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unmerged(55829)

Second Lieutenant
Apr 13, 2006
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Pues yo tambien me sumo a la moda de hacer AAR con paises pequeños. Ya hice uno con Japón en la página del MOD 2004 pero he perdido los saves y lo he tenido que finalizar forzosamente. Ahora vuelvo a la carga con otro AAR de Grecia. Esta vez me comprometo a postearlos en ambos sitios por igual :p

La Patria de Alejandro

Juego: HoI2 con DD version 1.2
Dificultad e IA: facil/facil (es jodida la partida)
Pais: Grecia
Fecha inicio: 1936
Objetivos: reconquistar los territorios que reclama Grecia, y ver ondear la bandera helena en Constantinopla de nuevo.

Entre hoy y mañana posteo la introducción y el primer capítulo
 

unmerged(55829)

Second Lieutenant
Apr 13, 2006
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La Patria de Alejandro
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Introducción Histórica:

Grecia es la cuna de la Civilización Occidental. Durante siglos, por todo el mundo civilizado se han estudiado a los clásicos griegos. La filosofía y el arte helénicos han marcado a Europa desde tiempos inmemoriales. Pero ¿cual es la historia de Grecia?

El territorio de la actual Grecia estaba poblado desde la Edad de Bronce. Ya en estas tempranas fechas nació una de las primeras civilizaciones humanas: la micénica. Los micénicos construyeron las primeras ciudades europeas y se caracterizaron por sus grandes palacios.

No obstante, los griegos propiamente dichos llegaron después. Sobre el 1150 a.C. una oleada de pueblos conocidos como los egeos (dorios sobre todo pero también beocios y tesalios) se asientan en la región aprovechando la debilidad de los micénicos. Asimilan rápidamente la antigua cultura y se funden creando la raza helénica que todos conocemos.

Los griegos se caracterizaron por agruparse en torno a ciudades estado (las famosas polis) y por ser incapaces de conseguir una unidad política estable entre ellas. Sin embargo, muchas de estas polis llegaron a conseguir una prosperidad y un desarrollo considerable. En esta época empiezan a crecer ciudades como Esparta, Atenas, Corinto y Tebas. En algunas de estas polis comenzaron a ponerse en práctica revolucionarias formas de gobierno: destacan Atenas y su democracia, y el enrevesado sistema de aristocracia militar de Esparta (Esparta tenía dos reyes, 5 éforos que dirigían la política exterior, un consejo de ancianos a modo de cámara legislativa y una asamblea popular).

La prosperidad trajo un crecimiento de la población, crecimiento que las áridas tierras griegas no podían soportar. Dos fueron las soluciones: por un lado comenzó la colonización de nuevas tierras allende los mares, fundándose nuevas polis por todo el Mediterráneo: Asia Menor, Sicilia, Italia e Iberia. Por otro lado comenzaron guerras entre las distintas ciudades por controlar las tierras más productivas.
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A partir del 500 a.C. comenzaron las Guerras Médicas entre las ciudades griegas y el Imperio Persa. Pese a todo, los griegos consiguieron resistir, resultando Atenas como la nueva ciudad hegemónica. Pero tras desaparecer el enemigo el enemigo persa, al menos de momento, se reanudaron las luchas entre las polis. Alentadas por Persia, las guerras internas devastaron Grecia e impidieron la consolidación de un poder central unificador.

Todo cambió a partir del siglo III a.C. Macedonia, una nación semibárbara que se encontraba al norte de Grecia empezó a asimilar rápidamente la superior cultura helena y se expandió en dirección sur. Bajo Filipo II, los macedonios fueron sometiendo poco a poco a todas las polis, hasta que en el 337 se forma la Liga de Corinto que agrupaba a todas las polis excepto a Esparta. El hijo de Filipo, Alejandro, recibiría como herencia en el 336 una Grecia unificada.

El joven Alejandro se lanzó entonces a una épica campaña contra el Imperio Persa. El disciplinado ejército greco-macedonio aplastó a los persas y conquistó con facilidad un gigantesco imperio que iba desde Egipto hasta la India. Con las conquistas militares, la cultura griega se fue expandiendo por Asia. Las aristocracias locales empezaron a aprender griego y a estudiar a sus filósofos. Empezaba en momento de mayor esplendor para la civilización griega.
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A la muerte de Alejandro su reino fue dividido por sus generales. Otra vez empezaban las luchas internas y las divisiones políticas. A partir del 200 a.C. una nueva potencia emergió del Mediterráneo Occidental: Roma. Los romanos fueron conquistando paulatinamente Grecia y Macedonia y para el 146 a.C. toda la zona era ya parte de su imperio. Los romanos asimilaron la cultura helénica, por la que sentían gran admiración, y copiaron muchos de sus usos y costumbres. Era habitual que los patricios romanos hablaran griego tan bien como el latín, e incluso llegó un momento en los que ambos pueblos adoraban a los mismos dioses.

Los siglos pasaron, y Grecia vivió buenos tiempos integrada en el Imperio Romano. La Decadencia del Imperio lo cambió todo. El emperador Constantino I el Grande dividió el Imperio en dos parte administrativas en el 330: Occidente (Italia, África, Hispania, Galia y Britania) y Oriente (el mundo helénico). La división fue definitiva a la muerte de Teodosio en el 394. A partir de entonces nacía un nuevo imperio, de fundamentos griegos: el Imperio Bizantino.
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Mientras el Imperio Occidental se hundía ante las invasiones bárbaras y las guerras civiles, el Oriental empezó a recuperarse rápidamente de la Decadencia. Desde Constantinopla (la actual Estambul) los emperadores bizantinos gobernaron un vasto y riquísimo imperio cuya base residía en la cultura común griega. El emperador Justiniano intentó reconquistar el la parte occidental, llegando hasta el sur de Hispania. Al mismo tiempo infligía derrotas a los antiguamente poderosos persas sasánidas eliminando la amenaza que representaban.

