La reunión bilateral, precedida de un contundente esmorzaret, ha tenido lugar en la ciudad neutral de Valencia y ha sido de lo más satisfactoria para los intereses papales o, lo que es lo mismo, para el catolicismo, gracias a que hemos conseguido arrancarle al soberano polaco, uno de los más ricos actualmente (sus ya de por sí inmensas arcas siguen creciendo gracias a su reciente victoria sobre el cismático ruso), una ayuda económica sustancial para hacer frente a la agresión francesa. Está por ver de que forma se concreta esta ayuda pero lo importante es que el Papado no va a tener que contraer préstamos con usureros ni rendirse por falta de efectivo para pagar a las tropas. Durante la reunión se han tratado, además, diferentes temas, como la falta de honorabilidad del soberano francés o la cobardía turca por atacar siempre a los más débiles (ni cotiza que nos atacará durante o tras la guerra con Francia) en lugar de enfrentar a naciones fuertes o el sometimiento de Suecia a Brandeburgo. Antes de despedirnos el monarca polaco nos ha insuflado ánimo al transmitirnos su certeza de que el francés, en una guerra prolongada, sería vencido.