Esto me ha salido casi por accidente en un thread del CK, y creo que vale la pena ponerlo por aquí, a ver que os parece. No estoy seguro de todos los datos, pero la historia me parece coherente (dentro de lo que es la incertidumbre histórica en la aún Alta Edad Media).
La historia de la papisa Juana es muy probablemente una deformación de la historia de Teodora y Marozia Teofilato, señoras de Roma de facto durante el inicial control de su familia de la ciudad, durante finales del siglo IX y principios del X.
Teodora, la madre, fue el cerebro de un triunvirato de hombres compuesto por su marido Teofilato, lider de la facción de los restos senatoriales de la ciudad, su amante el papa Juan X y un lider mercenario llamado Alberico. El control de Teodora sobre estos hombres, y el de estos hombres sobre Roma fue total, algo de lo que al menos Roma se aprovechó, ya que fue esta singular coalición la que lideró la última expedición romana/italiana contra los musulmanes que estaban invadiendo la península por el sur, rechazándolos con éxito de vuelta a Túnez y Sicilia, tras la afamada batalla del río Garigliano (no confundir con la de 1503).
Tras un largo borrón en la historia (habitual en esta oscura época) del que nada se sabe, esta singular coalición de hombres controlados por una mujer, ha desaparecido completamente, y es ahora la hija de Teodora y Teofilato, Marozia, la que aparece como controladora de la situación de la ciudad, con unas armas, por lo visto, muy de mujer. Es de nuevo uno de sus principales amantes el que es Papa, con el nombre de León VI, aunque ya tiene intenciónes claras de colocar a su segundo hijo con Alberico (el lider mercenario aliado de sus padres) en el trono papal del palacio laterano.
El dominio de Marozia terminó con su matrimonio con Hugo de Provenza, "rey" de Italia, en realidad, un noble-bandido más de la época que había conseguido que uno de los papas anteriores le entregara el vacío título a cambio de oro y hombres de armas para controlar la situación en Roma (que por lo visto era algo así como el Bronx...). La esposa de Hugo había muerto muy convenientemente antes de su compromiso con la señora de Roma y Hugo había asesinado a uno de sus hermanos y cegado y encarcelado a otro para hacerse con toda la herencia de sus padres. Con el matrimonio, Hugo además sería coronado emperador (en esos momentos otro título vacío), por el hijo segundo de Marozia, el nuevo y reciente papa Juan XI.
Sólo había una figura en el camino de estos dos ambiciosos personajes, Hugo y Marozia, y esta era ni más ni menos que el hijo mayor de 18 años de la propia Marozia con el lider mercenario Alberico (o como se llamara), que tenía el mismo nombre. El joven sabía que en la boda pesaría la memoria de varios fantasmas por el lado del novio, y quizás uno por el lado de su propia madre (el amante papa también murió muy convenientemente antes de la boda, justo para que el hijo de Marozia fuera coronado con la triple tiara). Además Hugo no hacía demasiados intentos de ocultar sus intenciones de cegar al joven rival de su posible descendencia con Marozia. El hermano menor era dócil y estaba destinado para la iglesia, con lo que no contaba dinásticamente, pero por lo visto el hijo mayor había heredado demasiado caracter de su padre (recordemos, un lider mercenario que llevó a Roma a su última victoria en la época) como para dejarse humillar.
Durante los esponsales de su madre, esta le obligo a sostener un cuenco para que su nuevo padrastro se lavara las manos, probablemente una humillación hecha ex profeso para recordarle al joven su posición secundaria en la nueva situación. Pero el joven Alberico, lanzó el agua con ira a los pies de Hugo y este le abofeteó. El joven salió del convite a toda prisa, sabiendo que no pasaría de esa noche con vida, y recorrió Roma, alzando a sus partidarios, y levantando a Roma contra su propia madre.
(Podéis ver una fuente resúmida aquí)
Dice mucho del joven que tuviera un éxito roturndo. El levantamiento fue tal que Hugo tuvo que salir por piernas de la ciudad esa misma noche, y nunca pudo regresar. Marozia fue emparedada. Y de esta forma cruel, acabó el reinado de las "papisas" en Roma. Hay que decir que, como en una película, el reinado del joven Alberico fue largo, próspero y pacífico, y que goberno con una justicia (y eso dice la fuente principal, creible porque no guardaba ningún amor a los Teofilato) que destacó mucho en la época. Lamentablemente, el hijo de Alberico, Octaviano, arruinó todos los planes de su padre, ya que este a su muerte hizo prometer a sus nobles que su joven hijo sería al mismo tiempo papa y principe de Roma (lo cual inauguró la costumbre de los papas de usar otro nombre para su cargo pontifical, ya que fue el primero que usó el nombre de Juan XII, como papa, y Octaviano, como Príncipe de Roma).