A partir del siglo VIII empezaron las invasiones musulmanas. Bizancio resistió pero a costa de perder las regiones más alejadas de su imperio: Egipto, África y Siria cayeron en manos árabes. El paso de los siglos debilitaron a Bizancio: los emperadores se volvieron cada vez más autoritarios y los problemas económicos comenzaron a sacudir la estructura social. En 1071 los ejércitos bizantinos fueron derrotados en Manzikert, en el extremo oriental de Asia Menor. Comenzaba un lento proceso de repliegue ante un pueblo nómada musulmán conocido como los turcos.

Asediado por los turcos en el este y por los eslavos en los Balcanes, el Imperio fue perdiendo terreno. En el siglo XV Bizancio no era más que una sombra de la antigua grandeza griega. En 1453 Constantinopla fue ocupada por los turcos y Grecia cayó bajo el dominio del Imperio Otomano.

La dominación turca no acabó con la cultura griega. Por toda Europa se estudiaba a los clásicos griegos, y en la propia Grecia se mantuvo la lengua y la cultura autóctonas. Por supuesto las ansias de libertad del pueblo helénico se mantuvieron firmes.

Tras siglos de opresión, la llama se encendió en 1821. Ya habían estallado fallidos alzamientos anteriormente, pero en esta ocasión la situación internacional jugaría a favor de los griegos.

En 1827 los griegos habían resistido los envites turcos, ganándose la simpatía de los intelectuales europeos. Ese año los rusos declaraban la guerra a Turquía, mientras que ingleses y franceses destruían a la flota turca en Navarino. En 1829 los turcos se rinden y aceptan la independencia de Grecia y Serbia. Grecia volvía a ser libre.
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La historia del moderno estado griego no es más tranquila que la anterior. En 1832 los aliados occidentales impusieron a Otón I de Wittelsbach como Rey de los Helenos. Otón empezó gobernando despóticamente hasta que en 1844 un levantamiento popular lo obligó a aceptar un constitución democrática. No obstante las interferencias del rey continuaron hasta que fue derrocado definitivamente en 1862.

A propuesta británica se nombró rey a Jorge I, príncipe de Dinamarca. Durante su largo reinado (1862-1913) empezó a tomar forma un movimiento político y cultural: la Enosis. La Enosis planteaba la necesidad de unificar en un mismo estado a todos los griegos dispersos por los Balcanes y Anatolia. Había que anteponer por tanto estos fines a cualquier otra consideración, incluidas las reformas económicas y sociales. En 1881 se consiguió Tesalia. En 1897 se desencadenaría una nueva guerra con Turquía en la que los griegos fueron incapaces de conseguir nuevas concesiones.

En 1905 el cretense Eleuterio Venizelos se convirtió en Primer Ministro y reanudó la Enosis. En 1908 Creta se integró en Grecia y en 1912 se formó una Liga entre Serbia, Montenegro, Bulgaria y Grecia que atacó a Turquía, inflingiéndole importantes derrotas. Grecia consiguió en esta guerra toda la Macedonia, pero tuvo que aceptar el dominio italiano sobre Rodas y el Dodecaneso, islas pobladas por griego, y de Gran Bretaña sobre Chipre.
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La I Guerra Mundial pilló a Grecia entre dos fuegos. Los aliados ocuparon Grecia y el país se dividió entre germanófilos y aliadófilos. La situación llegó a tal extremo que el rey Constantino, germanófilo, tuvo que abdicar en su hijo Alejandro I. Venizelos se hizo con el control de la situación y declaró la guerra a los Imperios Centrales. Tras la rendición de estos, Grecia recibió la Tracia Oriental a costa de Bulgaria, lo que enrareció durante años las relaciones entre ambos países.

En 1919 y para continuar la Enosis, Grecia atacó a Turquía, sumida en las luchas internas tras la derrota en la I Guerra Mundial y la caída del Imperio Otomano. Pero el ejército nacional turco de Kemal Ataturk rechazó a los griegos y los obligó a llegar a un acuerdo de paz. Además, se produjo un éxodo de helenos que vivían en Turquía hacia Grecia, llegando a ser más de un 1.350.000. La presión social de los refugiados terminó por desestabilizar a la monarquía, y Jorge II, en el poder desde 1922, abdicó. Se proclamó la República Griega.

La República no fue más que una larga sucesión de gobiernos débiles e incompetentes. El único respiro lo dio el veterano Venizelos, que ganó las lecciones y gobernó eficazmente entre 1928 y 1932. Pero tras perder las elecciones intentó dar un golpe de estado que fue frustado por los militares, volviendo así los gobiernos débiles.

Con el país sumido en el caos, los militares monárquicos dieron un golpe de estado en 1935 y restauraron la monarquía. Jorge II volvió a Grecia y nombró a un gobierno provisional. Mientras en Europa soplan vientos de guerra, Grecia es un país atrasado rodeado de gigantes. ¿Se podrá conseguir la ansiada Enosis? ¿Afectará el expansionismo italiano al país egeo? ¿Luchará Bulgaria por recuperar sus territorios perdidos? Aquí acaba la historia, y comienza el presente...
 

unmerged(55829)

Second Lieutenant
Apr 13, 2006
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Capítulo 1: De vuelta a casa

Diario de Nicholai Tatopulos

Atenas, 1 de Enero de 1936.

Amanecía cuando el barco en el que viajábamos llegó a Grecia. ¡Por fin, tras tres semanas de viaje, volvía a casa! Por supuesto sabía que el regreso no iba a ser fácil. Mi familia no había aceptado mi matrimonio con Ellen, y sabía que mis padres me echarían en cara el haberme casado con una extranjera y de otra religión. Pero como diría el poeta, el amor no entiende ni de fornteras ni de religiones.

A pesar de todo, me alegraba volver a casa. Había pasado los últimos cinco años estudiando en América. Por supuesto, este era un privilegio a los que muy pocos jóvenes griegos podían aspirar. Pero la familia Tatopulos era una de las más influyentes de la sociedad griega, y mi padre bien podía permitirse enviar a su primogénito a estudiar a una prestigiosa universidad americana. Allí, aparte de estudiar, conocí a Ellen O´Donnell. Ella estudiaba conmigo, y tras los típicos tiras y aflojas terminamos saliendo juntos y, más tarde, casándonos.

