Capítulo VIII: La década del 50
Capítulo VIII: La década del 50
¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los salvajes unitarios! Era el grito que resonaba en los edificios públicos, las escuelas, las iglesias en todas partes. Pero más que un grito de guerra era una forma de adherirse a la nueva nación que se había aferrado al mundo en sus peores momentos y supo salir adelante.
Con los nuevos territorios obtenidos del otro margen del plata y las conquistas en Rió Grande se formaron nuevas provincias que rápidamente se adaptaron a la floreciente nación aportando sus productos y mano de obra.
En el plano internacional no había cambiado de forma determinante la distribución de las naciones, pero si interiormente, se podía ver como se ensanchaba la prosperidad argentina en detrimento del Imperio. Por otro lado las relaciones con los otros países de sur no eran comunes y no se mantenían ningún lazo en especial.
El Paraguay, impulsado por la política de Pedro II de Brasil había sido reconocido como una nación libre y soberana por los gobiernos europeos, y su líder Carlos Antonio López mantenía una política de desarrollo industrial y militar, y a pesar de su escasa población, inquietaba al Restaurador.
La República de Chile de la mano de Manuel Montt mantenía una política similar a la paraguaya, militarmente era una nación de respetar, escondida entre los Andes tenía una capacidad defensiva abrumadora.
La República de Bolivia gobernada por el populista Manuel Isidoro Belzu tenía muchos problemas de revueltas oligárquicas y conservadoras, además rodeados de ambiciosos vecinos como Chile y Brasil, su posición no era firme.
Por ultimo el Imperio, la nación más poderosa era desafiada por Argentina en múltiples ocasiones e internacionalmente mantenía disputas sobre temas económicos y esclavistas con Gran Bretaña, por lo que se encontraba en franca retirada, sin embargo no por eso se doblegarían ante los hechos.
La economía empezaba a repuntar por lo que el gobierno podía apoyar económicamente a los grupos estratégicos como los capitalistas recortando presupuesto al ejército.
La población continuaba siendo mayoritariamente agrícola, aunque empezaba crecer un pequeño grupo de obreros industriales en Buenos Aires, y la clase media formada por profesionales empezaba a formar pequeños grupos.
Lo más sobresaliente era como había aumentado la población en los últimos años, producto de la inmigración y la buena salud publica. Aunque los recién llegados también traían otras ideas no muy buenas para la nación, grupos extremistas de comunistas y reaccionarios engrosaban las filas de los salvajes Unitarios. Aunque todavía no tenían una política firme de partido.
Para julio de 1850 ocurrió un hecho que señalaría el futuro de Argentina, se inauguró la primara plata de comida enlatada en Bahía Blanca. Inmediatamente se comenzó a analizar si era posible entrenar nuevas tropas ya que los recursos se obtenían más baratos.
Pero esto no fue todo, un mes más tarde se anunció oficialmente la construcción de la primera Serraría Nacional, en la ciudad capital. Era obvio que las políticas de apoyo a los capitalistas para la formación de industrias estaban dando resultado.
Para fin de año, en diciembre, un hecho internacional cautivo la opinión publica y al gobierno. El presidente del Paraguay comenzaba la construcción de Fuerte Humaitá, en la provincia de Formosa fronteriza a la Confederación, el gobierno no ocultaba su apatía al vecino que se preparaba para una posible guerra. En Brasil se celebro este acto como una victoria militar, no dudarían en tener la revancha con el apoyo de los guaraníes.
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Los troncos del chaco descendían por el río Paraná para entrar al puerto de Buenos Aires, donde se procesaban para obtener las maderas esenciales para la construcción de barcos viviendas y muchas otras cosas.
También se construyeron los primeros trenes de Sudamérica, apenas unos meses antes de los paraguayos. Emplazados entre la ciudad de la Plata y Buenos Aires.
Pero las aceleradas construcciones no eran gratis, y en algún lado se tenían que comprar ciertas materias primas estratégicas.
El diplomático MC Durwall representante de los Estados Unidos estaba encantado de conocer la Argentina y más aun por firmar un tratado que favorecía a ambas naciones.
La comunicación entre él y Don Juan Manuel se podía llevar a cabo ya que él primero había estado en México, donde había aprendido el español.
-Me da mucho gusto ver que no todo es pobreza y desolación en el nuevo continente señor Rosas. Comentaba Durwall.
-Es un gran elogió para una nación que solo hace 6 años se encontraba dividida y en guerras perdidas. Contestó Rosas.
-Pero eso es obvio, nadie puede desarrollarse plenamente sin antes vencer a sus enemigos y romper ciertas barreras. En mi país nuestro crecimiento se lleva a cabo a expensas de los indios y nuestro vecino mexicano tengo que admitir.
-E tenido noticias de las guerras con México, aunque no comparto todo su argumento me resguardo como un observador, también se que hacen muchos progresos allí en el norte de continente, y que incluso an desafiado a las potencias europeas.
-No siempre fue así y tuvimos que pagar guerras muy caras con los ingleses, de todas maneras no hay que prestar oído a todo lo que se dice. Nos hayamos en paz con el viejo mundo. Ah ahora que recuerdo si me permite ¿Me gustaría probar ese tan famoso dulce de leche, sabe donde se consigue?
Y así permanecieron ambos personajes charlando de las relaciones entre las naciones y muchas otras cosas.
Una vez finalizado el tratado y despedido las visitas se pusieron sobre el tapete nuevas cuestiones. Se promulgo la educación gratuita y universal, donde no se distinguía clase social, esto brindaba a la Argentina cierto prestigio internacional ya que era una de las primeras en América en tomar esta iniciativa.
Otra medida acertada del gobierno fue la creación de una activa comunidad de inversionistas en las provincias de la Rioja, que a pesar de los altos costos iniciales demostrarían ser muy eficientes en el futuro. La construcción de vías férreas de acelero inmediatamente, cubriendo casi completamente la provincia de Buenos Aires y completando el Litoral.
Y para 1855 comenzó la construcción de la primera papelera, en la provincia de Caligasta, nadie pensaba que estos nuevos ricos comenzarían con obras tan rápidamente.
En septiembre de 1855 Argentina alcanzo un hito 4 millones de habitantes. En menos de 20 años se cuadruplicó la población.