Henry II (6) : Temido en Europa ...
30 d marzo d 1182
A día de hoy, los asuntos de la guerra se han complicado extraordinariamente.
Nada nos hacía preveerlo cuando, al principio de la campaña, todas las fuerzas de la coalición hispánica se amontonaban sin orden ni concierto en el asedio de la aquitana Santander, dejandonos las manos libres para emprender el asedio de Perpiñán, mientras el leal William hacía lo propio con la ciudad de Tolosa.
Sin embargo, nuestras previsiones comenzaron a torcerse cuando Aquitania,aún en pie las murallas de Santander y en todo caso mucho antes de lo esperado, firmaba la paz con Aragón, mediante el pago de 41 maravedíes. Los ejércitos aragoneses ponían inmediatamente rumbo al Rosellón. Aún embebido como nos encontrabamos en los asuntos bélicos, por estas mismas fechas no pudimos dejar de asombrarnos por la fiereza del Rey de Sicilia, quien, tras reducir a Su Santidad al vasallaje, declaraba la guerra al Reino de Italia, sin importarle la alianza de éste con el Sacro Imperio, Austria y Brabante.
Poco después el ejército aragonés llegaba al Rosellón y, a pesar de la bravura de nuestros caballeros e infantes, que a punto estuvieron de forzar a los hados a sernos benevolentes, la realidad y la fuerza del número finalmente se impuso y dimos la orden de retirada, para preservar nuestras fuerzas y nuestra propia vida. Entretanto William, apoyado ahora por el ejército de Bretaña, prosperaba lentamente en el asedio de Tolosa.
La situación se había deteriorado, pero no era desesperada ni mucho menos, puesto que nuestra saneada situación económica permitía realizar numerosas levas (dentro de lo exiguo de nuestra demografía) con las que hacer frente al aragonés, cuyos ejércitos marchaban lentamente hacia el Languedoc. Pero el día de hoy, en que no se han cumplido aún dos meses de la derrota de Perpiñán, una nueva traición de uno de nuestros vástagos ha venido a complicarlo todo.
No contento con la conmoción causada en el Imperio, Geoffroy ha eliminado de un plumazo el vasallaje que nos era debido. Esperemos al menos que sus tropas no se vuelvan en nuestra contra.
5 d septiembre d 1183
Los ejércitos aragoneses seguían batiendonos en el campo del honor y hubimos de retirarnos aún más al norte del Languedoc, desde donde observábamos el asedio de Montpellier mientras reagrupabamos las nuevas mesnadas levadas bajo nuestro mando. Una vez finalizado su adiestramiento, partimos al mando de 15/9 regimientos. Nuestro destino: la propia Barcelona. Simultáneamente, William, tras la toma de Tolosa (cuya defensa, a pesar de nuestra desconfianza, confiamos al ejército Bretón), atacaba las posesiones de Alfons II desde Bearn, en el intento de crear un segundo frente que nos permitiera la toma de Barcelona sin excesivos sobresaltos.
La terca realidad, sin embargo, no acaba de ajustarse a nuestros planos ya que, si bien el asedio de Barcelona seguía según lo previsto, un impresionante ejército leonés, al mando de D. Pedro Fernández de Castro expulsaba a William de Aragón, donde había emprendido el asedio de Zaragoza y, lo que era más preocupante (sobre todo porque William, sin excesivas bajas había cambiado Zaragoza por Gerona), las fuerzas de Aragón, tras la toma de Montpellier, no habían tomado el camino de Cataluña. donde pensábamos reagrupar todos nuestros ejércitos en el momento de la batalla para doblegarlas, sino que han emprendido el asedio de Lyon, que para colmo, no oponía una resistencia demasiado tenaz.
13 d junio d 1184
La supremacía en la Occitania se decidirá pronto. Esta siendo ésta una guerra demasiado prolongada ya y las rebeliones comienzan a asolar nuestras tierras. No sabemos además cual será la próxima puñalada que nuestra propia sangre nos propine, pero sabemos que llegará. Malditas alimañas.
Cuando Barcelona comenzaba a flaquear, los aragoneses entraban a sangre y fuego en Lyon y se dirigían contra Tolosa con un ejército de 30.000 hombres, defendida por 14.000 bretones de dudosa lealtad. Sin embargo la llegada, el 11 d marzo d 1183, de nuestra flota desde Inglaterra, transportando 7/7 reg. llenaba de esperanza nuestro corazón.
Dos días después el aragonés era derrotado en Tolosa, pero antes de que pudieramos felicitar a nuestro hijo Geoffroy, olvidando su reciente traición, de nuevo este mal hijo rompía nuestro corazón concertando una paz blanca con Alfons II, quien de nuevo ordenaba a sus tropas marchar a la Guyena, indefensa ahora. Hasta 38.000 soldados aragoneses y castellanos llegaban a acampar poco después ante los muros de Tolosa y aunque Nos tomamos Barcelona, William volvía a ser expulsado por el aragonés, en este caso de Gerona.
Se nos abría dos opciones en ese momento, atacar con todo nuestro ejército a los sitiantes de Tolosa o intentar recuperar nuestras ciudades perdidas, confiando en que el hambre y la peste hicieran mella en aragoneses y castellanos. A pesar de los deseos de doblegar a Alfons II de una vez por todas, decidimos ser prudentes.
La victoria aún podía estar de nuestro lado, todo dependía de que el leonés no se decidiera por invadir nuestras posesiones.
Afortunadamente D. Pedro se limitaba a defender las tierras de su aliado aragonés, sin decidirse a que sus mesnadas atravesasen los Pirineos.
Quien empezaba a perder su antiguo poderío, por aquellos tiempos, era el Imperio de Oriente, quien se veía obligado a conceder la independencia a la Isla de Chipre. No así Aragón, quien no sólo no flaqueba, sino que, tras la toma de Tolosa, que queda guarnecida por los castellanos, ha puesto sitio nuevamente a Montpellier.
Ya no queremos prolongar más esta sangría, como decíamos ha llegado el momento de decidir quien será en el futuro Señor de la Occitania y va a decidirse en las llanuras del Languedoc. Ya en nuestro poder Perpiñán y Lyon, hemos decidido ir al encuentro del aragonés. Nuestros mensajeros asimismo han ordenado a William que se reuna con nosotros frente a los asediantes de Montpellier. Esta vez no daremos un solo paso atrás, nuestros infantes y caballeros caminan hacia la gloria ... o hacia el desastre.