Pues mira, hablando de economía...
4. Corporativismo económico
El movimiento nacionalsindicalista tiene, sobre este particular,dos momentos diferentes que vamos a analizar. El jonsismo de «La Conquista del Estado» y el de las primeras JONS, defiende abiertamente un sindicalismo de Estado, una estatificación de la vida económica y social, de naturaleza corporativa al uso fascista. Esto es innegable. Y las influencias en él de Bakunin, Proudhon, Sorel, Hegel, etc, son evidentes. La sindicación de las fuerzas económicas será obligatoria y estaría subordinada a los fines del Estado. El Estado garantizaría en todo momento la producción. Es un sindicalismo que consideraría a los grupos sindicales y económicos como estructuras propias del Estado. Su finalidad sería la de eliminar los elementos conflictivos y la lucha de clases. Se caracterizaría por la subordinación absoluta de las corporaciones al Estado. A este respecto, es significativo el perfil legal que presentarían. Las corporaciones devendrían en una emanación del Estado.
José Antonio introduce en este pensamiento la doctrina tradicional, cristiana, la exaltación del valor espiritual y social del trabajo en la sociedad, y la idea de la igualdad de oportunidades. Frena su revolucionarismo, acercándose a la del sindicalismo reformista y a las del socialismo democrático: es necesario superar el capitalismo, que se consideraba agónico, a través de una progresiva reforma social no violenta. Pasada la Segunda Guerra Mundial, el sindicalismo no revolucionario y el socialismo democrático aceptarían plenamente las reglas del juego del sistema capitalista, que como es obvio, no feneció (sindicalismo pragmático). ¿Hubiera evolucionado Primo de la misma manera?
Primo critica el sindicalismo de Derecho público de la Italia fascista. Lo califica de inútil, de tener un efecto "capitalista retardatario", al ser el fascismo "una experiencia que no ha llegado a cuajar". Para pasar después a defender una economía mixta en donde coexistan diversas formas de propiedad: "en esta concepción político-histórico-moral con que nosotros contemplamos el mundo, tenemos implícita la solución económica; desmontaremos el aparato económico de la propiedad capitalista que absorbe todos los beneficios, para sustituirlo por la propiedad individual, por la propiedad familiar, por la propiedad comunal y por la propiedad sindical".
En el Punto 8º de la Norma Programática de Falange Española de las JONS, de noviembre de 1934, síntesis de sus distintas ramas políticas, y obra final de nuestro personaje, se lee: "El Estado nacionalsindicalista permitirá toda iniciativa privada compatible con el interés colectivo, y aún protegerá y estimulará las beneficiosas". Y, en el punto 13º añade: "El Estado reconocerá la propiedad privada y la protegerá contra los abusos del gran capital financiero". Primo de Rivera, por tanto, no aboga por una intervención absoluta del Estado y deja margen a la iniciativa particular. Lo que no podemos saber es que margen le hubiera dado.
En el punto 9º de la Norma Programática encontramos una interesantísima afirmación: "Concebimos a España, en lo económico, como un gigantesco sindicato de productores. Organizaremos corporativamente a la sociedad española mediante un sistema de sindicatos verticales por ramas de la producción, al servicio de la integridad económica nacional". Primo de Rivera quiere aquí corporaciones de trabajo en forma de empresas sindicales integradas en sindicatos o ramas productivas. Es un sindicalismo unitario, basado en el principio de la superación del dualismo "trabajador-empresario", a través de su síntesis en la nueva noción de productor, que abarcaba tanto a los trabajadores como a los jefes de empresa (ni que decir que me acuerdo del enlace de Grenzer, en esa estupenda sección en la que se pone énfasis en el empresario que trabaja y se deja claro que no se desea un capitalista que meramente aporte dinero y no se implique). El empresario capitalista desaparece. La plusvalía queda en manos propios productores en cuanto que constituyen la Organización Nacionalsindicalista.
La teorización expuesta debe de diferenciarse del sindicalismo vertical de la Era de Franco. En esta el sindicato vertical era la integración jerárquica, en un sindicato único y común, del capital, la técnica y el trabajo, mientras que, como hemos señalado, Primo de Rivera postula la desaparición de la dualidad capital-trabajo. Por último, la creación de estas empresas, orgánicamente funcionales, y de los sindicatos verticales falangistas, no supone la estatificación de la vida económica.
La producción sería organizada por los sindicatos verticales, correspondiéndole al Estado la disposición de algunos medios de producción, lo que necesariamente implicaría una estrecha colaboración entre sindicatos y Estado, pero no la absorción en el aparato estatal de aquellos. Se potencia, por tanto, la convivencia y el respeto a la dignidad de la persona humana. Es factible, pues, una federación de sindicatos verticales autónomos, independientes, pero colaboradores directos del Estado en materia de legislación, planificación, gestión o simples tareas consultivas. La articulación exacta de esa participación conjunta me temo que no se halla muy clarificada en el pensamiento joseantoniano.
En el punto 14º de la Norma Programática de Falange Española de las JONS se afirma "la tendencia a la nacionalización del servicio de Banca y, mediante las corporaciones, a la de los grandes servicios públicos". Se quiere acabar con la propiedad oligárquica de los medios de producción (capitalismo financiero) y se busca para ello que el Estado sea titular de diversas industrias o servicios. Sólo falta que Primo de Rivera determinara cómo se hubiera gestionado el servicio del crédito en evitación de su posible burocratización.
Como podemos ver el modelo socio-económico falangista era, efectivamente, de marcado sabor izquierdista, aunque salpicado de influencias tradicionales, españolas y/o cristianas, obviamente. En esto Primo de Rivera es fiel a su propósito general de adaptar el sistema a las particularidades de España.