Un cordial saludo,
Les envío la presente nueva en función a la guerra que se ha librado en Portugal. Es probable que muchas de sus ilustres majestades no hayanse percatado del conflicto, pero les aseguro que sus consecuencias son vitales para toda la cristiandad.
El crapuloso señor de Inglaterra ha osado atacar de forma injustificada a mi honrada y pacifica nación. Nosotros, que vivimos del duro trabajo que da el comercio, nos hemos visto vapuleados por esta guerra ¡No hay perdón para los que no tienen honor! Sus naves irrumpieron frente a nuestros honrados comerciantes como si del juicio final se tratase, pues la mente de su rey está controlada por lucifer. Los supervivientes cuentan que al terminar las batallas olía a azufre.
Sin lidiar palabra, nueva ni mensaje, sin enviar diplomático o ni siquiera sin tener causa de guerra, tomó Maderia y las Azores. Además, exigió en una cuantiosa paz el archipiélago, la isla y Tánger. Jamás habise visto tal ostentosa paz, desproporcional a los resultados de la batalla.
No tenemos palabras ante tal infamia. Reclamo a sus majestades que se unan ante el, de ahora en adelante, el “SINHONOR”, por está cruel afrenta.
Además, ha osado tomar Tanger. Mi ilusa esposa pensó que su intención es continuar la cruzada que Castilla y Portugal iniciaron contra el infiel. Pero esta desconocen los tratos secretos y las alianzas que vinculan con el sinhonor y los enrejes. Ya nada me sorprende.
Además, su judío aliado, el Duque Leox, hace pactos con el infiel mediante el cual le ha vendido Ifni. Nunca antes habiase visto una venta de una provincia como si de un mercado se tratase. Además, ¡con el infiel! Me arrodillo ante su santidad, el papa MaguaFaka I, para que excumulge al duque de Holanda. Que todos sus vecinos del imperio entiendan QUIEN hace tratos con el infiel y con QUIEN no han de aliarse.
Así pues, y continuando con el relato de la guerra. Mi regente, el Duque Espisao, ante tal mandad y asombro de una nación católica, le entró el pánico y asesorado por su ilustrisima majestad, el rey de Castilla, decidió claudicar a los pocos meses de comenzar la contienda. Sepan sus majestades, que de ahora en adelante, no cederé un trozo de tierra ante el sinohonor hasta que se tomen provincias similares al warscore. Y sepan sus majestades, que la razón de que el sinhonor declarase la guerra este mismo año es porque sabía que YO no estaba comandando guerra. Miedo, eso es lo que tiene.
También han de saber sus ilustrisimas que convencí al Marroquí de un tratado mediante el cual pretendía convertir Tanger a la única fé verdadera. Inglaterra ha tomado esa provincia y espero que el sinhonor haga lo que se ha de hacer. Sin embargo, el trato también explicaba que la nación de Portugal no tomaría Ceuta y que Marruecos no tomaría Tanger. Yo respeto mi palabra. Por mi honor la cumpliré pues nunca rompo mis pactos, aunque como, en este caso, no me beneficie. Creo en la honradez del infiel al firmar el tratado y en su honor.
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