Capítulo XXXVII. Parte III
(continuación)
Debido a su juventud y a pesar de un prometedor futuro, el rey y emperador Heinrich, el quinto de su nombre, se vería obligado a esperar a que pasasen algunos a meses antes de hacer su primer acto de presencia en la escena internacional. El cambio de monarca siempre abría un peligroso periodo donde los vasallos podían poner a prueba su lealtad a su nuevo señor, por lo que convenía mantenerse adulador en las maneras y lisongero en el trato. Y es que a diferencia de su padre, Heinrich V no dispondía de dinero suficiente como para 'malgastarlo' en presentes monetarios para sus súbditos, además de que su necesidad no era tan extrema ya que al menos él no estaba enfermo. Así pues, se dejaría pasar un tiempo antes de pasar a la acción.
Al menos, Heinrich V pudo asistir como espectador a la guerra que acababa de declarase entre el reino de Polonia, por un lado, y los reinos de Suecia y Hungría, además de la Órden Teutónica, por el otro. ¿Cómo podían ponerse a dirimir sus vecinos viejas rencillas ahora que los mongoles estaban acechando en sus fronteras? ¿No se daban cuenta de que aquello sólo beneficiaba a tan salvaje enemigo?, se preguntaba alarmado el Extranjero. Ni un ma común hacía unirse a Europa...
Durante aquellos largos meses en los que el nuevo Emperador fue grangeándose poco a poco el respeto de todos sus vasallos, la vida de palacio continuaría su inalterado curso. El primero de septiembre del año del Señor de 1285 nacería Karloman, cuarto hijo varón del Emperador, aunque desde su mismo alumbramiento quedaría a las claras que se trataba de un débil muchacho. Apenas comía de los senos de sus madre o de las amas de cría que le atendían. Poco le quedaba al pobre crío, sin duda.
Y de nuevo apenas mes y medio después de su último parto, Alice de Normandie, esposa del 'Joven León', volvía a quedarse preñada, lo que ensalzaría una vez más la figura del Emperador... a la par que resultaría fatal para su esposa, pues ese ritmo de parto y embarazo era demasiado alto hasta para la más fuerte de las mujeres. De hecho, entre los meses de mayo y junio del año del Señor de 1286, Heinrich V perdería primero a su cuarto hijo varón, Karloman, que no había podido superar el año de vida; y después a su esposa y al fruto de su vientre, pues Alice no superaría el parto y el bebé tampoco. Por supuesto, el más negro de los humores achacaría la muerte de la Emperatriz a la extrema virilidad de Heinrich V, pues éste no dejaba ni un segundo de plantar su semilla en el vientre de su esposa... pero la cosa en realidad tenía más que ver con las deplorables condiciones sanitarias del momento. Aún así, la popularidad del Emperador como 'el Ávido' o 'el Potente' seguía creciendo.
Chascarrillos aparte, lo cierto es que para Heinrich V la pérdida de su querida esposa fue un auténtico mazazo, por lo que guardaría un respetuoso duelo antes de volver a casarse. Sin embargo, en lugar de sumirse en una depresión, el Emperador prefirió dejar que una ardiente ira fuese creciendo en us interior, ira que liberaría contra el infiel llegado el momento. La depresión era para los débiles.
A finales de noviembre del año del Señor de 1286, Imre Árpád, rey de Hungría se convertía también en soberano de Polonia tras arrebatarle el regio título a su anterior propietario, Ziemowit Piast, en el campo de batalla. La Paz de la Vergüenza, para los polacos, y la Paz de Varsovia, para el resto del mundo, marcaría la unificación de las coronas húngara y polaca bajo la familia Árpád, mientras que los Piast conservarían aún algunos territorios pero ahora como ducado independiente de Mazovia. Lástima que la sucesión en Hungría ya incluyese demasiados miembros por delante de Heinrich V como para intentar adelantar posiciones mediante el asesinato. ¿O no?
Lo único cierto es que tras la Paz de Varsovia, Imre Árpád se convertía en el segundo soberano más poderoso de Europa tras el propio emperador Heinrich V Hohenstaufen. ¿Acababa de nacer un poderoso enemigo... o un aliado en un futura cruzada contra el azote mongol? El tiempo, como siempre, lo diría.
El reino de Hungría-Polonia en 1286.
Más o menos durante aquella tumultuosa época Heinrich V ya había conseguido grangearse una férrea lealtad por parte de todos sus vasallos, por lo que decidió que Alemania abandonase al fin un obligado ostracismo en el que estaba inmerso desde la llegada del difunto Frederick I al trono. Y su primer objetivo no sería otro que el emirato de Córdoba, el último bastión del infiel en Al-Andalus. Eso sí, siempre con un ojo puesto en Oriente el avance mongol.
