Capítulo 59: Expugnatio Britanniae, parte segunda.
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Cuatro barras y... ya quedan menos leones
La Rosa blanca, que, durante esta guerra, traser negra y pasó luego a ser blanca y simbolizó la causa del Usurpador, versus la Rosa roja, la rosa de Carles
Tras la derrota de Barnet el ejército rebelde se retiró al norte con su rey, mientras Carles se dedicaba a poner paz en lo conquistado, a mantener correspondencia con sus reinos hispanos y a casarse.
La escocida, digo, la escogida fue la princesa Eleonor de Tolouse, conocida por su lengua viperina y sus largas y esbeltas piernas. Escandalo para muchos, demonio hecho mujer, Jezabel de su época, tenía el encanto de ser heredera a grandes dominios en el sur de Francia y Carles no se lo pensó dos veces. Mal hecho, pues tendría que haberselo pensado, como ya demostrará el tiempo.
El Usurpador, en plan chulo. Poco le duraría...
Y, mientras tanto, que hacen los bravos del Tercio de Villalobos?
-Nos van a apiolinaaaaaaaaaar!!!! -gritó Manolo Dayán al ver el hartazgo de ingleses que se les venían encima.
-Eso me parece que es en otro AAR -masculló Tommassi, mientras degollaba a mordiscos a dos ingleses.
-¡Cerrar filas, cerrar filas! -aullaba el maestre Witt
El cielo llevaba dos horas ardiendo con el sol y le tercio peleaba desde el amanecer. Las filas adealantadas de arcabuceros habían mantenido su línea haciendo mucho daño con sus rociadas a los ingleses los cuales, malparados por los disparos y maltratados por las picas y escaramuzas, retrocedieron sin perder cara a l enemigo. Ahora habíanse vuelto sobre el tercio escuadronado, viniendole por todas partes contra el cuadrado hispano donde los piqueros formaba un muro de acero infranqueable. A cada carga, a cada escopetada los huecos dejados por los hombres eran cubiertos unos y otra vez mientras los ingleses encontraba siempre una barrera de picas y disparos en la que dejaban un lindo numero de muertos y que una y otra vez les hacía retroceder.
Pero aquel día parecía que el diablo vomitaba ingleses, pues no paraba de atacar, y ya llevaban cinco cargas. Sus picas se acercaban de nuevo, brillando entre el humo. Los oficiales del tercio, a pesar de estar roncos de dar tantas voces, no cesaban en su esfuerzo, y, con la cara tiznada de polvora o manchada por la sangre que no tenía tiempo de cuajarse, gritaban una y otra vez.
-¡Calad picas! ¡Picas al frente!
Un pedo se pudo escuchar suavemente...
-Guarro... -dijo una voz anónima.
-Los mismos nervios...
-Vive Dios -tronó el maestro Wittmann- Si teneis que aliviaros de ese modo, alférez Tocito, no os importaría apuntar con vuestra agujero en otra dirección que no sea la mía? La del enemigo, por ejemplo?
Apenas casado, Carles marchó de nuevo a la guerra. La campaña fue en extremo aburrida. Conquistó toda Anglia, Norfolk y Suffolk, sin apenas un asedio que disputar y con los nobles que aún no se habían rendido o manifestado en un lado u otro acurriendo raudos a su encuentro para pedir el perdón real.
El 26 de junio, a las afueras de Kenilworth los ingleses ofrecieron batalla... y luego desearon no haberlo hecho. Sumaban entre 20.000 y 30.000 hombres, lo cual no era moco de pavo, y se atrincheraron cerca de la citada localidad, invitando a Carles a atacar. Tenían sus espalda a un río cercano, el Nen, con una trinchera llena de agua y con estacas y contaban con el apoyo de unos p'ocos cañones.
