CUARTO SUEÑO
Al alba de la mañana siguiente, como no había señales del enemigo, continuamos mejorando la trinchera, alterando la profundidad y la alineación allí donde era necesario, cada hombre ajustando la medida de la trinchera a la de sus piernas. Al final la trinchera tenía bastante buen aspecto, “casi como si la hubiera preparado una madre”, con la tierra roja fresca contrastando con el amarillo del “veld”. Como observó uno de mis reservistas, sólo necesitaba un “borde de cáscaras de ostras o de botellas de ginger ale
1 para ser como la pequeña parcela de coles de brócoli que tenía en su tierra”. Entre el desayuno y estos importantes detalles se habían empleado unas buenas dos horas, cuando se informó de una fuerza al Norte en la misma posición referida en el sueño anterior. Esta avanzó del mismo modo, excepto que, por supuesto, la vanguardia no encontró a nadie en la granja. Cuando ví esto, no pude evitar “darme golpecitos en la espalda” y sonreir a la señoras holandesas en el barranco, que me contestaron frunciendo el ceño y con insultos en voz baja.
La vanguardia del enemigo llegó, reconociendo cuidadosamente y escudriñando la granja como cazadores al acecho. Como parecían bastante desprevenidos, me preguntaba si podría sorprenderlos, al desconocer nuestra presencia, con una “descarga a quemaropa”, y después fuego a discreción sobre el grueso..., cuando de repente un hombre se paró, reuniéndose los otros a su alrededor. Eso ocurrió cuando estaban a unos 1800 metros, más o menos a la altura del final de Incidentamba. Evidentemente habían visto algo y olían el peligro, ya que hubo una corta discusión y “mucho de señalar con el dedo”. Luego un mensajero regresó al galope al grueso, que giró detrás de Incidentamba con sus carretas, etc. Un pequeño grupo, incluyendo un hombre en un caballo blanco, cabalgó de un modo impreciso hacia el Oeste. Realmente no podía entender el sentido de este movimiento. Parecían tener algún tipo de vehículo con ellos. La vaguardia se dividió como ya se explicó en el sueño anterior. Como todos ellos estaban todavía a gran distancia, sólo podíamos esperar.
Muy poco después, se oyó un “buum” de un cañón en la cima de Incidentamba, y un proyectil de metralla explosionó no lejos de nosotros. Siguieron un segundo y un tercero, después de los cuales horquillaron la distancia con exactitud, y los proyectiles comenzaron a detonar sobre nosotros; sin embargo estábamos bastante cómodos y felices en nuestra profunda y magnífica trinchera, donde nos esforzábamos en encogernos. El derroche de buenos y valiosos proyectiles por parte del enemigo fue causa de diversión entre los hombres, que tenían la moral alta, y, como uno de ellos observó, estaban “tan a gusto como cucarachas en una grieta”. A costa de muchos disparos sólo dos hombres fueron alcanzados, -en las piernas-.
Después de algún tiempo los cañones cesaron el fuego, y nosotros de inmediato cubrimos el parapeto dispuestos para repeler un ataque, pero no pudimos ver a ningún Boer aunque el aire comenzó a silbar y zumbar con las balas. Casi todas parecían provenir de los bancales del río al frente, hacia el Norte y Noreste, y producían en el parapeto un chorro continuo de polvo al impactar sobre él. Todo lo que podíamos hacer era disparar “a oido” hacia varios matorrales sospechosos en los bancales, y ésto lo hicimos con la mayor diligencia, pero sin resultados visibles.
En alrededor de un cuarto de hora, teníamos a cinco hombres abatidos por disparos en la cabeza, la parte más expuesta. El mero hecho de levantar la cabeza para disparar parecía ser absolutamente fatal, como lo había sido en una de las primeras ocasiones cuando intentábamos disparar a corta distancia sobre el parapeto contra un enemigo oculto. Ví a dos pobres individuos tratando de construir una lastimosa especie de pequeña “torre de cartas” con piedras y trozos de termiteros, para disparar a través de ellos. Era tan llamativa como una chimenea encima del parapeto, y fue de inmediato “reducida a polvo” antes incluso de que la usaran, pero no antes de que me hubiera sugerido el remedio a esta situación. Por supuesto, queríamos en un caso como este “protección para la cabeza” y “aspilleras”. Como siempre, fuí listo después del hecho, ya que no teníamos posibilidad de hacerlas ahora. De repente el ruido del tiroteo se hizo mucho más intenso, pero con el impacto de las balas golpeando la tierra por todo alrededor y bastante cerca, no era fácil definir de qué dirección provenían los nuevos disparos. Al mismo tiempo los hombres parecían caer con más frecuencia, y estaba tratando de urgirlos en la necesidad de mantener un fuego más enérgico hacia el frente, cuando me dí cuenta del impacto de una bala sobre un lateral de nuestro parapeto.
