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Miguel Angel

Voivoda Vlad Draculea
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El patrón oro en el siglo XIX






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El trueque y los primeros “dineros”

Los primeros intercambios comerciales que se realizaron en la historia fueron trueques, es decir, se intercambiaba un bien por otro directamente, sin hacer uso de ningún tipo de dinero. Sucedía, sin embargo, que a veces uno quería conseguir cierto bien, por ejemplo manzanas, y estaba dispuesto a dar otro a cambio, por ejemplo pescado; pero no encontraba a nadie dispuesto a darle manzanas a cambio de pescado, por mucho pescado que ofreciese.

Cada bien tiene sus características, y, claro está, había bienes que eran más fáciles de colocar en el mercado que otros. Esto es, bienes que uno podía comprar o vender con mayor facilidad y por lo tanto circulaban fluidamente por los mercados. Eran los bienes más “líquidos”. Al ser de los más fáciles de comprar, era fácil conseguirlo a cambio de lo que uno tenia por ofrecer. Y, siendo de los más fáciles de vender, era fácil cambiarlo por lo que uno sí quería consumir. Así que, inevitablemente, el bien más líquido acababa por ganarse una demanda que no estaba relacionada con el deseo de consumirlo directamente, sino que estaba basada en el conocimiento de que era fácil, con él, conseguir los demás bienes.

De esta manera, al bien más líquido del mercado se le llamó dinero. Friedrich von Hayek*, de hecho, llegó a decir que sería más preciso usar el término dinero como adjetivo y no como sustantivo. Es decir, cuanto más líquido es un bien, más dinero (o dinerable) es ese bien.

Hubo un sinfín de bienes que fueron, en algún momento de la historia en algún lugar del mundo, dinero. Vacas, conchas, pequeños discos de cobre o bronce o hierro, hojas secas de tabaco, cigarrillos, etcétera. Pero, finalmente, en el mercado se prefirió el oro. Para que un bien pueda intercambiarse con mucha fluidez, lo cual, como hemos visto, es imprescindible para que pueda llegar a ser dinero, necesita cumplir ciertos requisitos:



Primera, transportable, es decir, su valor ha de ser alto en relación con su peso, para poder comerciar con lugares lejanos.

Segunda, divisible, para facilitar las transacciones menores.

Tercera, homogéneo, para que cada una de las partes en que lo dividimos sea igual.

Cuarta, duradero, para que mantenga su valor mientras lo tenemos almacenado entre su compra y su venta.

Quinta, difícil de falsificar.

Ningún bien satisfizo tan bien estas condiciones como el oro.





El señoraje, la inflación y el papel moneda

Hemos visto que el dinero surgió del mercado, no de ley alguna. Sin embargo, como suele suceder, una vez el mercado lo hubo creado, las leyes lo regularon. Los gobernantes pronto se esforzaron por conseguir el monopolio de su emisión. Y así se empezaron a acuñar monedas metálicas con la efigie de los soberanos. El valor de la moneda en el mercado venía determinada por el valor que el mercado otorgaba al metal de que estaba hecha. De manera que una moneda de cobre solía valer menos que una de plata y ésta menos que una de oro.

Pero, una vez que el poder público se hizo con el monopolio de la emisión, pudo determinar por ley el valor de cambio de esas monedas. Fijado ese valor, el soberano podía reducir la proporción del metal valioso de la moneda y poner en su lugar un metal más barato. La moneda entonces valía legalmente más que lo que valían los metales de que estaba compuesta. Obviamente, el mercado no reconocía por mucho tiempo ese valor ficticio, y, con el tiempo, cuando uno quería pagar algo con esas monedas se encontraba con que le pedían un precio más elevado.

Lo que antes se podía comprar con cierto número de monedas de oro, ahora se compraba con un número superior de monedas porque cada una de las nuevas monedas contenía menos oro. El soberano vanamente pretendía que las monedas que contenían poco oro valiesen tanto como las que tenían más oro. Es decir, mediante leyes pretendía "inflar" el valor de unas monedas poco valiosas. A medida que en el mercado se iban dando cuenta de lo poco que valía realmente cada una de esas monedas, los vendedores pedían más monedas, o sea, subían el precio de sus bienes. El resultado era que todos los precios expresados en esa moneda se encarecían. A esto se llamó inflación.