Antes de comenzar la batalla los ingleses enviaron un mensaje para negociar con Carles. Que proponía es algo que se desconoce, pues Carles se limitó exigir su rendición y, al no obtenerla, despachó con viento fresco a los emisarios. A la 1, tras poner a sus 15.000 hombres en posición, envió un mensajero a las líneas inglesas. Brevemente decía "Voy con unos amigos para parlamentar, preparar el té."
A las dos en punto todo el ejército peninsular se puso en marcha, en medio de una lluvia intensa. Al acercarse fueron recibidos con una espesa cortina de flechas. Por suerte para ellos la lluvia redujo su efecto, al mojar las cuerdas, y anuló a los cañones rebeldes. Al llegar las tropas al cuerpo a cuerpo, se dio la primera sorpresa del día. La derecha rebelde, al mando de Lord Grey of Ruthin simplemente se retiró en desorden, sin luchar siquiera. Con ese flanco roto, el ejército rebelde apenas pudo hacer nada y en 30 minutos la batalla había terminado. En la refriega murieron el duque de Buckingham, el conde de Shrewsbury y los lores Egremont y Beaumont, junto a 300 de sus hombres, siendo capturado el usurpador.
Esto hubiera debido poner fin a la guerra, pero no fue así. Enrique de Lancaster clamó entonces su derecho a la corona y, desde Ludlow, se puso en marcha con otro ejército.
Y, el 1 de diciembre de 1282, nacía el primer vástago de Carles, Ricard.
En la parte frontal del tercio, bien guarnecidos con sus petos y armaduras, los piqueros arrimaron las largas lanzas al pecho y las pusieron horizontales, mientras los mosqueteros seguían disparando sin cesar sobre los contrarios. Ya se trababan picas con picas y los disparos no cesaban.
Viden acercó la boca al cañón del arcabuz y escupió dentro una bala, que ya le escaseaban. Atacó bien la bala y echó polvora al bacinete. Sopló la mecha enrollada en la mano izquierda y la caló, todo eso sin perder de vista a su objetivo, un piquero ingles, de manera automática y de tal modo que cuando salió el tiro el inglés lo recibió en pleno pecho y cayó hacia atrás, oculto enter sus camaradas. Vacceo, sin inmutarse, repitió el proceso y buscó otro objetivo.
-¡Ahí vienen los hijopu...! -voceó el capitán Wenck- ¡Tened duro, tened duro! ¡Por Santiago, por España y por Borissssssssssss!!!!!
"Mieda, ya se le fue la olla al capitán" -pensó Ralfita.
Para eso, para tener duro, ahí estaba Wenck, Witt y todo el tercio de villaloberos. Las picas ingleses se les venían encima con mucha decisión, y, en el fragor de la batalla, pudo escucharse a Jacme jurar con el vehemente fervor que sólo son capaces de usar los creyentes en sus blasfemias más terribles, porque un inglés le había atravesado el hombro con su pica. Un grorrión de plomo pasó a una pulgada de la cara de Txini y justo detrás de él otro soldado se vino abajo.
El campo era un bosque de picas trabadas unas con otras, como un ondulante mar de madera y acero, bajo cuyas olas se deslizaban unos y otros para apuñalarse mutuamente. Edopardo volteó su mosquete y, agarrandolo por el caño, le aplastó la cabeza a un inglés que acababa de herirle en el viente.
-Será hijopu.. el inglés ese... -murmuró molesto Edopardo-. Pos no me deja casi sin carnet de padre!
Menores en número, parecía que los del tercio de Villalobos las iban a pasar putas, cuando el Tommassi vio claramente entre el humo a sir David of Beckham and of the Pija. Tommassi se miró a Dark Reborn, a Inver y a su hermana, Nalia, aguadera del tercio, a Carmikr y a Dayán y les dijo:
-Qué, lo enculamos?
Y lanzando un feroz grito de guerra, se lanzaron todos a por el de la Pija.
-Mariquitaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!
Mai Dios, que fiene el mañou! A Victouria no le fa a gustar si llegou charde para proubarme los poloulos!