Cual fue mi sorpresa cuando al bajar del barco me encontré con mi padre en persona, y no con algún criado.
-¡Hijo mio! –gritó mi padre excitado.
Nos abrazamos. Cinco años eran muchos años. Le presenté a Ellen, a la cual saludó muy correctamente. No obstante pude percibir un gesto en su cara, como dando a entender el mal gusto que había tenido por elegir a una mujer tan delgada y tan pálida en vez de a una voluptuosa belleza local.

Un chofer nos esperaba. No hay muchos automóviles en Grecia, de manera que los problemas de tráfico que tanto abundan en Estados Unidos son desconocidos. Mientras nos dirigíamos a la casa familiar, mi padre me puso al día de la situación familiar. Sería imposible enumerar a todos los primos, sobrinos y demás familiares que se han casado, se han mudado o Dios sabe qué.
-¿Y como van las cosas aquí en Grecia?
-De mal en peor, hijo- respondió mi padre- Como ya sabrás, todavía sigue el gobierno provisional.

Asentí. Por la prensa y por las cartas de mi familia sabía lo complicados que habían sido los últimos años. Cuando me fui, Grecia era una república, y el venerable Eleuterio Venizelos gobernaba la nación. Ahora era una monarquía dirigida por un gobierno provisional presidido por Constantinos Demertzis. Por supuesto, el gobierno estaba en una posición muy débil, y era atacado por todos los frentes.
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-Los griegos no tenemos arreglo –continuó mi padre-. Las sesiones del Parlamento son un auténtico espectáculo. Hay 17 grupos parlamentarios, cada uno con solo un puñado de diputados y enfrentados entre sí. El gobierno legisla a fuerza de decretos especiales, porque el Parlamento es incapaz de legislar nada. Los comunistas incordian todo lo que pueden para liberar a un proletariado industrial que apenas existe en nuestro país, y los militares con ganas de meter mano en el gobierno. Sobre todo los del movimiento Tercer Civilización Helénica.
-¿Tercera civilización helénica? –pregunté.
-Sí. Son un grupo de militares ultra-nacionalistas que creen que ahora es el momento de reconstruir la grandeza de Grecia para emular los logros de Alejandro y del Imperio Bizantino. Se declaran admiradores de Hitler y quieren hacer lo propio aquí.
-En pocas palabras, que quieren la Enosis, pero a lo grande.

Mi padre soltó una risotada. La Enosis era la fuente de la grandeza griega, pero también la fuente de todos sus problemas. Era la idea, el concepto de unión de todos los griegos, algo así como el Destino Manifiesto que había visto en EE.UU. Todo se debía de anteponer a la Enosis, aun a costa del desarrollo económico y social. El resultado era que Grecia seguía siendo un país rural y atrasado, incluso para la zona. Apenas si podían contarse quince fábricas de importancia en todo el país, y en la cuestión tecnológica, Grecia iba muy por detrás de sus vecinos.

-En todo caso son pocos, pero cada vez cuentan con más apoyo entre la oficialidad. Y lo que es más importante, entre los industriales.
-¿Tu los apoyas, padre? –pregunté con un poco de mala idea.
-Sabes que soy demócrata y fiel seguidor del gran Eleuterio Venizelos. Pero tengo una familia que mantener y a un montón de trabajadores por los que velar. Y si la situación continúa tensándose, es posible que una dictadura sea lo mejor para todos. Además, la situación internacional no ayuda precisamente.
-Para los griegos la situación internacional siempre es complicada. Siempre queremos meternos con nuestros vecinos. Pero recuerda como acabó la cosa en el 22...
-Esta vez la cosa es diferente –explicó mi padre- Los búlgaros presionan para que devolvamos la Tracia Oriental. Y los militares acusan al gobierno de debilidad por no atacar nosotros primeros. Y lo cierto es que posiblemente ahora tenemos ventaja: nuestro ejército lo componen 15 divisiones. Con anticuado equipamiento de la Gran Guerra, eso sí. Pero los búlgaros tampoco es que sean los pioneros tecnológicos de Europa precisamente... De todas maneras, el gobierno está preparado para crear otras tres nuevas divisiones antes de que acabe el año, además de modernizar la poca artillería que tenemos. Pero claro, ya conoces como es Grecia: siempre escasea el dinero y carecemos de una industria propia poderosa.

Dejamos de hablar de política y hablamos de mi futuro. Mi padre me había conseguido un puesto de importancia en el Ministerio de Comercio. El gobierno quería aumentar la capacidad industrial nacional, y para ello buscaba llegar a acuerdos con países que nos suministraran materias primas de las que carecemos. Con apenas 23 años y me encontraba ya con trabajo, mujer y, en breve, con una buena casa. La suerte me sonreía. Mi nueva vida en Grecia estaba a punto de empezar.
 

unmerged(55829)

Second Lieutenant
Apr 13, 2006
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La Patria de Alejandro
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Capítulo II: Rearme

Larisa, 4 de Enero de 1936.

Mikail Tarquino era oriundo de Pisa, un pequeño pueblo en el Peloponeso. Unas semanas antes había cumplido los dieciocho años, y como buen griego que era, se disponía a cumplir el servicio militar. Lo cierto es que no le desagradaba en absoluto la idea: siempre era mejor estar dos años entretenido en el ejército que pastoreando cabras como su padre y hermanos.

Además, y tal como le habían informado, Tarquino y el resto de nuevos reclutas no se unirían a las divisiones actuales, sino que formarían una nueva división, 16ª de Infantería, una de las tres nuevas divisiones que el gobierno quería operativas antes de fin de año. La mayoría de los jóvenes que se encontraban en el cuartel estaban nerviosos, ya que iba a ser su primer día en el ejército y Tarquino no pudo evitar contagiarse de parte de ese nerviosismo. Él solo era un vulgar pastor del Peloponeso y toda la burocracia militar se le antojaba algo grande y extraño.

