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unmerged(39507)

Captain
Feb 6, 2005
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Fuerzas en campaña:

- Regimiento 'Saboya' de caballería al mando del coronel Bettoni.
- Tres batallones sovieticos.


La noche del 23 de agosto de 1942 las fuerzas sovieticas habían atravesado un recodo del río Don llevando ametralladoras y cañones ligeros y preparando el cerco del regimiento Saboya. Al alba del 24 se descandena un ataque y se apoderan del pueblo de Tschebotarewski y se exitenden hacia Kotoski, mientras el regimiento Saboya tiene que tomar la loma sur de la cota 191. Es todavía de noche cuando una patrulla del I escuadrón sale en dirección a Isbucensky. Recorren unos 800 metros y sib atacados con fuego de armas automáticas y de morteros. El teniente coronel Cacciandra y el capitán Aragona que habían subidos a un camión son heridos.
Se da la orden de montar al II escuadrón y el capitán Leone recibe la ordén del comandante Conforti de atacar el flanco izquierdo de la línea sovietica. Al alba la línea sovietica se ve claramente por las llamaradas de las ametralladoras. El escuadrón sale del cuadro del regimiento y se dirige con una conversión al ala izquierda sovietica. Las baterias del regimiento hostigan a los sovieticos que estan desplegados en dos líneas. El capitán Leone da la orden de cargar sable en mano. Cae el caballo del capitán Leone, y su ayudante para para cederle el suyo pero este animal se escapa. Lo sables caen sobre los sovieticos, los cascos de los caballos pisotean las ametralladoras, las cajas y todo el material. Los italianos empiezan a lanzar bombas de mano. Algunos jinetes derribados se baten pie en tierra. El capitán y su auydante han quedado entre las dos líneas enemigas y van a ser capturados. El escuadrón se ha reorganizado y efectúan una segunda carga de frente contra la primera línea del enemigo.
La línea sovietica se desbanda. Muchos jinetes estan por tierra por haber muerto sus cabalgaduras. El escuadrón ha sido reducido a la mitad.
El escuadrón del capitán Abba recibe la orden de poner pie en tierra y rastrillar el tereno pero las ametralladoras sovieticas todavía continúan disparando.
El coronel Bettoni ordena al capitán Marchio que cargue con el III escuadrón mientras que el I escuadrón al mando del capitán Aragona se despliega a pie sobre un ala neutralizando con sus armas el fuego sovietico. El III escuadrón parte veloz en columna en dirección casi frontal. El comandante Litta que ha visto la carga del II escuadrón no puede mas y se lanza al galope para reunirse con el III escuadrón.
El choque del III escuadrón es tremendo y sangriento. El capitán Abba que lucha a pie , saca la camara fotográfica y se pone de rodillas para hacer una fotografía, pero una rafaga lo alcanza en la frente y lo derriba. El comandante Litta cae sobre una ametralladora dando sablazos. A su lado también caen su asistente y su suboficial de plana mayor. El capitan Marchio resulta herido en los brazos, luego le sera amputado el derecho.
Los sovieticos estan aniquilados aunque a un alto precio. Se reorganizan las filas. Hay 300 prisioneros sovieticos y mas un centenar de muertos. El material capturado es todo el armamento de los tres batallones sovieticos.
Las perdidas italianas 3 oficiales y 36 suboficiales y soldados muertos. Han sido heridos 4 oficiales y 70 suboficiales y soldados. 170 caballos puestos fuera de combate.
Terminada la batalla el coronel Bettoni da la orden de montar. Una patrulla desmontada de la caballería alemana rinde honores. El comandante alemán comenta "Nuestra caballería ya no sabe hacer estas cosas. Fue magnífico".
Se conceden al comandante Litta y al capitán Abba la medalla de oro a título póstumo y el general Messe imponía esa misma noche sobre el campo de batalla 54 medallas de plata.

Saboya3.jpg


Estandarte del regimiento Saboya el 24 de agosto de 1942.

saboya2.jpg


saboya1.jpg


El Saboya a la carga.
 

bolondro2

Odio a la etica Disney
Jan 19, 2003
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¿Quien decia que la caballeria semimotorizada del 39 estaba obsoleta en el 42? :p
 

unmerged(38268)

Lt. General
Jan 19, 2005
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Vaya, y yo que creía que la última gran carga de caballería había sido la polaca del 39 durante la invasión alemana.

Desde luego esa gente los tenía que tener bien puestos para hacer eso.
 

unmerged(18490)

General
Jul 28, 2003
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Preciosa historia que creo que resume la actuación italiana en la segunda guerra mundial, un ejército desfasado y anticuado, con soldados que hicieron cantidad de actos heróicos, si el ejército italiano hubiese estado bien equipado y con mandos competentes otro gallo hubiese cantado en el EJE.

