La Roma en la que entró Belisario reflejaba el declive del imperio del Oeste. Aún siendo todavía la mayor ciudad del oeste, su población había descendido considerablemente, su gente hacía pasar el ganado por el foro y los edificios destruidos por los visigodos y los vándalos en el último siglo no habían sido reparados.
El ejército que Justiniano envió contra los Persas (ver I y II de “Historia de las guerras” Procopio, N. del T.), contra los vándalos (libros III y IV, creo), Francos y godos no se parecían en nada a los ejércitos romanos que habían conquistado Europa, Oriente Medio y el norte de África. Éstos se componían de infantería pesada que llevaban javalinas y después luchaban con pilums, espadas y escudos, apoyados en los flancos por pequeños destacamentos de jinetes reclutados en provincias con mayor tradición “hípica” que Roma. Siglos de guerras contra ejércitos de jinetes como los godos, los hunos y los Persas cambiarán el ejército romano. En el siglo VI el ejército consistía principalmente en una fuerza montada de lanceros, o cabalarii, con armadura y capaces de empuñar un arco desde el caballo. Las labores de guarnición y defensivas las hacían dos tipos de infantería: arqueros de armamento ligero y soldados de armadura pesada (cotas de malla) que luchaban con espadas, hachas y lanzas.
En cuestión de organización, el ejército romano ya no se dividía en legiones. Ahora se organizaba en escuadrones llamados banda, un palabra griega tomada del alemán y utilizada en un principio para designir las tropas aliadas de esa ancionalidad. Aunque muchos de los soldados eran súbditos del imperio (griegos, tracios,a rmenios o isaurios), muchos otros eran mercenarios que juraban lealtad sólo a su comandante. Esta práctica venía de la época de Teodosio, que empleaba compañías de bárbaros de nombre foederati. Esto llevó a que en el siglo VI los generales nativos tenían pequeños ejércitos privados. Belisario mismo tenía 7000 hombres a su mando. Como estos soldados sólo obedecían a su jefe, un general victorioso podía convertirse en una amenaza al trono.
Una descripción de un jinete romano fue dada por Procopio de Cesarea, el secretario personal de Belisario, que le acompañó en sus campañas y que estuvo presente en el asedio a Roma. “Nuestros arqueros van montados a caballo, manejándolo con admirable habilidad; sus cabezas y sus hombros van protegidas por un casco; llevan grebas de hierro en sus piernas y su cuerpo es protegido por una cota de malla. En su derecha llevan un carcaj, a su izquierda una espada, en combate cuerpo a cuerpo portan una lanza o una jabalina. Sus arcos son fuertes y poderosos; disparan en cualquier dirección, avanzando, retrocediendo, hacia delante, hacia atrás, o incluso a los flancos; y como son enseñados a llevar la cuerda del arco hacia su oreja derecha (y no hacia su pecho), firme ha de ser la armadura que pueda resistir la rápida violencia de su flecha”
Los sucesores de las viejas legiones estaban altamente organizados, y sus generales estaban bien entrenados en tácticas y en estrategias. El típico general Bizantino adaptaba sus acciones a sus enemigos, fueran éstos godos, persas o, más tarde, árabes, enfrentando arqueros contra lanceros, o lanceros contra arqueros a caballo.