capítulo 8: Problemas peninsulares, problemas europeos, problemas...
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De cómo ser una nacionalidad indisoluble, como el nescafé
Cuando todo parecía indicar que lo más movido del año sería encontrarle novia a Guillem y los tumultos germánicos, llegó la noticia bomba: Alfonso VII de León, el Vivarín, después de despachar a sus consejeros con viento fresco, se autoproclamaba Emperador de Hispania y anunciaba sus intenciones de dominar la península entera –Steiner comentó burlón “Lo que hace el Lado Oscuro de la Fuerza, leñe”, pero nadie supo a que fuerza se refería y él no tuvo ganas de explicarse-. Y como no había mejor manera de demostrar sus intenciones que poniendo hilo a la aguja, declaraba la guerra al rey de mini Navarra y a los Lope de Haro a la vez. Estupefacto, Ramón Berenguer se preguntaba por qué lo dejaba fuera de la guerra, cuando de repente llegó la declaración de guerra leonesa al palacio real de Barcelona.
La guerra, tan breve como anticlimática y aburrida, terminó antes incluso de que las huestes leonesas, lideradas por el gran guerrero Vac Ceo, más conocido como Vac Rogers

, se pusieran en camino. Básicamente fue debido a la intervención de los otros vecinos peninsulares, los musulmanes. Vayamos a ver, pues, que había pasado en el sur. Al Jasef, a su regreso de su misión diplomática, había iniciado una mini guerra civil en Sevilla contra su rival Al Fegemé, el cual, después de robarle el harén a su rival, había vuelto a cambiar de bando (y ya van dos...y las que te rondaré, morena, que añadió cáustico el conde-rey). La guerra Sevilla-Granada (una X en la quiniela

) volvió a reanudarse, como ya era habitual ultimamente, y ambos bandos comenzaron a pedir ayuda a quien quisiera dárselo. Y como parecía que Alfonso VII de León andaba también necesitado de apoyos, los granadinos le ofrecieron una alianza, que se resumía en estos términos precisos: tu nos ayudas a acabar con estos y nosotros luego te ayudamos a lo mismo con los tuyos. Visto lo visto con la posible alianza de sus enemigos, el sevillano Al Jasef aconsejó a su señor sevillano que un ataque preventivo contra Castilla se imponía, y, dicho y hecho, las tropas sevillanas atacaban la provincia leonesa de Coimbra (1), pero fueron incapaces de aprovechar el éxito, tras la indecisa batalla de Aveiro. Alfonso, al que sólo le faltaba que le crecieran los enanos, se apresuró a pedir la paz a los otros señores, que aprovecharon para arrancarle unos cuantos trocitos de su reino a cambio de dejarle en paz.
Ramón, decepcionado por el brusco desenlace de la guerra, optó por alegrarse la existencia casando a su hijo. Y que mejor que hacerlo apuntando a la bragueta... digoooo... al futuro. Por eso comenzaron unas largas negociaciones con Frederick Hohenstaufen, el cual, perro viejo, intuía que el catalán le quería aplicar la medicina que él llevaba aplicando en sus territorios germánicos –precisamente en esos días su hijo pequeño (Heinrich “el Putas” (2), de 19 años) se había convertido en duque de la Alta Lorena, por “súbito” fallecimiento de su suegro-. Llegados a este punto Steiner se sorprendió al ver como los vástagos Hohenstaufen controlaban ya tres condados (Werle, Suabia y ahora la Alta Lorena), y se preguntó si el maestro Obiwankeniletxe no le estaría pegando el salto...
Pero si hay algo por el que Steiner y los condes catalanes eran conocidos –aparte por el asunto de las ventanas y lo agarrados que son en cuestiones de dinero...- era por su tozudería. Al final, Frederick Hohenstaufen, que quería involucrarse ya pero ya en la guerra civil alemana, decidió solventar el asunto marital catalán cuanto antes mejor.
Agnes Hohenstaufen
Así pues, fue como Steiner tuvo que dar la “buena” nueva al conde. Éste, al ver la cara de su futura hija política, estuvo a punto de gritar del susto. Su hijo y heredero, Guillem, no fue tan comedido, y Steiner estuvo a punto de conocer la ventana, pero por el otro lado. La afortunada intervención de Peti salvó la vida de nuestro entrañable aunque cabroncete hacedor de reinos. A todo esto, el denominado GothmogDeMorgul continuaba recogiendo setas en los cotos del conde rey. Calmados los ánimos –es decir, Steiner tocándose el cuello y mirando con mala cara a Guillem, que pataleaba con Peti sentado en su espalda, mientras el cánido se rascaba las pulgas, a la par que el denominado GothmogDeMorgul seguía buscando setas y encontrando sólo unos seres diminutos y azules-, Ramón acertó a preguntar:
-Bueno... no es guapa... ni muy ducha en artes conspirativas ni administrativas... si, es una Hohenstaufen, cierto, pero.. ¿en que destaca?