A todos los reclutas los hicieron formar en el patio del cuartel. Un oficial empezó a leer los nombres y a asignarles compañía. A Tarquino le tocó la 9ª. Tras recojer los uniformes y el equipo, los hicieron formar de nuevo. El suboficial al mando de la compañía ya los esperaba.

-¡Reclutas, firmes! Soy el sargento Valerio Vanopulis, y voy ser el encargado de convertir a esta compañía en la mejor del regimiento. Tengo cuarenta años y estoy en el ejército desde los dieciséis. Combatí contra los turcos en el 13, contra los búlgaros y los alemanes en el 17 y otra vez contra los turcos en el 19. Vamos, que tengo más tiros que todos vosotros juntos. Y ahora los oficiales me mandan encargarme de vuestra instrucción... –el sargento escupió al suelo- y por Dios que voy a cumplir las órdenes. Durante estos meses me voy a ocupar personalmente de convertiros en los mejores soldados del mundo. Cuando acabe con vosotros, esta compañía hará que los hoplitas espartanos parezcan una banda de bujarrones. ¿Y sabéis por que voy a poner tanto empeño? Por la sencilla razón de que cuando acabe vuestro entrenamiento yo mandaré una sección de esta compañía, y no quiero que ningún inútil me cubra las espaldas. Y basta de cháchara. Vamos a empezar por algo sencillo: vais a aprender a marchar y a llevar el paso, aunque eso tenga que despellejaros los pies. Compañía ¡firmes! Media vuelta derecha ¡ar! Variación derecha ¡ar! Un, dos, un, dos, un, dos. Tú, como no lleves bien el paso te voy a meter un paquete que te vas a cagar. Un, dos, un, dos...

Tarquino suspiró. Estaba claro que no iban a ser unos meses fáciles. Seguro que en unos días añoraría el pastoreo de cabras.
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Diario de Nicholai Tatopulos

Atenas, 24 de Enero de 1936

Hoy hace ya dos semanas que empezé a trabajar en el ministerio de comercio. Aunque al princpio me encontraba muy contento por el gran favor que me había hecho mi padre, luego empecé a pensar que se trataba de un regalo envenenado, una venganza por el haberme casado con una americana. ¡En mi vida he trabajado tanto! Cuando llegué, se estaban celebrando negociaciones con los ingleses para conseguir un acuerdo que nos dejara comprarles las materias primas que nuestra industria necesita. A cambio, nosotros les daríamos suministros varios para sus tropas coloniales en Egipto y Palestina.

Hay que decir que nuestro país carece casi por completo de materias primas: hemos de importar todo el carbón, el petróleo y otros materiales. Lo único de lo que teníamos excedente, era de minerales metálicos y tampoco es que nos sobrara mucho precisamente.

Y en esas estaban cuando llego yo. Dado que hablo inglés perfectamente y que me especialicé en economía en la universidad, en mi recayó la mayor parte del trabajo. Desde hacer de intérprete hasta redactar los informes para el ministro. Y pese a lo mucho que trabajamos, la primera reunión fue un fracaso. Los ingleses pedían más suministros por su carbón y su caucho. Tras otra semana de negociaciones, hoy se ha firmado finalmente el acuerdo.
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Este acuerdo tiene una gran importancia. Pese a que para el gigantesco Imperio Británico no representa más que una minúscula fracción de sus recursos, para nosotros elimina todos los problemas de abastecimientos a corto plazo. No obstante, soy de la opinión de que si hubiesemos podido disponer de un poco más de tiempo, el acuerdo hubiese sido mucho más beneficioso para nosotros. Pero las cosas son como son, y necesitábamos ese acuerdo como fuera. El gobierno quiere incrementar la capacidad industrial, y este acuerdo era el primer paso. Además, la compañía estatal de ferrocarriles ha iniciado un proyecto piloto de investigación, para incorporar al proceso productivo de las grandes industrias nuevas máquinas industriales.
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En cuanto a mí... tras escribir esto debo traducir un par de informes al griego, y preparar una reunión entre el ministro y un representante francés para hablar de la venta de petróleo que quieren hacer los franceses. Y eso que hace dos horas que debería de haber salido del trabajo...
 

unmerged(35284)

red hills of Cardolan
Oct 15, 2004
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www.commorragh.es
Grecia es un país muy muy interesante.

Lo suficientemente cerca de los Balcanes para meter mano y lo suficientemente lejos de Alemania como para intentar plantearse entrar en los aliados y defenderte del hombre bigotudo.

Suerte ;)
 

unmerged(55829)

Second Lieutenant
Apr 13, 2006
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Gracias a los lectores :)

La verdad es que aun ni sé por que bando voy a decantarme cuando estalle la guerra. Por un lado, con los aliados me da más vidilla al juego, pero luego Alemania invade Yugoslavia y tengo a los boches en Atenas en un par de semanas. Con el Eje se soluciona esto, pero se limitan las vias de expansión
 

Megalomano

Conquer
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muy buen AAR... yo de ti fortificaria la frontera con yugoslavia y bulgaria, porque por muchas tropas que hagas, los italianos (si no entras en el eje dios sabe como) te declararan la guerra, y va a estar la cosa interesante para tus nuevos reclutas de la 16 division ;) :rolleyes:

seguire el AAR de cerca ;)
 

unmerged(55829)

Second Lieutenant
Apr 13, 2006
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Capítulo III: La calma que precede a la tormenta

La recién formada 16º División de Infantería desfilaba delante del general Ioanis Metaxas, comandante del 2º Cuerpo al que había sido asignada la división. Metaxas era un militar muy respetado tanto dentro de las fuerzas armadas como por la población civil. Había sido el artífice de las victorias griegas contra los turcos en 1913 que permitieron liberar Macedonia. Además, permanecía relativamente alejado de las continuas luchas políticas. Esto último le había dado prestigio pero había limitado su carrera militar. Ahora le encomendaban organizar un cuerpo de ejército con la nueva división, para luego dirigirse a la provincia norteña de Kavala, fronteriza con los dos grandes adversarios de Grecia: Bulgaria y Turquía.
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La situación con Turquía no era mala. Tras la guerra de 1919 ambos paises habían realizado un acercamiento con el fin de garantizar la estabilidad de la región. Pero Bulgaria era otra historia. El servicio secreto griego había conseguido infiltrar a un espía dentro de la cúpula militar del país eslavo. Pero otros agentes griegos habían sido detenidos en pleno espionaje, con el consiguiente malestar búlgaro. La tensión crecía ante las declaraciones de unos y otros. Bulgaria acusaba a Grecia de intentar desestabilizar la región para conseguir nuevas concesiones, y los griegos acusaban a Bulgaria de estarse preparando para atacar su país y recuperar la Tracia Oriental.

