The Red ModE said:A mí el principal problema ético-histórico que tengo con algunos nacionalistas "ya sean de donde sean" es la tergiversación de la historia o manipulación en muchos casos, la cual hacen como mero intento desesperado de intentar legitimar el nuevo gobierno que pretende instaurar.
Ya que considero que es un error mezclar historia con política, ya que al fin y al cabo los independentismos o nacionalismos lo único que buscan es la creación de un gobierno dentro de un espacio geográfico que gestione en su totalidad los recursos económicos de ese espacio geográfico y legisle en otros aspectos para la población de ese territorio.
Solamente con decir: ("Yo soy catalán y quiero un gobierno independiente que controle los recursos de esta zona, porque creo que lo hará mejor que el actual") ya estás legitimado. Lo que me parece incorrecto y algo totalmente nefasto es ponerse ha hacer un revisionismo histórico interesado intentando poner a Cataluña como una nación abosorbida por una potencia imperialista y marginada por esta misma potencia frente a otros territorios dentro de la historia. (Cosa totalemnte falsa). Esto provoca discusiones estúpidas y acaloradas como por ejemplo la de las bombas, que si los catalanes eran mas o menos fascistas que el resto de España etc.... (como un intento diferenciador)
PD: Este ejemplo es de Cataluña pero el mismo se podría poner para todo tipo de nacionalismos.
Totalmente de acuerdo con usted excepto en un punto (y algunos matices). la historia es un instrumento que se utiliza y prostituye según convenga a quién la esgrima. Siendo periodista e historiador, me atevería a decir que la historia es la mayor puta que la ciencia humana haya concebido, pues no hace distinción de con quién toma cama.
La puntualización se refiere al nacionalismo catalán. Si bien es cierto que nacionalistas los hay de todo pelaje, me aventuraría a decir que, en lo que al nacionalismo catalán se refiere, el principal aliciente de instaurar un estado en la actual comunidad autónoma de Catalunya no es el control de los recursos económicos sino la preservación y administración sin injerencias del hecho cultural.