Steiner, mosqueado por el afectuoso recibimiento de Guillem, tardó unos segundos en encontrar una metáfora adecuada, pero al final dijo, con una precisión tremenda, con una sutilidad exquisita, y con un tono poético que dejó a sus oyentes mudos de gozo, sobre todo de Guillem, que experimentó un súbito abultamiento en la zona pélvica:
-Es más puta que las gallinas, vale?
En ese momento, un estolazo tremendo fulminó a Steiner, que cayó mirando pa Cuenca, mientras Padre Pater murmuraba:
“Obscenos a mi... amos anda...”
Con la inestimable precisión de Steiner, aprovechando la noticia de la boda aprovechó Ramón para reunir a sus cortes y sacarles algo de dinero, menos del que quería, pero no era cuestión de enemistarse con los nobles -mejor dicho, con sus bolsas-. Así, con el tesoro algo más recuperado y con la dote de la princesa germana en el bote, comenzaron los preparativos nupciales, que se celebraron sin más problema ni sobresalto... salvo por el inesperado suicido de Albrecht, cuarto de los hijos de Frederick, que fue encontrado colgado de un árbol por los pies y con la cabeza en el río más cercano.
Un momento de las bodas, con el padrino buscando pà amb tomaquet para la novia.
Un claro caso de doble suicidio, se dijo, y no fue investigado (3), pese a que estuvo tentado Steiner a colgarle el muerto a un noble flamenco –ole, arsa, ariquitaun!!!- de origen visigotico-moruno-pincho-colate llamado Alia, Invern para los amigos, que se libró de la soga porque tomó los hábitos, “seducido” por las palabras de Padre Pater –“o cura o la horca”, fueron las palabras en cuestión-. Así pues, Frederick, dejando a su querida hija Agnes –preguntándose, eso si, en manos de que majaras la había dejado-, regresó a Alemania, con sus tres vástagos restantes, para involucrarse decididamente en los problemas internos del Imperio.
Padre Pater preparando la parte eclesiástica de la boda, con su habitual dinamismo y simpatía natural
Y en ese momento, la desgracia se abatió sobre Barcelona. Una inesperada enfermedad se extiende por la corte catalana, segando la vida de Elisabeth, hija bastarda de Ramón, de apenas 17 primaveras, y dejando postrado en la cama al conde rey, aquejado de una tremenda melancolía –demasiadas muertes- y una salud profundamente trastornada por la enfermedad y los sufrimientos del alma.
Steiner, preocupado por lo que se veía venir encima, comenzó a buscar novias y novios para el resto de los vástagos reales, dando comienzo al periodo que el escritor catalán de origen inglés Guillem Sacsejaperas (4) reflejaría en su obra inmortal “The Merry Wives of Pedralbes”. Y en breve, comenzaron las bodas. Primero le tocó, en 1103 a Sibila, casada con Guillem, hijo mayor del conde de Urgell, más orgulloso que nunca de ser vasallo de su señor, que en esos días andaba buscando con muchas ganas al novio de su hija pequeña, un ligón belga que la había dejado preñada para luego darse a la fuga. El seductor, conocido como el belga Rion, parecía haber hallado refugio en la corte del rey inglés, que andaba buscando marinos de probada valía. Luego le tocó a Bernat, que a sus tiernos 19 añitos fue casado con la hija más fea del conde de Bearn, Antoinette, un frío día de diciembre de 1103. Los rumores de que Steiner llevó al novio a base de patadas en el culo son completamente infundados, pero absolutamente ciertos, por otra parte.
Pero lo más difícil estaba por llegar. Había que casar a la hija favorita de Ramón, la dulce Ermessendia de día, Palochanina de noche, que, al escuchar que la querían casar, replicó con un sencillo aunque elocuente “i una mé...”. Steiner, desarmado por tanta sinceridad –y por la manera con que la tierna princesita le agarró por las joyas de la familia, mientras le clavaba su dulce mirada asesina en los ojos-, decidió buscar un novio con calma, y se fue a dar una vuelta por una lejana región llamada Asturias, para gozo de Peti, pues había oído grandes cosas de la gastronomía local.
-Sabes Kurty? –le dijo Peti a Steiner-. Veo claramente que la princesa Palochanina te desea con desespero, y que vos la amais tiernamente –añadió con una sonrisa malévola, para cabreo de Steiner, que apenas se aguantaba las ganas de freir a su perro a fuego lento-. Ves con ojo, o te enviolina. Y los maridos cornudos son doblemente peligrosos –dijo Peti, guardando silencio al ver como Steiner afilaba su daga favorita mientras le miraba con una amplia sonrisa... Darkael, al que le habían escondido el GPS, iba profundamente cabreado, atado de pies y manos con el resto de equipaje, temeroso de que Steiner cumpliera su amenaza de cambiarlo por un botijo sin pitorro, por el pitorreo de Pamplona, más que nada.
