Pero, ¿cómo es esto en el plano internacional, donde tal capacidad coercitiva no existe ni se la desea?
Para responder a esa pregunta, veremos por dónde discurren mis “cacaos mentales”… total ¿a quién no le gusta el chocolate?
El primer productor mundial de cacao es Costa de Marfil, aportando anualmente en entre el 30 y el 40% de la demanda. Al igual que otros países, que normalmente se sitúan en el Tercer Mundo, son productores de un
commodity; es decir:
un bien considerado como básico, cuyo precio es único y se calcula a partir del precio diario en dos mercados de valores: la Bolsa de Londres y el mercado de Nueva York de Café, Azúcar y Cacao. Conviene aclarar, por si aún no caíste en la cuenta, que los países productores de cacao no están representados en tales organismos.
El precio del bien primario, entonces, lo fija la demanda sin opción a negociar por parte de los oferentes.
¿Y por qué los productores no intentan formar un mercado alternativo o se quedan con el producto hasta que el precio mejore?
Porque la demanda se concentra en unas poca multinacionales, como Nestlé o Cadburys más algunas otras (en conjunto no más de media docena se reparten el 80% de la demanda mundial). Así que, aunque quisieran, los países productores no tienen a nadie más a quien colocarle sus exportaciones.
Ni tampoco pueden retener producción acumulada, porque son países altamente endeudados que necesitan exportar para cumplir con sus obligaciones. Lo mismo ocurre si intentan diversificar sus cultivos: no encontrarán compradores, porque los oligopolios del cacao se encargan de
“compensar” a los posibles compradores de trigo, soja o lo que prefiera producir Costa de Marfil, a cambio de que no les compren: lo suyo es y será sembrar y cosechar cacao porque así ha sido decidido por “El Mercado”; así que mejor se dejen de polladas y hagan lo que se les manda desde el Primer Mundo.
¿Y no podrían montar fábricas para exportar derivados de cacao y así añadir valor a sus exportaciones?
Tampoco. Porque los aranceles que aplica Europa sobre las importaciones de alimentos elaborado son progresivos y pueden superar el 20%; por lo que si Costa de Marfil pretende exportar cacao en polvo y manteca y aceite de cacao (como ya lo intentó), no le sale a cuenta, pierde dinero y acaba más endeudado. Últimamente la UE pareciera estar más comprometida con cierta idea de “comercio justo”, pero solo en apariencia; porque aplica tales criterios de calidad para la importación de alimentos elaborados y semielaborados, que en la práctica recae en el mismo proteccionismo que con los aranceles aduaneros.
Para colmo la UE ha relajado sus exigencias en cuanto a pureza de los productos derivados del cacao; lo que, lejos de lo que pudiera parecer, perjudica a los productores de materia prima. En relación a este asunto, la UE permite que en los chocolates haya un 5% menos de manteca de cacao; con lo que los fabricantes pueden reemplazarlo por grasas vegetales que ya empiezan a sintetizarse en laboratorios que están en el Primer Mundo, y no en las riberas del Zambeze. Esa merma del 5% significa una disminución de demanda de 200.000 Tm/año de cacao bruto.
A diciembre de 2010 el cacao cotizaba a 2264 EUR/Tm.
Una tableta de chocolate Lindt de primera calidad 99% de pureza, cuesta en Alcampo 2,26 EUR/100gr. Es decir: 22,6 EUR/kg o 22600 EUR/Tm.
Lo que significa que la diferencia de precio entre la materia prima y el producto elaborado está rondando el...
¡¡1000%!!
Y eso últimamente porque ciertos
foundhedges han intervenido especulativamente en el mercado de cacao moviendo los precios al alza. Pero tarde o temprano los precios de la materia prima volverán a situarse en torno a los 1400 – 1600 EUR/Tm, lo que no alterará el precio del producto final (la tableta de chocolate) repercutiendo en mayores ganancias para los fabricantes y sus accionistas.
Ese fabuloso 1000% no está ni de lejos justificado por el trabajo, maquinarias e insumos implicados en todo el proceso de transporte-transformación-comercialización.
El caso es que no existe la “libertad de mercado” por mucho que se invoque. Y es como para desconfiar que quienes la invocan son los principales beneficiarios de un mercado de materias primas que es cualquier cosa menos libre, que les conviene que no lo sea, y que están dispuestos a hacer lo que haga falta para que no lo sea.
¿Qué implica esto para un país como Costa de Marfil, con una capacidad exportadora fabulosa de un monocultivo?
-Miseria.
-41% de analfabetos.
-45 años de esperanza de vida.
-Un PIB que es la mitad del de Canarias y un PIB per capita de 525 EUR/año (el de España es de 13.500 EUR/año).
-El 90% de la mano de obra en las plantaciones de Costa de Marfil (actualmente están todas privatizadas) trabaja en condiciones de semiesclavitud. Y un porcentaje de ella próximo al 40%, son niños menores de 15 años (esto último no lo dice ninguna ONG trasnochada, sino sendos informes de UNICEF y del Banco Mundial).
Como ves, la realidad es muy distinta a la del
“negrito del África tropical y su canción del Cola Cao”.
No soy yo quien tiene prejuicios ideológicos ni cacaos mentales.
Los cabrones que digitan al Mundo desde un despacho en USA y en Europa, como si estuvieran jugando al Monopoly, desde luego no son terroristas: son algo peor. Porque con el poder que tienen, determinan quién está condenado a la miseria y quién no. Qué país o región se desarrolla y en qué sentido y cuál no. Cuántos millones de personas serán condenadas al hambre, o a la miseria o a la muerte, y cuántas (por esta vez) serán indultadas.
Son capaces de hacerlo sin que se les arrugue la sonrisa ni les merme la autoestima. Y para anestesiar cualquier improbable dolor de sus conciencias, no hay nada como donar algo a alguna fundación benéfica, que además desgrava. Al fin y al cabo, como le oí decir a uno de estos cretinos una vez:
“Yo solo soy un empresario. La injusticia y la explotación ya existían desde antes de que yo naciera”.
Tiene razón. Pero el tenerla luego no le dará derecho a quejarse cuando a algún iluminado ya muy cabreado le dé por abolir alguna injusticia secular empleando métodos que su mamá no aprobaría.
Al fin y al cabo, el comunismo jamás hubiera existido si no fuera por la avaricia sin límites del capitalismo. ¿O acaso crees que Marx llamó a su libro “El Capital” porque estaba hasta arriba de moscatel?
Lo descrito es solo un ejemplo que se puede extender a cualquier otro recurso primario obtenido en el Tercer Mundo. Las condiciones de explotación en esos países no han cambiado sustancialmente desde el auge del colonialismo hasta el presente, con lo que eso significa.
Hoy hablé del cacao. Lo de las madalenas lo dejo para otro momento.