En el mercado, la gente siguió esforzándose por encontrar dineros todavía mejores que el oro. Una de las desventajas de éste era su más que considerable peso. Así que fue imponiéndose la costumbre de pagar con unas notas de papel que otorgaban al portador la posesión de cierta cantidad de oro depositada en cierto lugar. Aunque los billetes de papel más antiguos parecen ser un invento chino, el desarrollo de esta novedad se produjo sobre todo en Occidente.

Estos billetes eran como los vales de una consigna cualquiera. Tenerlos equivalía a ser el propietario del oro depositado en alguna caja fuerte. Una multitud de bancos comerciales de todo el mundo emitían este tipo de notas de papel.












(*Economista de origen austriaco, nacionalizado británico, obtuvo el Premio Nobel de Economía en 1974, compartido con el sueco Gunnar Myrdal por su trabajo pionero en la teoría del dinero y las fluctuaciones económicas y por sus análisis de la interdependencia de los fenómenos económicos, sociales e institucionales.)
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Miguel Angel

Voivoda Vlad Draculea
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El Banco de Inglaterra


De los sistemas bimetálicos al patrón oro:

En el siglo XIX nos encontramos con diferentes tipos de sistemas monetarios, pudiéndolos resumir en dos grandes bloques.

I)Sistemas bimetálicos: basados en monedas de plata y de oro. Básicamente consistía en fijar un valor a la plata en relación al oro y otro para este. Para que funcionase se debía cumplir una condición básica, y es que el precio que el gobierno otorgaba al oro o a la plata fuera más o menos el mismo que le otorga el mercado internacional a estos metales.

Por ejemplo: Si 1 moneda de plata = 1 unidad monetaria, y tenemos 100 monedas de plata (=100 u.m.), y 50 monedas de oro, y la paridad es de 1 moneda de oro igual a 5 de plata, tenemos 350 u.m. en total. Se descubren grandes yacimientos de plata y ésta baja de precio en el mercado internacional, de modo que la nueva paridad es de 1 moneda de oro igual a 10 de plata, y en nuestro país se mantiene la paridad inicial. Lo que haremos será vender fuera del país monedas de oro, por las cuales en el mercado internacional nos darán 500 de plata, pero el oro habrá salido del país, y el sistema bimetálico se acabará basando en la moneda con menor valor en el mercado.

II)Patrón oro: Para que el sistema monometálico en oro funcione correctamente se debían cumplir las siguientes funciones:

1.−La unidad de cuenta debía estar ligada a un cierto peso en oro.
2.−Libre circulación interior de las monedas de oro.
3.−Los billetes de banco debían ser plenamente convertibles en oro.
4.−Todas las monedas debían estar subordinadas al oro.
5.−No podían haber impedimentos a la exportación o importación de oro.

En Europa coexistían ambos sistemas. El principal representante del sistema monometálico era Gran Bretaña, cuyo sistema estaba basado únicamente en el oro. El principal representante del sistema bimetálico era Francia, con un sistema oro−plata. En la segunda mitad del siglo XIX, hubo una gran oscilación en los precios de los metales preciosos. A partir de 1870 se descubrieron nuevas minas de plata en Nevada, por lo que el mercado internacional quedó inundado de este metal y su precio baja en picado.

Los países europeos con sistemas bimetálicos intentaron defenderse creando la Unión Monetaria Latina en 1865, para intentar regular y estabilizar el valor de los metales preciosos. Esto no fue posible por las fuertes oscilaciones de sus valores, porque la hegemonía financiera internacional por aquel entonces la ostentaba la Gran Bretaña (máxima representante del patrón oro), y por el paso de Alemania de un sistema bimetálico a otro de patrón oro debido a la creencia de que este sistema era el origen de la pujanza británica.Muchos otros países siguieron el ejemplo alemán, y para finales del siglo XIX la mayoría de estados europeos habían adoptado el Patrón Oro como sistema monetario:



1871: Alemania
1873: Bélgica, Italia, Suiza
1875: Dinamarca, Noruega, Suecia, Holanda
1876: Francia
1879: Austria
1893: Rusia
1900: Estado Unidos (oficialmente)



Gran Bretaña utilizaba el patrón oro desde 1816 (aunque de facto funcionara desde principios del sigo XVIII).



