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Kosh

Gran Maestre
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Interesante Kurt. Gracias!
 

Kurt_Steiner

Katalaanse Burger en Terroriste
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13. La España Ilustrada.

Más sonados que unas maracas: Felipe V y Fernando VI.


Melancolía fue el benévolo termino usado para referirse a los desajustes mentales de Felipe V y su hijo Fernando VI, herencia portugesa del clan de los Austria. Como comente Jean Descola, hispanista francés, Felipe V, persona de pocas luces y menos impulsos, sólo tuvo ganas de poner la carne en el asador una vez en su vida, y fue para ganarse la corona. Luego se dedicó a chochear. En su corte sólo destacó por su inteligencia y energía su primera esposa, María Luisa Gabriela de Saboya, pero tuvo la mala suerte de morirse muy pronto, en 1714.

Lo cierto es que los genes son los genes, y cuando Felipe V optó por irse a ver los toros desde la barrera y dejó el trono a su hijo Luis I, la cosa tampoco mejoró, pues el chico, de dieciseis años, estaba peor que el padre -con decir que se escapaba de noche para robar fruta en los huertos reales...- de manera que, si la viruela no se lo llega a llevar a los ocho meses de reinado, aquello hubiera sido Troya. Eso si, una Troya jocosa, pues la esposa de Luis, Luisa Isabel de Orleans, se pesaba quasienpelotas por palacio, comía como una cerda y le daba chascos al monarca en público. Vamos, ni Dinastía ni Falcon Crest.

Así regresó al trono el hipocondríaco, maniático, enfermo imaginario y zumbado de Felipe. Eso si, era un cachondo, como bien comprobar sus cortesanos el día que les dijo que se había muerto -si, el Felipe les dijo que él, el rey, había diñado- y que tenian que enterrarle. Lástima que al fnial no lo hicieran. Comparado con esta, las demás manías (no cortarse las uñas de los pies ni el cabello, encender todas las luces de noche y correr todos los corinajes de día) son meras coñas palaciegas.

¿Y que decir de Fernando VI, llamado el Prudente o el Justo? Se había casado con la princesa Bárbara de Brangaza, de la que estaba profundamente enamorado. Pero como manda la mala suerte hispana, doña Bárbara tuvo que cascar, desquiciando a su marido. Aunque no tengo muy claro si fue mal de amores o el saber que la muy cabrona había amasado una fortunaza y se la había legado a su hermano el infante don Pedro de Portugal.

Don Fernando comenzó a tener sus manías: abandonar el aseo -como Isabel la Católica, jate...-, golpear a los servidores, vivir en constante agitación, cabreo y furioso agotamiento.

¿Hace falta decir que Carlos III estaba profundamente acongojado por tales precedentes familiares? Así le salieron los niños, con un hijo subnormal (don Felipe), otro de inteligencia cortita (don Antonio) y el heredero, Carlos IV, el más normal de todos, aunque considerablemente pro-galo. Es decir, ni uno le salió normal a Carlos III.
 

Kurt_Steiner

Katalaanse Burger en Terroriste
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13. La España Ilustrada.

4. Madrid, ciudad corte, ciudad coñazo.


Con Felipe II Madrid pasó de ser un pueblo de labriegos a capital del mundo. La brusca transformación no dio tiempo para que ésta adquiriera carácter de gran ciudad, y una serie de coincidencias tontas hizo que la ciudad creciera en las peores condiciones sanitarias y urbanísticas. Como ahora, pero sin olor a sardinas.

Primero los Austrias y luego los Borbones hicieron de ella la ciudad más poblada de la Península, con una creciente población y, como no podía ser de otro modo, con una cantidad sorprendente de chupópteros, la mayoría en la corte, de manera que unas 400 personas recibían algo menos de la mitad de los ingresos registrados en la Villa y Corte. Una prueba de este grado de chorizos y parásitos que se agolpa en Madrid queda demostrado por el historiador americano Ringorse, que, en una estadística de 1787, compara Barcelona con Madrid. Y en la Villa y Corte encuentra 17.1% de hildagos (hijos de algo sin duda, pero con duda hidalgos, que hubiera dicho Alatriste) por 0.8% en Barcelona; que para 1.8% de mercaderos madrileños, los barceloneses reunían 10, y por 0.2% de labradores madrileños, 12% de barceloneses; 11% de funcionarios en los madriles y 1% en Barcelona. Claro que no existían las autonomías por aquel entonces.

Pese a esto, los ilustrados intentaron acabar con la vagancia y convertir el país en una especie de colmena activa en la que no sobrase ni faltase nada. Sólo una visión a la España actual demuestra el grado de fracaso de estos benditos iluminados. En esto, como en lo demás, quedó demostrado la imposibilidad de hacer nada de provecho de España. Pronto se desilusionaron los ilustrados, y su régimen adoptó un aire cansado, como una "vieja casa sostenida a fuerza de remiendos" -dicen las "Cartas político-económicas al conde de Lerena".
 
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DiTo

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Como te lea Zp ya tiene escusa para seguir otros 8 años mas sin hacer nada.....
ES DE SER INUTILES!!!!que diria aquel....
 

Kurt_Steiner

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13. La España Ilustrada.

5. España y el gallinero internacional.


Se reprocha con harto premura que los gobernantes ilustrados dependieron demasiado de sus aliados franceses y que estos les torearon como quisieron. Lo cierto es que cada vez que se intentaron hacer migas con los ingleses, estos replicaron con considerable altivez. Así, claro, no hay manera.

Por ello, hasta un tonto se hubiera arrimado a Francia, ya que teníamos intereses y enemigos comunes -la pérfida, huelga decirlo. El que ambas naciones estuvieran regidas por la misma família importaba poco, como demuestra algún reparto de hostias con los galos de los que hibo en esa época.