Por cierto la última carga de caballería creo que la hicieron los soviéticos sobre los alemanes, no recuerdo el lugar ahora, donde los alemanes quedaron embolsados por los soviéticos en el bosque y los cosacos cargaron una y otra vez contra los alemanes, creo que fue por el año 44, este alzheimer :(
 

Sendai

Russia state-affiliated media
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Aug 28, 2003
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Yo la primera vez que lei este acto de los valerosos italianos se me pusieron los pelos de punta y me imaginaba a los jinetes, con el grito de ''savoiaaaaaa''.

Excelente Hernan, como siempre :)
 

celedhring

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Jejeje, conocía esta historia. Pero una vez oí una parecida de la Guerra Civil (una carga de caballería dispersando una columna de tanques), pero no consigo recordar ningún detalle: ¿a alguien le suena? A lo mejor mi imaginación me juega malas pasadas...
 

Umarth

Captain
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Lo que si he leido es este relato de Peter Wyden, de La guerra apasionada, sobre una carga de caballeria sobre una posición de trincheras:

El 6 de febrero de 1938 amaneció como un día de grandes expectativas para el capitán Fernando Sandoval. Era capitán de caballería bajo el mando del reverenciado general José Monasterio, uno de los héroes militares politizados de Franco. (Monasterio había dirigido el alzamiento en Zaragoza.) Sandoval sabía que estaba a punto de tomar parte en una empresa histórica: la carga de caballería más impresionante de la guerra compuesta por dos brigadas de mil caballos cada una, con otra brigada de mil caballos en reserva.
Se disponían a atacar la 278 División republicana al oeste del río Alfambra, al norte de la rodeada Teruel. Por fin Franco se había decidido a terminar la batalla por Teruel, avanzar hacia el Mediterráneo y cortar España en dos. Monasterio estaba al frente de la operación, que suponía el principio del fin republicano.
El ejército nacional era un ejército de devotos, y aquella mañana, al apartar sus tres mantas y mirar dubitativo la densa niebla exterior, Sandoval se estremeció y oró. Rezó para que hiciera buen tiempo, que en Teruel era siempre un aliado esquivo. Últimamente, las temperaturas bajo cero no habían sido tan extremas, pero deseaba que el cielo estuviera claro para que los aviones pudieran bombardear y debilitar las líneas enemigas. Sandoval sabía que los republicanos temían a las atronadoras cargas de caballería, hasta tal punto que la mera conversación sobre posibles asaltos de caballería enemigos se consideraba que iba en detrimento de la moral de las tropas.
También sabía que este temor era más psicológico que táctico. Si los defensores mantenían la serenidad, por medio de ametralladoras bien colocadas podrían derribar a los caballos como castillos de naipes.
A las ocho de la mañana brillaba el sol. En Hondo de Mas, mientras ayudaba a alinear los cuatro regimientos de su 1ª División de Caballería en formación de ataque, Sandoval sonrió al ver que su plegaria había sido escuchada: los aviones Fiat se lanzaban hacia el Alfambra, en número de cuatro o cinco a la vez, a cien metros por encima del suelo e incluso más bajos, vaciando sus ametralladoras en las trincheras republicanas al oeste de Visiedo. Seguían otros cuatro o cinco Fiats, y luego nuevas oleadas.
Monasterio no era un héroe de película. Era bienhablado, delicado, con el cabello prematuramente blanco. Escondía sus ojos pequeños, como hendiduras, tras unas gafas gruesas. Pero sabía exactamente cómo explotar el temor del enemigo hacia sus caballos. Los animales tenían que ser reunidos en un grupo compacto, como un puño, para soltados luego como una tormenta repentina. Necesitó media mañana para organizar las tropas. Eran casi las once cuando los regimientos quedaron alineados en filas de a dos, para marchar hacia Argente. Tres tenientes avanzaban en cabeza de cada sección, y cada hilera estaba formada por veinticuatro caballos. Tres herreros y tres cornetas en caballos blancos constituían la retaguardia. Los rectos sables de los soldados, fabricados en Puerto Seguro, con casi un metro de longitud y cuidadosamente aceitados para sacados con rapidez de sus vainas, colgaban de sus ganchos al lado izquierdo de cada caballo.
Incluso al trote, los cascos de dos mil caballos levantaban un clamoreo y una polvareda enormes, por lo que los hombres de Monasterio apenas hablaban mientras avanzaban, haciendo ondear sus banderas rojo y gualda, con el aspecto de una fuerza armada de otro siglo, sin cámaras ni corresponsales por testigos. Monasterio, en medio de aquel mar de carne equina, parecía estar en todas partes. No estableció un puesto de mando fijo en todo el día.
A mediodía llegaron a las afueras de Argente, y el capitán Sandoval le vio detenerse. El frágil general desenvainó su sable y gritó:
-¡De frente!
Al instante, los oficiales del regimiento y los del escuadrón repitieron el grito y desenvainaron sus armas. Sandoval y sus dos mil jinetes iniciaron el atronador galope que podía paralizar de terror al enemigo. El terreno era perfecto: llano y duro. Los aviones Fiat se habían retirado, tras señalar las posiciones enemigas al oeste de Visiedo y Camañas. Ahora el ruido de los cascos era ensordecedor, ahogando los últimos gritos de «¡De frente!».
El cuarto escuadrón al mando del capitán Millana era la punta de lanza, y galopaba como una fuerza de seguridad delante del resto. Los caballos se desplegaron hasta avanzar en una línea de cien de frente. Detrás, muy cerca, también se desplegaron el primer y segundo regimientos, formando cintas al parecer interminables de quinientos caballos cada una.
El fin llegó tan rápido que Sandoval no pudo calcular el tiempo invertido. La carga duró menos de media hora. Las posiciones republicanas fueron invadidas.
Sus hombres, aturdidos, quedaron inactivos. Su artillería, aunque preparada para disparar, no lanzó un solo proyectil. Sus cocinas de campaña fueron capturadas intactas con la comida del mediodía preparada. Las bajas nacionales sumaron sólo tres hombres que cayeron de los caballos. Incluso la liquidación de los restos del enemigo terminó poco después de las dos.
Sandoval observó la hora con satisfacción. Más tarde dijo que era «una hora respetada en todos los ejércitos», hora de comer y descansar. Para celebrar la última gran carga de caballería en la historia de la guerra, desmontó, se estiró y sacó un bocadillo de jamón.
La república sufrió 15.000 bajas, 7.000 prisioneros y perdió ochocientos kilómetros cuadrados de territorio durante los dos días de la fase final de la campaña de Teruel. Monasterio había abierto el camino hacia el mar y el inevitable final de la guerra.
 
