En casi ninguna religión con cierto devenir histórico existen figuras que personifiquen el "mal" así a palo seco.
Lo que existen son deidades y criaturas opuestas al orden celestial o que por su existencia y oposición dan sentido a un determinado orden.
En este sentido, el mejor ejemplo es posiblemente el de Typhon. No se trata de un dios malvado, sino la personificación del caos primigénico surgido de la tierra misma (su madre es Gea) que es derrotado y encerrado por la representación del orden y la civilización, Zeus en este caso.
Esta estructura no es extraña, ya que en el sistema mitológico indoeuropeo se suele dar una clara distinción entre dioses "ordenados" (en el caso griego, olímpicos) y "caóticos" (sin salir de Grecia, los llamados "ctónicos") que van asociados tanto a lo luminoso y elevado como a lo oculto y vinculado a la tierra.
Ejemplos de dioses "ctónicos" en otros sistemas mitológicos hay muchos y sus caracteres son equiparables entre si en muchos casos. Algunos ejemplos: Yama (dios de los muertos indio), Cernunnos (el amante de la Madre Tierra y patrón de los bosques en el mundo celta), Loki (el gran bromista del ciclo vikingo y quizá equiparable a la figura del "trickster" de los mitos americanos), Endovelico (el patrón de los muertos y la adivinación de los lusitanos)...
En el mundo semita no hay en principio unas diferencias tan sustanciales, ya que los dioses "oscuros" se asimilan a dioses del inframundo o la fertilidad; el cambio sustancial surgirá con la religión hebrea (después judaismo) y el resto de religiones monoteistas de tronco Abrahamánico.
Quizá por influencia Zoroastrista, "lo oscuro" comienza a verse de manera ya no respetuosa y con cierto miedo, sino que genera un verdadero pánico.
Y en ese contexto surgen figuras como el Baal-Zebub judío, el Satanás cristiano o el Iblis musulmán (este es bastante más complicado, ojo).
Como dice Fodoron, normalmente los monoteismos no son muy machacones con esas figuras malvadas dado que precisamente por el carácter supremacistas del monoteismo, su influencia y poder no es comparable al del dios único. En todo caso, su papel teológico varía y es susceptible de reinterpretación, por lo que en ciertas sectas, ese "machaque" sí está muy presente como en el caso de los Testigos de Jehova.