Consciente del creciente poderío prusiano y ruso, se hicieron acercamientos a ambas naciones. De Federico de Prusia podemos decir que sentía un cierto interés por España, de la que, como confesó al torpe del general español que fue enviado a su corte, el conde de Colomera, que la base de su genial estrategia la había encontrado en un libro escrito por un español, Reflexiones militares, del marqués de Santa Cruz de Marcenado. Colomera, como buen ilustrado español, no tenia ni la más puta idae de que diantres le hablaba el prusiano, que se loleó un buen rato a costa del español.

Para más inri, el buen rey prusiano, que tenía cierto interés y conocimiento de España, sabía más de ésta y de sus habitantes que sus gobernantes. De éstos diría "no son ricos en Europa como podrían serlo porque no son laboriosos. Los tesoros del Nuevo Mundo van a las naciones extranjeras que se han apropiado de este comercio. La superstición sitúa a este pueblo espiritual enter las naciones más débiles". Por Rusia la cosa no fue mejor. Si bien se ganaron algunas simpatías, como la de Catalina II, no había suficiente agua para mover el molino, y así se quedaron las cosas.

La rebelión de las trece colonias pilló a España como de costumbre: con el culo en pompa y mirando para otro lado. Acojonó pensar que las colonias americanas españolas podrían imitar el ejemplo y mandar a España al peo, más y si se tenía una frontera común con semejantes rebeldes. Peor se pusieron las cosas cuando Francia, pasando olímpicamente de su aliado español, se puso de lado de los rebeldes con todas las ganas, arrastrando, a pesar suyo, al cabreado rey de España.

Ciertamente Francia supo dorarle la píldora a los españoles -"podreis recuperar Gibraltar y darle bien dado a los ingleses..."-. Asimismo, que el intento de mediación de Madrid entre ambas partes fracasara -joder, no te hicieron caso en 70 años, te lo van a hacer ahora que tienen fuego en el culo y siguen pirateando tus naves, tontolculo...-, también hizo lo suyo. En fin, que al final se apoyó a Francia en su apoyo a los rebeldes.

¿Qué se sacó en limpio de esta guerra? Un intento franco-español de invadir la Pérfida, Invencible-style y que acabó como ésta; y el infructuoso asedio de Gibraltar, que fue como Troya pero sin caballo. Eso si, nos llevábamos de muerte con los recién nacidos EEUU.
 

Kurt_Steiner

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6. America se pone tonta.


A raíz de la independencia de las colonias británicas, las españolas empieza a removerse inquietas, sólo que no se moverán hasta no tener las ideas claras. Irónicamente, en las Américas las instituciones representativas funcionaban mejor que en España, donde dejaban mucho que desear. Cabildos y consulados abundan y organizan America, donde brotan numerosas autonomías personales que hacen del hacendado un rey y que ocasionará que la corona intervenga varias veces para poner coto a tales arrogancias, que, no pocas veces, le ganaron la partida al poder real.

Uno de estos casos lo protagonizaron don Manuel de Amat, virrey del Perú, y su amante, la actriz Micaela Villegas, llamadas la Perricholi. Como consecuencias de sus amores, el virrey, antes de partir, le regaló a la dama una finca, la llamada Casa Molina, que años después motivaría un pleito cuando la Perricholi se peleó por el agua de dicha finca con un técnico minero alemán contratado por la corona, a quien la dama le dejó sin agua y le derrotó en el pleito.

El conde de Aranda, que olía por donde iban los tiros, al producirse el merdé estadounidense, propuso a Carlos II ceder las posesiones americanas a tres infantes españoles, que se establecerían como reyes en sendas partes de las mismas. El rey de España tomaría título de emperador y se firmaría pactos de familia con los nuevos soberanos.

Carlos III dijo que nones, pues no habían tres infantes capaces para tal menester y al monarca no le apetecía perder tanta soberanía. Eso si, descentralizó considerablemente al administración indiana con las llamadas "intendencias" de 1782, que descargaban a los virreyes de su poder y atribuciones, a la par que introducían una burocracia eficaz

Mientras, en 1780 estalló un rebelión enorme en Perú, encabeza por don José Gabriel Condorcanqui, cacique de Tungasuca y que se pretendía descendiente de Túpac Amaru, el inca. En realidad don Pepe era un criollo típico, educado con los jesuitas, rico, refinado y chulo como el solito. Se dice que todo empezó por un cabreo con el corregidor, y para vengarse de él lo invitó a comer, lo apresó y lo colgó. A partir de ahí se dispararon las hostialidades, con las masacres típicas de estos casos, que privaron a los rebeldes de muchos de sus apoyos.

La rebelión duró lo que tardó la Corona en ponerse a ello y enviar tropas, de manera de "Túpac Amaru" II acabó muy mal. Se le condenó a ser descuartizado vivo, pero no pudo ser, aunque el tío quedó desconyuntado y hecho una mierda. Pero aún quedó peor, pues le cortaron la cabeza y luego sí le descuartizaron.

Para que aprendas...
 

Kurt_Steiner

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7. La guerra de la Independencia.


Esta guerra pilló a todos por sorpresa, desde Napoleón (quesquesésemerdé?) al alcalde Móstoles (ostia, la que he montado...), y tocó, como siempre que toca en España, improvisar. Mientras, España exportó a los gabinetes europeos el conocido hábito de estar con el culo en pompa y caerse del guindo al grito de "mandeeeeeeeee?".

Lo que pasó en el Dos de Mayo, el botellón más salvaje de todos los tiempos, es que la gente, harta de tanto afrancesamiento -pase que unos cuantos se te ilustren y te quieran poner un modelo de fuera, pero que se te llene el país de gabachos... norl!-, harto de que el modelo ilustrado sólo favoreciera a la burgesía, y que el modelo político ilustrado era tan gabacho como los revolucionarios de parís, se puso a repartir tortas.

