Capítulo Primero:
Dos países y una misma dinastía: Prusia e Inglaterra a partir de un piñón
La Guerra de Sucesión Holandesa (V).
A pesar de todos los pesares, Prusia e Inglaterra tenían un propósito claro (quitar a Francia cualquier posiblidad de convertirse en una potencia a tener en cuenta en Europa o fuera de ella), un propósito común (hacerlo los dos a la vez) pero muy pocas ideas sobre cómo hacerlo.
Por eso tuvo que ser Austria las que les diera motivos para tener ideas. La ocupación gala de Saboya era una espina en el costado vienés. Por ello, ni cortos ni perezosos lanzaron al principe Eugenio a por la garganta francesa. Vendome, que sabía de la fama del austríaco, se dedicó por el momento a esquivarle como buenamente pudo mientras le llegaban refuerzos. Aún así se llevó dos soberanos trastazos en las batallas de Bonanella y Bersello (marzo y abril de 1703).
Tuvo que ser Max Emanuel II, el Elector de Baviera, el que diera algo de aire a París. El bávaro, sin pensar demasiado en las consecuencias, se lanzó al socorro de su aliado. Había tomado, en septiembre de 1702, Ulm, y luego se puso en marcha, junto a un ejército francés mandado por Claude-Louis-Hector de Villars, hacia Baden-Baden. En Friedlingen le propinaron una soberana tunda a Ludwig Wilhelm, Margrave de Baden-Baden, de tal modo que éste estuvo a punto de capitular.
Por suerte, Malborough encontró por fin su ejército y, tras desembarcar en el norte de Francia, se puso camino de París via Alsacia (1), pero la llegada del invierno detuvo a tirios y troyanos y no fue hasta marzo de 1703 cuando Malborough comenzó a repartir estopa de nuevo, tomando Bonn en junio.
Aquí comenzó a morir de éxito, porque Villars, en conjunción con Max Emmanuel, le prestaron toda su atención, y el británico vio como su ejército combinado se ponía en marcha en busca de sus bebedores de té. Digamos, educadamente, que a Malborough se le pusieron de corbata. Fue entonces cuando Prusia tuvo a bien mover el culo y enviar a su ejército al campo de la lucha.
En Höchstädt se encontraron 20.000 prusianos con 35.000 franco-bávaros. Nadie se cubrió de gloria ese día, pero, por pura casualidad, los prusianos perdieron la mitad de tropas que sus enemigos (4.000 vs 8.000) y quedaron menos desorganizados que sus rivales que, ya fuera porque se temían que Malborough iba a llegar con refuerzos o que los prusianos eran más de los que eran, optaron por retirarse todo el camino por el que habían avanzado.
Infantería prusiana al ataque.
Villars, que culpaba a su aliado bávaro, fue reemplazado en el mando de las tropas por Camille d'Hostun, duque de Tallard, que, al saber el mando que le había tocado en suerte, le comentó a su esposa:
-Querida... ¿no querías tener patos en casa? Pues tranquila, que cuando vuelva de la guerra tendrás uno... porque seguro que me van a hacer en el culo un abrevadero para gansos estos **** ingleses.
A estas alturas, cuando las cosas se ponían algo negras para los franceses, Saboya cambió de bando y se unió a los galos y Portugal se unió a los británicos. España, por su parte, seguía neutral y en Holanda se preguntaban si alguna vez la guerra se iba a acordar de ellos.
Camille d'Hostun, duque de Tallard, que acabaría, en este AAR, fundando una famosa marca de paté de fois.
Entonces fue cuando la guerra se convirtió en un despropósito. Mientras Tallard empezaba a reagrupar sus tropas para marchar otra vez sobre Viena, Max de Baviera se fue a invadir el Tirol por su cuenta. Malborough, que lo veía todo de lejos con una sonrisa de incredula sorpresa, le envió el siguiente mensaje a su homólogo prusiano:
-Pa mí el tonto, pa tí el capullo, verstanden, cachen Kraut?
La escueta respuesta del germano ("Jraul, Manbrú, tolmundopalanten"), dio comienzo a la campaña más insólita de todas las habidas en la historia (2), dejando el año de 1704 memorablemente emplazado en la memoria de los shurmanos paradoxeros.
(1) No, no se me jorobó el GPS. En realidad mi idea era que el bávaro se diera por aludido y dejara de marchar sobre Viena.
(2) Sospecho que, por lo que he de contar, la IA se dio cuenta de la capullada de campaña que había tenido y se inmoló petóndome el save para impedir que la enculara de manera tan cruel.