Con semejante título, el lector se hará cargo que esto no va a ser especialmente serio, ni riguroso. Para eso están los especialistas.
1. Una de Romanos
a) De aquellas hostias nos vinieron estos guantazos.
En cierto modo, el español moderno se parece bastante a su antepasado romano. Si es que lo tuvo, porque, según algunos especialistas en la materia, en la Península ha vivido siempre la misma población -acojona pensar que la Duquesa de Alba, doña Caye, anda suelta desde el neolítico, desde luego- gobernada ora por unos, ora por otros, dividida ahora en unas zonas y luego en otras, adscritas a religiones, banderas, herejías, etc, pero básicamente siempre la misma y con el mismo bigote. Hasta ahora, me digo, que hemos llegado a la época de la globalización.
¿Qué se encontraron los romanos cuando llegaron a la Península? La cultura ibérica andaba en crisis desde la llegada de los celtas, abanderados de la cultura de la Edad de Hierro. La palabra celta, por cierto, es una manera de hablar, pues aquello era un puteferio de pueblos varios indoeuropeos. Así estaban las tribus, cada una en su casa y tortas entre todos, como buenos españoles ¡que coño!, aliándose y desuníendose con facilidad por razones mil, lo que demuestra grandes dosis de sociabilidad, salero político, rudeza y mucha mala leche.
Así, en este popourri en el que se instalan, más o menos, griegos y cartaginenses, llegan los romanos, a tortas con los segundos por culpa de los primeros por la cuestión siciliana. En medio de las tiranteces e intercambios de tortas varias encontróse la singular ciudad griega de Sagunto. Como de costumbre con los españoles, andaba la ciudad metida hasta el cuello en política, unos pro-romanos y otros pro-cartaginenses. Al final los proromanos ganaron el predomínio y se pusieron a sacarle la lengua a Aníbal. El Senado romano le envió un aviso de "no me los toques, que te casco", y los cartaginenses replicaron que Sagunto estaba por debajo del Ebro y por ende, en su zona. Así que iros a lamer la pija a otra parte, shurmanos.
En fin, que se liaron a tortas por Sagunto, que aguantó a Anibal por un año hasta que el cartaginés les dio pa'l pelo, mientras en Roma, heroicos ellos, se dedicaban a soltar discursos para la posteridad para dar dar tema a sus historiadores de manera que se pudiera reescribir la historia adecuadamente, y que España usaría para incirporar al catálogo heróico su primera gloria nacional, que, al final, no fue para tanto.
Nos saltaremos los intercambios de hostias que luego vinieron y la visita amable de Cneo Escipión por estos lares, por estar disponibles en numerosos libros y tratados y, hasta si me apura el lector, en la wikipedia (1). La cuestión es que, tras estas toñas, los romanos se quedaron y civilizaron España, lo que equivale a decir enculamiento y expolio de los civilizados, con gran cabreo de estos, como en toda la historia de civilización que se precie. Pero eso, señores, será en el próximo capítulo.
(1) Ay que me lol, que jaxondo soy.:rofl:
1. Una de Romanos
a) De aquellas hostias nos vinieron estos guantazos.
En cierto modo, el español moderno se parece bastante a su antepasado romano. Si es que lo tuvo, porque, según algunos especialistas en la materia, en la Península ha vivido siempre la misma población -acojona pensar que la Duquesa de Alba, doña Caye, anda suelta desde el neolítico, desde luego- gobernada ora por unos, ora por otros, dividida ahora en unas zonas y luego en otras, adscritas a religiones, banderas, herejías, etc, pero básicamente siempre la misma y con el mismo bigote. Hasta ahora, me digo, que hemos llegado a la época de la globalización.
¿Qué se encontraron los romanos cuando llegaron a la Península? La cultura ibérica andaba en crisis desde la llegada de los celtas, abanderados de la cultura de la Edad de Hierro. La palabra celta, por cierto, es una manera de hablar, pues aquello era un puteferio de pueblos varios indoeuropeos. Así estaban las tribus, cada una en su casa y tortas entre todos, como buenos españoles ¡que coño!, aliándose y desuníendose con facilidad por razones mil, lo que demuestra grandes dosis de sociabilidad, salero político, rudeza y mucha mala leche.
Así, en este popourri en el que se instalan, más o menos, griegos y cartaginenses, llegan los romanos, a tortas con los segundos por culpa de los primeros por la cuestión siciliana. En medio de las tiranteces e intercambios de tortas varias encontróse la singular ciudad griega de Sagunto. Como de costumbre con los españoles, andaba la ciudad metida hasta el cuello en política, unos pro-romanos y otros pro-cartaginenses. Al final los proromanos ganaron el predomínio y se pusieron a sacarle la lengua a Aníbal. El Senado romano le envió un aviso de "no me los toques, que te casco", y los cartaginenses replicaron que Sagunto estaba por debajo del Ebro y por ende, en su zona. Así que iros a lamer la pija a otra parte, shurmanos.
En fin, que se liaron a tortas por Sagunto, que aguantó a Anibal por un año hasta que el cartaginés les dio pa'l pelo, mientras en Roma, heroicos ellos, se dedicaban a soltar discursos para la posteridad para dar dar tema a sus historiadores de manera que se pudiera reescribir la historia adecuadamente, y que España usaría para incirporar al catálogo heróico su primera gloria nacional, que, al final, no fue para tanto.
Nos saltaremos los intercambios de hostias que luego vinieron y la visita amable de Cneo Escipión por estos lares, por estar disponibles en numerosos libros y tratados y, hasta si me apura el lector, en la wikipedia (1). La cuestión es que, tras estas toñas, los romanos se quedaron y civilizaron España, lo que equivale a decir enculamiento y expolio de los civilizados, con gran cabreo de estos, como en toda la historia de civilización que se precie. Pero eso, señores, será en el próximo capítulo.
(1) Ay que me lol, que jaxondo soy.:rofl: