Diario de Cadiz >
El Centro Arqueológico Subacuático busca los restos de Trafalgar
Croquis. Distribución de los restos de un barco hundido
JAVIER YOHN PLANELLS
cádiz. Bajo las aguas verdosas y transparentes del Atlántico, ocultos desde hace dos siglos entre la fina arena y las quebradas rocas de la costa, aguardando a ser descubiertos, se hallan los restos de los barcos que se hundieron tras la batalla de Trafalgar, en 1805, que puso fin al poderío naval de España y a las ambiciones napoleónicas en las Islas Británicas, y al mismo tiempo supuso la confirmación de Inglaterra como reina de los mares y océanos de todo el mundo. Desde el pasado mayo, el Centro de Arqueología Subacuática (CAS), patrocinado por la Junta de Andalucía, por la fundación norteamericana RPM Nautical Foundation y por la Nacional Geographic Magazine, está llevando a cabo una serie de prospecciones arqueológicas en la costa gaditana para encontrar los restos de los navíos que fueron a morir al fondo del océano tras la célebre batalla. La investigación, que parte de un proyecto anterior del CAS, comenzó con una importante y exhaustiva labor de documentación para conocer los buques que pudieron hundirse tras la batalla y la tormenta posterior.
La segunda parte del proyecto ha consistido en elaborar un completo listado de las posibles zonas de hundimiento. Se consultaron actas capitulares, derrotas, protocolos notariales, mapas, monografías, etcétera, labor que se completó con un exhaustivo rastreo en Internet. Después, se compararon los resultados con las zonas en las que se presumía la existencia de restos para finalmente establecer un área de búsqueda amplísima que se extiende desde Trafalgar hasta Huelva.
Las numerosas imprecisiones sobre los hundimientos que se desprenden de los documentos analizados, han obligado a realizar una tercera fase que consiste en una prospección arqueológica intensiva de la zona con la ayuda de la Nautical Foundation y de la National Geographic Magazine, que prepara un artículo para difundir los hallazgos (e incluso se habla de un documental para televisión si los resultados son lo suficientemente importantes). Para llevar a cabo esta tarea ha sido necesario la tecnología de rastreo más sofisticada. El sonar de barrido lateral elabora una imagen del fondo marino parecida a una fotografía aérea, a través de un haz de sonido concentrado. También se han utilizado magnetómetros, que funcionan registrando las alteraciones que se producen en el campo magnético del fondo cuando existe una gran cantidad de metal (por ejemplo, el bronce de los cañones). Pero la herramienta más útil ha sido la sonda multihaz. Se trata de un sistema derivado del sonar de barrido lateral, pero que emplea un mayor número de haces, lo que le permite elaborar una imagen en tres dimensiones del fondo marino, y ofrecer así una mejor representación de su composición. Este sistema da muy buen resultado, sobre todo cuando se trata de un terreno llano, porque le permite distinguir mejor las anomalías que se puedan producir. Sin embargo, es menos fiable cuando la prospección se produce en terrenos rocosos.
La puesta en común de los resultados de la investigación documental y de la prospección arqueológica ha dado como fruto el establecimiento de dos zonas donde es más probable el hallazgo de restos de barcos hundidos tras la batalla de Trafalgar. La primera de ellas es la franja que comprende el Castillo de San Sebastián y el bajo de Las Puercas, donde se han descubierto tres yacimientos con restos de naufragios. En el primero se ha encontrado un grupo de cinco cañones, un ancla, parte de una estructura de madera semienterrada, y otros elementos como fragmentos de cerámica, losetas, etc. En el segundo se localizaron siete cañones y un ancla. El tercer punto ocupa una mayor extensión y los restos son más numerosos, a pesar de los expolios que sufrió la zona en décadas pasadas. Sobre un bajo rocoso asoman veinte cañones, munición, un ancla, parte de una bomba de achique, fragmentos de forros de cobre y otros elementos metálicos que son más difíciles de identificar. La zona comprendida entre Conil y Sancti Petri es el otro gran área de investigación. Allí se han encontrado dos yacimientos que incluyen restos de barcos hundidos. En el primero se han contabilizado sesenta y un cañones, un ancla de grandes dimensiones y tres más pequeños, y algunos elementos de metal sin identificar. En el segundo han aparecido treinta cañones, abundantes restos de madera, un ancla de gran tamaño, pernos de bronce y un elevado número de elementos que en su momento formaron parte del barco.
