Resulta poco edificante observar como el Imperio Otomano mete sus narices en asuntos diplomáticos sobre los que nadie ha requirido su opinión. Y aún más, causa extrañeza teniendo en cuenta sus propios problemas diplomáticos, que son graves, como todo el orbe pudo observar merced al saqueo de Constantinopla.
Quizás lo que deberíamos hacer los países coloniales del Atlántico Norte es empezar a cultivar la alianza con los enemigos del Imperio Otomano, ya que quizás su control sobre los Balcanes no sea ni legítimo, ni productivo, y dichos territorios puedan encontrar una mejor situación bajo otro soberano.
Además, huelga decir que consideramos a nuestros socios como ALIADOS, no como vasallos; aunque entendemos que dicho concepto sea desconocido en la corte otomana, puesto que carecen de ALIADOS en los que poder apoyarse en caso de que, por ejemplo, volver a sufrir un ataque por parte de Rusia.