Principales características del funcionamiento del mercado monetario bajo el patrón oro:

-Los gobiernos establecían la paridad del oro. Fijaban el valor del oro dentro del país.El gobierno aceptaba la convertibilidad de la moneda nacional en oro, lo que significaba que el gobierno compraba y vendía moneda al precio que él mismo había fijado para el oro.

- El gobierno apoyaba al oro al 100 %, es decir, que el gobierno emitía tanta moneda como depósitos de oro tenia. Al menos en teoría creaba o destruía moneda en función de sus reservas (por ejemplo a través de la compra o venta de deuda pública, o con una modificación de los tipos de interés).

- Se establecía una paridad de acuñación, la relación de una moneda con la de otro país viene dado por el peso en oro de las monedas:





Principales monedas y paridades antes de 1914

Nombre- Gramos en oro - Paridad

Libra- 7,322
Franco- 0,290- 25,248 francos por libra
Dólar- 1,504- 4,868 dólares por libra
Marco- 0,358- 20,453 marcos por libra





GoldFivePound1839.jpg

Moneda de 5 libras en oro


Wikipedia-Goldmark-r.jpg

Monedas de 5 y 20 marcos en oro



La principal virtud del patrón oro, en teoría, era su capacidad de reajustar automáticamente los desequilibrios en las balanzas de pagos. Si las exportaciones de un país eran superiores a sus importaciones, recibía oro (o divisas convertibles en oro) como pago y sus reservas aumentaban provocando a la vez la expansión de la base monetaria. El aumento de la cantidad de dinero en circulación corregía automáticamente el desequilibrio por dos vías, haciendo crecer la demanda de productos importados y provocando inflación lo que encarecía los productos nacionales reduciendo sus exportaciones, lo que provocaba una salida de oro en la economía.

Además si los tipos de interés bajaban también se producía una salida de capitales. Si, por el contrario, el comercio exterior del país era deficitario, la disminución de las reservas de oro provocaba contracción de la masa monetaria reduciendo la demanda interior de bienes importados y abaratando los productos nacionales en el exterior. Ello producía una entrada de oro en la economía, que en combinación con un aumento de los tipos de interés, incentivaba la entrada de capitales extranjeros.

Pero el sistema tenía también serios inconvenientes. El país cuyo déficit exterior provocaba contracción de la masa monetaria sufría una fuerte reducción de su actividad económica, disminuyendo los salarios y generalizándose el desempleo. Los países con superávit podían prolongar su privilegiada situación "esterilizando el oro", impidiendo que el aumento en sus reservas provocase crecimiento en la circulación monetaria e inflación. Además muchos estados no tenían la misma capacidad que países como el Reino Unido, Francia o Alemania a la hora de atraer capitales, y en muchas ocasiones en situaciones de crisis se veían obligados a suspender la convertibilidad.

Aún así, y en general, el patrón oro garantizó la máxima estabilidad del tipo de cambio, favoreciendo el crecimiento del comercio y la inversión internacional en el siglo XIX y comienzos del XX.










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unmerged(28196)

Ingeniero viajero.
Apr 23, 2004
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Es un tema muy interesante.

Una pregunta, ¿qué tipo de patrón tenía España en la época?

Espero que continue, ya que ahora no se utiliza el patrón metálico y nunca he acabado de entender en que se basa nuestro sistema actual.
 

Miguel Angel

Voivoda Vlad Draculea
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Ignikharion said:
Un artículo muy interesante :)

¿Tiene continuación?

En principio sí, me gustaría poner uno sobre el abandono en la IGM y la vuelta (y definitivo abandona) en el período de entre guerras. Y luego otro sobre el sistema de Bretton Woods.
 

Miguel Angel

Voivoda Vlad Draculea
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DBM said:
Es un tema muy interesante.

Una pregunta, ¿qué tipo de patrón tenía España en la época?

