William D. Porter: El destructor estadounidense que casi mató a Roosevelt
por Gregory A. Freeman
A veces las cosas que casi ocurrieron son tan interesantes como las que ocurrieron. Casi todos los libros de historia fotográfica de la Segunda Guerra Mundial incluyen la famosa instantánea que muestra al presidente Franklin Delano Roosevelt reuniéndose con Winston Churchill y Iosif Stalin en Teherán en Noviembre de 1943. El pie de foto usualmente menciona que el encuentro hizo más sólidos los lazos de la Alianza que continuaría hasta obtener la victoria en 1945. En cambio, practicamente en ninguna parte se menciona que la cumbre estuvo a punto de no celebrarse - porque el presidente de los Estados Unidos, todos los miembros de la Junta de Jefes de Estado Mayor, y numerosos líderes de alto nivel del país estuvieron a punto de ser víctimas de un ataque con torpedos cuando navegaban a bordo del USS Iowa camino de la cumbre. Este hecho de importancia potencialmente vital suele olvidarse porque el torpedo que pudo haber matado al presidente era americano.
El autor del disparo fue el destructor William D. Porter, conocido por todos los que navegaron en él como "Willie Dee", unos de los cientos de destructores que los Estados Unidos construyeron a toda prisa cuando se hizo evidente que la guerra a escala mundial en la que el país estaba envuelto sería en primer lugar naval. El Porter entró en servicio en Julio de 1943 con una dotación compuesta por 125 jóvenes que, salvo un puñado de veteranos dispersos aquí y allá, estaban aún en el instituto o trabajando en la granja cuando se puso su quilla. Tenían tan poca experiencia como su barco.
Pero las fuerzas armadas enteras estaban en esa situación en 1943 - hordas de adolescentes voluntariosos que esperaban aprender a hacer su cometido antes de que alguien empezara a dispararles. Y el tiempo apremiaba, de modo que solamente cuatro meses después de su botadura el Willie Dee fue asignado a una de las misiones más críticas y secretas de la Marina. Rooselvelt iba a viajar al Africa del Norte Francesa para reunirse con Churchill, Stalin y Chiang Kai Shek. Nadie debía enterarse del propósito del viaje hasta que el presidente hubiese desembarcado.
Roosevelt subió a bordo del masivo acorazado Iowa el 12 de Noviembre de 1943, junto con el Secretario de EStado Cordell Hull, los Jefes de Estado Mayor y suficientes peces gordos y asistentes de máximo nivel como para impresionar al marino más imperturbable. Los aproximadamente ochenta miembros del grupo presidencial se habían escabullido de Washington del modo más discreto posible a bordo del 'Potomac', el yate del presidente, y habían navegado rio abajo por el Potomac hasta el punto de cita con el Iowa en la bahía de Chesapeake, cerca de su desembocadura. El acorazado Iowa desplazaba 45,000 toneladas, y para evitar embarrancar en los bajíos de la zona había tenido que desembarcar casi todo su combustible antes de navegar hacia el norte desde su fondeadero en Norfolk, Virginia.
"No supimos que estábamos haciendo en Chesapeake hasta que vimos atracar el yate del presidente" recuerda Grier Sims, tripulante del Iowa. "Mientras estábamos en Norfolk habían instalado una bañera a bordo, y todos nos preguntábamos que diablos hacía una bañera en un acorazado. Lo comprendimos cuando vimos al presidente."
[Nota: En los barcos de guerra escasean el espacio y el agua, de modo que no hay lugar para bañeras; pero Roosevelt no podía usar una ducha; era paralítico...]
El presidente fue subido a bordo en su silla de ruedas sin ceremonia alguna, y el Iowa se hizo silenciosamente a la mar con ordenes estrictas de mantener silencio de radio y evitar ser visto por otros barcos. El acorazado iba acompañado por dos portaaviones de escolta para proporcionar cobertura aérea y tres destructores para mantener a raya a los submarinos alemanes que aún estaban hundiendo muchos barcos en el Atlántico. Uno de estos destructores era el Willie Deee.
La misión era simple peor vital: llevar a Roosevelt y su comitiva a Mers-el-Kebir, en el Africa del Norte francesa, para la primera de una serie de cumbres entre los líderes aliados. Los buques debían cruzar el Atlántico a toda velocidad, y los pequeños destructores iban a tener dificultades para mantenerse en posición. La mayoría de los marineros del convoy no sabían nada de su misión, o que el presidente estaba en el Iowa, pero la tensión reinante entre los oficiales delataba que había mucho en juego.
