XX. La venganza será terrible (cont.)
En mayo de 1867 la situación en Francia comenzaba a mejorar. El XII cuerpo de ejército, formado por cuatro divisiones recién reclutadas ya estaba combatiendo en Alsacia, y el II y el III, cada uno con cinco divisiones, llegaban de Polonia. Los días de ejércitos franceses en tierra alemana habían terminado.
Nueve meses después, el Bundeswehr había dado ya la vuelta a la tortilla. Francia se encontraba sumida en el caos. París fue ocupada por el ejército alemán y un gran contingente de tropas desfiló por los campos elíseos ante la consternación de los ciudadanos, que derramaban lágrimas con el ruido de fondo de las herraduras de las botas de montar alemanas sobre los adoquines de las calles. La campiña hervía de partisanos desesperados por el hambre y por el incendio y saqueo de sus propiedades por parte de las tropas alemanas. A su vez, en Alemania cada vez había más viudas y madres apesadumbradas. Más de dos años habían transcurrido desde que empezó la guerra en Polonia, y Alemania estaba agotada. Pero si los campos de Alsacia tardarían años en volver a dar fruto, la campagne, Francia entera, sería sembrada de sal para que no creciera en ella ni la hierba.
Estando así las cosas, los francese vieron que nos quedaba otra opción que capitular.
Por primera vez, la República Federal Alemana ejercía su vengancza de una agresión anexionándose territorios no alemanes que no iban a formar un nuevo estado. La Lorena francesa fue incorporada a la República de Alsacia.
En cambio, en los territorios adquiridos a Rusia el año anterior se celebraron plebiscitos sobre qué régimen convenía a sus habitantes, que por gran mayoría se decidieron por la independencia. Nacías así las repúblicas de Lituania y Letonia.
Alemania había creado en el Este un nuevo paradigma: cuatro pequeñas repúblicas democráticas (Polonia, Lituania, Letonia y Eslovaquia) cuya verdadera vocación era 'recuperar' su territorio nacional de los imperios de Austria y Rusia, fomentando el descontento entre los nacionalistas periféricos en los estados reaccionarios.
En el oeste Francia se conviertió en un país humillado y fuertemente endeudado, que durante décadas no sería una preocupación.
En mayo de 1867 la situación en Francia comenzaba a mejorar. El XII cuerpo de ejército, formado por cuatro divisiones recién reclutadas ya estaba combatiendo en Alsacia, y el II y el III, cada uno con cinco divisiones, llegaban de Polonia. Los días de ejércitos franceses en tierra alemana habían terminado.
Nueve meses después, el Bundeswehr había dado ya la vuelta a la tortilla. Francia se encontraba sumida en el caos. París fue ocupada por el ejército alemán y un gran contingente de tropas desfiló por los campos elíseos ante la consternación de los ciudadanos, que derramaban lágrimas con el ruido de fondo de las herraduras de las botas de montar alemanas sobre los adoquines de las calles. La campiña hervía de partisanos desesperados por el hambre y por el incendio y saqueo de sus propiedades por parte de las tropas alemanas. A su vez, en Alemania cada vez había más viudas y madres apesadumbradas. Más de dos años habían transcurrido desde que empezó la guerra en Polonia, y Alemania estaba agotada. Pero si los campos de Alsacia tardarían años en volver a dar fruto, la campagne, Francia entera, sería sembrada de sal para que no creciera en ella ni la hierba.
Estando así las cosas, los francese vieron que nos quedaba otra opción que capitular.
Por primera vez, la República Federal Alemana ejercía su vengancza de una agresión anexionándose territorios no alemanes que no iban a formar un nuevo estado. La Lorena francesa fue incorporada a la República de Alsacia.
En cambio, en los territorios adquiridos a Rusia el año anterior se celebraron plebiscitos sobre qué régimen convenía a sus habitantes, que por gran mayoría se decidieron por la independencia. Nacías así las repúblicas de Lituania y Letonia.
Alemania había creado en el Este un nuevo paradigma: cuatro pequeñas repúblicas democráticas (Polonia, Lituania, Letonia y Eslovaquia) cuya verdadera vocación era 'recuperar' su territorio nacional de los imperios de Austria y Rusia, fomentando el descontento entre los nacionalistas periféricos en los estados reaccionarios.
En el oeste Francia se conviertió en un país humillado y fuertemente endeudado, que durante décadas no sería una preocupación.
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