Espero que continue, ya que ahora no se utiliza el patrón metálico y nunca he acabado de entender en que se basa nuestro sistema actual.

Hemos posteado casi la mismo tiempo.

España es un caso a parte (como casi en todo). Hasta el fracaso de la Unión Monetaria Latina, mantenía un sistema bimetálico, pero después nunca acabó de adoptar el patrón oro definitivamente, aunque si seguía las reglas. Se llevaba todos los inconvenientes de no estar en el patrón oficialmente, y no recibía prácticamente ninguna de las externalidades positivas de pertenecer a él. Por lo demás nuestro sistema actual es producto del fracaso del sistema Bretton Woods en años 70, basado en el dólar y el oro. Pero será material para otro artículo, pues es un pelín largo de explicar.
 
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Daovir

Magister Militum
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Interesante, muy interesante. Espero con ganas la continuacion de la historia, ya se sabe que poderoso caballero es don dinero...
 

Garius

Capitán
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Jo mahco, esto lo estudié al año pasao pero me he enterao mejor cn tu artículo que con las epxlicaciones de la profesora el año pasado( tampoco es que se prodigara tanto en explicarlo, no había tiempo). Chapó, me ha gustado mucho.
 

Miguel Angel

Voivoda Vlad Draculea
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Garius said:
Jo mahco, esto lo estudié al año pasao pero me he enterao mejor cn tu artículo que con las epxlicaciones de la profesora el año pasado( tampoco es que se prodigara tanto en explicarlo, no había tiempo). Chapó, me ha gustado mucho.

Jeje, yo también lo estudié el años pasado, pero como no iba a clase me tenia que buscar las cosas por mi cuenta y me acababa enterando mejor que los que iban a clase :D
 

unmerged(40530)

Private
Feb 23, 2005
11
0
Interesante, te lo has currado de lo lindo. A ver si es verdad que lo sigues, me gustaría mucho saber como se vino a bajo el sistema tras la primera guerra mundial, o el sitema de después de la segunda.
 

Miguel Angel

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Hausoffer said:
Interesante, te lo has currado de lo lindo. A ver si es verdad que lo sigues, me gustaría mucho saber como se vino a bajo el sistema tras la primera guerra mundial, o el sitema de después de la segunda.

Gracias. El derrumbe del sistema seria bastante interesante de explicar, porque esta muy interrelacionado con la depresión de los años 30.
 

unmerged(30391)

Corporal
Jun 11, 2004
37
0
Excelente articulo que ademas aclara una pregunta que muchos nos hemos hecho alguna vez: ¿porque tiene tanto valor un metal (relativamente) inusable como es el oro?

Espero con gusto una posible continuacion hasta los tiempos actuales.

Ancalagon
 

Miguel Angel

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Ancalagon said:
Excelente articulo que ademas aclara una pregunta que muchos nos hemos hecho alguna vez: ¿porque tiene tanto valor un metal (relativamente) inusable como es el oro?

Espero con gusto una posible continuacion hasta los tiempos actuales.

Ancalagon

De hecho esta mañana iba a colgar uno sobre la misma época y el mismo tema pero centrado en España. Pero se ha caído la conexión en casa :(
 

unmerged(10814)

Civilitzat
Aug 26, 2002
1.917
0
visitar.cat
Miguel Angel said:
Por lo demás nuestro sistema actual es producto del fracaso del sistema Bretton Woods en años 70, basado en el dólar y el oro. Pero será material para otro artículo, pues es un pelín largo de explicar.

Uhmmmm el lunes tengo un examen sobre el tema :D :D :D cuando he visto el tema he creído que era una broma de mal gusto :rofl: :rofl: :rofl:
 

Miguel Angel

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Lo Dolçainer said:
Uhmmmm el lunes tengo un examen sobre el tema :D :D :D cuando he visto el tema he creído que era una broma de mal gusto :rofl: :rofl: :rofl:

Si no me hubiese jodido la conexión, ya habría colgado más artículos sobre el tema :( . Ayer me enteré de que voy a estar un mes sin conexión en casa...lo único bueno es que eso me va a motivar a venir a clase para conectarme desde la facultad (como hoy por ejemplo que he vuelto a ir a clase de Marketing después de un mes sin aparecer :D ).
 