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Kurt_Steiner

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celedhring said:
Jejeje, conocía esta historia. Pero una vez oí una parecida de la Guerra Civil (una carga de caballería dispersando una columna de tanques), pero no consigo recordar ningún detalle: ¿a alguien le suena? A lo mejor mi imaginación me juega malas pasadas...

me parece que te confundes con el mito de los lanceros polacos cargando contra los Panzer alemanes durante la invasión de Polonia.
 

Fjelltronen

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Buena historia si señor

damarsal said:
Por cierto la última carga de caballería creo que la hicieron los soviéticos sobre los alemanes, no recuerdo el lugar ahora, donde los alemanes quedaron embolsados por los soviéticos en el bosque y los cosacos cargaron una y otra vez contra los alemanes, creo que fue por el año 44, este alzheimer :(


Yo recuero una en los alrededores de Moscú en el invierno del 42, pero es posible que hubiera más cargas de caballería cosaca a lo largo de la guerra, incluso en el 44...

:wacko:
 

unmerged(20937)

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Kurt_Steiner said:
me parece que te confundes con el mito de los lanceros polacos cargando contra los Panzer alemanes durante la invasión de Polonia.

Sí, yo había oido esta historia pero me parece que es falsa ¿no?

La última foto la he visto en varios sitios diciendo que es la carga de los polacos, pero sea lo que sea, es una foto de posado o propagandísitca seguro ¿es de los italianos seguro?
 

Kurt_Steiner

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Gold said:
Sí, yo había oido esta historia pero me parece que es falsa ¿no?

La última foto la he visto en varios sitios diciendo que es la carga de los polacos, pero sea lo que sea, es una foto de posado o propagandísitca seguro ¿es de los italianos seguro?

Lo que sucedió con la carga polaca se resume así. La caballería polaca estaba cargando contra infantería alemana en campo abierto. De repente, aparecen unos blindados alemanes. Las alternativas:

a) dar media vuelta y volver por donde habían venido -sufriendo graves bajas en el proceso.

b) seguir la carga hacia delante y que sea lo que Dios quiera.

Fue b) y como los alemanes alucinaron, salió como salió. La propaganda hizo el resto.
 

Bogorchu

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Otra carga de caballería bastante famosa es la del regimiento Alcántara en 1921.
Realizó varias cargas con sable protegiendo una columna de infantería de los ataques moros. Cada vez con más bajas, la última carga tuvieron que hacerla a pie porque no quedaba un solo caballo vivo. Después de mucho tiempo combatiendo, al final sólo sobrevivieron 5 soldados y 70 heridos de un total de 700. Se le impuso al regimiento la Laureada de San Fernando colectiva.
 

Kurt_Steiner

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En julio de 1921 el Regimiento de Caballeria Alcantara n. 14, al mando del Coronel Francisco Manella Corrales, estaba formado por 6 Escuadrones de Sables y 1 de ametralladoras.

La Fuerzas de Caballeria en Africa eran claramente insuficientes .Se componian del Regimiento de Cazadores Alcantara y de los Escuadrones de Regulares. Al ser tan escasa, estaba muy fraccionada y su despliegue no era el apropiado, el 19 de Julio, el Regimiento Alcantara tenia sus Escuadrones dispersos por el Territorio. El Tte.Coronel Primo de Rivera solo pudo reunir la unidad ya en los momentos criticos de la retirada, resultando desecha al tratar de proteger al resto de fuerzas.A Monte Arruit solo llegaron 60 hombres y unos 20 Caballos.