Entonces estaba claro, el enemigo evidentemente había alcanzado el “donga”
2 , (al que no presté atención, ya que estaba a retaguardia), y nos disparaba en la espalda al estar de pie apoyándonos en el parapeto. Esto, pensé, debe ser lo que se llama “ser cogido por la espalda”, y lo era.
Para el momento en que me había apercibido de lo que estaba ocurriendo, alrededor de una docena más de hombres habían rodado por el suelo. Entonces ordené a todos cubrirse en la trinchera, y sólo asomarse para echar un vistazo al frente o retaguardia. Pero no más podía hacerse hacia retaguardia que hacia el frente. La situación era la misma, los Boers no se veían. En este momento dos de la seguridad en la colina “Tener Cuidado” empezaron a correr hacia nuestra trinchera, y una terrorífica descarga de fusilería cayó sobre ellos, las balas levantando el polvo a su alrededor mientras corrían. Uno fue abatido, pero el otro se las apañó para alcanzar nuestra trinchera y caer en ella. El también había sido gravemente alcanzado, pero tuvo la fuerza justa para referir jadeante que excepto él y el hombre que empezó a correr con él, toda la guardia en la colina “Tener Cuidado” había sido muerta o herida, y que los Boers poco a poco estaban “trabajándose” el alcanzar la cumbre. Esto era “realmente estimulante”.
Tan intenso era el fuego ahora que nadie podía levantar la cabeza sobre el suelo sin ser alcanzado, y agazapándonos juntos sin intentar apuntar, sino simplemente disparando nuestros rifles por encima de la trinchera, permanecimos durante un corto espacio de tiempo sin bajas. Este respiro, sin embargo, fue breve, porque los hombres en la mitad derecha empezaron a caer a montones mientras permanecían sentados bien a cubierto, y sin exponerse en absoluto. Poco a poco descubrí la causa de ésto. Algunos francotiradores debían haber alcanzado la cima de la Colina “Tener Cuidado, y estaban disparando en línea sobre la mitad derecha de nuestra trinchera. Como las balas “entraban” más y más intensamente, estaba claro que el número de francotiradores estaba siendo incrementado.
Esto, pensé, debe ser “estar enfilado por el flanco”. Eso era.
Sin necesidad de orden alguna, instintivamente habíamos abandonado la mitad derecha de nuestra trinchera, y nos masificábamos en la mitad izquierda, que para gran suerte no podía ser enfilada desde ningún punto al Sur del río, ni por fuego de fusil desde ningún sitio, ya que, debido al terreno, su prolongación a la derecha “dominaba” unos 3000 metros de “veld” en el bancal norte.
Aunque estábamos apiñados, prácticamente impotentes como ratas en una trampa, todavía era en cierto modo reconfortante pensar que, excepto “asaltar”, el enemigo no podía hacer nada. Por lo que calamos las bayonetas y esperamos con frialdad y determinación. Si asaltaban, teníamos bayonetas, y ellos no, y podríamos vender muy caras nuestras vidas en el cuerpo a cuerpo.
¡Rayos!, fuí engañado otra vez. No iba a haber ocasión para el cuerpo a cuerpo y el “frío acero”, ya que de repente escuché, lejos al Norte, en el “veld”, un sonido como de “alguien golpeando una bandeja de hojalata”, y un enjambre de pequeñas granadas impactaron silbando en el suelo, cerca de la trinchera; dos de ellas explosionaron al tocar tierra. Justo fuera del alcance de fusil, lejos en el “veld” abierto del norte, ví a un grupo de Boers, con un caballo blanco y un vehículo. Entonces me dí cuenta. ¿Pero cómo se las arreglaron para elegir tan bien el lugar adecuado desde donde enfilar nuestra trinchera antes incluso de saber dónde estábamos?
Pom, pom, pom,.. una y otra vez, y los pequeños “diablos de acero” se abrieron paso entre nosotros, metidos en “nuestra trampa”, destrozando a siete hombres. De inmediato estimé la situación con gran perspicacia: “ahora estábamos enfilados desde ambos flancos”, pero tal conclusión se había alcanzado demasiado tarde para ser de ayuda.
“Esta era la gota que rebosaba el vaso”; no había nada que hacer excepto rendirse, o, con el tiempo, sufrir la aniquilación completa. Me rendí.
Los Boers, como siempre, salieron de todas partes. Habíamos luchado durante tres horas, y teníamos 25 muertos y 17 heridos. De éstos, habían sido alcanzados por metralla o fuego de fusil sólo siete desde el frente. Todo el resto había sido muerto o herido desde los flancos, “donde debía haber pocos enemigos”, o desde la retaguardia, “¡donde no debía haber ninguno!”. Este hecho me convenció de que mis conceptos preconcebidos de “frente”, y su peligrosidad relativa a la de otras “direcciones de la brújula”, necesitaban una revisión considerable. Todas mis excelentes ideas estaban siendo barridas implacablemente, y me encontraba perdido en un mar de dudas, buscando a tientas algo seguro a lo que poder asirme. ¿Podría Longfellow
3 , cuando escribió la frase inmortal: “Las cosas no son lo que parecen”, haber estado alguna vez en mi situación?