Aunque el gran Alberico había separado al papa del gobierno de Roma (y hay que decir que durante su reinado, el cargo pontifical se desempeñó muy dignamente), al entregar el papado a su hijo mayor, deshizo todo su trabajo, ya que con su hijo volvió el caos y la anarquía a Roma.
Toda esta historia, este dominio matriarcal sobre el papado, es muy posiblemente la que inspiró la leyenda de la papisa Juana, puesto que tanto Teodora, pero más aún Marozia, podían jactarse de controlar completamente las llaves de San Pedro.
El principal cronista de estos hechos fue Liutprando, obispo de Cremona, que se encargó de exagerar aún más los vicios de esta familia y sus principales mujeres, ya que fue Octaviano/Juan XII, el hijo de Alberico y el nieto de Marozia, el que tantos dolores de cabeza dio a su señor, el Emperador Oton I de Sajonia (vencedor contra los Húngaros, aún una tribu pagana practicamente, en Lechfeld). Aunque sus escritos son los más completos sobre la época, no dudo en ser tremendamente parcial en favor de su señor y en contra de la familia de sus enemigos, los Teofilato (por eso sorprende tanto que pusiera tan bién a Alberico, el padre de Octaviano, seguramente estaba más allá de todo reproche).
Otros argumentos circunstanciales a favor de la historia de la papisa Juana son fácilmente descartables. Por ejemplo, el hecho de que se argumente el uso inicial de un trono en las coronaciones papales con un agujero en el asiento, supuestamente atribuible a la posibilidad de que se 'examinara el sexo del pontífice privadamente', es más fácilmente atribuible sin duda al hecho de que la mayoría de los tronos de marmol de la época fueron expoliados de las termas y baños públicos romanos, donde los retretes de la época imperial sin duda eran claramente magníficos.
...
Ya me diréis que os parece, nuevas ideas sobre la posibilidad de que fuera una realidad después de todo, etc...
La historia de la papisa Juana es muy probablemente una deformación de la historia de Teodora y Marozia Teofilato, señoras de Roma de facto durante el inicial control de su familia de la ciudad, durante finales del siglo IX y principios del X.
Teodora, la madre, fue el cerebro de un triunvirato de hombres compuesto por su marido Teofilato, lider de la facción de los restos senatoriales de la ciudad, su amante el papa Juan X y un lider mercenario llamado Alberico. El control de Teodora sobre estos hombres, y el de estos hombres sobre Roma fue total, algo de lo que al menos Roma se aprovechó, ya que fue esta singular coalición la que lideró la última expedición romana/italiana contra los musulmanes que estaban invadiendo la península por el sur, rechazándolos con éxito de vuelta a Túnez y Sicilia, tras la afamada batalla del río Garigliano (no confundir con la de 1503).
Tras un largo borrón en la historia (habitual en esta oscura época) del que nada se sabe, esta singular coalición de hombres controlados por una mujer, ha desaparecido completamente, y es ahora la hija de Teodora y Teofilato, Marozia, la que aparece como controladora de la situación de la ciudad, con unas armas, por lo visto, muy de mujer. Es de nuevo uno de sus principales amantes el que es Papa, con el nombre de León VI, aunque ya tiene intenciónes claras de colocar a su segundo hijo con Alberico (el lider mercenario aliado de sus padres) en el trono papal del palacio laterano.
El dominio de Marozia terminó con su matrimonio con Hugo de Provenza, "rey" de Italia, en realidad, un noble-bandido más de la época que había conseguido que uno de los papas anteriores le entregara el vacío título a cambio de oro y hombres de armas para controlar la situación en Roma (que por lo visto era algo así como el Bronx...). La esposa de Hugo había muerto muy convenientemente antes de su compromiso con la señora de Roma y Hugo había asesinado a uno de sus hermanos y cegado y encarcelado a otro para hacerse con toda la herencia de sus padres. Con el matrimonio, Hugo además sería coronado emperador (en esos momentos otro título vacío), por el hijo segundo de Marozia, el nuevo y reciente papa Juan XI.