Miguel Angel

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Hausoffer said:
Pues es una lástima, en cuanto puedas cuelgas más.

En un momento colgaré el artículo pormetido sobre el patrón oro y España ;)
 

Miguel Angel

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El patrón oro y España, 1864-1909





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5 pesetas en Plata, 1870





Las relaciones comerciales y financieras con el exterior, apuntaban como natural la integración española en la Unión Monetaria Latina, constituida en 1865, y que inicialmente agrupó a Francia, Bélgica, Suiza e Italia. El primer país era el principal importador de productos españoles, con presencia mayoritaria además, junto a Bélgica, en la financiación de inversión extranjera en suelo español. Hacer más fluidas las relaciones exteriores con los principales interlocutores respondería, por tanto, a la cuestión de por qué España (aun sin incorporarse formalmente), declara a la peseta unidad monetaria (por su equivalencia con el franco) y adopta el resto de reglas de la Unión. Entre ellas, la aceptación de la libre acuñación de oro y plata, esto es, la aceptación de un sistema bimetalista, con una relación entre uno y otro metales de 1 a 15,5; la relación observada por los países de la Unión, y que a la altura de 1868, reflejaba fielmente la cotización relativa de ambos metales en el mercado. En el caso español, esta equivalencia se tradujo en una talla de 3.444,44 pesetas (en monedas de 5, 10, 20, 50 ó 100 pesetas) por kilogramo de oro fino (0.29 gramos de oro fino por peseta); en relación con la plata, la talla quedaba establecida en 222,22 pesetas por kilo de metal fino (4,5 gramos de plata fina por peseta).

Y estos eran, de acuerdo con lo decretado en octubre de 1868, los términos en que deberían acuñarse las monedas españolas, a partir del 31 de diciembre de 1870. Problemas de índole exclusivamente presupuestaria parecen haber sido los causantes de la prevista demora (más de dos años) para que las reacuñaciones empezaran a ajustarse a los nuevos criterios. Lo cierto es que, llegado ese momento, la resistencia del Banco de España a aceptar las monedas de nuevo cuño haría que el Decreto de 19 de octubre, tal como fue inicialmente concebido, tampoco entrara entonces en vigor.

Para entender la oposición a la nueva talla, debe considerarse que la reforma de 1868 supuso de facto una revalorización de los metales (oro y plata) en relación con el valor reconocido en la talla inmediatamente anterior, la de 1864. De la relación 1 a 14,90 de 1864, la talla de 1868, defendía una relación de 1 a 15,5, más cercana a la cotización relativa de ambos metales en las bolsas internacionales. De ahí el problema de ceder a la resistencia opuesta por el Banco de España, como se cede en el Decreto de 15 de diciembre de 1871, cuando dispone que las nuevas acuñaciones mantengan la talla de 1864. La desvalorización de la plata a partir de 1873 (como vimos en “El patrón oro en el siglo XIX), tendrá en consecuencia, efectos tanto más contundentes en España, cuanto que en la situación de partida, el metal blanco ya estaba sobrevaluado.

Así se explica el debilitamiento de las acuñaciones de metal amarillo, sin que la decisión de rebajar en 1873 la talla de la moneda blanca (hasta 220 pesetas por kilogramo de plata fina entregado) pueda contener la abundante importación de metal argentífero. Es difícil renunciar al beneficio que representa obtener un nominal que permanece por encima del precio de compra del metal empleado. En este sentido, la decisión española de elevar la relación oro-plata (las 220 pesetas la subían de 14,90 a 15,66), aunque correcta en su orientación, quedó lejos de la necesaria (cuando el mercado la cifraba en 15,92) para atajar la proliferación de la moneda de plata. Distanciada quedó también de la rotunda respuesta de los países de la Unión, quienes para evitar el cumplimiento de la conocida ley de Gresham (la moneda mala, la que se desvaloriza, expulsa a la buena de la circulación), redujeron primero las acuñaciones de plata, hasta que en 1878, ante el incesante desplome de su cotización deciden suspenderlas.

