Capítulo IX: Deo Vindice
Tras vanos intentos de reconducir sus diferencias internas, los Estados Unidos y sus inherentes contradicciones llevaron al país a la ruptura. Las cada vez más evidentes diferencias entre el Norte y el Sur llevaron a la secesión de los estados sureños, proclamando el nacimiento de una nueva nación: Los Estados Confederados de América. Éstos reclamaban el derecho de los estados por encima del derecho federal, y se proclamaban defensores de la constitución y de los padres fundadores. Entre ellas, dominaba la cuestión del derecho a poseer esclavos, pilar fundamental de la economía del Sur, basada en la exportación de algodón y en una economía agrícola, que se veía perjudicada por la política proteccionista y arancelaria impuesta por los estados industriales del norte.
La secesión supuso un trauma para los Estados Unidos, que llegó a poner en cuestión la propia razón de ser de los USA. Para los yankees, era una cuestión de Estado la aniquilación de lo que ellos llamaron la “rebelión”, y desde el principio opusieron una resistencia total a que cualquier potencia extranjera reconociera al nuevo país. Fue por ello que Jefferson Davis, flamante nuevo presidente de la Confederación, envió delegaciones a Europa, y muy especialmente a Alemania, que tenía importantes intereses en América del norte dada su influencia en la costa oeste, cuya posesión nunca fue reconocida por los EEUU.
Las diferencias económicas entre ambos países no eran grandes, (población 18 vs 12 millones, 25 fábricas vs 23) pero existía una enorme diferencia militar que separaba las dos naciones. Los EEUU habían movilizado un ejército de 66 divisiones ya desde la guerra de Arostook, siendo con ello una de las mayores potencias terrestres. Los CSA en cambio, disponían apenas de la mitad de efectivos, y administrados por los estados, lo que hacía bastante menos eficientes sus mandos militares, que por otra parte el tiempo demostraría que eran excelentes, destacando entre ellos a generales como Lee o Jackson. En cuanto a la flota, EEUU disponía de una poderosa fuerza naval, capaz de bloquear los pertos del sur, mientras que los confederados tuvieron que comprar naves en el extranjero.
Ante esta situación, con la carta de Davis en las manos, y con otra de Lincoln amenazando con la guerra si Alemania apoyaba a los rebeldes, von Schiller se vio obligado a tomar una importante decisión, debido a la delicada situación internacional. Por un lado, si apoyaba al Sur en la guerra, además de debilitar a los Estados Unidos se ganaba a un importante aliado en América del Norte, y se garantizaba el suministro de algodón a buen precio(en esos tiempos era la principal importación de Alemania junto a la madera tropical), pero por otro lado era muy probable que las potencias enemigas de Alemania (Francia y Reino Unido) aprovecharan el momento para atacar. Otro problema era el transporte de tropas hasta América por el atlántico, ya que los yankees bloquearían los principales puertos y la flota germana de ironclads no estaría lista hasta mediados de 1862, hasta entonces Alemania sólo disponía de siete viejas fragatas a vela que nada tenían que hacer frente a los modernos barcos de los USA.
Por otro lado, si Alemania se mantenía al margen del conflicto, los Estados Unidos aplastarían al sur sin piedad, y los EEUU saldrían reforzados, tras lo cual amenazarían la colonia de Nueva Alemania. Además, el suministro de algodón no estaría garantizado, y lo que es peor, los EEUU podrían incitar a Francia y Reino Unido a unirse contra Alemania.
El momento de tomar una decisión había llegado. Von Schiller meditó durante un largo rato su respuesta...
Tras vanos intentos de reconducir sus diferencias internas, los Estados Unidos y sus inherentes contradicciones llevaron al país a la ruptura. Las cada vez más evidentes diferencias entre el Norte y el Sur llevaron a la secesión de los estados sureños, proclamando el nacimiento de una nueva nación: Los Estados Confederados de América. Éstos reclamaban el derecho de los estados por encima del derecho federal, y se proclamaban defensores de la constitución y de los padres fundadores. Entre ellas, dominaba la cuestión del derecho a poseer esclavos, pilar fundamental de la economía del Sur, basada en la exportación de algodón y en una economía agrícola, que se veía perjudicada por la política proteccionista y arancelaria impuesta por los estados industriales del norte.
La secesión supuso un trauma para los Estados Unidos, que llegó a poner en cuestión la propia razón de ser de los USA. Para los yankees, era una cuestión de Estado la aniquilación de lo que ellos llamaron la “rebelión”, y desde el principio opusieron una resistencia total a que cualquier potencia extranjera reconociera al nuevo país. Fue por ello que Jefferson Davis, flamante nuevo presidente de la Confederación, envió delegaciones a Europa, y muy especialmente a Alemania, que tenía importantes intereses en América del norte dada su influencia en la costa oeste, cuya posesión nunca fue reconocida por los EEUU.
Las diferencias económicas entre ambos países no eran grandes, (población 18 vs 12 millones, 25 fábricas vs 23) pero existía una enorme diferencia militar que separaba las dos naciones. Los EEUU habían movilizado un ejército de 66 divisiones ya desde la guerra de Arostook, siendo con ello una de las mayores potencias terrestres. Los CSA en cambio, disponían apenas de la mitad de efectivos, y administrados por los estados, lo que hacía bastante menos eficientes sus mandos militares, que por otra parte el tiempo demostraría que eran excelentes, destacando entre ellos a generales como Lee o Jackson. En cuanto a la flota, EEUU disponía de una poderosa fuerza naval, capaz de bloquear los pertos del sur, mientras que los confederados tuvieron que comprar naves en el extranjero.
Ante esta situación, con la carta de Davis en las manos, y con otra de Lincoln amenazando con la guerra si Alemania apoyaba a los rebeldes, von Schiller se vio obligado a tomar una importante decisión, debido a la delicada situación internacional. Por un lado, si apoyaba al Sur en la guerra, además de debilitar a los Estados Unidos se ganaba a un importante aliado en América del Norte, y se garantizaba el suministro de algodón a buen precio(en esos tiempos era la principal importación de Alemania junto a la madera tropical), pero por otro lado era muy probable que las potencias enemigas de Alemania (Francia y Reino Unido) aprovecharan el momento para atacar. Otro problema era el transporte de tropas hasta América por el atlántico, ya que los yankees bloquearían los principales puertos y la flota germana de ironclads no estaría lista hasta mediados de 1862, hasta entonces Alemania sólo disponía de siete viejas fragatas a vela que nada tenían que hacer frente a los modernos barcos de los USA.
Por otro lado, si Alemania se mantenía al margen del conflicto, los Estados Unidos aplastarían al sur sin piedad, y los EEUU saldrían reforzados, tras lo cual amenazarían la colonia de Nueva Alemania. Además, el suministro de algodón no estaría garantizado, y lo que es peor, los EEUU podrían incitar a Francia y Reino Unido a unirse contra Alemania.
El momento de tomar una decisión había llegado. Von Schiller meditó durante un largo rato su respuesta...