Como lo prometido es deuda, ya está aquí el nuevo capítulo:
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Capítulo 2: De intrigas y herencias
Mael siguió a su hermana pequeña Gruaidh por los fríos pasillos del castillo. Los retratos de sus antiguos familiares miraban cada paso que daba. Desde hacía años su familia había gobernado esas tierras con firmeza y justicia y ahora era su legado seguir el camino de su padre, algo que no sabía si le hacía feliz o le encerraba en una jaula.
Ensimismado en sus ideas, llegaron a la habitación más segura del castillo, un pequeño sótano, que estaba insonorizado a los oídos curiosos. No había ventanas, lo único que poseía eran estanterías de madera vieja repletas de libros y manuscritos antiquísimos que pertenecían a su familia desde generaciones. En el centro, había una mesa rectangular de madera con varias sillas alrededor. Desde ese sótano se habían planificado varios asesinatos, robos y otras cuestiones morales.
Gruaidh miró a su hermano, ensimismado como siempre. Qué inepto era.
-Mael, despierta.
-Perdona Gruaidh, me ha vuelto a pasar. ¿Qué es eso tan importante que tenías que decirme?
Gruaidh se dirigió a la mesa central y le señaló unos documentos. Mael frunció el entrecejo.
-¿Qué es?
-Hermano, te presento a Maldoven of Angus. Conde de Angus.
Mael se dirigió a la mesa, se sentó y cogió los papeles. Era un informe. Miró a su hermana en busca de una explicación.
-Maldoven está emparentado con nuestra familia de una manera algo lejana. No tiene hijos, ni sobrinos, ni primos hermanos. Solo un primo lejano en posesión de heredar. Actualmente, vos sois su único heredero.
A Mael se le abrieron los ojos.
-¿En serio?-exclamó Mael, atento por fin a la conversación.
-Sí. Y recalco en lo de actualmente. Llevo varios meses detrás de este hombre, pues sus tierras son valiosas y podrían acercarte cada vez más al poder. Pero mis espías me han enviado una noticia algo nefasta para nosotros: en marzo contraerá matrimonio con una dama joven. Si engendran herederos, se acabará tu oportunidad.
-¿A qué te refieres exactamente?
-Adoras el poder, Mael, a pesar de tus extravagancias. Imagínate con un condado más. Más tropas, más ingresos, más hombres que te aclamarán.
Gruaidh miraba la cara de su hermana mientras decía esto. A Mael se le iluminaban los ojos. Mael creía conocerse pero Gruaidh le conocía mucho más y mejor. Sabía que le encantaban las intrigas, sabía que le encantaban los acuerdos y las traiciones, a pesar de que intentaba convencerse de que era un hombre bueno, no era así. Solo que a veces su conciencia le producía un terrible malestar. Por eso Gruaidh se libró de su moral siendo bien joven, ahora que ya no la poseía, podía hacer sus trapicheos sin sentirse culpable. En eso, aventajaba a su hermano.
- Gruaidh, ¿me estás queriendo decir que matemos al conde?-dijo con brillo en los ojos.
-¡Por supuesto que no, hermano! Solo será un accidente.
Mael y Gruaidh sonrieron. La maldad de su padre estaba aflorando en ellos.
-Prepáralo, hermana. Sabes cómo hacerlo. Pero quiero que me mantengas informado a todas horas. Envía a tu mejor hombre y, dentro de poco, lo celebraremos en nuestras nuevas tierras.