Capítulo treinta y tres: La incursión de Doolitov
La Segunda Gran Guerra comenzó mucho antes de que fuera declarada oficialmente. En la noche del 8 de febrero de 1940, el portaaviones soviético
Sovyetskiy Soyuz y su grupo de batalla (forma dos por cruceros pesados, cutro ligeros y varias flotillas de destructores) zarparon desde el Báltico y pusieron proa hacia el Mar del Norte. Aunque un hidroavión Blohm und Voss Bv 138 alemán divisó a la flota, nadie le prestó demasiada atención. Después de todo, todavía eran días de paz y la flota del Mar Báltico llevaba realizando ese tipo de salidas desde 1936, aunque el
Sovyetskiy Soyuz no había sido un asiduo de esos juegos navales.
Nadie pareció sorprenderse tampoco cuando la flota no puso rumbo hacia el Canal de la Mancha sino que se adentró en el Mar del Norte.
Un Bv-138C, el primer testigo de la Incursión de "Doolitov".
La dotacion aérea del portaaviones no era la habitual. El potraaviones transportaba doce bombarderos medios Tupolev SB. El plan era lanzar los avionse lejos de la costa británica paora que, volando bajo, sorprendieran las defensas locales y bombardearan objetivos militares en Londres y continuaran luego hasta Irlanda, donde debían aterrizar. Esto debía causuar tal indignación en Gran Bretaña que Londres declararía la guerra a la isla esmeralda de inmediato. Brillante como era la primera parte del plan, la segunda era una completa estupidez.
Para ayudar a que los bombarderos pudieran despegar de la cubierta del portaaviones, se les retiró la torreta dorsal y todo peso extra, como las radios. Una vez en posición, el
Sovyetskiy Soyuz comenzó a lanzar sus bombaderos. Así comenzó la
incursión de Doolitov.
Algunos felices Hurricanes. No sabían que estaban invitados a una fiesta, pero no se la iban a perder.
El ataque comenzó bien. Una vez los aviones estuvieron en el aire, el
Sovyetskiy Soyuz regresaron tranquklamente a Leningrado, en aprte por la acción de los cazas de largo alcance de las VVS y, en su momento, por la oscuridad nocturna. Por su parte, los Tupolev, volando bajo en grupos de dos a cuatro aviones, se aproximaron a la costa enemig con rapidez. Pero, a unas pocas millas de Anglia, se encontraron con nueve cazas Hurricane del 79 Squadron, al mando del Squadron Leader Douglas G. Clift.
Los Hurricanes estaban realizando una patrulla rutinaria y maldiciendo al idiota que le hacía voltar "
en caso de que algún capullo ruso le dé por cruzar Alemania de punta a punta para venir a soltar unas cuantas bombas por aquí". Y, entonces, "los capullos rusos" aparecieron en mitad de la nada. En la lucha que siguió los bombarderos fueron masacrados uno por uno. El último fue derribado sobre Londres, estrellándose contra la estación Victoria.
El último Tupolev SB cayendo desde el cielo de Londres el 10 de febrero de 1940.
[LA PARTIDA: Qué narices hacía un CV ruso campando por el mar del Norte es algo que se me escapa. Que se escapara a mis bombarderos navales y a mi flota tiene una explicación: no quise cargarme al grueso de la flota enemiga tan pronto. Ya lo hice en la guerra anterior y me pasé cuatro años cazando sardinas. No, gracias.]