En cualquier caso a Metaxas le habían encomendado llevar a sus hombres a la estratégica provincia desde la que vigilaría a turcos y búlgaros y los disuadiría de intentar realizar algún movimiento hostil.

Mikail Tarquino era uno más de los diez mil hombres de la división. A su lado estaba el sargento Vanópulis, jefe de su sección. A su otro lado estaba Stephanos, su mejor amigo en la compañía. Stephanos era de Atenas y tenía cierto aire intelectual. No en vano, iba a ir a la Universidad cuando acabara su servicio militar. Era bastante inteligente y se complementaba muy bien con el habilidoso Tarquino. Ambos sabían como sacar de sus casillas a los instructores y como escaquearse lo máximo posible de las tareas diarias.

El sargento Vanópulis estaba satisfecho con el trabajo que había realizado. La sección estaba muy bien entrenada, y posiblemente fuera una de las mejores de la división. Ahora dejaban de ser reclutas, y se convertían en la 1º sección de la 9º compañía. Eran buenos soldados y si, Dios no lo quisiera, algún día entraban en combate se comportarían como auténticos guerreros griegos.
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Diario de Nicholai Tatópulos
Atenas, 1 de Junio de 1936

Parece que he llamado la atención en el Ministerio de Comercio. Y positivamente.

Todo empezó hace unas semanas. El departamento de comercio exterior (es decir, nosotros) empezó a reunirse con representantes de empresas petroleras inglesas y francesas. Los últimos meses han sido muy movidos: Alemania ha reocupado Renania, e Italia ha invadido Abisinia, país africano que ciertamente no tenía ningún valor económico para ellos. La cuestión es que la situación internacional se está tensando por momentos, y los ingleses decidieron empezar a tomar medidas.

La estrategia británica, a la que se han sumado los franceses, consiste en llegar a acuerdos económicos con los pequeños países europeos para alejarlos de la órbita alemana o italiana por un lado, y por otro para reforzar sus economías y evitar el riesgo de revueltas comunistas. En definitiva, que empezaron a llegar representantes de ambos países a Atenas para intentar vendernos sus excedentes petróleo a cambio de unas pequeñas cantidades de suministros.

Al principio nosotros aceptamos encantados. Grecia no produce ni una gota de petróleo, y todo el combustible que nos ofrezcan será bien recibido. Pero tras unas semanas empezamos a comprobar como teníamos mucho más petróleo del que podíamos conseguir. Con la minúscula marina de guerra que tenemos, y sin fuerzas aéreas o blindadas a las que derivar el combustible, nos encontramos con un problema de almacenamiento.

El ministro empezó a pensar en la posibilidad de cancelar los acuerdos o de reducir la compra. Entonces se me ocurrió una idea sencillísima pero en la que nadie había caído. Revender ese petróleo que no necesitábamos, de la misma manera que nos lo habían vendido a nosotros. ¿Y cual es el país que más petróleo necesita de Europa? Alemania.

Rápidamente se firmaron los acuerdos por los que Alemania nos compraría petróleo a cambio de unas sustanciosas cifras de dinero. Así matamos dos pájaros de un tiro: os librábamos del excedente y conseguíamos unas increíbles cifras de dinero que nos permitiría sanear la economía. Irónicamente el resultado que buscaban los ingleses fue el contrario: su petróleo acabó quemándose en los motores de los aviones alemanes, y las relaciones entre Grecia y Alemania han mejorado considerablemente.

Ahora mismo hemos duplicado nuestros ingresos financieros gracias a mi idea. Si a eso le sumamos que ya se está desplegando la nueva maquinaria industrial fabricada por los ferrocarriles estatales, el resultado es que la economía griega empieza a remontar tras los duros años pasados. Incluso en el plano militar empezamos a reforzarnos: antes de Diciembre de este año se habrán desplegado otras dos divisiones de infantería, y la Real Escuela de Infantería está preparando nuevos modelos de división de infantería.

Por fin parece que empiezan a sonreírme las cosas. Ellen está encantada. Ya habla griego casi a la perfección, aunque con un terrible acento. Y curiosamente, ha hecho buenas migas con mi madre, pese al rechazo inicial. Ojala esta paz no se vea turbada por nada, aunque en mi interior presiento que esta quietud es solo la calma que precede a la tormenta.
 
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unmerged(55829)

Second Lieutenant
Apr 13, 2006
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Capítulo IV: Guerra

Diario de Nicholai Totopulos

Atenas, 18 de Octubre de 1936

El día amaneció frío, como es habitual en estos lugares y en estas fechas. El otoño ya está bien entrado, y se encamina inexorable hacia el invierno. Personalmente prefiero el frío invierno al agobiante verano, pero sobre gustos no hay nada escrito. Ellen está encantada con este tiempo. Para ella, que se crió en la fría Virginia, este entretiempo resulta templado en lugar de frío. Pero la noticia principal de este día no iba a ser el tiempo atmosférico precisamente.

Los periódicos hablaban de lo de siempre: la última trifulca política dentro del gobierno provisional, el desalojo del parlamento por las fuerzas de seguridad después de que la sesión acabara en pelea campal, y la enésima amenaza de los líderes comunistas anunciando una revolución inminente. En la sección de exteriores, que es la que yo más leo, aparecían las últimas noticias de la Guerra Civil en España y la tensa campaña electoral de EE.UU.

