República Francesa
Si hay un acontecimiento en torno al cual han girado las vidas de los franceses durante los últimos diez años, ese es, sin duda, la Gran Guerra. Durante los años previos al devastador conflicto, y previendo la cercanía de éste, el gobierno francés lanzó un gran programa de rearme de la Marina Nacional a la vez que el ejército incorporaba nuevas armas, como los carros de combate y el gas mostaza. En los meses previos al estallido de la confrontación, la tensión entre las potencias se disparó de tal forma que el Gobierno francés dio orden de movilizar a todos los reservistas y desplazar todos los ejércitos metropolitanos a las fronteras con los Países Bajos, Suiza, Alemania y Italia. No obstante, para Francia la guerra acabaría librándose sólo en las fronteras con Alemania y los Países Bajos.
Carros de combate Saint-Chammond durante unas maniobras del ejército francés. Apodado "el santo guerrero" por su nombre, éste fue el modelo de carro de combate standard en el ejército francés durante toda la Gran Guerra
La situación internacional se volvió insostenible cuando la Unión Soviética lanzó un ultimátum al Gobierno francés. En él, los líderes del Soviet Supremo exigían a la República Francesa el fin de la movilización, así como la retirada de todas las fuerzas francesas desplegadas en torno a las fronteras. Resta decir que la nación francesa no se dejó chantajear y mandó al embajador soviético en París a Moscú. Este suceso fue la gota que colmó el vaso de la paciencia del Reino Unido. Pocos días después de rechazar Francia el ultimátum ruso, el Gobierno inglés declaraba la guerra al Reino de los Países Bajos, lo cual, dado el intrincado sistema de alianzas existente, suponía la guerra entre los dos grandes bloques de naciones, los pueblos libres de Occidente y los tiranos de Oriente.
Soldados franceses apostados en un trinchera cerca de Niza. El Estado Mayor francés siempre temió la entrada de Italia en la guerra. Cuando quedó claro que finalmente ésta no se produciría, un total de 3 ejércitos fueron desplazados al frente belga
La guerra en Europa empezó con un gran ataque conjunto de las fuerzas francesas, británicas y estadounidenses sobre los ejércitos holandeses y japoneses situados en Bélgica. Poco tiempo después, a estas formidables fuerzas se sumaron los ejércitos del Reino de España, que resultaron decisivos para mantener el gran esfuerzo que suponían las gigantescas batallas de desgaste que se dieron lugar por toda la frontera franco-belga. La dureza de los combates resultaba indescriptibles, decenas de miles de hombres daban sus vidas en el fango de Flandes, unos abatidos por las ametralladoras o la artillería, otros víctima de los terroríficos gases tóxicos.
A pesar del tamaño y la crudeza de las batallas fronterizas, la guerra en Europa se estancó. Si bien daba la impresión de que las fuerzas democráticas se alzarían con la victoria, la llegada masiva de refuerzos austriacos y rusos a los campos de Bélgica amenazaba con dejar en un espejismo este sentimiento de victoria. Fue en este decisivo momento cuando el Estado Mayor francés descubrió un gran fallo dentro de la estrategia enemiga. La llegada de refuerzos soviéticos y austriacos a Bélgica se llevaba a cabo a través de Alemania de manera intermitente, además, las fuerzas enemigas no habían apostado tropas en la frontera germano-francesa, algo que demostraría ser un error fatal. Si se actuaba con rapidez, sería posible introducir un ejército en Holanda que cortase la llegada de refuerzos a este país. El mando francés ordenó a las fuerzas apostadas en la frontera franco-italiana que se dirigiesen lo más rápidamente posible a Alsacia. Una vez allí, estas fuerzas se adentraron en Alemania y, avanzando por la cuenca del Rhur, entraron en Holanda, apostándose tras las regiones en que tenían lugar las grandes batallas fronterizas. Como resultado, las fuerzas de los tiranos no sólo no podían recibir refuerzos, también estaban rodeadas.
Los enfrentamientos que siguieron a la hábil maniobra francesa fueron de una escala colosal. Sin embargo, todo intento austro-ruso de romper el cerco francés sobre las fuerzas niponas y neerlandesas, se saldó con un estrepitoso fracaso. El único que revés que sufrieron las fuerzas democráticas se dio en la batalla de Namur. No obstante, las fuerzas japonesas y holandesas que se alzaron con la victoria en este duro enfrentamiento no pudieron explotar su éxito al encontrarse rodeadas por las fuerzas de las naciones libres.
El 114º Regimiento de Infantería del Ejército Francés muestra al fotógrafo el estado en que quedó su estandarte tras la batalla de Namur
A la derrota de las fuerzas situadas en Bélgica, siguió la ocupación de todo el territorio metropolitano de los Países Bajos por parte de las fuerzas francesas y británicas. Y justo cuando el ejército francés se disponía a a abrir un frente contra Austria a través de Suiza, las fuerzas enemigas capitularon. En las subsiguientes negociaciones, la delegación francesa consiguió que todas sus propuestas tuviesen éxito. Por un lado, el imperio colonial de Francia se amplió, tomando parte del Congo holandés y recuperando la Cochinchina ( que había sido tomada por los japoneses en una guerra anterior). Por otro lado, los diplomáticos franceses convencieron a sus colegas británicos de la necesidad de ser generosos con los derrotados y en concreto, de no arrebatar a los soviéticos su dominio sobre Ucrania.
Tras la guerra, el gobierno nacionalsocialista de la Alemania del Norte volvió a solicitar al Gobierno francés, por enésima vez, la entrega de las regiones francesas de Alsacia y Lorena. En esta ocasión en cambio, las peticiones alemanas no cayeron en saco roto, y el Gobierno francés entregó estas regiones a los germanos. Éstos se apresuraron a proclamar la unidad de la nación alemana, si bien , Baviera ignoraría esta llamada a la unidad, siendo el único de los estados alemanes en la órbita de la Alemania del Norte que decidió mantenerse independiente.