En las tareas de investigación también ha participado un estadounidense del Instituto de Arqueología Náutica de Texas. Experto en arquitectura naval, su colaboración resulta fundamental y consiste en estudiar los restos, exprimirlos, hasta que se pueda sacar algún dato que permita la identificación, o al menos un acercamiento a la identidad del barco hundido. Sin embargo, esta labor no es tan fácil cuando la mayoría de los yacimientos han sufrido robos y maltratos continuos durante años. Por eso, en muchos casos se trabaja con elementos menores de los antiguos buques, restos que los expoliadores han considerado que no son lo suficientemente vistosos o interesantes como para exhibirlos en el salón, pero que pueden llegar a ser fuente de una información muy valiosa para el investigador.
La idea del Centro Arqueológico Subacuático es acumular toda la información posible, contrastar los datos, y dentro de dos o tres meses se evaluarán los resultados. En principio no se van a tocar los fondos marinos, porque la UNESCO recomienda que no se extraiga ningún resto, a no ser que sea imprescindible para la investigación o que el objeto en cuestión corra el peligro de deteriorarse o desaparecer. Por eso, hasta ahora no ha habido movimientos de fondo, no se ha desenterrado nada y no se ha excavado en busca de nuevos restos; todo para no despertar a los vestigios dormidos de los barcos que sucumbieron en la batalla de Trafalgar y que eligieron como sepultura la arena y las rocas de la costa gaditana.
El Centro Arqueológico Subacuático busca los restos de Trafalgar
Croquis. Distribución de los restos de un barco hundido
JAVIER YOHN PLANELLS
cádiz. Bajo las aguas verdosas y transparentes del Atlántico, ocultos desde hace dos siglos entre la fina arena y las quebradas rocas de la costa, aguardando a ser descubiertos, se hallan los restos de los barcos que se hundieron tras la batalla de Trafalgar, en 1805, que puso fin al poderío naval de España y a las ambiciones napoleónicas en las Islas Británicas, y al mismo tiempo supuso la confirmación de Inglaterra como reina de los mares y océanos de todo el mundo. Desde el pasado mayo, el Centro de Arqueología Subacuática (CAS), patrocinado por la Junta de Andalucía, por la fundación norteamericana RPM Nautical Foundation y por la Nacional Geographic Magazine, está llevando a cabo una serie de prospecciones arqueológicas en la costa gaditana para encontrar los restos de los navíos que fueron a morir al fondo del océano tras la célebre batalla. La investigación, que parte de un proyecto anterior del CAS, comenzó con una importante y exhaustiva labor de documentación para conocer los buques que pudieron hundirse tras la batalla y la tormenta posterior.
La segunda parte del proyecto ha consistido en elaborar un completo listado de las posibles zonas de hundimiento. Se consultaron actas capitulares, derrotas, protocolos notariales, mapas, monografías, etcétera, labor que se completó con un exhaustivo rastreo en Internet. Después, se compararon los resultados con las zonas en las que se presumía la existencia de restos para finalmente establecer un área de búsqueda amplísima que se extiende desde Trafalgar hasta Huelva.