Los supervivientes estaban naturalmente un poco descorazonados en un desconcierto total, cuando todo había empezado tan bien, con todos en “nuestra grieta”. Esto podía expresarse de muchas maneras. Como uno de los hombres dijo a un cabo, con cierta guasa:
“ Es algo que me pone enfermo, este lío de “enfiladas”; nunca sabes en que dirección te va a pillar. Estoy bastante harto”. A lo que aquél replicó: “¿Enfilados?, por supuesto que nos habían enfilado. Esta trinchera debería haberse zigzagueado un poco, y entonces no nos habrían dado tanto. Sí, en zig-zag, así es como debería haberse hecho”. A lo cual añadió un tercero: “Sí, y algo para evitar que eso tipos nos disparasen por la espalda tampoco hubiese sobrado”.
Evidentemente había más cosas en la tierra, de las que hasta ahora había soñado en mis teorías.
Mientras marchábamos hacia el Norte bajo la vigilancia de un destacamento de Boers, muchos detalles como los de arriba se clavaron en mi mente, pero durante un tiempo no pude resolver el misterio de por qué no habíamos tenido éxito en sorprender al enemigo. No había ni hombres, ni mujeres, ni niños o Kaffir que, sabiendo de nuestra llegada, pudieran haberlos advertido. ¿Cómo identificaron nuestra posición tan pronto, como evidentemente debían haber hecho cuando pararon y consultaron entre ellos en la mañana?. No fué hasta que pasamos por Incidentamba, que incidentalmente se me ocurrió mirar hacia atrás para echar un vistazo al escenario de la lucha desde el punto de vista del enemigo; entonces descubrí la simple respuesta al enigma. Allí, en la suave loma amarillenta del “veld” justo al Sur del vado, había una raya pardo rojiza, tan llamativa como el “Long Man of Wilmington”
4 de nuestras colinas del viejo Sussex, que señalara a voz en grito: “¡Aquí, aquí, en esta dirección las posiciones británicas!”. Entonces, sombríamente me sonreí, imaginándome sentado como un “listillo” en aquella trinchera esperando sorprender a alguien.
Además de haber sido enfilados y también cogidos por la retaguardia, nos vimos otra vez en desventaja con respecto a un enemigo oculto que disparaba a corta distancia, teniendo que asomar la cabeza desde una “localización identificada”, para poder hacer fuego.
Finalmente recogí las siguientes lecciones:
11. Para una posición pequeña y aislada y con un enemigo activo, no hay flancos, ni retaguardia, o dicho de otro modo, todas las direcciones son frente.
12. Tenga cuidado de no ser sorprendido por la retaguardia; vigile que, cuando sitúe y establezca sus defensas, al empeñarse haciendo fuego contra el enemigo enfrente de su trinchera, sus camaradas no puedan infiltrarse y dispararle por la espalda.
13. Tenga cuidado de no ser enfilado. Es desagradable desde un flanco..., pero peor desde los dos.
Recuerde también, que aunque pueda arreglar las cosas para que no le puedan enfilar con fuego de fusil, puede aún ser enfilado desde larga distancia mediante artillería. Hay pocas trincheras rectilíneas que no puedan ser enfiladas desde algún sitio, sólo conque el enemigo sea capaz de llegar allí. Algunas veces podrá evitar ser enfilado evitando que nadie pueda alcanzar su prolongación para disparar a lo largo de ella, otras puede “zigzaguearla” en múltiples direcciones, de modo que no sea rectilínea, o disponiendo travesaños que la crucen, o cavar trincheras separadas para cada dos o tres hombres.
14. No disponga su trinchera cerca de terreno elevado sobre el que no pueda ver, y que no pueda mantener.
15. No amontone a sus hombres en una pequeña trinchera como ovejas en un corral. “Deles aire”.
16. Como ya se dijo: la cubierta de las vistas es con frecuencia más valiosa que la de los fuegos.
Para hacer fuego a corta distancia desde una trinchera no oculta, disponer de una cubierta superior con aspilleras es una ventaja. Debería ser a prueba de balas y no ser llamativa en lo alto del parapeto, para no atraer el fuego; de otro modo será más peligroso que no disponer de ninguna.
17. “Sorprender al enemigo es una gran ventaja”.
18. Si quiere obtener esta ventaja, oculte su posición. Aunque para “promocionarse” pueda ser inteligente llamar la atención, para la defensa no.
19. Para evaluar el enmascaramiento o cualquier otra cosa de su posición, obsérvela desde el punto de vista del enemigo.
-------
1 Ginger ale: gaseosa.
2 Donga: Barranco de Sudáfrica.
3 Longfellow: Escritor anglosajón.
4 Long Man of Wilmington: Hito o referencia muy visible de dicho paisaje rural.