XXXIII. La guerra germano rusa
Las cosas, no fueron tan fáciles como los generales alemanes preveían. Después de un furioso avance del Bundeswehr, el número superior de divisiones rusas, frenó el ímpetu alemán. Además, cuando más enconada estaba la lucha, una puñalada por la espelada amenazaba la retaguardia alemana: el miserable reino danés se había unido a la bestia reaccionaria.
Aún detenido, el Bundeswehr seguía siendo letal: las divisones rusas se estrellaban en el muro de acero y fuego del Bundeswehr. Solo en la línea de Mitava, una docena de divisones alemanas fueron capaces de detener entre primavera y finales de verano de 1707 a casi un millón de soldados rusos: cien divisiones del tirano petrogradita fueron exterminadas en el frente norte y otras tantas en el frente sur. Además, en un rápido golpe de mano, la capital rusa había sido capturada.
El zar no tuvo otro remedio que capitular y tomar nota del desastre para el futuro.
La primera guerra europea del siglo XX había concluido el mismo año en que empezó, dejando un saldo de muertos y heridos aboslutamente espeluznante. Además dejaba un dato debía servir de recordatorio para todos aquellos que vieran en la guerra una posibilidad de expansión imperialista: murieron casi tantos civiles como soldados.