Capitulo 6
ius IX
Fumata Blanca.
Por fin Fumata Blanca. El cónclave duró doce días. Doce largos días en los cuales la tarea de gobierno caía sobre mí, mientras el pueblo esperaba impaciente el que sería su nuevo Pontífice, Obispo de Roma y gobernador de tan bástas tierras.
¿Estaría a la altura de Gregorio XVI?¿Sería capaz de mantener Tierra Santa bajo poder cristiano o sucumbiría a las aspiraciones Turcas? Todo eran conjeturas.
El consejo cardinalicio fue nombrado en 1836 tras la destitución en bloque del consejo anterior. Los nuevos miembros venían la mayoría de fuera de Italia, y se habían buscado los más humildes y eficientes en su tarea. Por ello, la gran mayoría eran antiguos Abades y Monjes. Su función era la dirección de la iglesia, y no se entrometían para nada en el manejo de los asuntos de estado. Éstos pertenecían al Papa y su consejero (yo) y al parlamento.
- ¡Pius IX!¡Pius IX!
Como venía siendo habitual desde hacía algunos años, los cardenales y el papa se dirigieron al gentío en latín. Los esfuerzos educativos realizados en las últimas dos décadas haían permitido un aumento de la alfabetización espectacular y la posibilidad de que casi todo el mundo supiese latín. Eso si, la educación era absolutamente cristiana. Integrista Católica.
Bajo los altísimos techos del despacho Papal, por primera vez hablé con Pio IX. Yo ya no era aquel joven idealista sorprendido por un extraño cambio en el rumbo de las cosas, y que esperaba una Italia liberal. Había mejores ideas que aquellas.
- Buenas tardes.-me saludó-Señor Oliveri, veo que usted ha realizado un gran servicio por la causa cristiana. Gregorio XVI le atribuía a usted en exclusiva el logro de Tierra Santa, la evangelización de África y tantas otras cosas buenas que a traído su pontificado.
-No ha sido en excluiva gracias a mi. Ha sido el esfuerzo de todo el Papado. Yo simplemente he ayudado a dirigirlo.
- No veo porque no debería seguir haciéndolo-me respondió con una sonrisa- y espero que sigamos logrando grandes cosas.
-Mi lealtad es absoluta, su Santidad, intentaré ser útil en todo lo que se me solicite, y arrojar luz allí donde encontremos tinieblas.
-Bien, bien...entonces vamos a hablar de mi primer proyecto amigo mío...
Gregorio XVI, el papa guerrero, estableció el rumbo. Y era obvio que, de momento, era el camino que se iba a seguir. La primera decisión que tomó Pius fue la movilización de la reserva.
Era sabido por todos que el ducado de la Toscana y sus aliados, Sardinia-Piamonte, se encontraban militarmente muy por debajo de las posibilidades de los Estados Pontificios. Ésto unido a los deseos de la mayoría de su población a ser gobernados por el Papa, que traía la libertad y la riqueza, conferían un ambiente idóneo para una nueva guerra. Y así fue. La reserva fue situada estrategicamente a lo largo de la frontera con la Toscana y con Sardinia-Piamonte, en las provincias de Parma, Massa, Lucca, Modena Bolonia y Rimini. Además, en la frontera piamontesa estaban los herederos de los Zouves de san Patricio, la recien restablecida Orden Hospitalaria.
Distribución de las Tropas
El 2 de Junio de 1852 los Estados Pontificios volvían a entrar en guerra. Se le declaraba a la Toscana, tras lo cual acudieron rapidamente sus aliados. Los movimientos de las tropas fueron rápidos. Las divisiones que se encontraban en Bolonia y Parma se dirigieron a la capital , Florencia, a la que pusieron sitio unos días después, tras ganar la Batalla de Florencia de modo aplastante. Nuestros reservistas, gentes venidas de toda Italia, combatieron de modo enardecido. Hombres que dejaron sus puestos de trabajo y se dirigieron a la frontera, armados y con la esperanza de hacer desaparecer el nacionalismo Italiano de una puñetera vez, y hacer ver al mundo que el poder, no del Papa, si no de Roma, emepzaba a brillar de nuevo.
Las divisiones de Ancona y Rimini derrotaron al ejército Toscano en Siena mientras la división de Lucca tomaba la ciudad de Livorno y su estratégico puerto.
Las dos divisiones toscanas deambularon durante un tiempo entre Florencia y Siena, hasta que fueron completamente aniquiladas por nuestros ejércitos.
Mientras ésto ocurria, en la frontera con Sardinia, dos divisiones aguantaban las embestidas de cinco divisiones enemigas, Atrincheramiento, Biblia y El Poder de Roma fueron los tres ingredientes que hicieron sobrevivir a esos ejércitos y salir victoriosos.
Tal como se tomó livorno (primera ciudad en caer en nuestras manos), la división que allí se encontraba se dirigió presta a Parma, donde parecía que los Piamonteses habían centrado sus ataques. Tras la conquista de la Toscana entera, las cuatro divisiones que allí estaban fueron dirigidas tambien a la frontera, para empezar la invasión de los infames Piamonteses.