Cuando salí de casa y me dirigí al ministerio me extrañó ver muy poca gente por la calle. No es que a esa hora haya bullicio, pero lo cierto es que había demasiada poca actividad. Más me extrañé cuando llegué al ministerio. De los balcones estaban colgando bandera griegas, y varias ventanas de la parte baja del edificio estaban rotas. Me encontré con Telekis. Telekis es mi subordinado directo, y lleva todos los asuntos relacionados con la compra venta de petróleo que tantos beneficios nos estaba dando. Se le veía nervioso.

-¿Que es lo que pasa? ¿Por que están colgando banderas de los balcones? –le pregunté.
-¿No te has enterado? –me respondió Telekis mientras me miraba como si le hubiese hablado en chino.
-¿De que no me he enterado?
-Es la gran noticia, jefe. Te tienes que haber enterado por fuerza. Lo tienes que haber oído. –dijo mi subordinado. Yo estaba perdiendo la paciencia.
-Vamos a ver. ¿Que coño ha pasado?
-La guerra Nik. Estamos en guerra.
-¿Que? –ahora era yo el que ponía cara de estúpido. Telekis sacó un periódico de su maletín en el que se veía una gran foto del rey, y un gran titular que rezaba “BULGARIA NOS LLEVA A LA GUERRA”. Le arranqué el periódico y empecé a leerlo.

El periódico decía que el gobierno griego había recibido informes de grandes concentraciones de tropas búlgaras que se dirigían hacia la frontera griega con la aparente misión de recuperar la Tracia Oriental. Nuestro gobierno se había visto obligado a lanzar un ataque preventivo para defender la integridad de la nación. Nuestras tropas habían empezado a avanzar a las 05:30, con las primeras luces del alba. Miré la cabecera del periódico y pude comprobar que era una edición especial. En mi casa había recibido la primera edición de ese mismo diario, de ahí que no apareciese nada sobre la guerra. No me lo podía ni creer.

Telekis me cogió del brazo y me metió dentro del edificio.
-Pues era verdad que no lo sabías.
-Entonces... ¿hemos sido nosotros los que hemos atacado primero? –era una pregunta estúpida. Había guerra ¿quien más daba quien la hubiese empezado?
-Eso parece, Nik. Y por lo que tengo entendido, a la mayoría del pueblo no le parece muy buena idea. Es lógico, Grecia ha sufrido mucho en guerras pasadas, y la verdad, esto parece más que nada un intento a la desesperada del gobierno provisional por desviar la atención hacia el exterior. Y cuanto más se alargue la guerra, más tiempo podrán estar sin convocar elecciones.

Poco a poco me tranquilicé. Telekis tenía razón. Aquello tenía toda la pinta de una maniobra política para enterrar los problemas del país bajo un manto de patriotismo. Pero las guerras tienen su riesgo: y es que puedes perderlas. No quería ni imaginarme lo que podría ocurrir si no obteníamos una victoria rápida. La última guerra que tuvimos acabó en 1922 con una derrota aplastante y con un millón y pico de refugiados a los que tuvimos que acoger. Esa derrota terminó provocando el exilio del rey y la proclamación de la república. Ahora, con una guerra impopular y con un gobierno débil y dividido, solo Dios sabía lo que podía ocurrir.

-¿Que le han ocurrido a las ventanas? –pregunté.
-Los malditos comunistas están destrozando todo lo que pillan. Dicen que quieren la paz pero se dedican a romper cristales y hacer pintadas. Sin los que menos quieren la guerra.
-Vamos a las oficinas. Seguro que el ministro hará una reunión o algo parecido –dije. Que estuviéramos en guerra no significaba que no tuviéramos trabajo.

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Rudozem, diez kilómetros al norte de la frontera greco-búlgara.

La 9ª Compañía empezó a desplegarse para tomar el pueblecito búlgaro de Rudozem. Este era un pueblo muy pequeño, pero con un puente bastante estratégico para el avance griego. La 9ª era la unidad encargada de asaltar la localidad y expulsar a los búlgaros. El sargento Vanópulis y el capitán Lafre, oficial al mando de la compañía, reunieron a sus hombres.

-El plan es muy sencillo –explicó el capitán- La tercera sección realizará un asalto frontal a través de la calle principal, mientras que las primera y la segunda cubren los flancos.
-Vamos, que toda la mierda nos va a caer a nosotros –replicó Estephanos.
-Calla –le replicó el capitán- No se espera demasiada resistencia, y en todo caso se concentrará en el área del puente. Como ya sabrán todos ustedes, hemos pillados a los búlgaros con la guardia bajada. Ahora mismo nuestras tropas están arrollando a sus fuerzas fronterizas, pero necesitamos asegurar una serie de puntos de avance para permitir que nuestro avance continúe. Así que vamos. ¡Compañía, adelante!

Los 160 hombres se pusieron en marcha. La moral era buena, y los hombres estaban ansiosos por entrar en combate. Les habían dicho desde semanas antes lo malvados que era los eslavos en general y los búlgaros en particular, y parecía que el aleccionamiento había tenido éxito. Aun así Estephanos siguió quejándose.
-Perra suerte la mía. Paz absoluta hasta cuando me llaman a filas. Es entrar yo en el ejército y empiezan a armarse follones. –todos rieron.
-Como no te calles nos van a oír hasta en Atenas –replicó el sargento- Tú y Tarquinos adelantaos unos metros para explorar el terreno. Y por el amor de Dios no arméis tanto escándalo.

Los dos soldados se adelantaron y llegaron al pueblo. Las casas estaban cerradas a cal y canto. No parecía haber presencia de soldados enemigos. El resto de la sección empezó a avanzar y a desplegarse. Cuando estaban acercándose al puente y aumentaba el número de casas, empezaron a dispararles.

-Joder, ¿desde donde disparan? –gritó Tarquino.
-Desde las ventanas –dijo el sargento Vanópulis- ¡Disparad muchachos! ¡Acribilladlos!