"En el Iowa sí sabíamos que estaba a bordo, pero la mayoría de nosotros nunca le vimos" nos cuenta Sims. "Tampoco sabíamos adonde nos dirigíamos, pero sí que íbamos todo el rato a la máxima velocidad, de modo que el barco entero temblaba. Corríamos como una bala."
Incluso a esa velocidad el viaje duraría ocho días, de modo que durante el viaje los barcos y sus dotaciones continuaron con su entrenamiento normal. Estas actividades eran vitales para mantener a los hombres ocupados y, por lo menos en el Willie Dee, para preparar a su novata tripulación para la vida en el mar.
La singladura del destructor no empezó nada bien. Cuando el capitán Wilfred Walter ordenó 'Atrás despacio' para sacar al mar su barco se produjo un estruendo aterrador de metal roto. Walter y sus oficiales se avalanzaron a la borda afectada y descubrieron que no era que su nave se estuviera deshaciendo -- el ancla del Willie Dee se había enganchado al buque vecino y le había arrancado barandas, balsas salvavidas, un bote y otros pedazos de metal variados. Su vecino quedó hecho unos zorros, pero el daño en el Willie Dee se redujo a unos arañazos en el ancla. Walter, obligado por sus ordenes de reunirse con el Iowa, solo tuvo tiempo de presentar las más elementales excusas antes de continuar su camino.
Esto fue solo el comienzo. El Willie Dee continuó provocando comentarios poco halagadores. Poco después de que el convoy se concentrara y comenzara su viaje, y mientras cruzaban una zona conocida por el número de barcos hundidos recientemente en el área, una gran explosión sacudió las aguas y un enorme geiser llamó la atención de los vigías. Inmediatamente todos los barcos tocaron a zafarrancho de combate e iniciaron maniobras evasivas, hasta que el Willie Dee informó de que el culpable no había sido ningún submarino. Una de sus cargas de profundidad se había soltado y caído al agua, y no tenía el seguro puesto como hubiera debido.
Poco después de este embarazoso incidente el Wille Dee fue golpeado por una gran ola que se llevó a un hombre por la borda sin que se le volviera a ver. Y después de esta desgracia la sala de máquinas informó que estaba perdiendo potencia y antes de que fuera posible reparar la avería el destructor se había quedado muy retrasado y tuvo grandes dificultades para
reincorporarse al convoy. Para entonces el Jefe de Operaciones Navales, el almirante Ernest J. King, que viajaba en el Iowa, estaba más que harto. Con tantos personajes importantes a bordo, las dificultades del Willie Dee le habían dejado en ridículo y estaba encolerizado. Por decirlo suavemente le puso de manifiesto su descontento al capitán Walter, que sabía que estaba a punto de arruinar su carrera en esta misión tan expuesta desde el punto de vista de las relaciones públicas. Convenientemente abroncado, Walter regresó a su barco decidido a arreglar las cosas durante el resto del viaje e impuso a sus hombres un regimen de adiestramiento draconiano.
El resto de las tripulaciones tampoco estaba mano sobre mano, y el 14 de Noviembre, con el convoy navegando al este de las Bermudas, el capitán del Iowa ofreció a Roosevelt y sus asistentes una demostración de las defensas antiaéreas del acorazado. Roosevelt ocupó un lugar adecuado en cubierta y el Iowa desencadenó una lluvia de fuego contra una serie de globos meteorológicos lanzados para que sirvieran de blanco; Walter y sus hombres, a 6.000 yardas de distancia, contemplaban el espectáculo ansiosos por causar una buena impresión que los rehabilitase y vieron una oportunidad cuando algunos globos escapados a la atención de los artilleros del Iowa fueron arrastrados por el viento hacia el Willie Dee. Walter ordenó zafarrancho de combate y sus artilleros abrieron fuego contra los globos. Al mismo tiempo, Walter ordenó al resto de la tripulación llevar a cabo un simulacro de ataque con torpedos.
Al recibir la orden los marineros Lawton Dawson y Tony Fazio comenzaron a simular un lanzamiento de torpedos. La única diferencia entre un simulacro y un lanzamiento real consistía en que durante los simulacros Dawson y Fazio retiraban antes de hacer fuego los detonadores de las cargas explosivas que expulsaban los torpedos de sus tubos.
Para llevar a cabo un simulacro realista, los torpedistas necesitaban un blanco para hacer sus cálculos. Lo normal era utilizar para ello cualquier barco cercano. Y el objetivo más cercano en este caso era el Iowa...
