Una historia siempre viva... como todas a las que no se le encuentra una explicación convincente. ¿Qué será que tiene el mar, que parece ser fuente inagotable de historias e incluso hasta sus mitos tienen aspecto de realidad cuando son contados por un viejo marino? (No me refiero al Mary Celeste como mito, pero sí a muchos otros que desde la antigüedad hasta hoy continuamos leyendo y escuchando porque los disfrutamos y jamás nos aburren).
Tal vez nunca se encuentre una explicación consistente y racional a lo ocurrido con la tripulación del Mary Celeste. Es que tal vez no la haya, porque se omite la elusiva condición humana y la irracionalidad (sea individual y colectiva) que en momentos críticos puede aquejarla.
Hay una historia más reciente que me recuerda al Mary Celeste.
Hace alrededor de 5 años, un mercante rescató a 2 náufragos que estaban a bordo de una balsa salvavidas, que iban a la deriva más o menos entre las Canarias y la costa africana: se trataba de una mujer de unos 30 años y su pequeño hijo de unos 2 o 3 años, ambos de nacionalidad francesa.
Según le dijo la mujer al capitán, estaban a la deriva desde hacía unos 2 días, cuando se vieron impelidos a abandonar su yate (un velero de unos 12 m con 2 mástiles) cuando fueron sorprendidos por un temporal. Su marido (también francés y patrón del velero) estaba desaparecido. Ante lo manifestado, el capitán del mercante se comunicó con la autoridad portuaria de Canarias para que se organizara la búsqueda del desaparecido, a quien habría que presumir como náufrago dado el poco tiempo que medió entre su aparente desaparición y la comunicación de la misma.
Un helicóptero de rescate español descubrió al yate navegando a la deriva, aunque en buen estado y sin signos ni de inundación ni de violencia en su interior.
El yate estaba acondicionado y correctamente equipado para la navegación oceánica, incluso con un mal tiempo tolerable para un barco de esa eslora (además de velas, mástiles y cabullería de buena calidad y en buen estado - no obstante ser un barco de más de 20 años - tenía el timón en un cokpit cerrado).
No recuerdo ni su destino ni las escalas realizadas y programadas, pero me parece que ante el juez de instrucción español la mujer declaró que habían partido del N de Francia (con una escala para reaprovisionamiento en Portugal) y su idea era dar la vuelta a África. Asimismo declaró que cuando el temporal los alcanzó, la navegación a su marido le pareció imposible (el parte meteorológico y los peritos navales afirman que la intensidad de la tormenta que tuvo lugar en esa fecha eran perfectamente soportables por el buque, y que éste podía seguir navegando a motor o a vela, aunque en este último caso tal vez variando algo el rumbo para no forzar ni al velámen ni a los mástiles).
Fue en ese entonces que su marido decidió que lo mejor era abandonar el velero, y lanzó la balsa al agua.
Ayudó a bajar a su mujer y a su hijo; y cuando iba a embarcar él, un golpe de mar lo hizo caer al agua. Según su mujer, las olas lo fueron arrastrando lejos de la balsa hasta que finalmente lo perrdió de vista.
La balsa era de esas que son redondas y con una especie de carpa, que se inflan automáticamente cuando caen al agua; aunque tienen un par de palas para remar, al ser redondas son muy difíciles de controlar y arrumbar... especialmente para una sola persona. Por lo que la versión (a falta de datos más concretos) resulta plausible.
Su marido nunca fue hallado, y el caso finalmente fue cerrado y caratulado como "naufragio y accidente".
El patrón del yate no era un improvisado: tenía los conocimientos y la experiencia que internacionalmente son exigibles. Asimismo, la preparación de su barco y el hecho de que llevara su familia a bordo (junto con otros datos realtivos a su personalidad) no permiten suponer comportamientos temerarios por su parte. Tampoco se trataba de un matrimonio mal avenido en el que una disputa conyugal en alta mar pudiera devenir en homicidio.
Y cualquiera que haya salido al mar a menos como pasajero, no necesita que se le explique que mejor que un chaleco salvavidas es estar a bordo de una balsa o de un bote; pero mucho más seguro es permanecer a bordo de un buque (cuanto más más grande, mejor)... y que éste se abandona solo como recurso extremo y último.
Entonces: ¿qué pensamiento irracional pasó por la mente de ese hombre, para hacerle ver como peligrosa una situación que no lo era? ¿Por qué su mujer no intentó disuadirlo? (Afirmó que obedeció la indicación de su marido sin rechistar... y ella tampoco era la primera vez que navegaba).
Las mismas preguntas, si alguna vez pudieran responderse, tal vez permitirían tener una idea algo más precisa acerca de lo que pudo haber ocurrido con la tripulación del Mary Celeste...
Un saludo a todos.