El 21 de Julio por la noche, el campamento de Annual comienza a ser hostilizado por la Harka de Abd el-krim. Con la situacion ya grave, de verdadera incongruencia habria que calificar la peticion que le hace Silvestre en esos momentos a Berenguer: el envio urgente de un batallon de Ferrocarriles para tender una linea y solucionar el problema de las municiones y los abastecimientos, cuando tiene a los Rifeños practicamente encima.

Silvestre convoca una reunion de Mandos. La mayoria opino que era preciso el retirarse ordenadamente, al carecer Annual de las minimas condiciones de defensa, la minoria era de la opinion que habia que extremar a todo trance la resistencia. La falta de viveres, agua, municiones y fuerzas de socorro, hizo prevalacer la idea de la retirada. Sólo el Coronel Morales manifesto que era ya tarde para ambas cosas.

Silvestre ordeno la mas absoluta discreccion sobre la decision de emprender la retirada a los Jefes de Cuerpo, a fin de que no se enterara la Tropa y cundiera la desmoralizacion. A los Oficiales se las darian las ordenes momentos antes de partir. Se llevarian las municiones y los heridos, dejando la impedimenta, abandonado en el Campamento todo el equipo. El esquema de la Retirada iba a ser; primero los heridos y las municiones, luego la artilleria y en ultimo lugar la Infanteria.

Al poco rato, Silvestre cambia de opinion, llama de nuevo a los Jefes de Cuerpo y les comunica que ya no se retira. Pedira refuerzos al Alto Comisario y se mantendra en la Posicion a toda costa. La reunion se ve interrumpida por el aviso de que la Harka, en 5 columnas, avanza hacia el Campamento. Silvestre vuelve a su idea inicial de retirarse y da las ordenes atropelladamente. La salida se hace en total desorden y confusion, nada que ver con un repliegue organizado y en regla. De las ultimas ordenes que da Silvestre es que el regimiento de Alcantara avance hacia la carretera en direccion a Annual para asegurar los flancos en la retirada.

Al llegar al Izumar, angosto barranco por donde pasa la carretera, los Rifeños causan numerosas bajas a la Columna, que marcha ya en revuelta confusion y muy desmoralizada.

De Silvestre se pierde la pista, muerto o suicidado. Los Coroneles Manella y Morales, siguientes en el Mando y de los ultimos en salir, caen en los primeros momentos cuando con un reducido grupo intentan alcanzar la retaguardia de la columna. Pasado el Izumar, el Tte.Coronel Primo de Rivera con sus Escuadrones de caballería, aun intactos, intenta poner orden en las fuerzas y organizar las unidades, pero es inutil. Es ya el salvese quien pueda y ya no hay manera de controlar el panico. La columna carece de un Mando visible y ya se puede hablar de Desastre. Algunos mandos pistola en mano tratan de hacerse obedecer, pero la Tropa no responde, solo se piensa ya en huir. Se tiran Fusiles y se les quita la carga a los mulos para montar en ellos.

Las posiciones que discurren junto a la carretera son abandonadas y sus fuerzas se van incorporando a la columna en desbandada. Visto que no hay nada que hacer para poner orden y organizacion, Primo de Rivera cubre la retirada con el Regimiento Alcantara y protege a los rezagados. Excepto el Alcantara, todas las demas unidades habian perdido la cohesion como unidades militares, y la mayoria de los Mandos todo resorte de autoridad.

Primo de Rivera era hermano del Dictador. Se concede la Laureada colectiva al Regimiento. Llegaron muy pocos del Regimiento a Melilla.

http://www.elgrancapitan.org/foro/el-expediente-picassoannual-1921-vt11545.html
 

Kurt_Steiner

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En 1920, Fernando Primo de Rivera, siendo Teniente Coronel, es destinado al Regimiento de Cazadores de Alcantara Nº 10 ,como segundo jefe del mismo, y seguía al mando cuando acaeció el Desastre de Annual.

El día 22 de julio de 1921 el Teniente Coronel Primo de Rivera tenía desplegados los cinco escuadrones del regimiento, cuatro de sables y uno de ametralladoras, (461 hombres, 22 oficiales y 439 de tropa) detrás de Izumar. El jefe del Regimiento, el coronel Manella, se hallaba en Annual al mando de la circunscripción desde hacía tres días.