Cuando Dwason y Fazio estuvieron listos, el oficial de cubierta ordenó 'Fuego el uno' y los torpedistas 'dispararon' el primer pescado. Despues de una pausa para simular el tiempo que en un disparo real se hubiera invertido en comprobar el rumbo del torpedo, el oficial ordenó 'Fuego el dos', y despues de otra pausa, ordenó 'Fuego el tres'. Pero esta vez se produjo un aterrador "whooooooosh" y el torpedo salió disparado del tubo hacia las aguas ante el asombro y el horror de los oficiales del puente. Acababan de lanzar un torpedo contra el Iowa y el presidente Roosevelt.
El puente del Willie Dee se convirtió en un pandemonium de órdenes y contraordenes tratando de confirmar lo que todos temían que estaba ocurriendo. Como mucho, el torpedo necesitaría unos dos minutos para alcanzar su blanco, pero un acorazado no vira así como así. No había un segundo que perder.
Walter ordenó que se adviritiera al Iowa de inmediato, pero como había ordenes estrictas de mantener silencio de radio, un marinero tenía que transmitir el mensaje con el telégrafo marino [Nota: ese foco parpadeante que sale en la películas transmitiendo en Morse]. Desafortunadamente, debido a las prisas y la inexperiencia, el joven primero transmitió que había un torpedo en el agua alejándose del Iowa, y después, cada vez más desesperado, lo intentó otra vez y en lugar de recomendar al Iowa que pusiera sus máquinas en 'Todo Atrás' se las arregló para señalar que el Willie Dee se había atascado en 'marcha atrás a toda máquina'.
Sin tiempo para intentarlo otra vez, el capitán decidió romper el silencio de radio. En unos segundos el radiotelegrafista del Willie Dee’s estaba llamando en clave al Iowa: "¡Lion, Lion, responda, rápido!"
Su compañero del Iowa, sorprendido, respondió inquiriendo con calma quien estaba hablando y porqué, y el operador del Willie Dee gritó "¡Torpedo en el agua!¡Lion, caiga a estribor! ¡Emergencia! ¡A estribor, Lion, caiga a estribor!"
Pero aproximadamente en ese mismo momento los vigías del Iowa divisaron el torpedo "¡Torpedo por la amura de estribor! ¡No es un simulacro! ¡Torpedo por la amura de estribor!" y el Iowa cayó abruptamente a estribor y aceleró a toda máquina mientras su artillería abría fuego contra el 'pescado'. Walter y su tripulación ya solo podían esperar y rezar.
[continuará]
por Gregory A. Freeman
A veces las cosas que casi ocurrieron son tan interesantes como las que ocurrieron. Casi todos los libros de historia fotográfica de la Segunda Guerra Mundial incluyen la famosa instantánea que muestra al presidente Franklin Delano Roosevelt reuniéndose con Winston Churchill y Iosif Stalin en Teherán en Noviembre de 1943. El pie de foto usualmente menciona que el encuentro hizo más sólidos los lazos de la Alianza que continuaría hasta obtener la victoria en 1945. En cambio, practicamente en ninguna parte se menciona que la cumbre estuvo a punto de no celebrarse - porque el presidente de los Estados Unidos, todos los miembros de la Junta de Jefes de Estado Mayor, y numerosos líderes de alto nivel del país estuvieron a punto de ser víctimas de un ataque con torpedos cuando navegaban a bordo del USS Iowa camino de la cumbre. Este hecho de importancia potencialmente vital suele olvidarse porque el torpedo que pudo haber matado al presidente era americano.
El autor del disparo fue el destructor William D. Porter, conocido por todos los que navegaron en él como "Willie Dee", unos de los cientos de destructores que los Estados Unidos construyeron a toda prisa cuando se hizo evidente que la guerra a escala mundial en la que el país estaba envuelto sería en primer lugar naval. El Porter entró en servicio en Julio de 1943 con una dotación compuesta por 125 jóvenes que, salvo un puñado de veteranos dispersos aquí y allá, estaban aún en el instituto o trabajando en la granja cuando se puso su quilla. Tenían tan poca experiencia como su barco.
Pero las fuerzas armadas enteras estaban en esa situación en 1943 - hordas de adolescentes voluntariosos que esperaban aprender a hacer su cometido antes de que alguien empezara a dispararles. Y el tiempo apremiaba, de modo que solamente cuatro meses después de su botadura el Willie Dee fue asignado a una de las misiones más críticas y secretas de la Marina. Rooselvelt iba a viajar al Africa del Norte Francesa para reunirse con Churchill, Stalin y Chiang Kai Shek. Nadie debía enterarse del propósito del viaje hasta que el presidente hubiese desembarcado.