Con tal decisión, el patrón monometálico oro liderado por Gran Bretaña era coronado rey indiscutible del orden monetario internacional, al menos hasta el inicio de la Gran Guerra. Tras el ingreso de Francia, puede decirse que ninguna potencia quedaba fuera del dominio del oro, y los países que lo estaban, como España, vivirían desde entonces en la perpetua tensión de tener que decidir sobre las ventajas e inconvenientes de adscribir la moneda nacional al patrón oro.

Las ventajas de pertenecer al sistema monometálico (ver artículo anterior) deslumbrarán a cuantos países, como España, quedan a las puertas del patrón amarillo en su época de mayor esplendor, 1880-1913. Porque España nunca va a ingresar en el patrón, a pesar de que se planteó formalmente el ingreso mediada la década de los setenta, cuando tras suspender las acuñaciones de oro, la Restauración apuesta (apagada la revolución cubana y con el problema carlista bajo control), por orientar la política monetaria española hacia el canon monometalista que está imponiéndose en el mundo.

En efecto, un Real Decreto de 20 de agosto de 1876 había declarado la voluntad española de sumarse a la norma monetaria dominante, y de abandonar, por consiguiente, el patrón plata en que había derivado, de facto, el bimetalismo sancionado en 1868. El abandono de la plata y el ingreso en el patrón oro, sin embargo, se programó de forma gradual. En primer término, debían cesar las acuñaciones de metal blanco por cuenta de particulares; a partir de entonces se harían por cuenta exclusiva del Estado. La idea era tener bajo control las acuñaciones de plata, ajustando su circulación a las necesidades de moneda de reducido valor (fraccionaria) de acuerdo con el volumen interior de transacciones comerciales. Continuaba empero la acuñación libre de oro por cuenta de los particulares, aunque ahora sí (derogando en este punto lo dispuesto en el Decreto de 1871), a la talla de 1868 (0,29 gramos oro/peseta). Para evitar escasez de circulante en el supuesto de que los agentes privados no presentaran suficiente oro para la acuñación, el Gobierno se comprometía a suministrar por su cuenta el metal necesario. No en vano, el objetivo último del Decreto de agosto de 1876 era llegar a conseguir una circulación de oro lo suficientemente abundante (esto es, proporcionada a la demanda de dinero), para poder prescindir de la plata, quedando el sistema monetario español instituido como sistema monometálico oro. Pero por el momento, a la altura de 1876, aunque levantada la uspensión de las acuñaciones de oro decidida en 1873, la oferta monetaria nacional continuaba siendo bimetálica, y de 1876 en adelante, a pesar de que las acuñaciones de oro fueron muy superiores a las de plata (900 millones de pesetas oro contra 150 de plata hasta 1882), por efecto del atesoramiento, el metal amarillo fue reduciendo peso en el efectivo en manos del público, lo mismo frente a la plata que a la circulación de billetes emitidos por el Banco de España.








1882-25ptas-oro-alfonso12.jpg

25 pesetas en Oro, 1882









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circulacionmonetaria.jpg



Un proceso que se agravará en 1882, cuando la crisis internacional (vivida de manera especialmente intensa por la vecina Francia, que como hemos visto antes, era la principal importadora de productos españoles), corte el flujo de divisas hacia España, y la prima que alcanzan las letras giradas sobre el extranjero en la Bolsa de Madrid estimule la conversión de billetes en oro, reduciendo de manera alarmante las reservas metálicas del Banco de España. De ahí que en 1883, la legislación monetaria española marque un
nuevo rumbo al declarar la suspensión de la convertibilidad en oro del billete. Se releva el Gobierno del compromiso de sostener las acuñaciones de metal amarillo, y el billete de banco sólo conserva a partir de entonces su convertibilidad en plata, quedando respaldado, en consecuencia, por una moneda igualmente fiduciaria. Se habían sentado las bases del que iba a ser el sistema monetario español hasta 1918: un sistema un tanto atípico en el contexto de patrón oro dominante, con un circulante básicamente fiduciario
y ,conforme pondrá en evidencia la desaparición de la moneda de oro, con un tipo de cambio flexible. Lo cual no quiere decir que se enterrara en 1883 la voluntad de ir hacia el patrón oro. Prueba de que la intención persistía está en no haber revocado la Ley bimetalista de 1868, sino simplemente haber suspendido temporalmente, la convertibilidad en oro del dinero legal. En cualquier caso, la excepción a la norma monetaria internacional tendría sus particulares efectos sobre la economía española.