El 23 de julio de 1921, el teniente coronel Primo de Rivera, en cumplimiento de la órdenes recibidas y al frente de su 2° escuadrón, dos secciones del 4° y una del 1° del Regimiento de Alcántara, con un total 192 jinetes, protege la retirada de Chaif, hacia Dar Drius. Salió al encuentro de aquellas fuerzas, y sin medir lo numeroso del enemigo, que al mismo tiempo trataba de envolver la columna en retirada, atacó también con gran brío la fuerza de auxilio, se lanzó sobre él, y combatió con la fuerza a sus órdenes al arma blanca y cuerpo a cuerpo diferentes veces, logrando atravesar la línea enemiga, dar la vuelta y atacar por la espalda a los rifeños. Con ello consiguió la continuación del avance, salvar la columna y su impedimenta y la entrada en orden de todas las fuerzas en Dar Dríus. Por esta acción al teniente coronel Primo de Rivera se le concedería la Laureada póstumamente en 1923. Ese mismo dia, se le dio la orden de proteger la retirada desde Dar Drius a Batel, durante la retirada volvió a realizar valerosas cargas contra los rifeños, que supuso la casi aniquilacíon de su maltrecho Regimiento.

Ese mismo día el teniente coronel Primo de Rivera tendría ocasión de mostrar de nuevo su temple y su valor. El general Navarro había ordenada la evacuación de la columna de Dar Dríus a Batel. A las 13:30 horas partió la vanguardia, y se inició una marcha constantemente hostigada por los rifeños en la que los jinetes del Regimiento de Alcántara, al mando del teniente coronel Primo de Rivera, se cubrieron de gloria al proteger el avance con sus fuegos de protección y constantes cargas sobre el enemigo. Pero el camino a Batel cruzaba por el lecho del río Igan, donde los rifeños tenían apostado un fuerte contingente de hombres. El general Navarro ordenó a Primo de Rivera cargar por el flanco izquierdo de la columna. El teniente coronel se dirigió a sus jinetes de este modo:

"¡Soldados! Ha llegado la hora del sacrificio. Que cada cual cumpla con su deber. Si no lo hacéis, vuestras madres, vuestras novias, todas las mujeres españolas dirán que somos unos cobardes. Vamos a demostrar que no lo somos".

El regimiento se lanzó a la carga guiado por Primo de Rivera y combatió hasta que la columna cruzó el lecho del río Igan. Para conseguir tal éxito el Regimiento de Alcántara tuvo que cargar hasta en cuatro ocasiones, sufriendo numerosas bajas ocasionadas por los rifeños, apostados en la trinchera del rio Igan. En su última carga, los caballos no pueden más y parece ser que los jinetes la realizaron a pié, llevando las monturas sujetas de las bridas. Durante todo el combate, hombres y caballos cayeron en apretada formación, tal y como se les encontró cinco meses después, la mayoría de ellos al otro lado del río; pero lograron salvar a la columna en retirada. Primo de Rivera perdió su montura en la tercera carga.

El Regimiento de Alcántara dejó prácticamente de existir. Tan solo sobrevivieron el teniente coronel Primo de Rivera, los dos comandantes, algunos oficiales y unos setenta de tropa. Todos ellos se unieron a la columna que se retiraba hacia Batel.


Las cargas realizadas durante el cruce del lecho del rio Igan, fueron durísimas teniendo que realizarlas al final a pie debido a haber perdido ya la mayoría de los caballos. Unos meses después, en el lecho del rio Igan se localizaron aun los restos de los caballos y los jinetes en el mismo lugar donde habían caído.

De 461 hombres que formaban su Regimiento unos dias antes, el 24 de julio los supervivientes no llegaban a 80.

El teniente coronel Primo de Rivera murió en Monte Arruit por las heridas ocasionadas por un cascote de granada de la artillería enemiga que le llevó el brazo derecho estando observando el fuego de cañón desde el parapeto, y por la cual hubo de amputársele el brazo con los escasos medios sanitarios que había en la posición. Durante el asedio se comportó brillantemente, siempre en constante combate, dirigiendo y animando a todos con su heroico ejemplo. El teniente coronel D. Fernando Primo de Rivera y Orbaneja figura desde entonces como número uno de los tenientes coroneles de la Caballería española.

http://www.fotosdevalladolid.com/archivo/2005_05_01_index.html
 

Kurt_Steiner

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Otra versión:

El Regimiento de Cazadores de Alcántara se encuentra destacado, en misiones de campaña, en las desérticas llanura de Annual, Zona Oriental del Protectorado de España en el Norte de África. Durante los días 21 y 22 del citado mes de Julio se ha producido el derrumbamiento de la Comandancia General de Melilla, y la propia plaza de Soberanía española ha estado a punto de caer bajo las hordas rifeñas, sublevadas contra España por el cabecilla Abd-el-Krim. De la Península, acuden en socorro de la plaza melillense varios batallones de Infantería y con la mayor urgencia se trasladan también hasta Melilla, desde la Zona Occidental del Protectorado, los Regulares de González Tablas y el TERCIO DE EXTRANJEROS al mando de su jefe, el Teniente Coronel Don José Millán Terreros.

