Bien, lo prometido es deuda. Ahora que ya he entregado los trabajos de fin de curso y sólo tengo que estudiar para exámenes, tengo tiempo para este pequeño monográfico como el de la Opera de Sydney. Espero que os guste.
Ningún arquitecto te dirá que su favorito es Wright. Eso sería absurdo; como si un cura te dijese que Dios es su Creador favorito. Wright cogió la arquitectura tal como se la conocía y cambió las reglas del juego. Después de él, nada volvió a ser igual. Puede que Le Corbusier, Mies Van der Rohe y la Bauhaus fuesen más influyentes; pero ellos no hubieran podido hacer lo que hicieron si antes este americano de Wisconsin convencido de que tenía que llegar a ser un genio no hubiera pasado su juventud subvirtiendo e ignorando todo lo que se consideraba tradición arquitectónica. Wright cogió la arquitectura, que había llegado a unos extremos de estancamiento y degeneración sin precedentes, y la convirtió de nuevo en lo que nunca debió dejar de ser: un servicio a sus usuarios. Hizo que los edificios volviesen a estar enraizados en el lugar, en vez de limitarse a copiar modelos clásicos. Hizo que la decoración formase parte integral del edificio en lugar de ser un añadido. Utilizó los materiales de la era industrial para construir edificios que parecían surgir del suelo en vez de estar apoyados sobre él. Si para ello tuvo que tirar 2500 años de tradición arquitectónica, no le importó. En realidad, a Frank Lloyd Wright sólo le importaban dos cosas: ser Frank Lloyd Wright, y hacer edificios, a su manera y sólo a su manera. Tuvo una vida tan larga que su obra abarca casi tres cuartos de siglo. Fue una vida digna de un culebrón, con escándalos, adulterio, asesinatos, incendios y juicios. Era bajito, ególatra y vivía perpetuamente endeudado. Amó a un montón de mujeres -a ninguna tanto como a sí mismo. Se arruinó varias veces, lo perdió todo muchas más veces, pero le dio igual- Era Frank Lloyd Wright, y eso era más que suficiente para él. Siempre habló en un tono mesiánico y grandilocuente, como un Dios condescendiente dirigiéndose a la plebe. Y tenía razón.
La vida de Wright es tan larga y prolífica que parece imposible que una sola persona pudiera haber hecho y vivido tanto. Wright nació en una América que acababa de salir de la Guerra de Secesión y murió en una América que empezaba a meterse en el avispero de Vietnam. En esos 92 años que median entre 1867 y 1959, América y el mundo cambiaron más que en todos los siglos anteriores. Wright jugó un papel importante en esos cambios, al menos desde el punto de vista estético.
Primero, veamos la situación de la arquitectura a finales del XIX. Es posiblemente el punto más bajo de la historia de la arquitectura. Mientras los ingenieros cambian la faz del mundo con ferrocarriles, fábricas e invernaderos, los arquitectos y los que les contratan se niegan a admitir que esos cambios estén ocurriendo y se limitan a copiar estilos pasados. Este fenómeno es aún peor en América, una nación joven e insegura que mira envidiosa los siglos de tradición europea. En América, construir en estilo clásico o neogótico, o lo que esté de moda, es una forma de decir "eh, mirad, no somos unos gañanes de las colonias, también podemos ser intelectuales y respetables". Wright cambia todo esto. Su arquitectura no debe nada a ninguna tradición europea. Si debe algo a alguien, la extrema arrogancia de Wright se encargó de ocultarlo. No, la arquitectura de Wright es total y absolutamente nueva y original. Él mismo decía que era una "arquitectura de la democracia", una arquitectura americana para el hombre medio, que no debiera nada a ninguna tradición anterior.
