Capítulo 1. Introducción
Triste, triste España.
Qué pena me das.
No has conseguido aún levantarte de la puñalada trapera del francés y ya te encuentro de nuevo acuchillándote las entrañas a ti misma.
El mismo Rey inepto, cobarde, zalamero y al fin y al cabo traidor al que sin merecerlo le volviste a entregar tu trono, ese mismo, se las apañó de alguna forma, por imposible que parezca para volver a desgarrar, en un último golpe, al pueblo estúpido e ignorante que le dio todo y al que sólo supo devolver su podrida bilis.
Carlistas les llaman, aquellos que ahora apoyan al hermano, e Isabelinos los que hacen lo propio con su retoño, o más bien a su consorte, que es la que lleva los pantalones ahora en la Corte, Maria Cristina. Nunca tuvieron tus hijos mucha imaginación para los nombres, eso es evidente....
De algún modo digo, se las apañó el Rey Fernando, que Satanás le acoja en su seno, para dejar entreabierta la puerta de la Guerra Civil. Sólo necesitaste, España, asomarte un poco por esa rendija y la historia, siempre caprichosa contigo, se encargó de empujarte.
Cierto es que no habías empezado bien el siglo, no vayamos a llevar a engaño nadie;
No sólo consiguió el Bonaparte que le siguiéras en su cruzada, permitiendo que la Pérfida Albión acabara de un plumazo con tu flota frente a tus propias costas, si no que de paso, y ya que estaba metido en faena, se las ingenió para secuestrar a toda tu familia Real, uno detrás de otro para que abdicaran en su hermano Pepe.
Valiente enano, bien podía haber triunfado, pues poco provecho sacaste de su caída, sólo quedó la ignorancia, el miedo y el odio.
Con la península destrozada por años de guerras y guerrillas, y América olvidada, ignorada y maltratada, poco pudiste hacer para retener a tus hijos de ultramar, aunque estarás al menos de acuerdo conmigo en que mucho empeño no pusiste tampoco...
Recuerda España, que hubo quienes te lo advirtieron. Jovellanos te dijo que repartieras tus tierras de ultramar entre la dinastía real española, a la antigua usanza, para que todo quedara en familia.
Otros propusieron lo que luego harían los británicos con su tan cacareada Commonwealth; podías haber dado a América alguna suerte de independencia, reconociendo sus particularidades, sus tradiciones, sus culturas...pero no, ¿Cómo ibas a tratar de comprender a gentes que estaban a miles y miles de kilómetros cuando también ignorabas a toda la periferia peninsular, con tu castiza arrogancia?
Por dios, podías haberles dado lo único que pedían, un reparto de poder político y económico más equitativo y la extensión del sufragio más allá de los hijos de españoles “puros”...No era tanto ¿Verdad? No, no lo era, y te ha costado todo tu imperio salvo dos colonias a duras penas conservadas y otras dos pequeñas plazas en África.
¿Cómo puede ser España, que el peor de tus enemigos se encargara de dirigirte? Traidor llamé antes al Rey Fernando, traidor le llamo ahora y traidor le llamaré mientras viva pues, ¿qué otro nombre puede darse a aquel a quien tras habérsele entregado tu trono se atrevió a vender, por pura avaricia, a aquellos que le habían entronado? Con la Pepa no hizo si no limpiarse su real trasero, y así hemos llegado a donde estamos, de nuevo hermano contra hermano luchando por llevarte a su cama...
¿Qué piensas hacer ahora España? Tu tiempo se acaba, Europa se ríe de ti, América pide paso y amenaza con llevarte por delante si no te apartas...
Puede que ésta sea tu ultima oportunidad, España, para levantarte y volver a caminar codo con codo con las demás naciones de Europa, pues por increíble que parezca, y aunque sólo sea por falta de competencia, aún se te considera en algunos foros parte del concierto de naciones que deben regir el mundo, aún se te considera una Gran Potencia...Cuánta ironía ¿verdad? Tu, con todas las patadas y gargajos en la cara que has recibido, tu, con todas las estupideces que has cometido, tu, precisamente tu, una Gran Potencia.
Puede que sólo sea algo temporal por la guerra entre primos neerlandeses, por que tus hermanos mejicanos aún están tomando impulso, por que casi siempre hay alguien peor que tu, y casi siempre son los italianos, por la falta de ambición de los escandinavos o por el querer y no poder de tus primos portugueses...Sea por lo que sea se te ha dado esta última oportunidad, y te desafío, paria de las naciones, te desafío a callar mi boca, te desafío a que traigas de nuevo a tu seno a tus hijos americanos perdidos, te desafío a que sobrevivas a los cambios económicos y políticos que aunque por supuesto no lo sepas, se avecinan, cambia, adáptate, dales a tus hijos lo que se merecen, evoluciona, industrialízate España, escucha a tu gente y haz que te escuchen, no dejes que Europa te vuelva a utilizar, toma lo que es tuyo y vuelve a ser quien eras, quien nunca debías de haber dejado de ser...