A diferencia de los países del patrón oro, en España, por ejemplo, no se plantearon problemas de liquidez cuando, en el último tercio del XIX se detectó una cierta escasez de oro, en buena medida provocada por la propia desmonetización de la plata y el consiguiente aumento en la demanda de oro para usos monetarios. Lo importante es que las dificultades en la provisión de oro forzaron una acomodación, a la baja, de los niveles internos de precios, contribuyendo a la deflación que iniciada en 1873, continuaría hasta mediados los noventa. En este lapso de tiempo, el de la Gran Depresión, los índices de precios de los países sujetos al patrón oro mantuvieron una tendencia bajista, que contrasta grandemente con el relativo sostenimiento de los precios españoles. Pues por haber mantenido en 1873 un patrón bimetálico (oro y plata), que daba de partida una base monetaria más amplia, y sobre todo, por haber potenciado las posibilidades de expandir el billete al suspender su convertibilidad en oro (1883), la oferta monetaria española mantuvo una trayectoria ligeramente alcista hasta principios de los noventa; los precios, en consecuencia, escaparon en su formación al influjo monetario de la escasez del oro y a la dureza de la Gran Depresión. El resultado fue una importante acumulación de inflación diferencial española frente al exterior, síntoma entonces, como ha sido frecuente en la posterior historia monetaria nacional, de las necesidades financieras de la Hacienda y su recurso al banco central. De hecho, el Decreto que concedió el privilegio de emisión a dicha entidad en 1874, se fundó en la base de los apuros financieros por que atravesaba el Estado.


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El Banco de España


Tanto los gastos extraordinarios de guerra y la debilidad de los ingresos tributarios en los setenta, como la crisis agrícola de los ochenta, presionaron sobre unos presupuestos, que, dada su extrema rigidez, acumularon déficit tras déficit. Por dicho motivo desde la constitución del Banco, y hasta el esfuerzo de estabilización presupuestaria de los primeros noventa, el recurso público al instituto emisor, (solicitando anticipos en metálico que no reembolsaría, colocando títulos de Deuda en cartera), irá conformándose en su principal línea de negocio. En 1891, los activos públicos en poder del Banco de España vendrían a representar más del 50% del total de activos; sin la emisión de billetes que esta línea de negocio alimenta, no se entendería el nivel de vuelo alcanzado por el papel, ya entonces el componente más relevante del efectivo en manos del público. Hasta tal punto había su circulación aumentado, que era necesario revisar el tope de emisión del Decreto de 1874, cifrado en 750 millones de pesetas.

Y esto es lo que hace precisamente la Ley de 14 de julio de 1891, cuando renueva al Banco de España el privilegio de emisión. Eleva el límite hasta 1.500 millones y cambia el criterio de garantía del billete establecido en la legislación de 1874, terminando teóricamente con la posibilidad de continuar con la financiación monetaria de la Deuda al no admitir efectos públicos como garantía del billete. Es más, al no admitir títulos de Deuda como garantía, dado el peso alcanzado por éstos en el activo del Banco, se impone el saneamiento de su cartera. No hay ninguna duda de que se estaba considerando de nuevo en España, la adscripción de la peseta al patrón oro. La voluntad de cortar con la financiación inflacionista del déficit, y aun de drenar liquidez mediante el rescate del Estado de la Deuda en cartera, dejan pocas dudas al respecto.