Pero cabe recordar que muchos ilustrados españoles se ilusionaron con la revolución francesa, a la que consideraron como el aceleramiento adecuado de la Ilustración, que para ellos se había estancado. Pero por si las moscas, en cuanto Luis XVI es ejecutado, España declara la guerra a Francia -las costumbres son las costumbres-, que acabó como el Rosario de la Aurora pero que empezó bastante bien, que coño bien, de manera harto inaudita: con los obreros que empezaron trabajando día y noche para acopiar pertrechos -a la japonesa, hoygan ustedes-. Así, mientras la clase popular se aprestaba a la lucha contra los revolucionarios, las clases pudientes, para disimular su natural asilvestramiento, se afrancesaban, convivían con exiliados franceses -algunos muy dudodosos- y presumían de ser más francófilos que nadie. Como dijo Joaquín Costa: "La Guerra de la Independencia no la hizo la nación [...]: fuera de muy contadas excepciones la hizo el pueblo".

Así, mientras las tertulias bienpensantes -con talante, que se dice hoy- iba de la manita con los franceses, el pueblo, como que no. Sólo hay que ver el botellón montado por la plebe barcelonesa en 1794, cuando asaltaron el cuartel de San Agustín para ponerle la mano encima a los prisioneros franceses, a los que enseñaron una simpática costumbre local: el arte de pasar al enemigo a cuchillo.

Así, el pueblo, quizás receloso por costumbre de todo lo francés, fue ver a sus opresores, los de las clases altas, rezumando gabachosería por todos sus poros para que sumaran dos y dos y llegaran a la conclusión de que aquello era malo de narices. Hay que destacar que, igual que el pueblo llano español, Francia mantuvo sus costumbres. Daba igual que el que mandara en Francia fuera Luis XIV, el Comité de Salud Pública o un corso retaco: el objetivo francés era el de siempre, conquistar España y hacerselas pasar putas.

Por ello, gracias a la maravillosa ayuda del tonto del pueblo de Carlos IV, de su señora, María Luisa y el cabrón más gordo del reino, Godoy, se las ingenian para montar un cirio de la hostia. De hecho, la situación de la España de Carlos IV es similar a la de Carlos II, salvo por una salvedad. Al Austria lo respetaba el pueblo, mientras que el Borbón era despreciado.

Su humillante subordinación a Francia divide España en dos: los poderosos francófilos vs el pueblo y su principe, el "pobre" Fernando -si es que tenían que cagarla de algún modo, leñe...

De esto y de la chulería de Murat hablaremos en la siguiente entrega.
 

Kurt_Steiner

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8. Una chulería de Murat.


La culpa de que Napoleón se metiera en España la tuvo la panda de imbécil de Carlos IV y su família. Cuanto más conocía el corso de este atajo de palurdos, anormales, descerebrados e idiotas, más se convencía de que él iba a salvar a España de si misma -lo que, quizás, no hubiera sido tan mala idea, visto lo que vino después, a saber, los mismos de siempre robando a los mismos sufridores de siempre, después de que éstos salvaran los culos de los primeros, que pagaron así el favor.

Pero invadir España no acabó de ser una buena idea. Parte del mérito cabe atribuirlo a Murat. Joaquinito, que había pasado de mozo de cuadra a mariscal del imperio y cuñado del emperador, se vio como lugarteniente de este en las Españas. Fíjese el respetable si Napoleón conocía bien a este elemento cuñadil que decía de él que era un animal.

Le dijo claramente que tranquilizara, por este orden, "a Godoy, al rey, y a todo el mundo". Murat debía de tener problemas de comprensión lectora, porque lo único que entendió bien fue lo de "a todo el mundo". El verbo, desafortunadamente para él, no lo acabó de entender, y en lugar de tranquilizar, se dedicó a tocar los huevos al personal. Y los españoles, que a sufridos no les gana nadie, tiene un mal tocar de huevos de narices.

El problema se hubiera solucionado si Napoleón hubiera casado al príncipe Fernando con una princesa, lo hubiera colocado en el trono tras decirle "tus pelotas son mías" y hubiera colgado a Godoy bien alto. Al pueblo le hubiera encantado. No se hubieran padecido males mayores. Pero no.

El 17 de marzo de 1808 se lio gorda en Aranjuez -y eso sin el concierto del maestro Rodrigo-, en la que el pueblo cabreado hizo abdicar al rey, coronó a Fernando VII y prendió al primer ministro, que libró la vida de milagro. Y todo esto de una tacada. El motín de Aranjuez, que más que motín parece una revolución, recordaba a aquellos días del tumultuoso destronamiento de Enrique IV en Ávila, y aún este fue superado por el monarca.

Esto trastocó los planes a Napoleón, que sólo estaba interesado en Fernando si éste le debía al Emperador la corona. Ironías de la vida, el respaldo popular le costó la corona al principe que quería ser rey. Bueno, esto y que Napoleón había tenido el dudoso placer de conocerlo en persona en Bayona, y no había quedado demasiado enamorado del Nando...

El impulso revolucionario se extiende por toda España con el jolgorio habitual en estos casos, es decir, a hostia limpia. Se da matarile a generales y jefes a los que el pueblo considera tibios en sus impulsos patrióticos -es decir, demasiado obedientes ante los gobernantes de Madrid, que dan ordenes de calma y convivencia. El capitán general de Andalucía, Solana, es muerto en Cadiz por la turba. El general Filanghieri y el con de Albalat son asesinados en Galicia y Valencia, respectivamente. En sevilla los amotinados matan al conde del Águila; en Jaen, al corregidor, don Antonio de Lomas; en Extremadura al capitán general Torre del Fresno, y en Valladolid al director de la Academia Militar de Segovia. Castaños se libra por los pelos cuando deja de seguir las ordenes al sublevarse Sevilla.

Esto abrirá el camino para el Dos de Mayo, que precipitará la caída de Napoleón en su gran equivocación. Abre marcha en este repetertorio de gilipolleces consecutivas la conducta de Murat para con la junta gubernativa que había dejando Fernando VIII al salir hacia Bayona. Murat, corto como el rabo de una boina, le dice a la junta que se ha reunido sin su permiso, que Carlos IV ha abdicado en Napoleón y que éste le ha dado a él, Murat, poderes para cortar el jamón a su gusto, y les pregunta que a que miembro de la família imperial francesa quieren monarca -huelga decir que José Bonaparte tiene todos los números para ser el próximo rey de España-. Tiene coña el asunto, porque Murat habla sólo en francés y los españoles se lo miran con cara de "gñé", sin saber si están entendiendo bien o les están explicado una versión hardcore de "Caperucita Roja". Al final, la junta, que algo entiende, le dice que "un cuerno" de manera educada, y Murat replica que se lo piensen con calma.

