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unmerged(39507)

Captain
Feb 6, 2005
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El 23 de marzo de 1944 a las 15:30 horas un grupo de partisanos comunistas, decididos a realizar un gesto demostrativo con ocasión del aniversario de la fundación de los fascios, hizo estallar una bomba en una calle de Roma en el mismo momento en que pasaba un destacamento de soldados alemanes. Se trataba de una sección de soldados de la reserva que formaba parte del batallón "Bozen", formado por gente del Alto Adigio.
Estos hombres volvían al cuartel al final de su servicio atravesando la ciudad en formación. La bomba fue colocada en Via Rasella y estaba escondida en un carro de la limpieza municipal y activada en el momento de la llegada de las tropas.
Los muertos fueron treinta y tres (uno falleció más tarde en el hospital) y numerosos los heridos. El espectáculo era atroz, cadáveres y jirones de carne, ropa destrozada, uniformes rasgados, escombros y cristales esparcidos por todas partes. La gente aterrorizada se asomaba a las ventanas mientras se elevaban los lamentos de los heridos. Empezaron a llegar los policías italianos y miembros de las SS.
 

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Captain
Feb 6, 2005
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El general Kurt Mältzer, jefe de la defensa de Roma, se encontraba en el hotel Excelsior en un banquete cuando fue informado. Llégo casi enseguida al lugar y se quedó descompuesto ante la matanza. Fuera de sí por la ira, dió orden de que todos los habitantes de las casas vecinas fueran sacados a la calle, alineados contra las verjas del Palacio Barberini y fusilados y que los edificios fueran volados. Muchas personas inocentes fueron detenidas por las SS. Entre los detenidos estaba un muchacho de quince años que estaba haciendo los deberes en casa de un amigo. También fueron detenidos los transeuntes y agrupados contra un muro con las manos en alto. Mältzer aullaba, lloraba y dictaba continuamente ordenes absurdas.
Si esas ordenes no fueron cumplidas se debe en gran parte a la intervención del cónsul general del Reich, Möllhausen y del coronel de las SS Eugen Dollmann que habían acudido al sitio. Möllhausen le dijo al general "Haga volar lo que le parezca. Usted es el jefe . Pero sepa que yo entraré en una de esas casas, de modo que me hará volar también a mí. Así que saltará por el aire el representante oficial en Roma del Tercer Recih, y entonces, querido general, la cosa se complica y puede causar alguna molestia al comandante de la plaza".
 

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Captain
Feb 6, 2005
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Aquel día el mariscal Albert Kesselring estaba no presente en su puesto de mando en Monte Soratte, ya que estaba de inspección en le frente. La noticia le llegó con dos horas y media de retraso, y su jefe de operaciones, coronel Dietrch Beeltiz recibió a las 19:00 horas una llamada desde el cuartel general de Hitler. Al otro lado del teléfono estaba el jefe de operaciones del Oberkomando de la Wehrmacht, el genral Alfred Jodl. Comunicaba que Hitler había ordenado personalmente una represalia de cincuenta italianos por cada alemán muerto. Según el coronel Dollman, la llamda siguió este camino: Del coronel Beeltiz al general Eberhard von Mackensen, comandante del XIV Ejercito y responsable de Roma. De von Mackensen a Mältzer y de Mältzer a Kappler, jefe de los servicios de policía.
Pasan las horas y la dimensión de la represalia ordenada por Hitler parece extrema incluso para los más duros SS. Ni en Rusia se ha superado la proporcion de diez a uno. Los expertos de las SS no dejan de presentar objeciones hasta de ordén práctico: si se quieren matar a 50 hombres por cada uno de los 33 alemanes, hacen falta 1650 rehenes y en las cárceles no hay suficientes.
Mientras Kesselerng informado por su jefe de esdao mayor, general Westphal, no quiso hacerse responsable de la matanza, por ello llamó al genral Jodl y le dijo que se mantendría ajeno a la represalia. Después se limitó a pasar la orden al general von Mackensen y que este general había establecido la represalia en una proporción de diez a uno.
Siguieron momentos de espera ya que en el cuartel general de Hitler se discutía la reducción. Finalmente llegó la respuesta: estaba bien, la ejecución de los "criminales badoglianos" correspondía a la policía de seguridad, el Sicherheitsdienst, es decir a Kappler.
 

unmerged(39507)

Captain
Feb 6, 2005
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El coronel tenía treinta y siete años y llevaba cinco en Italia. Hasta el armisticio italiano era un simple funcionario de policía que se había distinguido en las investigaciones para encontrar a Mussolini. Pero después del 8 de septiembre de 1943 cambió inesperadamente. Fue el autor de la extorsión de 50 kilos de oro a los judíos romanos, la deportación de la princesa Mafalda de Saboya, muerta en Buchenwald, la redada en el chalet del duque de Acquarone y colaboró con el teniente Dickeroff para deportar a los judíos de Roma el 16 de octubre de 1943.
 