El 19 de Ocutbre de 1852 se inicia la invasión piamontesa. Las 3 divisiones de Parma se dirigen a Alessandría y las cuatro de Massa a Génova. Las batallas fueron feorces y largas, y concluyeron con una nueva victoria para el ejército pontificio. Las tres divisiones de Alessandria entraron en Novara y las cuatro del sur, de Génova, iniciaron una vertiginosa carrera hacia la capital, Torino. Una vez derrotados los ejércitos y ocupada ésta, se dirigieron todas las tropas a las provincias no ocupadas, incluso a Alessandria, que habíamos perdido en un ataque por la retaguardia. Pese a todo, para el 14 de enero de 1854 se había ocupado todo el territorio continental del país, y tan sólo les quedaba Cerdeña.
Avance a través del Enemigo Piamontés
El 14 de Enero de 1854 se firmaba definitibamente la paz con la alianza. Se aceptó que Sardinia-Piamonte cediese todo su territorio salvo Cerdeña, la capital (Turín) y la provincia de Chamberry. Por otro lado la toscana dejaba de existir y pasaba a formar parte de las tierras Pontificias.
La repercusión internacional fue, de nuevo, espectacular. Se hablaba de la nueva Italia, de la nueva Roma, del milagro Pontificio... Tras éstos titulares se escondían la verdad de un pueblo que se estaba levantando a sí mismo y que sólo Dios sabía donde iba a llegar.
Dominios Italianos Pontificios
Tras los festejos y las condecoraciones, llegó de nuevo la ardua labor de gobierno. Tras esta guerra, ya sólo me preguntaba cuando lleguaría otra. Sin embargo, Pius empezó a hablar de otras cosas. Se empezaron a construir ferrocarriles, a ampliar fábricas y a construir otras nuevas. Se ampliaron las de Acero de Roma, se constuyeron las de telas de las zonas conquistadas hace poco...se inició un despegue industrial en el que había estado insistiendo desde hacía mucho. Si no lo hubiesemos hecho, no seríamos más que un gigante con los pies de barro. Sin embargo, algo que dijo el Papa me sorprendió:
- Roma se construyó y creció con los caminos. Hoy, los caminos son los ferrocarriles. Y nosotros somos Roma.
Cada semana que pasaba, las cosas iban tomando un cariz distinto. Los líderes de los partidos políticos ya no hablaban de Italia, pero se les llenaba la boca de historia y latín, un idioma cada vez más hablado en los altos círculos. Algo estaba cambiando. Las nuevas generaciones eran bilingües y ansiaban saber más de su pasado, se impulsaron proyectos de arqueología en Roma, que desvelaban cada día nuevos aspectos de un pasado lejanísimo. El ejército preparaba una reforma, que casi era exclusibamente nominal, donde a los altos cargos ya no se les llamaban generales o tenientes o como fuese. Ahora eran centuriones, optiones...
Y pronto llegó la nueva guerra. Los tiempos de paz son cortos mientras haya paganos en el mundo. Ésta vez el objetivo era Liberia. País satélite de Estados Unidos, sabíamos perfectamente que las buenas relaciones con éste país no nos iban a salvar de la guerra. Así, en febrero de 1855 se declaraba la guerra a éste país africano. Dos divisiones de caballería camerunesas entraban en la capital, Monrovia, derotando sin ninguna dificultad al enemigo. Tras ocuparla, se desplazaron a Sinu, su otra provincia. Mientras tanto, varias divisiones de caballería tomaban los puestos comerciales norteamericanos en áfrica, y un navío de transporte se desplazaba sigilosamente de isla en isla en el pacífico, tomando todos las misiones, puestos comerciales, fuertes y centrales de carbón que allí habían construido los Yankees.
Desplazamiento de caballería a la frontera de liberia y desembarco en un puesto comercial americano.
Tras la anexión de Liberia, la guerra con el tio Sam continuó unas semanas más, hasta que aceptaron la paz blanca. Habían perdido la totalidad de sus puestos coloniales y un satélite. De nuevo la victoria llegaba al Vaticano, y el papa Pius IX (ya casí nadie le llamaba Pio Nono), recibia las felicitaciones de todos los cristianos del mundo. Sin embargo, el recelo de las potencias mundiales crecía al mismo ritmo, que veían en la incipiente potencia Romana un extraño enemigo al que tener en cuenta.
Se había puesto una piedra más en el proyecto africano de Roma. El objetivo era ya, sin ningún genero de dudas hacerse con el mayor número de colonias posible. El prestigio y los beneficios que estas reportaban serían de inegable importancia para los futuros proyectos vaticanos. Y mientras los niños de Monrovia aprendían latín, la red ferroviaria pontificia ya conectaba todas las provincias del país, con el ancho de vía Europeo, que curiosamente tenía la misma anchura que una calzada romana.
Red de ferrocarriles Pontificia a 1 de Julio del 1856