LA PATRIA DE ALEJANDRO
Capítulo V: Cambio de rumbo
Tesalónica, cuartel general griego, 21 de Octubre de 1936.
Los dos principales generales del ejército griego se habían dado una pausa para tomar el té. Uno era el general Ioannis Metaxas, comandante de las fuerzas griegas en Bulgaria. El otro era Alexandros Papagos, Ministro de Guerra y el único oficial superior de Metaxas. Aunque Papagos era 22 años más joven que Metaxas, su olfato político le había permitido ascender a los más altos cargos militares mucho más rápidamente. Ambos tenían una fuerte amistad desde muchos años atrás. Papagos había sido el protegido de Metaxas durante los primeros años de su carrera, y Metaxas había recibido importantes favores desde que el otro ocupó el ministerio.
El ministro de la guerra, Alexandros Papagos
-¿Como te parecen a ti las cosas, Ioannis? –preguntó Papagos.
-Hemos conseguido una sorpresa total, y eso nos da cierta ventaja –respondió el veterano general mientras sorbía su taza de té- Pero la sorpresa no es eterna. Una cosa es arrollar a unas pocas de tropas fronterizas, y otra muy distinta será asaltar Sofía. Parece que allí se están preparando a conciencia para evitar que tomemos la ciudad. En cualquier caso estamos avanzando según lo previsto: tomaremos Plovdiv en cinco o seis días, y después podremos preparar el asalto a Sofía. Hay que decir que la 16ª División se ha comportado ejemplarmente tomando los puentes que necesitábamos.
-Sí, eso he oído –dijo el ministro- Pero te preguntaba más bien por la situación interna.
-Bueno Alexandros. Ya sabes que no me suelo meter mucho en política, pero creo que al gobierno esto se le ha escapado de las manos. Han intentado usar esta guerra para solucionar los problemas internos, y ahora se encuentran con que los han agravado. La gente aún no estaba preparada para una guerra.
-¿Has escuchado las noticias sobre los comunistas?
-Tú eres ministro, Alexandros, seguro que sabes mucho más que yo.
Papagos se levantó y empezó a andar nerviosamente por la habitación. Era conocido su anticomunismo y de hecho había utilizado su posición como ministro para depurar al ejército de elementos sospechosos.
-Los comunistas son peligrosos, Ioannis, tú lo sabes. Y ahora con la guerra están envalentonados. Aprovechan el descontento para reforzarse y amenazan con una revolución. Toda Grecia está inundada con panfletos llamando a la revolución, y para mañana hay convocada una oleada de huelgas. Y mucho me temo que las huelgas solo son el preludio de algo mayor, de una revolución comunista.
-Si el gobierno teme una revolución, que decrete la ley marcial.
-Ya se lo propuse al Primer Ministro Demertzis. Pero el viejo aun cree que es posible llegar a un gran acuerdo nacional. Maldito iluso...
-¿Y el rey? –preguntó Metaxas.
-¿El rey? Jorgito aún cree que esto es una monarquía constitucional. Se empeña en decir una y otra vez que él tiene plena confianza en el gobierno de Demertzis, y que como rey no debe de intervenir en política. Claro, lo mismo dijo en el 24 y terminó saliendo con el rabo entre las piernas.
Metaxas suspiró. Sabía que todo lo que le estaba diciendo su viejo amigo era verdad. La guerra había dividido al país, y la amenaza de una revolución comunista era algo más que un riesgo. Y si los comunistas llegaban al poder... sería el fin de Grecia.
-¿Y que podemos hacer un par de viejos generales ante todo esto? –dijo Metaxas.
-Tú los sabes muy bien, Ioannis. Hemos jurado defender nuestra patria de todos sus enemigos, tanto externos como internos. Y ahora Grecia está en peligro por ambos frentes. Si no actuamos seremos unos vulgares traidores.
-Y si hacemos lo que estás pensando también lo seremos. Alexandros, ¿realmente no hay ninguna otra manera?
-No Ioannis. Por desgracia no la hay...
-En ese caso puedes contar con mi absoluto apoyo y lealtad. Mis tropas te serán fieles tomes la decisión que tomes.
-Ioannis –Papagos respiró hondo antes de continuar- necesito algo más que tu apoyo. Quiero que encabeces el nuevo gobierno de unidad nacional.
-¿Que? –Metaxas no se lo acababa de creer. El ministro de la guerra iba a organizar un golpe de estado y quería que él fuera jefe del nuevo gobierno.
-Ioannis, eres el único que cuenta con el apoyo incondicional de todo el ejército. Incluso yo tengo grandes enemigos. Además, todo el mundo te considera un héroe nacional: el vencedor de la guerra de 1913 y gran modernizador del ejército griego. Eres el hombre ideal.