Roosevelt subió a bordo del masivo acorazado Iowa el 12 de Noviembre de 1943, junto con el Secretario de EStado Cordell Hull, los Jefes de Estado Mayor y suficientes peces gordos y asistentes de máximo nivel como para impresionar al marino más imperturbable. Los aproximadamente ochenta miembros del grupo presidencial se habían escabullido de Washington del modo más discreto posible a bordo del 'Potomac', el yate del presidente, y habían navegado rio abajo por el Potomac hasta el punto de cita con el Iowa en la bahía de Chesapeake, cerca de su desembocadura. El acorazado Iowa desplazaba 45,000 toneladas, y para evitar embarrancar en los bajíos de la zona había tenido que desembarcar casi todo su combustible antes de navegar hacia el norte desde su fondeadero en Norfolk, Virginia.
"No supimos que estábamos haciendo en Chesapeake hasta que vimos atracar el yate del presidente" recuerda Grier Sims, tripulante del Iowa. "Mientras estábamos en Norfolk habían instalado una bañera a bordo, y todos nos preguntábamos que diablos hacía una bañera en un acorazado. Lo comprendimos cuando vimos al presidente."
[Nota: En los barcos de guerra escasean el espacio y el agua, de modo que no hay lugar para bañeras; pero Roosevelt no podía usar una ducha; era paralítico...]
El presidente fue subido a bordo en su silla de ruedas sin ceremonia alguna, y el Iowa se hizo silenciosamente a la mar con ordenes estrictas de mantener silencio de radio y evitar ser visto por otros barcos. El acorazado iba acompañado por dos portaaviones de escolta para proporcionar cobertura aérea y tres destructores para mantener a raya a los submarinos alemanes que aún estaban hundiendo muchos barcos en el Atlántico. Uno de estos destructores era el Willie Deee.
La misión era simple peor vital: llevar a Roosevelt y su comitiva a Mers-el-Kebir, en el Africa del Norte francesa, para la primera de una serie de cumbres entre los líderes aliados. Los buques debían cruzar el Atlántico a toda velocidad, y los pequeños destructores iban a tener dificultades para mantenerse en posición. La mayoría de los marineros del convoy no sabían nada de su misión, o que el presidente estaba en el Iowa, pero la tensión reinante entre los oficiales delataba que había mucho en juego.
"En el Iowa sí sabíamos que estaba a bordo, pero la mayoría de nosotros nunca le vimos" nos cuenta Sims. "Tampoco sabíamos adonde nos dirigíamos, pero sí que íbamos todo el rato a la máxima velocidad, de modo que el barco entero temblaba. Corríamos como una bala."
Incluso a esa velocidad el viaje duraría ocho días, de modo que durante el viaje los barcos y sus dotaciones continuaron con su entrenamiento normal. Estas actividades eran vitales para mantener a los hombres ocupados y, por lo menos en el Willie Dee, para preparar a su novata tripulación para la vida en el mar.
La singladura del destructor no empezó nada bien. Cuando el capitán Wilfred Walter ordenó 'Atrás despacio' para sacar al mar su barco se produjo un estruendo aterrador de metal roto. Walter y sus oficiales se avalanzaron a la borda afectada y descubrieron que no era que su nave se estuviera deshaciendo -- el ancla del Willie Dee se había enganchado al buque vecino y le había arrancado barandas, balsas salvavidas, un bote y otros pedazos de metal variados. Su vecino quedó hecho unos zorros, pero el daño en el Willie Dee se redujo a unos arañazos en el ancla. Walter, obligado por sus ordenes de reunirse con el Iowa, solo tuvo tiempo de presentar las más elementales excusas antes de continuar su camino.
Esto fue solo el comienzo. El Willie Dee continuó provocando comentarios poco halagadores. Poco después de que el convoy se concentrara y comenzara su viaje, y mientras cruzaban una zona conocida por el número de barcos hundidos recientemente en el área, una gran explosión sacudió las aguas y un enorme geiser llamó la atención de los vigías. Inmediatamente todos los barcos tocaron a zafarrancho de combate e iniciaron maniobras evasivas, hasta que el Willie Dee informó de que el culpable no había sido ningún submarino. Una de sus cargas de profundidad se había soltado y caído al agua, y no tenía el seguro puesto como hubiera debido.