Las numerosas imprecisiones sobre los hundimientos que se desprenden de los documentos analizados, han obligado a realizar una tercera fase que consiste en una prospección arqueológica intensiva de la zona con la ayuda de la Nautical Foundation y de la National Geographic Magazine, que prepara un artículo para difundir los hallazgos (e incluso se habla de un documental para televisión si los resultados son lo suficientemente importantes). Para llevar a cabo esta tarea ha sido necesario la tecnología de rastreo más sofisticada. El sonar de barrido lateral elabora una imagen del fondo marino parecida a una fotografía aérea, a través de un haz de sonido concentrado. También se han utilizado magnetómetros, que funcionan registrando las alteraciones que se producen en el campo magnético del fondo cuando existe una gran cantidad de metal (por ejemplo, el bronce de los cañones). Pero la herramienta más útil ha sido la sonda multihaz. Se trata de un sistema derivado del sonar de barrido lateral, pero que emplea un mayor número de haces, lo que le permite elaborar una imagen en tres dimensiones del fondo marino, y ofrecer así una mejor representación de su composición. Este sistema da muy buen resultado, sobre todo cuando se trata de un terreno llano, porque le permite distinguir mejor las anomalías que se puedan producir. Sin embargo, es menos fiable cuando la prospección se produce en terrenos rocosos.
La puesta en común de los resultados de la investigación documental y de la prospección arqueológica ha dado como fruto el establecimiento de dos zonas donde es más probable el hallazgo de restos de barcos hundidos tras la batalla de Trafalgar. La primera de ellas es la franja que comprende el Castillo de San Sebastián y el bajo de Las Puercas, donde se han descubierto tres yacimientos con restos de naufragios. En el primero se ha encontrado un grupo de cinco cañones, un ancla, parte de una estructura de madera semienterrada, y otros elementos como fragmentos de cerámica, losetas, etc. En el segundo se localizaron siete cañones y un ancla. El tercer punto ocupa una mayor extensión y los restos son más numerosos, a pesar de los expolios que sufrió la zona en décadas pasadas. Sobre un bajo rocoso asoman veinte cañones, munición, un ancla, parte de una bomba de achique, fragmentos de forros de cobre y otros elementos metálicos que son más difíciles de identificar. La zona comprendida entre Conil y Sancti Petri es el otro gran área de investigación. Allí se han encontrado dos yacimientos que incluyen restos de barcos hundidos. En el primero se han contabilizado sesenta y un cañones, un ancla de grandes dimensiones y tres más pequeños, y algunos elementos de metal sin identificar. En el segundo han aparecido treinta cañones, abundantes restos de madera, un ancla de gran tamaño, pernos de bronce y un elevado número de elementos que en su momento formaron parte del barco.
En las tareas de investigación también ha participado un estadounidense del Instituto de Arqueología Náutica de Texas. Experto en arquitectura naval, su colaboración resulta fundamental y consiste en estudiar los restos, exprimirlos, hasta que se pueda sacar algún dato que permita la identificación, o al menos un acercamiento a la identidad del barco hundido. Sin embargo, esta labor no es tan fácil cuando la mayoría de los yacimientos han sufrido robos y maltratos continuos durante años. Por eso, en muchos casos se trabaja con elementos menores de los antiguos buques, restos que los expoliadores han considerado que no son lo suficientemente vistosos o interesantes como para exhibirlos en el salón, pero que pueden llegar a ser fuente de una información muy valiosa para el investigador.
La idea del Centro Arqueológico Subacuático es acumular toda la información posible, contrastar los datos, y dentro de dos o tres meses se evaluarán los resultados. En principio no se van a tocar los fondos marinos, porque la UNESCO recomienda que no se extraiga ningún resto, a no ser que sea imprescindible para la investigación o que el objeto en cuestión corra el peligro de deteriorarse o desaparecer. Por eso, hasta ahora no ha habido movimientos de fondo, no se ha desenterrado nada y no se ha excavado en busca de nuevos restos; todo para no despertar a los vestigios dormidos de los barcos que sucumbieron en la batalla de Trafalgar y que eligieron como sepultura la arena y las rocas de la costa gaditana.