Metaxas dudó durante un momento. Liderar un gobierno no iba a ser igual que mandar un ejército. Pero estaba claro que la situación actual era insostenible. Y también era cierto que Grecia necesitaba un gobierno fuerte que acabara de una vez por todas con todos los problemas, y que terminara definitivamente la Enosis. Había tomado una decisión.
-Ministro Papagos, parafrasearé a Napoleón: Alzaré mi brazo, y no lo bajaré hasta que haya restablecido el orden en Grecia.
Papagos sonrió. Había encontrado al líder que necesitaban.
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Atenas, Palacio real. 22 de Octubre de 1936.
Jorge II, Rey de los Helenos, no estaba acostumbrado a madrugar tanto. Le había extrañado la urgencia del telegrama recibido la noche anterior. En él, el ministro Papagos le solicitaba una audiencia inmediata para tratar asuntos de la guerra. Le extrañó que el mensaje viniera de Papagos y no del Primer Ministro, como debería ser lo correcto, pero en fin, ahí estaba él, vestido con su uniforme de general y bostezando.
En la antesala esperaban Metaxas y Papagos. El primero era la viva imagen de la serenidad más absoluta, mientras que el segundo era un mar de nervios. En ese mismo momento, cientos de soldados estarían saliendo de los cuarteles de la ciudad para ocupar el Parlamento y los edificios del gobierno. Aunque ambos generales creían que no iba haber oposición alguna ni por parte del rey ni por parte del gobierno, lo mejor era estar preparados.
El secretario del rey les avisó de que el monarca les esperaba. Los dos generales entraron en la estancia y saludaron militarmente a su rey. El rey respondió al saludo y les dio la mano.
-Ministro Papagos, General Metaxas, ¿cual es la razón de esta reunión?
-Majestad –empezó a decir Papagos- no nos andaremos con rodeos. Está a punto de estallar una revolución comunista que amenaza al país y a su persona. Le pido que firme el decreto estableciendo la ley marcial y que forme un nuevo gobierno más competente que el actual.
-¿Sabe el Primer Ministro Demertzis que usted está aquí? –preguntó muy molesto Jorge II.
-Majestad, la patria nos necesita...
Papagos y el rey empezaron a discutir. Metaxas, que había permanecido impasible perdió la paciencia. Papagos, pese al poco aprecio que tenía por Jorge II, era un monárquico convencido, y había asegurado a Metaxas que el rey terminaría cediendo. Metaxas, que había perdido la fe en la monarquía hacía mucho tiempo, lo consideraba innecesario.
-Majestad, -dijo Metaxas- el ministro Papagos no se ha expresado correctamente. En realidad no le pedimos nada, sino que le exigimos que firme la ley marcial y me nombre Primer Ministro.
-¿¡Que usted me exige a mí!?
-Sí. Majestad, en estos momentos el Parlamento, la sede del gobierno y los principales edificios están bajo control de tropas a mis órdenes. El ejército va a construir una nueva Grecia le guste o no le guste, y si usted no colabora... será tratado como un enemigo de la patria.
Jorge II se derrumbó. Cayó en su sillón como si su cuerpo pesara varias toneladas. Entonces fue cuando Metaxas supo que había ganado. Aquel reyezuelo cedería con tal de conservar su maldita corona. En unos minutos el rey firmó dos decretos: uno establecía la ley marcial en todo el territorio griego, el otro nombraba al General Ioannis Metaxas nuevo Primer Ministro con plenos poderes. El golpe había sido un éxito.
El general Metaxas aclamado por sus hombres tras el éxito del golpe
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En Atenas y en todas las ciudades y pueblos de Grecia, todo el mundo esperaba el comunicado especial que la radio estatal anunciaba cada cuarto de hora. La gente ya se imaginaba lo que significaba ver a los militares patrullando las calles y el que la radio solo emitiera marchas militares, pero necesitaba una confirmación oficial. A las doce la radio dejó de emitir música marcial, y pasó a sonar el himno nacional griego. A continuación el locutor presentó al nuevo Primer Ministro, el General Ioannis Metaxas.
-Griegos, con el fin de poner fin a la doble amenaza que representan los agresores búlgaros, y sus secuaces comunistas, nuestro rey me ha nombrado Primer Ministro del Reino, con plenos poderes para restablecer el orden. Juro ante Dios Todopoderoso y ante todos vosotros, que cumpliré esta misión hasta las últimas consecuencias.
Hermanos griegos: hoy nace una nueva era. Grecia se alzará de nuevo en el lugar que le corresponde entre las grandes naciones. No abandonaré en mi empeño de destruir a los enemigos internos y externos de nuestra gloriosa nación. Esa será mi misión principal a partir de ahora.
Compatriotas griegos, hoy nace una nueva Grecia que enlaza con las épocas de Alejandro y de Bizancio. Hoy nace la Tercera Civilización Helénica...
El nuevo gobierno griego