Esta junta consultó con el Consejo de Castilla, panda de "prodigios", que recomienda que sugieran el nombre de José Bonaparte, lo que es indicado a Murat, para pena de éste, que se queda sin corona. El futuro Pepe Botella es recibido a bombo y platillo por la nobleza presidida por el duque del Infantado, la del Consejo de Castilla, la de los Consejos y la Inquisición, Indias y Hacienda y del ejército.

Es decir, los mismos de siempre vendiéndose al poder de turno por cuatro guirnaldas.
 
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Kurt_Steiner

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9. We were few and the grandma gave birth.


Mientras en Bayona se reunía una Asamblea nacional formada por chupópteros, cobardes y lameculos, José Bonaparte iba camino de Madrid para ser proclamado. De todo esto saldría la primera constitución que tendría el país.

El grueso de la aristocracia y la iglesia española acogieron de buen grado a José I, salvo por algunas excepciones. Como ejemplo de chaqueterismo queda Luis de Borbón, arzobispo de Toledo, primo de Carlos IV y uno que no tardó en ofrecerse a colaborar con los francesas.

En un principio todo fue calma, pero poco tardó el país en dejarle claro al Bonaparte que no les hacía demasiada gracia, para enojo de la nobleza, que se quedaba sin sirvientes, pues estos se marchaban para apuntarse al ejército.

Entonces, entre los primeros tiros y navajazos, llegço la batalla de Bailén, que fue mucho más importante por sus consecuencias que por sus propociones. La resonancia de la victoria española provocó desde la primera hora un alud descomunal de literatura propia y ajena, que no tardó en confundir los verdaderos hechos, Un ejemlpo de esto puteferio de pseudo historia es el famoso cuadro de José Casado del Alisal, La Rendición de Bailén, que es una refundición alegórica de diversas esenas, como el desfile de Dupont del 23 de julio de 1808 ante Castaños y de Vedel y Dufour al día siguiente.

Una cosa curiosa de estaba batalla es la presencia de suizos en ambos bandos. Un momento curioso fue cuando los cinco batallones suizos que luchaban en el bando franco se toparon con el medio que servía en el bando español, y que, siguiendo la vieja cotumbre de no pelarse con suizos que estuvieran bajo otra bandera, se pusieron a confraternizar, jorobando más al eje´rcito francés que al español.

Uno de los hechos decisivos para la victoria española fue que el general Vedel, que tenía diez mil franceses a su mando, llegara tarde, como Grouchy en su batalla, con lo que Dupont se tuvo que buscar la vida con la mitad de sus fuerzas, viéndoselas con unos españoles superiores en número, eficacia y en frecuencia de reparto de hostias, de manera que cuando Vedel llegó, se encontró con Dupont ya rendido. Veinte mil franceses se vieron prisioneros, dando con sus huesos en diversas prisiones, cuando no ajusticiados por la pleble enfurecida

De paso citaremos a la influencia de la guerrilla, que desgastaron considerablemente al invasor, de manera que Napoleón se encontró enviando tropas dese Polonia para llevarlas a España. Al final tuvo el Emperador que meterse él mismo en la cocina y liarse a manporros, al frente de 160.000 mozos y la flor y nata de su Grand Armée, y que volvió a poenr la corona en la cabeza de su fugitivo hermano, que paró de correr porque se encontró con su hermano.

Pero para entonces los primeros ingleses ya han desembarcado en la peninsula y Tayllerand y Fouché están conspirando para encular al corso, lo que se saldará con las detenciones, procesos y ejecuciones varias de siempre. Y, Napoleón, con fuego en el culo, tiene que salir a pararle los pies a Austria, enviando a sus generales a cercar Zaragoza y Girona, que se les habían sublevado. La fácil ocupación de España ya no lo era tanto.
 

Kurt_Steiner

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Fernando VII, curioso personaje.


Fernando VII ha sido cubierto con frecuencia por un alud de reproches, de manera que es más fácil intentar hacer una apología del suejto que cargarselo. Alguien ha calificado tal tarea de imposible. Lo cierto es que, a éste lo pilla Shakespeare, y saca tres o cuatro dramas seguidos. Cierto también es que, en las tormentas en las que el bicho se vio envuelto, ni el mejor piloto hubiera salido bien parado.

¿Pero cómo iba a salir normal con una família con la suya, con una madre que le llama "marrajo cobarde", con un padre que abdica voluntariamente, y luego le reclama la corona, porque no lo hizo para siempre, sino para un tiempo y que querían que le devolvieran la corona, no para reinar, porque no le apetecía, sino porque se le antojaba tenerla?

En fin, que si hubiera salido normal con un padre imbécil y una madre de moral distraída y piernas de movimientos separatistas autónomos, hubiera sido un milagro. En fin, que decir de Carlos IV, que tantas putadas hizo a su padre, Carlos III. Para darse al coñac, por lo menos.

Y para postre, España va al viento de lo que pasa en Europa, que a su vez baila al rimo de las grandes potencias. O sea, que un pedo del primer ministro inglés hace que caiga la bolsa española. O casi. Veamos el Congreso de Viena (1815). Ahí se enfrían las relaciones anglorusas y la aproximación de Tayllerand a los ingleses, y Fernando VII aprovecha para cubrir el hueco. Ya en su confinamiento en Valençay había considerado tal empresa, incluso casarse con la gran duquesa Ana, hermana del zar, que le dio calabazas.