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Captain
Feb 6, 2005
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Había que encontrar trecientos treinta prisioneros políticos culpables de delitos que preveieran la pena de muerte y hacer su lista. Naturalmente, un numero tal era absurdo pero Kappler no se desanimó. Quiere desmostrar su eficacia y telefonea a Kesselring dciendo que ya tiene el numero deseado.
Los verdaderos condenados son cuatro o cinco como máximo. Comienza la relación escribiendo los nombres de los italianos encarcelados en Via Tasso y los doce detenidos por casualidad en Via Rasella y pone también a cincuenta y siete judíos pero la cifra sigue siendo baja. No se exluyen de la lista ni a los menores. Manda a la muerte al muchacho de quince años mientras hacía los deberes y a dos de diecisiete. Inscribe a un viejo de setenta y cuatro años, a sus dos hijos y a tres de sus nietos.
Va al cuestor de Roma, Angelo Caruso, y le pide cincuenta personas para fusilarlas. Caruso llama al ministro del interior Buffarini Guidi par saber cómo deb actuar. Buffarini responde "Tú daselos, dáselos... Si no, cualquiera sabe lo que harán". Caruso junto a su secretario escribe cincuenta nombres a su elección.
Si Kappler ha trabajado con displicencia. Caruso lo ha hecho peor. Telefonea a la oficina de registro de Regina Coeli para que los condenados sean entregados a los alemanes y dice que mas tarde enviará la lista por escrito. Surge una gran confusión y los nombres son cambiados varias veces. Mientras llega el teniente Zuhn, que tiene una prisa tremenda por coger a los condenados e irse. Viendo que se tarda en formar el grupo, el teniente cogre a la gente al azar y cuando le parece que hay cincuenta los carga en un camión y se va.
Así los cincuenta se conviertren en cincuenta y cinco pero para Kappler no importa uno más o menos.
 

unmerged(39507)

Captain
Feb 6, 2005
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La noche del 23 de marzo, Herbert Kappler procedió a informar a sus hombres de la temible tarea que les han encomendado. El propio Kappler ha escogido el lugar de las ejecuciones: Las Fosas Ardeatinas, unas antiguas cuevas situadas un poco más allá del sitio donde, según una antigua tradición Jesucristo se apareció a San Pedro; era el lugar del "Quo Vadis". Asimismo se decide que después de la matanza se vuele con dinamita la entrada a las cuevas para borrar todo rastro de la venganza.
Los primeros condenados abandonaron Via Tasso hacia las 14:00 horas en camiones de transporte cárnico. Los de Regina Coeli les seguían a poca distancia. Kappler llego al lugar de la matanza en un automovil. Con anterioridad había amenazado con consejo de guerra a quien se negase a disparar, así como la deportación de sus familiares a los campos de exterminio.
Los condenados comienzan a descender de los camiones a las 15:00 horas. La zona está bloqueada por las SS . Cada camión transporta entre setenta y ochenta hombres. Los cinco primeros son introducidos en la gruta alrededor de las 16:30 horas. Tenían las manos atadas a la espalda y sabían lo que les esperaba.
Los demás permanecían fuera, conscientes de que serían asesinados de cinco en cinco. Los últimos tuvieron que esperar varias horas y contemplaron como entraban trescientos treinta infelices delante de ellos. Kappler pasó la mayor parte de la matanza, que duró hasta pasadas las 20:00 horas con las víctimas que iban a morir.
Se conoce el procedimiento de la ejecución: apenas entraban en la cueva eran obligados a arrodillarse a la luz de una antorcha que sostenía un oficial de las SS. Inmediatamente después, los militares encargados de ello, apuntaban sus pistolas a la nuca de los condenados y disparaban. Tras las ejecuciones, un sargento de sanidad se inclinaba para comprobar si estaban muertos y entraban otros cinco. Poco después, estós eran obligados a arrodillarse sobre los cuerpos de los que habían sido muertos antes de ellos para tener contacto físico con la muerte de sus compañeros muertos.
 

unmerged(39507)

Captain
Feb 6, 2005
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Los últimos, antes de morir pudieron ver una montaña de mas de trescientos cadáveres sobre la que morirían ellos.
Kappler para dar ánimos a sus soldados, había advertido a los oficiales que estaban obligados a matar, y él mismo, para dar ejemplo se puso varias veces junto a uno de los grupos y disparó al prisionero que se situaba ante él. Uno de los oficiales, llamado Demizlaff dijo en su juicio:"Disparé dos veces. No habría podido hacerlo una tercera, aunque me hubiese costado la vida. Mi mujer murió loca". Al parecer un polaco llamado Watyen se negó a disparar y comenzó a gritar que lo matasen. Kappler no se atrevió a cumplir su amenaza. No lo castigó. Por el contrario ordenó que se distribuyera una ración de coñac.
Los nombres de los condenados eran apuntados por el capitán Preibcke a medida que entraban en las cuevas. Cuando la primera cueva se llenó se paso a la segunda. Hasta el final de las ejecuciones, el contable no se dio cuenta que quedaban cinco hombres más y por tanto eran trescientos treinta y cinco y no trescientos treinta. Los cinco restantes podían ser perdonados, pero Kappler no lo hizo, por "error" como dijo en su proceso. Fue por este "error" por el que la justicia italiana, en la posguerra, pudo condenarlo a presidio.