Cuestión distinta es que la insurrección cubana de 1895, y la guerra con los Estados Unidos, que dan al traste con el equilibrio presupuestario logrado a principios de década. La presión de los gastos asociados al conflicto (y las dificultades de España para encontrar financiación externa), provocó un importante deterioro de la posición deudora del Estado. La Deuda pública en circulación creció de manera acelerada, volviendo de nuevo a colocarse, una parte considerable, en la cartera del Banco de España. Añadiendo a esta colocación los anticipos concedidos por el Banco al Tesoro, queda explicada la expansión de los activos del instituto emisor frente al sector público, y en contrapartida, la proliferación de sus pasivos monetarios. Los billetes en circulación pasaron de representar 910 millones de pesetas en 1894 a 1.444 millones en 1898. Entonces, al quedar ya poco para alcanzarse el tope de emisión de 1.500 millones fijado en la Ley de 14 de julio de 1891, se aprobó un Real Decreto (de 9 de agosto de 1898), que lo elevaba a 2.500. Si además se considera la acuñación de plata entonces dispuesta, se entiende la espectacular expansión de la base monetaria española, que aumenta más de un 50% hasta el final de la contienda. De ahí la elevación del nivel español de precios y la acumulación de inflación diferencial con respecto a los países del patrón oro.

La guerra, en definitiva, no fue un mero compás de espera, pues lejos de aplazar el proyecto de regulación de la circulación fiduciaria implícito en la Ley de 1891, lo que hizo fue intensificar el vínculo entre el Tesoro y el instituto emisor. De manera que cuando el Gobierno español se enfrente a sus consecuencias financieras, las renovadas intenciones de contener la expansión monetaria y dominar la inflación, partirán de una situación sustancialmente más deteriorada que la de principios de década.

“Circulación averiada, quebranto de la moneda, enfermedad epidémica...”

Son estos algunos de los términos empleados a partir de 1898 para referirse al descontrol monetario, tal como entonces se percibe, en que había derivado el recurso público al Banco de España entre 1895 y ese último año. Lo interesante es que desde el mismo momento en que se firma la paz y queda claro el balance financiero de la guerra, se recupera la voluntad de ajustar la evolución de las magnitudes monetarias a la demanda real de dinero en el mercado. Los Presupuestos para 1899, se encargarán de poner la primera piedra. Mediante el reforzamiento de ingresos, pero sobre todo, debido al arreglo de la Deuda (aplazamiento de amortizaciones y reducción de los intereses), se logra el superávit. En ese mismo año, el límite de emisión de billetes se rebaja a 2.000 millones. A partir de entonces, el superávit se instala en el saldo presupuestario español hasta 1909. Se ciega con ello la necesidad de financiarlo a través de la emisión de billetes, y aún más relevante, el superávit va a permitir el rescate de títulos de Deuda en cartera, enlazando con la operación de saneamiento de los activos del Banco que en su momento previera la Ley de 1891. Gracias a los superávit y al programa de cancelación de deudas de principios del siglo XX, logró contenerse la expansión de la oferta monetaria española.

Especialmente a partir de 1902, cuando una Ley de 13 de mayo, al exigir un mayor respaldo en oro para el billete circulante, obligó a contener el crecimiento de los activos del Banco de España (créditos) frente al sector privado. El resultado fue un freno relativo a la elevación de precios, razón por la cual, en todo este período (de 1899 a 1909), vuelve a verse factible el integrar la peseta en el patrón oro. Si entonces no se dio el paso, fue porque quería restaurarse la convertibilidad del billete a la antigua par de 100 pesetas por 29 gramos de oro fino (las 3.444,4 pesetas por kilo de oro fino) establecida en la Ley de 1868. Algo inviable cuando la moneda, estaba todavía lejos de cotizar en los mercados de divisas las 25 pesetas/libra esterlina (100 pesetas/100 francos). Se cierra de este modo un capítulo de la historia monetaria española que bien pudo haber registrado, de no ser por el pundonor de restaurar a la vieja par, la incorporación de la peseta al patrón. Esperanzas de integración que, por otra parte, irán debilitándose a partir de 1909, momento en que la presión de los gastos sobre el presupuesto (debido principalmente a la guerra de Marruecos y a una política interior más intervencionista), quiebran el principio de suficiencia presupuestaria.






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Billete de 100 pesetas emitido por el Banco de España en 1889









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Last edited:

Toom

General
Mar 21, 2002
1.716
0
vaya, que casualidad... yo tengo un par de monedas de esas de plata de la republica! son muy valiosas?

en cuanto a la moneda de oro de alfonso XII... porque pone rey consorte??? es la misma moneda por las dos caras?