Tiene su coña que haga esto el Nando, pues, mientras Francia bascula hacia el absolutismo, el zar no oculta sus tendencias liberales. Francia y Gran Bretaña son las que dan más crédito a España y a Rusia se le cisca lo que Fernando haga. Pero el, erre que erre. Al final, de la mano de Wellington, Gran Bretaña firmará unos pactos con España, no porque les interese un pimiento, sino para evitar que lo hagan con Francia.

Y así, mientras nos aliamos con la Pérfida, ésta hijaputa, fiel a su tradición, nos mete un pimiento morrón por el ojete en forma de animar a los panchitos a revolucionarse. En fin, que cualquier movimiento nacionalista en Europa es aplastado de manera inmisericorde por las potencias europeas, que no ponen pegas a decir "donde dije digo digo Diego" con las Américas.

Pero ya veremos que "jrandes" benefícios nos reportaría la amistad rusa, ya veremos...

@jcmorey2: Ni idea
 

Kurt_Steiner

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Fernando VII, marino ruso.


Poco a poco, España se convirtió en el pito del sereno de todas las potencias, de manera que las idas y venidas de la política española y la espantada de las colonias americanas son tan inseparables de lo que pasaba fuera de nuestras fronteras en medida similar a la intervención extranjera en la guerra civil de 1936-1939.

Dento de esta pachanga de intervenciones e influencias destaca, como no, la de los Cien Mil Hijos de P... de San Luis, el ejército francés, encabezado por el duque de Angulema, hijo del futuro Carlos X de Francia, con el que Gabachia se nos metió otra vez en el trastero, esta vez para apoyar a los absolutistas frente a los liberales. Se ve que no aprendemos, no. Destaca de todo este sarao, el sítio de Cádiz y el hijoputismo de Fernando VII, que en cuanto se vio libre, apresuróse a maldecir a los liberales y a meterles un pimiento morrón por el culo.

Otro hecho jocoso que ilustra cómo veían a España afuera son los manejos del embajador ruso entre 1812 y 1819, Dmitri Pavlovich Tatischev. Éste era personad e primera fila en Rusia, y su designación para la embajada en Madrid muestra que a España, al menos al prnicipio, se le tenía en algo de estima. Una de sus accion se fue animar a fortalecer a la armada española, lo que, después de cierto libre intercambio de hostias con los ingleses en Trafalgar, huelga decir que no era mala idea.

Y se dirá el respetable: ¿y qué narices veía Fernando VIII en Rusia? Pues que eran los únicos que todavía le hablaban, señor@s porque los demás ya le habían calado bien calado. De todos modos, el Nando no era tan tonto. Lo malo es que el Zar Alejandro I tampoco. Intentó colocarle la Florida, sabedor de las ganas expansionistas zaristas y quitarse a los yankees, que le soplaban en el cogote con animo suponiblemente enculador. Habiendo mordido una vez una almohada, se ve que don Nando no estaba por la labor de repetir, pero el zar no picó el anzuelo. Digamos que desde que Napoleón se la metió bien doblada en Tilsit andaba algo escocido. En fin, dos analógicos que cuidado.

Así fue como, al final, tras lucros comerciales, burradas varias, salió el rumor de que España pensaba en ceder Menorca a Rusia para que ésta instalara una base naval en las islas. El pánico que esto causó en Londres fue glorioso, y fue digno de ver a Vaughan, el embajador británico en la peninsula, correr como gallina decapitada ante la notícia, que no tardó en llegar a la prensa. El zar dijo también que nones, pues no andaba interesado en alterar el sistema de alianzas existente. Pero el jolgorio no se lo quitaba nadie.

Entonces fue cuando el Nando le dijo al Alex: "shurmano, que mi flota de guerra no sirve ni para jugar con ella en el Retiro". Y el ruso se dijo... caramba, a ver si le cuelo una ofertón... (movistar y vodafone style, como verán sus vuecencias). En fin, que España propuso comprar barcos, pero había un pequeño problema:

A) De dónde coño sacaría Fernando VIII el dinero?
B) De dónde coño sacaría Alejandro I los barcos?

Con semejante planteamiento, era de cajón que todo acabara como una opera bufa.

Pues lo primero se solventó a costa de los negritos. Tras la prohibición de la esclativud de 23 de septiembre de 1817, España se encontró con otro pimitiento morrón metido a presión por el ojete, pues bien que le jodía el negocio americano, sobre todo en Cuba. Cómo tendría que ser de gordo el pollo que hasta los ingleses, poco amigos a aflojar la cartera, le pagaron 400.000 libras esterlinas a los españoles -que pedían un millón- como recompensa. En fin, en algo se les tenía que notar que son más amigos de lo ajeno que los Apandadores...

En fin, que España ya tenía el dinero, y se lo dieron a Rusia a cuenta de los barcos. Atendiendo que dichos barcos, comprados con dinero inglés, iban a ser usados para solventar un problema causado en no poca medida por los ingleses, no negarán ustedes que la cosa no tenía rechifla. Otra cosa es que España, por una vez, se la metió doblada y bien doblada a los ingleses y siguió usando esclavos hasta 1866 (y en Cuba hasta mucho después). Quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón, y si el ladrón es inglés, entonces es el doble. Y para que lo saquen a hombros por la puerta grande, por cierto.

Así fue como se estableció la venta a España por 13.600.000 rublos los navíos de línea de 74 cañones Tri Sviatitelia (Tres obispos), Nord Adeler, Neptunus, Dresde y Lübeck, y las fragatas Merkurius, Patrikii y Avtroil, de 44 piezas. Incluso los rusos se comprometieron por un acuerdo firmado en San Petersburgo, por el que el gobierno rusa intentaría "ejercer influencia sobre las colonias sublevadas" a favor de España.

Si todo se quedara aquí, hasta sería un capítulo bonito de recordar: como compramos barcos a Rusia timándoles a los ingleses.

Pero esto es España, y había que cagarla.