Triste, triste España.
Qué pena me das.
No has conseguido aún levantarte de la puñalada trapera del francés y ya te encuentro de nuevo acuchillándote las entrañas a ti misma.
El mismo Rey inepto, cobarde, zalamero y al fin y al cabo traidor al que sin merecerlo le volviste a entregar tu trono, ese mismo, se las apañó de alguna forma, por imposible que parezca para volver a desgarrar, en un último golpe, al pueblo estúpido e ignorante que le dio todo y al que sólo supo devolver su podrida bilis.
Carlistas les llaman, aquellos que ahora apoyan al hermano, e Isabelinos los que hacen lo propio con su retoño, o más bien a su consorte, que es la que lleva los pantalones ahora en la Corte, Maria Cristina. Nunca tuvieron tus hijos mucha imaginación para los nombres, eso es evidente....
De algún modo digo, se las apañó el Rey Fernando, que Satanás le acoja en su seno, para dejar entreabierta la puerta de la Guerra Civil. Sólo necesitaste, España, asomarte un poco por esa rendija y la historia, siempre caprichosa contigo, se encargó de empujarte.
Cierto es que no habías empezado bien el siglo, no vayamos a llevar a engaño nadie;
No sólo consiguió el Bonaparte que le siguiéras en su cruzada, permitiendo que la Pérfida Albión acabara de un plumazo con tu flota frente a tus propias costas, si no que de paso, y ya que estaba metido en faena, se las ingenió para secuestrar a toda tu familia Real, uno detrás de otro para que abdicaran en su hermano Pepe.
Valiente enano, bien podía haber triunfado, pues poco provecho sacaste de su caída, sólo quedó la ignorancia, el miedo y el odio.
Con la península destrozada por años de guerras y guerrillas, y América olvidada, ignorada y maltratada, poco pudiste hacer para retener a tus hijos de ultramar, aunque estarás al menos de acuerdo conmigo en que mucho empeño no pusiste tampoco...
Recuerda España, que hubo quienes te lo advirtieron. Jovellanos te dijo que repartieras tus tierras de ultramar entre la dinastía real española, a la antigua usanza, para que todo quedara en familia.
Otros propusieron lo que luego harían los británicos con su tan cacareada Commonwealth; podías haber dado a América alguna suerte de independencia, reconociendo sus particularidades, sus tradiciones, sus culturas...pero no, ¿Cómo ibas a tratar de comprender a gentes que estaban a miles y miles de kilómetros cuando también ignorabas a toda la periferia peninsular, con tu castiza arrogancia?
Por dios, podías haberles dado lo único que pedían, un reparto de poder político y económico más equitativo y la extensión del sufragio más allá de los hijos de españoles “puros”...No era tanto ¿Verdad? No, no lo era, y te ha costado todo tu imperio salvo dos colonias a duras penas conservadas y otras dos pequeñas plazas en África.
¿Cómo puede ser España, que el peor de tus enemigos se encargara de dirigirte? Traidor llamé antes al Rey Fernando, traidor le llamo ahora y traidor le llamaré mientras viva pues, ¿qué otro nombre puede darse a aquel a quien tras habérsele entregado tu trono se atrevió a vender, por pura avaricia, a aquellos que le habían entronado? Con la Pepa no hizo si no limpiarse su real trasero, y así hemos llegado a donde estamos, de nuevo hermano contra hermano luchando por llevarte a su cama...
¿Qué piensas hacer ahora España? Tu tiempo se acaba, Europa se ríe de ti, América pide paso y amenaza con llevarte por delante si no te apartas...
Puede que ésta sea tu ultima oportunidad, España, para levantarte y volver a caminar codo con codo con las demás naciones de Europa, pues por increíble que parezca, y aunque sólo sea por falta de competencia, aún se te considera en algunos foros parte del concierto de naciones que deben regir el mundo, aún se te considera una Gran Potencia...Cuánta ironía ¿verdad? Tu, con todas las patadas y gargajos en la cara que has recibido, tu, con todas las estupideces que has cometido, tu, precisamente tu, una Gran Potencia.
Puede que sólo sea algo temporal por la guerra entre primos neerlandeses, por que tus hermanos mejicanos aún están tomando impulso, por que casi siempre hay alguien peor que tu, y casi siempre son los italianos, por la falta de ambición de los escandinavos o por el querer y no poder de tus primos portugueses...Sea por lo que sea se te ha dado esta última oportunidad, y te desafío, paria de las naciones, te desafío a callar mi boca, te desafío a que traigas de nuevo a tu seno a tus hijos americanos perdidos, te desafío a que sobrevivas a los cambios económicos y políticos que aunque por supuesto no lo sepas, se avecinan, cambia, adáptate, dales a tus hijos lo que se merecen, evoluciona, industrialízate España, escucha a tu gente y haz que te escuchen, no dejes que Europa te vuelva a utilizar, toma lo que es tuyo y vuelve a ser quien eras, quien nunca debías de haber dejado de ser...