En Annual nuestras tropas han sido masacradas por las cábilas de harqueños declarados en rebeldía, y la desesperación, el pánico y el desaliento han cundido entre nuestros soldados y han llevado a la deserción de la mayor parte de unidades indígenas que servían bajo nuestra bandera. El Comandante General de Melilla, Don Manuel Fernández Silvestre ha muerto, al parecer disparando su pistola contra el enemigo, aunque su cadáver nunca fue encontrado. Esforzándose en impedir esta insólita desbandada han caído con honor los coroneles Manella y Morales, encuadrados ambos a las órdenes directas del Comandante General. La palabra “Desastre” en esta ocasión, reviste con toda intensidad su cruda acepción terminológica.

El General de Brigada de Caballería Don Felipe Navarro y Ceballos-Escalera, 2º Jefe de la Comandancia General asume el mando y concentra las dispersas tropas en Dar Drius, para intentar desde allí la retirada a las sucesivas posiciones de El Batel y Tistutin (donde comienza el ferrocarril minero que facilitará la evacuación de heridos y enfermos hasta Melilla), para enlazar posteriormente con Monte Arruit y esperar allí, en posición defensiva, la llegada de refuerzos urgentemente solicitados. A las tres de la tarde del día 23 de Julio, el General Navarro ordena la retirada hacia la posición de“El Batel”, si bien preocupado sobremanera por el bajo estado moral de las tropas con el consiguiente detrimento de la disciplina. De la protección de la columna encarga al Regimiento de Caballería “ALCÁNTARA” Nº 14, que tras la muerte heroica de su coronel Don Francisco Manella Corrales, ha tomado el mando, el Teniente Coronel Don Fernando Primo de Rivera y Orbaneja, ilustre jefe del Arma de Caballería, Profesor de Equitación Militar y hermano menor del Teniente General de sus mismos apellidos. Don Fernando sabe que la papeleta que le ha encargado el general es de difícil solución. En una palabra, el cumplimiento de la misión implica que el Regimiento se ha de sacrificar, si preciso fuere, en beneficio del resto de sus compañeros de armas. En el Regimiento, a nadie se le oculta la gravedad de la misión encomendada.

Puesta en marcha la columna, escoltada por los escuadrones de “Alcántara” nuestras tropas avanzan sin novedad, si bien y a poco de comenzar el avance ya tiene el Regimiento que dar su primera carga, pues un pequeño convoy, con los heridos mas graves estaba siendo atacado por los harqueños. El teniente coronel manda cargar a uno de sus escuadrones, haciendo replegarse al enemigo y consiguiendo que el convoy se abra paso y llegue sin novedad a Melilla. Sobre las cuatro de la tarde, y tras una hora de marcha , la columna logra alcanzar el cauce del Rio Igán, que en este mes de Julio baja completamente seco. Allí han tendido los moros una emboscada a la columna y de improviso el fuego rifeño se hace patente desde los montes y laderas cercanas. El enemigo, muy superior en número y crecido por la victoria sobre nuestras tropas en Abarrán, Igueriben y Annual, ataca decidido sobre nuestros desmoralizados efectivos.

El Teniente Coronel Primo de Rivera sabe que ha llegado la hora del sacrificio. El Regimiento entero sucumbirá, si es necesario, para que la columna pueda progresar hasta alcanzar “El Batel”. Reagrupado el Regimiento, el teniente coronel manda que los escuadrones formen en “línea de a cuatro”, para acto seguido, con su voz fuerte y bien timbrada, arengar a sus soldados: “Ha llegado para nosotros la hora del sacrificio. Que cada cual cumpla con su deber. Si no lo hacéis, vuestras madres, vuestras novias, todas las mujeres españolas dirán que somos unos cobardes. Vamos a demostrar que no lo somos”.

El “trompeta o clarín de órdenes” ocupa su puesto en formación “a dos largos de caballo y a la izquierda” del que monta el jefe, esperando con el clarín pegado a los labios la orden de este para dar los toque reglamentarios. Intuyendo que hoy va a ser un día de gloria para el Regimiento, ha adornado su clarín de mando con vestiduras de gala, figurando en su anverso bellamente bordadas las armas de la Caballería y en el reverso, sobre fondo blanco la Cruz flordelisada de la Orden de Alcántara, bordada en verde, que da nombre al Regimiento. El Teniente Coronel lo mira fijamente y compadecido quizás por su extrema juventud, le ordena retirarse a retaguardia junto al resto de la banda, pues no lo necesita, le dice, toda vez que mandará el Regimiento “ a la voz”. El joven trompetilla hace como que obedece y simula retirarse, pero en su mente resuena aún con fuerza la fórmula de su reciente juramento al Estandarte, en lo que dice de “Obedecer y respetar siempre a vuestros jefes, no abandonarles nunca...”. Y si había jurado esto ¿cómo iba él a “abandonar” a su Teniente Coronel en estos momentos de peligro? Jamás lo haría, sino podía combatir como educando lo haría como soldado, pues ya dejó de ser un niño el día que vistió el honroso uniforme de la Caballería.
 