Recordará la audencia que he dicho que el problema lo tenía Alejandro I para buscar los barcos. Bueno, mucho problema no tenía, el muy cabrón, porque se fue a buscar los peores que tenía. Cómo estaban los bichos, que el muy sinvergüenza se avino a reemplazar tres de los que peor estaba por otros, eso si, cobrándo 3.200.000 rublos más. Esto ya debería levantar un par de cejas y algún comentario de "ay ay ay". Pero aún hay más, señores. Los barcos eran un truño, y tardaron poco en quedar inutilizables, por la falta de uso y desídia española. Lo único que consuela de este timo monumental es que el zar se tuvo que comer la deuda con patatas, porque ésta seguía sin pagarse del todo en 1831 y es posible que siguieran en tal estado al comenzar las hostialidades con los carlistas.

Y, mientras America decía "ta luego, loco" a la Península, los gabachos intentaban hacer negocio, y resucitaban la propuesta de una federación borbónica, eso si, con príncipes galos, pues los tenían por docenas. Y, a cambio de tan feliz idea, se contentaban con un poco de tierra americana, los muy hideputas.

Pero de estas y otras americanadas ya nos ocuparemos más adelante, que hay para reir un poco más.
 

Kurt_Steiner

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13. La España Ilustrada.

La guerra civil de España con América.


Advertencia: Si te llamas Hugo, se te pone dura con Bolívar o le tienes tírria la Gran Satán Bush, no sigas leyendo, que se te pueden congestionar las almorranas.

Una de las causas profundas de la pérdida de las colonias es la incapacidad española para mantener un comercio regular con las colonias, manifiesta muestra de la falta de rutas seguras con América. Por ello, las potencias europeas y EEUU, que como buenos buitres olfateadores de cadáveres, saben esto, deciden aprovechar el negocio. Los de las colonias, animalines, piensan que en ellos van a encontrar la salvación y la prosperidad -ay que me lol...-, y eso lleva a decir al bueno de Bolívar, que como libertador era la leche, pero como vidente dejaba mucho que desear, a decir lo siguiente en 1826:

"La alianza con Gran Bretaña es un victoria en política más grande que la de Ayacucho, y y si la realizamos, diga usted que nuestra dicha es eterna. Es incalculable la cadena de bienes que va a caer sobre Colombia si nos ligamos a la señora del Universo".

Vamos, que hizo un pleno.

Los hispanomaéricanos se fiaron en el poderío naval y comercial británico como la mejor prenda de su seguridad y estaban dispuestos a invitar a una mayor penetración británica, como dice Lynch, que no sería tolerada por sus sucesores. "Yo he vendido aquí (el Perú) las minas por dos millones y medio de pesos, y aún creo sacar mucho más de otros arbitrios y he indicado al gobierno del Perú que venda en Inglaterra todas sus minas, todas sus propiedades y tierra y todos los demás arbitrios del gobierno por su deuda nacional, que no baja de veinte millones", escribía Bolivar en 1825".

Si lo verían claro los rusos que la Revista Histórica de San Petersburgo anunció en su número de abril de 1815 que, cuando se liberasen de los españoles, las colonias pasarían a depender de las "necesidades indispensables" de las compras a ingleses y estadounidenses. Hasta el Zar se puso las botas a cosas de los hispanoamericanos, con la Compañía Ruso Americana, que desarrolló grandes esfuerzos para adueñarse de California -vamos, que el zar pilla el Victoria y se hace un imperio que lo flipa, anda que no era listo-. Hasta intentó hacerse con las Filipinas - :D - para hacer llegar una ruta comercial a través de Siberia hasta la India - si el zar lo dice, yo me lo creo. Rusia hasta intentó pillar cacho en Cuba, donde instaló un agente comercial en 1812. Ello llevaría, para contentar al zar, a que España decretara la libertad de comercio extranjero con Cuba.

Entonces llegó el golpe de Riego y la farsa se convirtió en coña marinera. Al momento se reconoció que los pobres hispanoamericanos habían estado sojuzgados por el absolutismo -anda, coña, como el resto de los subditos de su Jaxonda Majestad Borbónica- y que las cortes democráticas satisfarían sus demandas de libertad. Lástima que para entonces cualquier posibilidad de diálogo llegara tarde y las hostias eran ya inevitables. Eso por no hablar de los "ultras" de las colonias que odiaban a los "rojazos" de los liberales españoles y los querían mandar al peo por eso también. Vamos, un jolgorio de lo más variopinto. Unos que se quieren ir por estar oprimidos y otros por que no se oprime lo suficiente.

Huelga decir que esto tenía al ejército español de ultramar en un sinvivir, sin saber que cara poner y, lógicamente, optaron por repartir leña, lo que, a la larga, fue contraproducente, como ya sabemos. Mientras tanto, Francia, que tan partidaria era de la independencia de las colonias españolas, ponía cara de asco cuando Haití pedía lo mismo, y se liaría en un proceso burrobestia con la colonia antillana hasta 1825, y eso bajo presión internacional.

El cachondeo final llegó cuando las colonias se convirtieron en estado propio, con la bendición del presidente Monroe -si, el padre de Marilyn, excatamente. Y de Homer Simpson- y su famosa doctrina. Los indios, que habían hecho la revolución para dejar de ser extranjeros en su tierra, encontráronse siéndolo igualmente en las nuevas sociedad. Vamos, que hicieron bien el indio. Todo ello queda plasmado en la respuesta que dio un indio mexicano cuando le preguntaron quién quería que le representara en el congreso. Tras pensarselo un momento, y viendo el percal, contestó:

-El Espíritu Santo.

Y no faltaría el español que, tras ver como se quedaban las ex-colonias, mal repartidas, con los ricos de siempre jodiendo a los que se habían dejado la sangre en la independecia, y con los británicos e inglesese llevándose la plata, no faltaría, digo, el español que pensara, socarrón: "hala, a disfrutar de la independencia, mi amolllllllllllllllll....".
 
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Kurt_Steiner

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14. El deporte nacional por excelencia.

