Capítulo Cuarto:
Intrigas postrevolucionarias que causan más revoluciones
7. Tierra y Sangre
America del Norte: (1800-1820)
La República de Louisiana murió con el fracaso de las revoluciones. Derrotada y repartida entre los dominios británicos, la república desapareció, pero no su legado. Los británicos vieron aumentados sus territorios y se hizo cargo de una población, en principio, problemática. Los derrotados revolucionarios eran mal vistos por Londres, que comenzó a animarles para que emigraran a la América española republicana.
El primero en marchar fue Philippe Bardet, el único primer ministro de la desaparecida nación. Sin embargo, la emigración apenas resultó notable. Los antiguos revolucionarios parecían haberse pacificado y calmado.
Mientras tanto, las colonias del sur empezaban a organizarse. Mientras que las colonias originales (Virginia, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Georgia y Florida -ésta a partir de 1811-) se iban convirtiendo en "estados" dentro de la Commonwealth del sur, los nuevos territorios adquiridos tendrían que ganarse este derecho. Cada "estado" tenía su propio gobierno, que elegían a su vez a sus representates en el Senado de Charleston, donde participaban en las cuestiones de gobierno con los representantes de la Corona y el Gobernador General.
El Dominio de Nueva Ingalterra funcionaba de una manera similar y era más rico y poderoso que sus vecinos tras incorporarse el valle del Ohio y Maryland. Su parlamento, en New York, pronto comenzó a ganar confianza y seguridad a través de las elecciones que se celebraban cada cinco, teniendo lugar la primera de ellas en 1776. A partir de 1800 se formaron dos grandes partidos: los federalistas y los whigs. Los whigs eran partidarios de un estado único ligado con Gran Bretaña y encontraban su apoyo en los granjeros y, sobre todo, en zonas como Pennsylvania y Ohio. Los federalistas eran partidarios de un gobierno central, una política exterior propia y querían una marina propia que no dependiera de la Royal Navy. Su base de poder se encontraba en Massachusetts y las provincias del noreste. En 1801 lograron ganar la mayoría de los escaños de los representante provinciales en el Parlamento, lo que conduciría a largas discusiones con los representantes de la corona que se acabarían plasmando en la Constitutional Act (1805) y la Navy Act (1808). La primera quitaba poder a los parlamentos provinciales y se lo daba al gobierno central (lo que ya le gustaba al gobernador general) y creaba el cargo del primer ministro, una especie de "gobernador" local (lo que hizo poca gracia en Londres). Este primer ministro sería el lider del partido mayoritario en el parlamento (descontados los parlamentarios designados por la corona), y en 1805 el primer Primer ministro fue el diputado federalista de New York, Alexander Hamilton, un ferviente partidario de convertir a New England en el principal poder de America del Norte, sin romper, sin embargo, con Gran Bretaña y sin deseo alguno de convertir al Dominio en una nación independiente (una idea que empezaba a ganar terreno en estos años).
Hamilton, que fue primer ministro hasta 1816, trabó gran amistad con dos primer ministros británicos durante su mandato (William Pitt el Joven y el conde de Liverpool), además de tener una considerable correspondencia con el rey Jorge IV, al que hospedó en su casa en la histórica visita del monarca de los Dominios americanos de 1812.
La Navy Act (1808) creó la marina de Nueva Inglaterra, una concesión arrancada de mal grado al gobierno de Londres pero recibida con placer por el rey. El primer barco botado fue el HMDS (His Majesty's Dominion's Ship, el barco de Su Majestad y de los Dominios) Emergence, botado en 1810 y armado con 100 cañones. Para 1820 la marina de Nueva Inglaterra era la más poderosa de America, para gran placer de Westminster, que podía concentrar fuerza y presupuestos en otras zonas, como en las guerras contra los piratas del Norte de África (1807-1810), en la que ambos dominios americanos apoyaron al Reino Unido.
Esta guerra victoriosa marcó un cambio en las relaciones entre Londres y sus dominios, pues Westminster comenzó a ver a estos dos como potencias militares y valiosos aliados en lugar de meras colonias.
Mientras, el Canadá francés seguía creciendo, como el resto de america. Hacia 1820 Canadá francés tenía una población cercana a los 800.000 habitantes, mientras que las colonias inglesas cercanas estaban algo más despobladas (apenas 250.000 habitantes).