Kurt_Steiner

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Puesto el Regimiento al paso, el Teniente Coronel desenvaina y a la voz ordena a sus escuadrones :¡Saquen... Sables!, y los sables de los jinetes del “Alcántara” brillan refulgentes cual rayos cegadores al salir de sus vainas, mientras golpean con sus espuelas los ijares de sus caballos para pasar “al trote” y alcanzar poco después el galope. De nuevo suena potente la voz del Teniente Coronel Primo de Rivera ordenando: ¡Para cargar! . Y acto seguido da la voz ejecutiva: ¡Carguen! ¡Viva España! Como un alud impetuoso la masa de jinetes arremete contra los harqueños recibiendo al descrestar un nutrido fuego de fusilería, que hace aumentar el galope hasta convertirse en un huracán desenfrenado.

El combate adquiere una fiereza descomunal. Las cargas se suceden pero el enemigo es muy superior en número y además domina perfectamente el medio y conoce palmo a palmo el terreno en que combate. Las bajas en los escuadrones empiezan a ser muy numerosas. Nuestro trompetilla de órdenes, con el clarín colgado a la espalda, clava las espuelas a su caballo y combatiendo como soldado, su sable, al que su débil brazo le cuesta trabajo sostener, se abate terrible buscando una y otra vez el cuerpo del enemigo. Pero ahora, un golpe seco en el pecho seguido de un fuerte dolor junto al corazón, le hacen tambalearse en el caballo al haber sido alcanzado por una bala rifeña. Derribado al fin, la vista se le nubla y a su mente acude la imagen de una bella mujer que le sonríe y le llama con cariño a su lado. La dama que así se le presenta en su mente febril no es otra que su madre a quien nunca conoció. Después la oscuridad, el vacío, la nada. El joven había dejado de existir. De su cuello aún pende su clarín engalanado, salpicado ahora por la sangre tan generosamente derramada.

A estas alturas del combate, el Regimiento ha sufrido un gran quebranto. (también las bajas de los rifeños son muy numerosas). Exhaustos jinetes y caballos por las cargas que llevan dadas, el tormento de la sed se hace insoportable. Una oscura costra formada por el polvo y el sudor surcaba el curtido rostro de los jinetes de Alcántara, denotando bien a las claras las varias horas de feroz refriega soportadas bajo el ardiente sol africano. El desánimo parece que empieza a cundir entre los soldados. Y es en estos momentos de suprema angustia, cuando el Teniente Coronel Primo de Rivera, erguido majestuosamente sobre su caballo “Vendimiar”, un magnífico ejemplar español “pura sangre”, que el ilustre jefe maneja con singular maestría , arenga de nuevo a sus soldados y les pide un postrer sacrificio: El Regimiento va a dar su última carga (la octava); si bien, y dado el grado de extenuación de jinetes y caballos, se va a producir un hecho histórico en los anales de la Caballería. El Regimiento, altamente disminuido por el gran número de bajas, va a dar esta última carga con los caballos ¡Al paso! .

En la extrema retaguardia se encuentra formada a caballo la banda Regimental integrada por 13 jovencísimos “Educandos de Trompeta” – a los que hay que deducir la baja del trompetilla tan gloriosamente caído-, y al mando del Suboficial Maestro de Banda del Regimiento. Se encuentra también formados en retaguardia, los tres Oficiales Veterinarios, junto al Capellán (1) y al Teniente Médico. Enfrascado el “pater” en reconfortar espiritualmente a los soldados moribundos, y esforzándose el médico en curar a los heridos y aliviar sus sufrimientos; todo ello bajo el fuego enemigo y con los precarios medios clínicos de que dispone.

Enardecidos por la vibrante arenga de su Teniente Coronel, los escuadrones de “Alcántara” vuelven de nuevo sobre los moros, pero – como se ha dicho- a estas alturas del combate, las fuerzas van faltando y los caballos apenas si responden a las espuelas de sus jinetes. Carga por última vez “al paso” el Regimiento, adentrándose con brío entre las zarzas y parapetos de los rifeños y bajo una lluvia de encendidas balas. Muchos de los jinetes caen derribados en tierra y aún se defienden, sable en mano, del enemigo que les rodea. Atentos a la arenga del Jefe del Regimiento, y expectantes ante el cariz que está tomando la desigual pelea, los tres Alféreces Veterinarios (Veterinarios Terceros en la denominación oficial) saben que ha llegado también para ellos la hora del sacrificio. Pese a ser “Oficiales Facultativos” (sin mando de armas) tienen profundamente arraigado el sentimiento de que, por encima de todo, son Oficiales del Regimiento de “Alcántara”, que en esta tarde del 23 de Julio, y en estos momentos de gravísimo peligro para su Regimiento, van a intentar conciliar lo aprendido en sus respectivas Facultades de Veterinaria con la asignatura sublime del amor a España, representada en la defensa del glorioso Estandarte del Regimiento; y así, transformados en un momento en Oficiales de Caballería, intentan cubrir las numerosas bajas de sus compañeros del Arma, cargando con brío contra las posiciones rifeñas. Esa tarde, el Cuerpo de Veterinaria Militar se cubrió de gloria merced al valor y al arrojo de tres de sus mas modestos representantes: Los Alféreces DON JUAN MONTERO MONTERO, DON VIDAL PLATÓN BUENO Y DON EDUARDO CABALLERO MORALES, ofrendando estos dos últimos su vida a la Patria al morir heróicamente en la acción de tan señalado día. ( Tan sólo unos dias mas tarde y en la heroica defensa de Zeluán encontraron también gloriosa muerte los Oficiales Veterinarios Don Enrique Ortiz de Landázuri, Don Luis del Valle Cuevas y Don Tomás López Sánchez)
 