Pero el viaje no fue en vano, y Stiener pudo regresar –además de con Darkael, que no hubo a quien endirgarselo- con un hermoso, musculado y bien dotado candidato para su princesa, que, nada más verlo, salió corriendo a esconder las galletas. “Mierda –pensó Steiner-... ahora entiendo porqué le llamaban Triki en su pueblo...”.
El caballero susodicho, Triki, a lomos de su corcel
Aquella noche, reunidos Ramón, en su lecho de dolor y Steiner, en los aposentos reales, discutieron un poco sobre el futuro marido de su querida niña. Petiso Tiso, que se había levantajado muy pijo, había definido a sire Triki del siguiente modo:
En un antiguo condado
de estirpe prosaica y noble
vive un pueblo acojonado
por la Leyenda del Roble.
Afincado entre jarales
de altas torres derruidas,
ve cenecer los días
entre los vastos nogales
de hojas secas y sombrías.
Y como nido de cuervos
entre peñascos acervos,
de caídos torreones,
se alza un castillo protervo
de mil pares de cojones.
Era el amo del castillo,
por vida y gracia disoluta
un gachó de horca y cuchillo,
mala leche, bruto y pillo,
un verdadero ....
Petiso Tiso cayó fulminado, sin poder acabar su poema, de un tremendo estolazo, mientras Padre Pater silbaba alegremente "baixant de la font del gat" y Steiner se escondía detrás de las cortinas. Ramón, que no había quedado muy tranquilo por la canción Petisotisotera, preguntó:
-A ver... me lo expliquen... –dijo un confuso conde-. No es este príncipe un tanto raro... habla con un acento muy curioso... Non se parece a aqueste juglar nuestro, astur él, llamado Victor Manuel...
-Er... es que no es del mismo Oviedo, sino de los alrededores... muy de los alrededores, sabéis, majestad?
- Y me inquieta mucho sus hábitos culinarios... Que le pasa a este futuro hijo político nuestro con las galletas?
-Es que es de allende las tierras de p’allá abajo, y ya se sabe que por los bajos vienen los instintos...
-Pallá Bajo... aqueste reino non conocerlo... que tal chapurreo el castellano, mon sènher Steiner?
-Como el culo, majestad, como el pu... –Ramón miró severamente a Steiner, recordándole, con un ligero arqueamiento de sus cejas, que últimamente Steiner soltaba demasiadas palabras mal sonantes, Así pues, el consejero más cabronamente entrañable del reino rectificó inmediatamente- ...O mejor dicho, finamente esta vez, como el ojete, majestad, como el ojete...
Pero la cosa se puso movida cuando llegó un valiente caballero castellano, que se presentó como Rodricus Petri –“ein?” dijo Peti, levantando las orejas y moviendo el rabo, a la par que se preguntaba “un primo mío de dos patas?”- de Villaluporum, o Rodrigo Perez de Villalobos, valiente caballero que se había distinguido en su lucha contra el infiel musulmán. Y Palochanina se dijo: “si tengo dos manos, por qué no dos maridos?” Cuando su padre iba a montar en justa cólera, Steiner le frenó diciendo: “Dar gracias mi señor que ha dicho manos y no otra parte de su anatomía que tambiéng tiene por duplicado”. Ante la mirada sorprendida de su conde rey, Steiner añadió: “No, no me refiero ni a las orejas ni a los ojos”.
Ramón no pudo más que guardar un estupefacto silencio, mientras Palochanina borraba la mirada lasciva de Steiner de un tremendo guantazo con las dos manos. Peti, admirado, se puso a aplaudir con entusiasmo, mientras Petiso Tiso miraba a Steiner, que, completamente grogy, cantaba “La cabra” en taiwanés.
Rodrigo Perez de Villalobos, entrenándose para pedir la mano de su amada
(1)No, en realidad nadie se alió con nadie, pero es que queda mejor explicarlo así que la verdad: la IAAAAAAAAHHH tuvo una pájara de las gordas y sin que yo sepa por qué, se liaron los granadinos a leches con los leoneses.
(2)Conocido por este apodo debido a su afición a las jugadas sucias y rastreras
(3)Vaaaaaale, si, lo maté yo, pero fue para probar su la daga estaba afilada lo suficiente. Si, si, vale, son ganas de perder un aliado antes casi de tenerlo, pero tenía curiosidad por ver que pasaba –es decir, si funcionaba la daga y que pasaba si me descubrían. Además, el Hohen estaba bajísimo de todo, no creo que su padre se hubiera molestado mucho. O tal vez no. De acuerdo, fue una gilipollez que ha salido bien de milagro.
(4)William Shakespeare para los herejes

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