1. Ostias para todos.


Si en algo destaca España en su historia es por la ensalada de hostias que sus hijos han repartido dentro y fuera de sus fronteras. Con Fernando VII la cosa no fue muy diferente. En su favor queda decir que, si bien él mismo era un misterio encerrado en un interrogante, los que le rodeaban le iban a la zaga. Quiso empezar siendo simpático a todo quisque y para ello se puso la boina de demagógico mayor del reino y se sumó al lío castizo contra las ideas de su abuelo, Carlos III. No le daba la gana ser impopular y para ello optó por cargarse el sistema de Hacienda establecido por los constitucionales.

El problema de la Hacienda española de aquella época, por otra parte, era tan enigma que ni las mentes más preclaras le hubieran encontrado sentido. Por desgracia, Fernando VII no era Einstein ni los gilipollas que tenía a su alrededor destacaban por su coeficiente de inteligencia. Por no se vayan todavía, aún hay más.

¿Se acuerdan vuecencias del Barça-Madrid que acabó en los fuegos artificiales de 1714? Pues otros que no aprenden. Si Fernando no las tenía todas consigo, Catalunya y Castilla tampoco. La primera era tributariamente progresista y arancelariamente reaccionaria mientras que la segunda era tributariamente reaccionaria y arancelariamente era progresista. ¿Es o no es para darles de hostias? Los defensores del antiguo régimen mantienen lo que el siglo XVIII no logró eliminar y los progresistas se suben a lo practicado por Felipe V y propugnado por sus hijos.

Las formas y fracasos de Fernando fueron aumentando el numero de liberales en España, amén de sus ganas de hacer las cosas por las bravas, sobre todo entre los estamentos comerciales y militares, lo que explicará que, años después, los movimientos proletarios sean antiliberales. Aquí tenemos otra divertida paradoja del unos contra otros de la época fernandina: la burgesía no apoya al absolutismo y el pueblo no apoya al liberalismo.

El cabreo de los currantes se traducirá en los consabidos hostiamientos populares de toda la vida, que adoptan ahora ropajes modernos: asalto a las fábricas de Alcoy, en 1821, la conjura de Medialdúa en Málaga, los motines de Cádiz, Murcia, Cartagena y Valencia, ciudad donde los presidiarios alcanzan la calle y se asaltan las casas de los ricos. La sucesiva plaga de desgracias -epidemias, sequías, paro, hambre- pondrán en jaque al régimen constitucional y se multiplican los disturbios, que son reprimidos con vigor por el gobierno liberal, que, oh, paradojas de la vida, pierde el apoyo popular.

La crisis lleva a tomar medidas anticlericales, y la Igleisa, mosqueada, se cabrea, volviéndose, oh mísero de mí, infelice, en antiliberal. Los gobernantes se cabrean y les da por fusilar a los curas conspioradores de Mora de Ebro, por ejemplo, y los burgeses se empiezan a acojonar, olvidando sus simpatías iniciales hacia los liberales.

En Cataluña se amotinan los "ultras" realistas contra los liberales contra los "progres" del gobierno. Esta rebelión hubiera contado con la simpatía de Fernando VIII de no ser porque los "ultras" se hubieran puesto en contacto con Metternich. El propio rey estimuló la represión violenta del movimiento.

La restauración del absolutismo fue uno de los sueños húmedos del rey, que no paró en su empeño por consemguirlo, pidiendo ayuda a Francia, Prusia, Austria, Rusia e Inglaterra, hasta que el congreso de Verona aprobó la intervención, via los ya mencionados Cien Mil Hijos de San Luís.

Doce años después de la Sanluisiada les tocó corren a los frailes y a los monjes, que habían sido acusado de diversas cabronadas, como envenenar las aguas de Madrid y provocar la epidemia de cólera de 1834. Por esa época carlistas y liberales andaban a hostias, mientras el ala izquierda de los segundos desconfiaba del gobierno en general por ser demasiado tibio.

Para cerrar este breve repaso de los numerosos repartos de castañas españoles, citar el de motivo más jocoso. El día de Santiago de 1835, había toros en Barcelona. Fueron tan malos que el público se puso como una moto, tiró sillas y bancos al ruedo y acabaron matando los mismos aficionados al pobre animal, al que luego pasearon, atado de una cuerda, por las calles de la ciudad. De ahí se fueron al convento de San Francisco, y se dedicaron a prenderle fuego, amen de apuñalar a todo cura que se puso a tiro. Como le encontraron gusto a la cosa, comenzaron una gira turístico-incendiaria de las iglesias de la Ciudad Condal, arrasándo todo lo que pudieron hasta que llegaron las tropas del general Basa, que, acabaría siendo asesinado por la enfurecida turba.

La cosa se extendió, y se quemaron fábricas, como El Vapor, y diversos tiroteos, que se extendieron por toda Catalunya, Valencia, Cádiz, Sevilla y Badajoz, culminándo con la revuelta de Madrid en agosto.

El gobierno cayó, y sólo quedó un ministro de todo el gabinete: don Juan Álvarez Mendizabal.
 
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unmerged(46907)

Capitalista
Jul 29, 2005
18
0
Muy bueno.

Solo unos comentarios (y que conste que esto es válido solo para Venezuela).


A mi modo de ver el principal motivo del anhelo de independencia en las colonias americanas (por lo menos de los “mantuanos”) es político y no económico. Vamos que les importaba a ellos el comercio internacional y la balanza de pagos. En Venezuela no había grandes minas de oro o plata, tampoco una gran población que genere un desarrollo comercial. 4 gatos con un potencial de comercio bien reducido. Las 15 o 16 principales familias de la capitanía general de Venezuela, tenían como deporte leer el libro de afrentas de los así llamados “blancos penisulares”, artos de que cada cierto tiempo llegara de la metrópoli un capitán general o Obispo con todo su bagaje a mirarlos y tratarlos como personas de segunda (vamos que ellos tenían todo el poder económico o así lo creían), artos de pagar a 4 o 5 veces el valor de los productos legales, mira que el holandés que calaba en bahía de cata lo ponía más barato y te pagaba el cacao a mejor precio. Consciente de que durante 4 o 5 generaciones ellos solitos habían defendido la capitanía. Cuantos títulos que ellos creían merecidos les habían sido negados; Cuánto dinero había sido invertido en tratar de comprarlos y se había perdido. Cuantas afrentas en los viajes a la metrópoli (hay una anécdota de que a bolívar lo obligaron a quitarse la capa y las joyas en la calle, por no tener los títulos de noblezas necesarios para usarlos….. mas si el dinero para comprarlos). Nada, claro que gritaron independencia!!