(Fin del capítulo)
(continuación)
Debido a su juventud y a pesar de un prometedor futuro, el rey y emperador Heinrich, el quinto de su nombre, se vería obligado a esperar a que pasasen algunos a meses antes de hacer su primer acto de presencia en la escena internacional. El cambio de monarca siempre abría un peligroso periodo donde los vasallos podían poner a prueba su lealtad a su nuevo señor, por lo que convenía mantenerse adulador en las maneras y lisongero en el trato. Y es que a diferencia de su padre, Heinrich V no dispondía de dinero suficiente como para 'malgastarlo' en presentes monetarios para sus súbditos, además de que su necesidad no era tan extrema ya que al menos él no estaba enfermo. Así pues, se dejaría pasar un tiempo antes de pasar a la acción.
Al menos, Heinrich V pudo asistir como espectador a la guerra que acababa de declarase entre el reino de Polonia, por un lado, y los reinos de Suecia y Hungría, además de la Órden Teutónica, por el otro. ¿Cómo podían ponerse a dirimir sus vecinos viejas rencillas ahora que los mongoles estaban acechando en sus fronteras? ¿No se daban cuenta de que aquello sólo beneficiaba a tan salvaje enemigo?, se preguntaba alarmado el Extranjero. Ni un ma común hacía unirse a Europa...
Durante aquellos largos meses en los que el nuevo Emperador fue grangeándose poco a poco el respeto de todos sus vasallos, la vida de palacio continuaría su inalterado curso. El primero de septiembre del año del Señor de 1285 nacería Karloman, cuarto hijo varón del Emperador, aunque desde su mismo alumbramiento quedaría a las claras que se trataba de un débil muchacho. Apenas comía de los senos de sus madre o de las amas de cría que le atendían. Poco le quedaba al pobre crío, sin duda.
Y de nuevo apenas mes y medio después de su último parto, Alice de Normandie, esposa del 'Joven León', volvía a quedarse preñada, lo que ensalzaría una vez más la figura del Emperador... a la par que resultaría fatal para su esposa, pues ese ritmo de parto y embarazo era demasiado alto hasta para la más fuerte de las mujeres. De hecho, entre los meses de mayo y junio del año del Señor de 1286, Heinrich V perdería primero a su cuarto hijo varón, Karloman, que no había podido superar el año de vida; y después a su esposa y al fruto de su vientre, pues Alice no superaría el parto y el bebé tampoco. Por supuesto, el más negro de los humores achacaría la muerte de la Emperatriz a la extrema virilidad de Heinrich V, pues éste no dejaba ni un segundo de plantar su semilla en el vientre de su esposa... pero la cosa en realidad tenía más que ver con las deplorables condiciones sanitarias del momento. Aún así, la popularidad del Emperador como 'el Ávido' o 'el Potente' seguía creciendo.
Chascarrillos aparte, lo cierto es que para Heinrich V la pérdida de su querida esposa fue un auténtico mazazo, por lo que guardaría un respetuoso duelo antes de volver a casarse. Sin embargo, en lugar de sumirse en una depresión, el Emperador prefirió dejar que una ardiente ira fuese creciendo en us interior, ira que liberaría contra el infiel llegado el momento. La depresión era para los débiles.
A finales de noviembre del año del Señor de 1286, Imre Árpád, rey de Hungría se convertía también en soberano de Polonia tras arrebatarle el regio título a su anterior propietario, Ziemowit Piast, en el campo de batalla. La Paz de la Vergüenza, para los polacos, y la Paz de Varsovia, para el resto del mundo, marcaría la unificación de las coronas húngara y polaca bajo la familia Árpád, mientras que los Piast conservarían aún algunos territorios pero ahora como ducado independiente de Mazovia. Lástima que la sucesión en Hungría ya incluyese demasiados miembros por delante de Heinrich V como para intentar adelantar posiciones mediante el asesinato. ¿O no?
Lo único cierto es que tras la Paz de Varsovia, Imre Árpád se convertía en el segundo soberano más poderoso de Europa tras el propio emperador Heinrich V Hohenstaufen. ¿Acababa de nacer un poderoso enemigo... o un aliado en un futura cruzada contra el azote mongol? El tiempo, como siempre, lo diría.
El reino de Hungría-Polonia en 1286.
Más o menos durante aquella tumultuosa época Heinrich V ya había conseguido grangearse una férrea lealtad por parte de todos sus vasallos, por lo que decidió que Alemania abandonase al fin un obligado ostracismo en el que estaba inmerso desde la llegada del difunto Frederick I al trono. Y su primer objetivo no sería otro que el emirato de Córdoba, el último bastión del infiel en Al-Andalus. Eso sí, siempre con un ojo puesto en Oriente el avance mongol.
(Fin del capítulo)