La exposición Colombina de Chicago, 1893. Cosa más fea.El principal documento para la vida de Frank Lloyd Wright es su autobiografía, escrita entre 1926 y 1943. Se dice que el editor rechazó el manuscrito debido a que estaba lleno de incoherencias, palabras inventadas y frases que destrozaban la sintaxis. Es verdad. Yo lo he leído y la prosa de Wright es una tortura. No sólo eso, sino que además, y de acuerdo con la personalidad egocéntrica y arrogante de Wright, las dos ediciones de la autobiografía están llenas de contradicciones, incoherencias, tergiversaciones o, directamente, mentiras. Por ejemplo, durante mucho tiempo no se tuvo por seguro que Wright hubiera nacido en 1867. Él mismo decía que había nacido en 1871, sacándose años por pura coquetería.
Hoy sabemos que Wright nació en la aldea de Richland Center, Wisconsin, el 8 de Junio de 1867, hijo de una familia de emigrantes galeses. En su autobiografía Wright nos cuenta -en tercera persona, para ser más amo- una infancia feliz, en una bonita casa en medio de la pradera. Su padre era un predicador baptista que tocaba el violín, y su madre, viendo el temprano talento de su genial hijo, le hizo acondicionar una sala de juegos decorada con grabados de catedrales inglesas. Mentira. Todo mentira. La infancia de Wright fue miserable, en una casucha de sólo dos habitaciones cuando no acompañaba a su padre predicador en sus tours por el Medio Oeste. En 1885 su padre abandonó a la familia. Frank no volvería a verlo. Su madre era una loca que ya durante el embarazo estaba convencida de que llevaba en su vientre a un genio. Desde el nacimiento de Wright, se dedicó a él de forma obsesiva, convenciéndolo de que estaba destinado a cambiar el mundo y hacer grandes cosas. Sin duda, de aquí viene la personalidad, digamos, peculiar, de Wright.
En 1885 Wright ingresa en la universidad de Madison para estudiar ingeniería. Al año siguiente, ayuda en la construcción de una capilla para su tío, también predicador. Pero el ambiente provinciano de Wisconsin le sabe a poco. Wright sabe que la única manera de triunfar es yendo a la gran ciudad. Y así, sin acabar sus estudios (nunca los acabará), Wright llega a Chicago a principios de 1887.
En este punto de la autobiografía, la narración en tercera persona se corta, y Wright comienza a narrar en primera persona: "A partir de este momento, ya no soy El Niño. Ahora, seré yo, sin máscaras".
FRANK LLOYD WRIGHT
No pretendo llegar a ser el mejor arquitecto que haya existido hasta ahora.
Pretendo ser el mayor arquitecto que exista jamás. - Frank Lloyd Wright.
Pretendo ser el mayor arquitecto que exista jamás. - Frank Lloyd Wright.
Ningún arquitecto te dirá que su favorito es Wright. Eso sería absurdo; como si un cura te dijese que Dios es su Creador favorito. Wright cogió la arquitectura tal como se la conocía y cambió las reglas del juego. Después de él, nada volvió a ser igual. Puede que Le Corbusier, Mies Van der Rohe y la Bauhaus fuesen más influyentes; pero ellos no hubieran podido hacer lo que hicieron si antes este americano de Wisconsin convencido de que tenía que llegar a ser un genio no hubiera pasado su juventud subvirtiendo e ignorando todo lo que se consideraba tradición arquitectónica. Wright cogió la arquitectura, que había llegado a unos extremos de estancamiento y degeneración sin precedentes, y la convirtió de nuevo en lo que nunca debió dejar de ser: un servicio a sus usuarios. Hizo que los edificios volviesen a estar enraizados en el lugar, en vez de limitarse a copiar modelos clásicos. Hizo que la decoración formase parte integral del edificio en lugar de ser un añadido. Utilizó los materiales de la era industrial para construir edificios que parecían surgir del suelo en vez de estar apoyados sobre él. Si para ello tuvo que tirar 2500 años de tradición arquitectónica, no le importó. En realidad, a Frank Lloyd Wright sólo le importaban dos cosas: ser Frank Lloyd Wright, y hacer edificios, a su manera y sólo a su manera. Tuvo una vida tan larga que su obra abarca casi tres cuartos de siglo. Fue una vida digna de un culebrón, con escándalos, adulterio, asesinatos, incendios y juicios. Era bajito, ególatra y vivía perpetuamente endeudado. Amó a un montón de mujeres -a ninguna tanto como a sí mismo. Se arruinó varias veces, lo perdió todo muchas más veces, pero le dio igual- Era Frank Lloyd Wright, y eso era más que suficiente para él. Siempre habló en un tono mesiánico y grandilocuente, como un Dios condescendiente dirigiéndose a la plebe. Y tenía razón.