Kurt_Steiner

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Al fin los esfuerzos de Primo de Rivera y el brío y el tesón puesto de manifiesto por los bravos soldados y oficiales de “ALCÁNTARA” se ven culminados con el éxito. Duramente quebrantados los rifeños por el férreo castigo infligido por nuestros soldados que en impetuosa carga han irrumpido de nuevo entre sus filas, les obliga a ceder ante el terreno replegándose.

Cumplida la misión, cuando ya las sombras de la noche se han hecho patentes sobre el límpido cielo africano, los escuadrones se van incorporando poco a poco hacia la posición de “El Batel”,- muchos de los extenuados soldados marchan a pie, llevando de la brida a su no menos extenuado caballo- donde ya la columna del General Navarro había logrado alcanzar la posición, a costa eso sí, de la casi total destrucción de sus hermanos de Caballería. Entre los que marchan a pie, y mezclado con sus soldados, figura el Teniente Coronel Primo de Rivera, a quien han matado a su corcel “Vendimiar” y ha rehusado aceptar las ofertas de cederle el suyo los soldados que aún lo conservan. Al anochecer de aquel fatídico 23 de Julio de 1921 “ALCÁNTARA”había dejado de ser un Regimiento, pero el Libro de la Historia le abriría desde entonces una de sus mas brillantes páginas.

De los 691 hombres que formaban el Regimiento al toque de diana, al pasar la reglamentaria lista de Retreta en la noche de ese dia 23 de Julio , 541 habían muerto en combate, 5 habían sido heridos (los moros remataron con feroz crueldad a muchos soldados heridos), y 78 quedaron prisioneros de los harqueños. TOTAL: 624 bajas. Sólo 67 jinetes extenuados consiguieron alcanzar la posición de El Batel. Entre los muertos, los 13 jovencísimos trompetas que formaban la banda. (2)

Epílogo Emotivo.- No tardó el Teniente Coronel Primo de Rivera en acudir al encuentro de sus soldados caídos sobre las ardientes arenas marroquíes. Milagrosamente ileso (aunque una bala rifeña, como se ha visto, le mató a su caballo) en los combates del día 23 de Julio, sin embargo, tan sólo unos días mas tarde y cuando se encontraba sobre el parapeto colaborando activamente en la defensa de la posición de “Monte Arruit”, una granada de cañón le destrozaba un brazo que un cirujano militar tuvo que amputarle sin anestesia ni material adecuado (parece ser que utilizó para la amputación una navaja de barbero y un hacha de carnicero), pero declarada la gangrena entregó su alma a Dios en la mañana del día 5 de Agosto de 1921. Recuperado su cadáver durante la reconquista llevado a cabo por las tropas españolas, fue trasladado a Madrid y recibido en la estación de Atocha con las máximos honores militares, presidiendo el duelo S.M. Don Alfonso XIII, que, muy emocionado, puso sobre el féretro del heroico Teniente Coronel la Cruz Laureada de San Fernando, máxima condecoración al valor en España. Ordenó además S.M. que el nombre glorioso de Don Fernando Primo de Rivera y Orbaneja, figurase en lo sucesivo y a perpetuidad a la cabeza del Escalafón de los Tenientes Coroneles del Arma de Caballería.



1. . El Capellán Segundo (Teniente) DON JOSÉ CAMPOY IRIGOYEN, que tan heroicamente se portó en la jornada del 23 de Julio atendiendo espiritualmente a los soldados del Regimiento de “Alcántara”, encontró gloriosa muerte – tan sólo unos días después- en la defensa de Monte-Arruit y en el cumplimiento de su sagrado ministerio.
2. El Regimiento de “ALCÁNTARA” tuvo, en la jornada gloriosa del 23 de Julio de 1921, un 90´30% de bajas. Habría que remontarnos a la Batalla de Rocroi (19 de Mayo de 1643), donde la Infantería Española quedó destruída (que no vencida) por las baterías del Duque de Enghien, y donde quedaron sobre el campo de batalla la práctica totalidad de nuestros infantes, para encontrar un número similar de bajas.

http://www.belt.es/expertos/HOME2_experto.asp?id=3114