Otro asunto es lo de los indios, negros y pardos. A ellos nadie les pregunto. Y si pusieron la mayor parte de los muertos en la guerra; y no ganaron nada o casi nada (la única ventaja que creo que tuvieron es que ambos bandos prometieron la libertad a todo aquel esclavo que luchara de su lado). Manuel piar fue juzgado por el delito de ser un pardo que reto en la comandancia a bolívar. Pero a mi modo de ver ellos terminaron la guerra igual de j…… pero desde cuando los soldados ganan algo en las guerra? (sino pregúntale a un GI que allá peleado en Irak, si tenia acciones de la Halliburton)

Saludos.

PD: una lástima lo de la disolución de la gran Colombia, pero igual después de tanta sangre no le pidas a los mantuanos que acepten que el poder este en Bogotá y no en caracas. Falta de visión.

Edit: corrijo el termino blancos de orilla por blancos peninsulares.
 
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Kurt_Steiner

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2. Hambre para todos.


¿En que podía fallar la amortización de Mendizabal? En lo principal, obviamente.

Pero vayamos por partes. Mendizabal es responsable una serie de acciones muy positivas para el Estado -la ordenación, en lo posible, de la Deuda, la ampliación de la miksma y la organización del ministerio, redoblando su caracter ejecutivo y burocratizando sus tareas en pro de su creciente tecnificación. Inventó, también, un impuesto militar que permitía librarse de luchar en la guerra civil, dependiendo de la situación económica.

El propósito de la amortización ya se venía persiguiendo desde hacía tiempo. No era nuevo lo de desamortizar -ya venía de los tiempos de Carlos III. Ya en 1798 se había puesto a la venta fincas de nobles y jesuitas, en otras acciones. Lo de 1836 que nacionalizó las fincas y derechos e las comunidades y entidades religiosas. La idea era crear el campensino autónomo, y el resultado fue intensificar el latifundismo hasta extremos peligrosos para el bienestar social. Resultado de esta desamortización es la actual estructura de la propiedad agraria y la destrucción de buena parte del patrimonio forestal. En fin, que el tiro salió, como de costumbre, por la culata.
 

Kurt_Steiner

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3. Aburrimiento para todos.


Se dice que la política española del siglo XIX fue estable, continuista y quieta. Una mierda, señores, una mierda. Fue monótona e inmovilista.

Todo debemos agradecerselo al caciquismo que dominó la maquinaria parlamentaria y que envenenó el ámbito social y económico. Tendremos, pues, un grupo o élite que con la etiqueta conservadora o liberal, dependiendo de lo que les interese aparentar, permanecerá en el ejercício del poder, controlando las palancas del Estado y la administración a su antojo, con un sistema de partidos que fabricaba en serie a los diputados y generaba un tráfico de influencias, en los que los cargos se intercambiaban como en un mercadillo.

Un crónica parlamentaria de diciembre de 1916 a cargo de Fernández Flores es perfectamente aplicable, también, al siglo anterior: "Interviene luego un sobrino del señor Alba, y tercia un hijo del señor Urzaiz. Entra en el hemiclo el señor Álvarez, pasante del bufete del señor García Prieto; el dialogo se entabla luego entre los hijos de los señores Rodrigáñez y Navarro Reverter con el cuñado del señor Burrell". En resumen, que había mucho hijo suelto. Mucho hijo de...

Los sucesivos gobiernos duran, más o menos, según los intereses de los mismos grupos sociales, las mismas profesiones o famílias. Así, de 1823 a 1936 tuvimos los siguiente presidentes: Sagasta, siete, de 1871 a 1902, sumando catorce años en total de oficio; Cánova, seis, de 1874 a 1897, doce años, siete meses y veinte días; Maura, cinco, de 1903 a 1922, siete años, dos meses y doce días; Naváez, siete años y veintrés días; Primo de Rivera, seis años, cuatro meses y quince días en su única etapa de 1923 a 1930; O'Donnell, tres, de 1856 a 1866, cinco años, once meses y once días; Manuel González Salmón, de 1826 a 1832, cuatro años, cuatro meses y veinte días; Dato pasa de los tres años en tres periodos. Canalejas, dos años, nueve meses y dos días; Romanones, tres veces, dos años, siete meses y cuatro días; García Prieto, cinco veces, dos años, dos meses y diez días; Azaña, dos años, dos meses y veinte días. Silvela y Cea Bermúdez sumaron dos años cada uno, Bravo Murillo un año y once meses; Prim, un año y medio; Lerroux, un año, cinco meses y veinte días.

En resumen, que por debajo de la superfície, todo sigue con la inmutabilidad que confiere el morro de unos cuantos que maneja a un puñado de políticos, dependiendo de unos hechos socieconómicos que ni cambian ni desean cambiar.

Veamos como se aplica este inmovilidad a la política exterior. Diversas definiciones del estado de la política internacional española en diversas etapas y diversos gobiernos:

1850: "Continúan las relaciones en el mismo pie de buena correspondencia y amistad". Joder, me parece que estoy leyendo a Moratinos...

1860: "Mis relaciones con las demás potencias continúan siendo amistosas". Coño, dónde he leído esto antes...

1869: "No se han alterado en lo más mínimo nuestras buenas relaciones de amistad y alanza con las potencias civilizadas del mundo". A saber como irán con las no civilizadas...

1898: "La causa de España merece universales simpatías" y eso mientras EEUU nos enculaba vilmente.

1899: "Nuestras relacioens con las demás potencias son hoy por todo extremo cordiales y amistosas".

Tengo un dejà vú...

Sedada, España va bien.