La sección empezó a responder al fuego con sus mosquetones. Los búlgaros tenían buenas posiciones y los estaban hostigando. Tarquino empezó a disparar. Era la primera vez que lo hacía contra un hombre. Recargó, apuntó, disparó... e hizo blanco. Un soldado búlgaro calló de la ventana desde donde disparaba. Tarquino sintió como una nausea le invadía el cuerpo. Había matado por primera vez. Aquel muchacho con el que había acabado no sería muy diferente de él mismo. Algún hijo de un campesino que tuvo la mala suerte de estar haciendo el servicio militar en esa zona. La bronca voz del sargento lo devolvió a la cruda realidad.

-¡Primera escuadra, conmigo! ¡Las otras dos cubridnos! Los vamos a sacar de esos edificios aunque sea con los pies por delante.
El sargento y cinco hombres se lanzaron a los edificios, mientras el resto de la sección disparaba a discreción contra las ventanas. Con dificultad, el sargento y sus hombres entraron en el primer edificio. Lo único que escuchó Tarquino fue el sonido continuo de disparos dentro del edificio. Después de varios minutos de tenso silencio el sargento salió. Uno de los hombres de la escuadra estaba herido.

-¿A que coño esperáis? Llamad a un sanitario. ¡Y cubriros, joder! Aun quedan por limpiar varios edificios. ¡Tarquino! Avisa al capitán que nos encontramos con oposición cerca del puente. ¡Vamos muchachos, solo son cuatro gatos mal nacidos! Vamos a devolver a esos eslavos a las estepas...

Tarquino miró a Estephanos. Estaba blanco como la cal. Tarquino supo que a Estephanos le pasaba lo mismo que a él. Ambos empezaban comprender lo que realmente significaba la guerra.
 

unmerged(55829)

Second Lieutenant
Apr 13, 2006
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LA PATRIA DE ALEJANDRO
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Capítulo V: Cambio de rumbo

Tesalónica, cuartel general griego, 21 de Octubre de 1936.

Los dos principales generales del ejército griego se habían dado una pausa para tomar el té. Uno era el general Ioannis Metaxas, comandante de las fuerzas griegas en Bulgaria. El otro era Alexandros Papagos, Ministro de Guerra y el único oficial superior de Metaxas. Aunque Papagos era 22 años más joven que Metaxas, su olfato político le había permitido ascender a los más altos cargos militares mucho más rápidamente. Ambos tenían una fuerte amistad desde muchos años atrás. Papagos había sido el protegido de Metaxas durante los primeros años de su carrera, y Metaxas había recibido importantes favores desde que el otro ocupó el ministerio.
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El ministro de la guerra, Alexandros Papagos

-¿Como te parecen a ti las cosas, Ioannis? –preguntó Papagos.
-Hemos conseguido una sorpresa total, y eso nos da cierta ventaja –respondió el veterano general mientras sorbía su taza de té- Pero la sorpresa no es eterna. Una cosa es arrollar a unas pocas de tropas fronterizas, y otra muy distinta será asaltar Sofía. Parece que allí se están preparando a conciencia para evitar que tomemos la ciudad. En cualquier caso estamos avanzando según lo previsto: tomaremos Plovdiv en cinco o seis días, y después podremos preparar el asalto a Sofía. Hay que decir que la 16ª División se ha comportado ejemplarmente tomando los puentes que necesitábamos.
-Sí, eso he oído –dijo el ministro- Pero te preguntaba más bien por la situación interna.
-Bueno Alexandros. Ya sabes que no me suelo meter mucho en política, pero creo que al gobierno esto se le ha escapado de las manos. Han intentado usar esta guerra para solucionar los problemas internos, y ahora se encuentran con que los han agravado. La gente aún no estaba preparada para una guerra.
-¿Has escuchado las noticias sobre los comunistas?
-Tú eres ministro, Alexandros, seguro que sabes mucho más que yo.

Papagos se levantó y empezó a andar nerviosamente por la habitación. Era conocido su anticomunismo y de hecho había utilizado su posición como ministro para depurar al ejército de elementos sospechosos.

-Los comunistas son peligrosos, Ioannis, tú lo sabes. Y ahora con la guerra están envalentonados. Aprovechan el descontento para reforzarse y amenazan con una revolución. Toda Grecia está inundada con panfletos llamando a la revolución, y para mañana hay convocada una oleada de huelgas. Y mucho me temo que las huelgas solo son el preludio de algo mayor, de una revolución comunista.
-Si el gobierno teme una revolución, que decrete la ley marcial.
-Ya se lo propuse al Primer Ministro Demertzis. Pero el viejo aun cree que es posible llegar a un gran acuerdo nacional. Maldito iluso...
-¿Y el rey? –preguntó Metaxas.
-¿El rey? Jorgito aún cree que esto es una monarquía constitucional. Se empeña en decir una y otra vez que él tiene plena confianza en el gobierno de Demertzis, y que como rey no debe de intervenir en política. Claro, lo mismo dijo en el 24 y terminó saliendo con el rabo entre las piernas.

Metaxas suspiró. Sabía que todo lo que le estaba diciendo su viejo amigo era verdad. La guerra había dividido al país, y la amenaza de una revolución comunista era algo más que un riesgo. Y si los comunistas llegaban al poder... sería el fin de Grecia.

-¿Y que podemos hacer un par de viejos generales ante todo esto? –dijo Metaxas.
-Tú los sabes muy bien, Ioannis. Hemos jurado defender nuestra patria de todos sus enemigos, tanto externos como internos. Y ahora Grecia está en peligro por ambos frentes. Si no actuamos seremos unos vulgares traidores.
-Y si hacemos lo que estás pensando también lo seremos. Alexandros, ¿realmente no hay ninguna otra manera?
-No Ioannis. Por desgracia no la hay...
-En ese caso puedes contar con mi absoluto apoyo y lealtad. Mis tropas te serán fieles tomes la decisión que tomes.
-Ioannis –Papagos respiró hondo antes de continuar- necesito algo más que tu apoyo. Quiero que encabeces el nuevo gobierno de unidad nacional.
-¿Que? –Metaxas no se lo acababa de creer. El ministro de la guerra iba a organizar un golpe de estado y quería que él fuera jefe del nuevo gobierno.
-Ioannis, eres el único que cuenta con el apoyo incondicional de todo el ejército. Incluso yo tengo grandes enemigos. Además, todo el mundo te considera un héroe nacional: el vencedor de la guerra de 1913 y gran modernizador del ejército griego. Eres el hombre ideal.