Poco después de este embarazoso incidente el Wille Dee fue golpeado por una gran ola que se llevó a un hombre por la borda sin que se le volviera a ver. Y después de esta desgracia la sala de máquinas informó que estaba perdiendo potencia y antes de que fuera posible reparar la avería el destructor se había quedado muy retrasado y tuvo grandes dificultades para
reincorporarse al convoy. Para entonces el Jefe de Operaciones Navales, el almirante Ernest J. King, que viajaba en el Iowa, estaba más que harto. Con tantos personajes importantes a bordo, las dificultades del Willie Dee le habían dejado en ridículo y estaba encolerizado. Por decirlo suavemente le puso de manifiesto su descontento al capitán Walter, que sabía que estaba a punto de arruinar su carrera en esta misión tan expuesta desde el punto de vista de las relaciones públicas. Convenientemente abroncado, Walter regresó a su barco decidido a arreglar las cosas durante el resto del viaje e impuso a sus hombres un regimen de adiestramiento draconiano.
El resto de las tripulaciones tampoco estaba mano sobre mano, y el 14 de Noviembre, con el convoy navegando al este de las Bermudas, el capitán del Iowa ofreció a Roosevelt y sus asistentes una demostración de las defensas antiaéreas del acorazado. Roosevelt ocupó un lugar adecuado en cubierta y el Iowa desencadenó una lluvia de fuego contra una serie de globos meteorológicos lanzados para que sirvieran de blanco; Walter y sus hombres, a 6.000 yardas de distancia, contemplaban el espectáculo ansiosos por causar una buena impresión que los rehabilitase y vieron una oportunidad cuando algunos globos escapados a la atención de los artilleros del Iowa fueron arrastrados por el viento hacia el Willie Dee. Walter ordenó zafarrancho de combate y sus artilleros abrieron fuego contra los globos. Al mismo tiempo, Walter ordenó al resto de la tripulación llevar a cabo un simulacro de ataque con torpedos.
Al recibir la orden los marineros Lawton Dawson y Tony Fazio comenzaron a simular un lanzamiento de torpedos. La única diferencia entre un simulacro y un lanzamiento real consistía en que durante los simulacros Dawson y Fazio retiraban antes de hacer fuego los detonadores de las cargas explosivas que expulsaban los torpedos de sus tubos.
Para llevar a cabo un simulacro realista, los torpedistas necesitaban un blanco para hacer sus cálculos. Lo normal era utilizar para ello cualquier barco cercano. Y el objetivo más cercano en este caso era el Iowa...
Cuando Dwason y Fazio estuvieron listos, el oficial de cubierta ordenó 'Fuego el uno' y los torpedistas 'dispararon' el primer pescado. Despues de una pausa para simular el tiempo que en un disparo real se hubiera invertido en comprobar el rumbo del torpedo, el oficial ordenó 'Fuego el dos', y despues de otra pausa, ordenó 'Fuego el tres'. Pero esta vez se produjo un aterrador "whooooooosh" y el torpedo salió disparado del tubo hacia las aguas ante el asombro y el horror de los oficiales del puente. Acababan de lanzar un torpedo contra el Iowa y el presidente Roosevelt.
El puente del Willie Dee se convirtió en un pandemonium de órdenes y contraordenes tratando de confirmar lo que todos temían que estaba ocurriendo. Como mucho, el torpedo necesitaría unos dos minutos para alcanzar su blanco, pero un acorazado no vira así como así. No había un segundo que perder.
Walter ordenó que se adviritiera al Iowa de inmediato, pero como había ordenes estrictas de mantener silencio de radio, un marinero tenía que transmitir el mensaje con el telégrafo marino [Nota: ese foco parpadeante que sale en la películas transmitiendo en Morse]. Desafortunadamente, debido a las prisas y la inexperiencia, el joven primero transmitió que había un torpedo en el agua alejándose del Iowa, y después, cada vez más desesperado, lo intentó otra vez y en lugar de recomendar al Iowa que pusiera sus máquinas en 'Todo Atrás' se las arregló para señalar que el Willie Dee se había atascado en 'marcha atrás a toda máquina'.
Sin tiempo para intentarlo otra vez, el capitán decidió romper el silencio de radio. En unos segundos el radiotelegrafista del Willie Dee’s estaba llamando en clave al Iowa: "¡Lion, Lion, responda, rápido!"
Su compañero del Iowa, sorprendido, respondió inquiriendo con calma quien estaba hablando y porqué, y el operador del Willie Dee gritó "¡Torpedo en el agua!¡Lion, caiga a estribor! ¡Emergencia! ¡A estribor, Lion, caiga a estribor!"
Pero aproximadamente en ese mismo momento los vigías del Iowa divisaron el torpedo "¡Torpedo por la amura de estribor! ¡No es un simulacro! ¡Torpedo por la amura de estribor!" y el Iowa cayó abruptamente a estribor y aceleró a toda máquina mientras su artillería abría fuego contra el 'pescado'. Walter y su tripulación ya solo podían esperar y rezar.
[continuará]