Sólo había una figura en el camino de estos dos ambiciosos personajes, Hugo y Marozia, y esta era ni más ni menos que el hijo mayor de 18 años de la propia Marozia con el lider mercenario Alberico (o como se llamara), que tenía el mismo nombre. El joven sabía que en la boda pesaría la memoria de varios fantasmas por el lado del novio, y quizás uno por el lado de su propia madre (el amante papa también murió muy convenientemente antes de la boda, justo para que el hijo de Marozia fuera coronado con la triple tiara). Además Hugo no hacía demasiados intentos de ocultar sus intenciones de cegar al joven rival de su posible descendencia con Marozia. El hermano menor era dócil y estaba destinado para la iglesia, con lo que no contaba dinásticamente, pero por lo visto el hijo mayor había heredado demasiado caracter de su padre (recordemos, un lider mercenario que llevó a Roma a su última victoria en la época) como para dejarse humillar.
Durante los esponsales de su madre, esta le obligo a sostener un cuenco para que su nuevo padrastro se lavara las manos, probablemente una humillación hecha ex profeso para recordarle al joven su posición secundaria en la nueva situación. Pero el joven Alberico, lanzó el agua con ira a los pies de Hugo y este le abofeteó. El joven salió del convite a toda prisa, sabiendo que no pasaría de esa noche con vida, y recorrió Roma, alzando a sus partidarios, y levantando a Roma contra su propia madre.
(Podéis ver una fuente resúmida aquí)
Dice mucho del joven que tuviera un éxito roturndo. El levantamiento fue tal que Hugo tuvo que salir por piernas de la ciudad esa misma noche, y nunca pudo regresar. Marozia fue emparedada. Y de esta forma cruel, acabó el reinado de las "papisas" en Roma. Hay que decir que, como en una película, el reinado del joven Alberico fue largo, próspero y pacífico, y que goberno con una justicia (y eso dice la fuente principal, creible porque no guardaba ningún amor a los Teofilato) que destacó mucho en la época. Lamentablemente, el hijo de Alberico, Octaviano, arruinó todos los planes de su padre, ya que este a su muerte hizo prometer a sus nobles que su joven hijo sería al mismo tiempo papa y principe de Roma (lo cual inauguró la costumbre de los papas de usar otro nombre para su cargo pontifical, ya que fue el primero que usó el nombre de Juan XII, como papa, y Octaviano, como Príncipe de Roma).
Aunque el gran Alberico había separado al papa del gobierno de Roma (y hay que decir que durante su reinado, el cargo pontifical se desempeñó muy dignamente), al entregar el papado a su hijo mayor, deshizo todo su trabajo, ya que con su hijo volvió el caos y la anarquía a Roma.
Toda esta historia, este dominio matriarcal sobre el papado, es muy posiblemente la que inspiró la leyenda de la papisa Juana, puesto que tanto Teodora, pero más aún Marozia, podían jactarse de controlar completamente las llaves de San Pedro.
El principal cronista de estos hechos fue Liutprando, obispo de Cremona, que se encargó de exagerar aún más los vicios de esta familia y sus principales mujeres, ya que fue Octaviano/Juan XII, el hijo de Alberico y el nieto de Marozia, el que tantos dolores de cabeza dio a su señor, el Emperador Oton I de Sajonia (vencedor contra los Húngaros, aún una tribu pagana practicamente, en Lechfeld). Aunque sus escritos son los más completos sobre la época, no dudo en ser tremendamente parcial en favor de su señor y en contra de la familia de sus enemigos, los Teofilato (por eso sorprende tanto que pusiera tan bién a Alberico, el padre de Octaviano, seguramente estaba más allá de todo reproche).
Otros argumentos circunstanciales a favor de la historia de la papisa Juana son fácilmente descartables. Por ejemplo, el hecho de que se argumente el uso inicial de un trono en las coronaciones papales con un agujero en el asiento, supuestamente atribuible a la posibilidad de que se 'examinara el sexo del pontífice privadamente', es más fácilmente atribuible sin duda al hecho de que la mayoría de los tronos de marmol de la época fueron expoliados de las termas y baños públicos romanos, donde los retretes de la época imperial sin duda eran claramente magníficos.
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Ya me diréis que os parece, nuevas ideas sobre la posibilidad de que fuera una realidad después de todo, etc...