Metaxas dudó durante un momento. Liderar un gobierno no iba a ser igual que mandar un ejército. Pero estaba claro que la situación actual era insostenible. Y también era cierto que Grecia necesitaba un gobierno fuerte que acabara de una vez por todas con todos los problemas, y que terminara definitivamente la Enosis. Había tomado una decisión.
-Ministro Papagos, parafrasearé a Napoleón: Alzaré mi brazo, y no lo bajaré hasta que haya restablecido el orden en Grecia.
Papagos sonrió. Había encontrado al líder que necesitaban.
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Atenas, Palacio real. 22 de Octubre de 1936.

Jorge II, Rey de los Helenos, no estaba acostumbrado a madrugar tanto. Le había extrañado la urgencia del telegrama recibido la noche anterior. En él, el ministro Papagos le solicitaba una audiencia inmediata para tratar asuntos de la guerra. Le extrañó que el mensaje viniera de Papagos y no del Primer Ministro, como debería ser lo correcto, pero en fin, ahí estaba él, vestido con su uniforme de general y bostezando.

En la antesala esperaban Metaxas y Papagos. El primero era la viva imagen de la serenidad más absoluta, mientras que el segundo era un mar de nervios. En ese mismo momento, cientos de soldados estarían saliendo de los cuarteles de la ciudad para ocupar el Parlamento y los edificios del gobierno. Aunque ambos generales creían que no iba haber oposición alguna ni por parte del rey ni por parte del gobierno, lo mejor era estar preparados.

El secretario del rey les avisó de que el monarca les esperaba. Los dos generales entraron en la estancia y saludaron militarmente a su rey. El rey respondió al saludo y les dio la mano.
-Ministro Papagos, General Metaxas, ¿cual es la razón de esta reunión?
-Majestad –empezó a decir Papagos- no nos andaremos con rodeos. Está a punto de estallar una revolución comunista que amenaza al país y a su persona. Le pido que firme el decreto estableciendo la ley marcial y que forme un nuevo gobierno más competente que el actual.
-¿Sabe el Primer Ministro Demertzis que usted está aquí? –preguntó muy molesto Jorge II.
-Majestad, la patria nos necesita...

Papagos y el rey empezaron a discutir. Metaxas, que había permanecido impasible perdió la paciencia. Papagos, pese al poco aprecio que tenía por Jorge II, era un monárquico convencido, y había asegurado a Metaxas que el rey terminaría cediendo. Metaxas, que había perdido la fe en la monarquía hacía mucho tiempo, lo consideraba innecesario.
-Majestad, -dijo Metaxas- el ministro Papagos no se ha expresado correctamente. En realidad no le pedimos nada, sino que le exigimos que firme la ley marcial y me nombre Primer Ministro.
-¿¡Que usted me exige a mí!?
-Sí. Majestad, en estos momentos el Parlamento, la sede del gobierno y los principales edificios están bajo control de tropas a mis órdenes. El ejército va a construir una nueva Grecia le guste o no le guste, y si usted no colabora... será tratado como un enemigo de la patria.

Jorge II se derrumbó. Cayó en su sillón como si su cuerpo pesara varias toneladas. Entonces fue cuando Metaxas supo que había ganado. Aquel reyezuelo cedería con tal de conservar su maldita corona. En unos minutos el rey firmó dos decretos: uno establecía la ley marcial en todo el territorio griego, el otro nombraba al General Ioannis Metaxas nuevo Primer Ministro con plenos poderes. El golpe había sido un éxito.
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El general Metaxas aclamado por sus hombres tras el éxito del golpe
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En Atenas y en todas las ciudades y pueblos de Grecia, todo el mundo esperaba el comunicado especial que la radio estatal anunciaba cada cuarto de hora. La gente ya se imaginaba lo que significaba ver a los militares patrullando las calles y el que la radio solo emitiera marchas militares, pero necesitaba una confirmación oficial. A las doce la radio dejó de emitir música marcial, y pasó a sonar el himno nacional griego. A continuación el locutor presentó al nuevo Primer Ministro, el General Ioannis Metaxas.

-Griegos, con el fin de poner fin a la doble amenaza que representan los agresores búlgaros, y sus secuaces comunistas, nuestro rey me ha nombrado Primer Ministro del Reino, con plenos poderes para restablecer el orden. Juro ante Dios Todopoderoso y ante todos vosotros, que cumpliré esta misión hasta las últimas consecuencias.

Hermanos griegos: hoy nace una nueva era. Grecia se alzará de nuevo en el lugar que le corresponde entre las grandes naciones. No abandonaré en mi empeño de destruir a los enemigos internos y externos de nuestra gloriosa nación. Esa será mi misión principal a partir de ahora.

Compatriotas griegos, hoy nace una nueva Grecia que enlaza con las épocas de Alejandro y de Bizancio. Hoy nace la Tercera Civilización Helénica...
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El nuevo gobierno griego
 

Dakar

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Feb 18, 2001
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Muy bueno el AAR, yo pensaba hacer una continuación del mío en Vicky pero Grecia en el HOI es MUUUUUUUUY dificil, prepárate para cuando llegue Adolfito. ;)
Un consejo, si Albania es independiente aún, cométela tu antes de que lo hagan los espaguettis.
 

unmerged(55829)

Second Lieutenant
Apr 13, 2006
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Gracias Dakar. De hecho tu AAR fue el que me dio la idea ;)

Pues adelanto que mi objetivo es conseguir aliarme con Alemania. Practicamente estoy destinando todos mis recursos a esa mision. Porque por mucho que refuerze mi ejército y mantenga a los espaguettis lejos de los Balcanes, cuando me vengan unas cuantas divisiones panzer :wacko:

Y a continuación, un nuevo capi :D