompensa a la ciudad de Bratislava por su apoyo en la guerra.
Sin embargo, no fue Austria la dificultad en la guerra, sino los principados del sur de alemania, Baviera, Baden y Württemberg, que resistieron con ímpetu el ataque prusiano, ante lo que finalmente y tras meses de negociación, se firmó la paz blanca. Al fin y al cabo, Baden y Baviera vivían bajo monarquías liberalconstitucionales, y sólo el rey de Wurttemberg seguía gobernando con mano de hierro a sus súbditos, y no era la intención de la República hacer correr más sangre alemana en esta guerra.
La guerra de los principados llega a su fin, consiguiendo Prusia afianzar su indiscutible lliderazgo en la unificación de Alemania.
Parte del tratado de paz incluía la formación de una Confederación de Repúblicas Alemanas, de carácter provisional, que respetaría la autonomía de los antiguos territorios, liberados de nuevo bajo la tutela de la república prusiana, y bajo regímenes democráticos, a excepción de Hannover, Baviera, Baden, Wurttemberg y Sajonia. Dicha confederación funcionaría provisionalmente hasta la celebración de un Congreso Alemán en Frankfurt para discutir la cuestión de la unificación.
Todos y cada uno de los principados ocupados durante la guerra fueron liberados en forma de repúblicas democráticas, a imagen de la prusiana, para formar la confederación de repúblicas alemanas.
Dos cuestiones iban a entorpecer los debates de la unificación. La cuestión de la forma de Estado, República, defendida por Prusia, monarquía constitucional, defendida por Hannover, Baviera y Baden, o bien monarquía absoluta, defendida por los reyes de Sajonia y Wurttemberg, siendo esta última forma la menos probable.
Las formas de gobierno de los estados alemanes, al final de la guerra de los principados
La segunda cuestión giraba entorno a la cuestión de integrar o no a Austria en la futura alemania. Sus partidarios, entre ellos Von Schiller, optaban por la formación de una
Grossdeutschland, mientras que los defensores de la exclusión de Austria preferían la formación de una
Kleindeutschland, alegando la multinacionalidad del imperio Austríaco, que haría inviable el proyecto.