INFANCIA Y CONTEXTO HISTÓRICO
La vida de Wright es tan larga y prolífica que parece imposible que una sola persona pudiera haber hecho y vivido tanto. Wright nació en una América que acababa de salir de la Guerra de Secesión y murió en una América que empezaba a meterse en el avispero de Vietnam. En esos 92 años que median entre 1867 y 1959, América y el mundo cambiaron más que en todos los siglos anteriores. Wright jugó un papel importante en esos cambios, al menos desde el punto de vista estético.
Primero, veamos la situación de la arquitectura a finales del XIX. Es posiblemente el punto más bajo de la historia de la arquitectura. Mientras los ingenieros cambian la faz del mundo con ferrocarriles, fábricas e invernaderos, los arquitectos y los que les contratan se niegan a admitir que esos cambios estén ocurriendo y se limitan a copiar estilos pasados. Este fenómeno es aún peor en América, una nación joven e insegura que mira envidiosa los siglos de tradición europea. En América, construir en estilo clásico o neogótico, o lo que esté de moda, es una forma de decir "eh, mirad, no somos unos gañanes de las colonias, también podemos ser intelectuales y respetables". Wright cambia todo esto. Su arquitectura no debe nada a ninguna tradición europea. Si debe algo a alguien, la extrema arrogancia de Wright se encargó de ocultarlo. No, la arquitectura de Wright es total y absolutamente nueva y original. Él mismo decía que era una "arquitectura de la democracia", una arquitectura americana para el hombre medio, que no debiera nada a ninguna tradición anterior.
La exposición Colombina de Chicago, 1893. Cosa más fea.
Hoy sabemos que Wright nació en la aldea de Richland Center, Wisconsin, el 8 de Junio de 1867, hijo de una familia de emigrantes galeses. En su autobiografía Wright nos cuenta -en tercera persona, para ser más amo- una infancia feliz, en una bonita casa en medio de la pradera. Su padre era un predicador baptista que tocaba el violín, y su madre, viendo el temprano talento de su genial hijo, le hizo acondicionar una sala de juegos decorada con grabados de catedrales inglesas. Mentira. Todo mentira. La infancia de Wright fue miserable, en una casucha de sólo dos habitaciones cuando no acompañaba a su padre predicador en sus tours por el Medio Oeste. En 1885 su padre abandonó a la familia. Frank no volvería a verlo. Su madre era una loca que ya durante el embarazo estaba convencida de que llevaba en su vientre a un genio. Desde el nacimiento de Wright, se dedicó a él de forma obsesiva, convenciéndolo de que estaba destinado a cambiar el mundo y hacer grandes cosas. Sin duda, de aquí viene la personalidad, digamos, peculiar, de Wright.
En 1885 Wright ingresa en la universidad de Madison para estudiar ingeniería. Al año siguiente, ayuda en la construcción de una capilla para su tío, también predicador. Pero el ambiente provinciano de Wisconsin le sabe a poco. Wright sabe que la única manera de triunfar es yendo a la gran ciudad. Y así, sin acabar sus estudios (nunca los acabará), Wright llega a Chicago a principios de 1887.
En este punto de la autobiografía, la narración en tercera persona se corta, y Wright comienza a narrar en primera persona: "A partir de este momento, ya no soy El Niño. Ahora, seré yo, sin máscaras".
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