MALTA
Las bombas y los Barcos no se pagan solos...
PIERO
Piero despegó junto a todo su escuadrón de madrugada, hacía dos días que Malta se encontraba bajo un bombardeo continuó tanto Aereo como naval. Esa mañana se intentaría un nuevo desembarco.
Desde Sicilia la distancia no era muy grande y eso permitía que los Italianos machacaran en continuas pasadas a la pequeña Isla. Nunca tantas bombas y tantos disparos desde los enormes acorazados Italianos habían golpeado a ningún ejercito. Pero áun así los Ingleses se negaban a rendirse.
La población civil estaba pasando un infierno. Llevaban 24 horas sobre un duro bombardeo continuo. Aviones que pasaban cada poco tiempo y descargaban sus bombas sin que pudieran hacer nada más que esconderse. Barcos que disparaban sus potentes cañones impactando en el puerto, en la playa y en la misma plaza central de la ciudad. Estaban solos, aislados y rodeados. Pero aún así no se rendían.
Acercarse a Malta era ver un incendió continuo, edificios ardían por toda la Isla sin que nadie pudiera apagarlos, pues al poco tiempo los aviones volvían a pasar y los barcos no paraban de disparar.
A pesar de todo Malta estaba dispuesta a aguantar, la Royal Navy vendría en su auxilio. Rompería el bloqueo y la RAF vendría a salvarle de los bombardeos, esa era la doctrina.
La doctrina, lamentablemente para Malta se quedó en agua de borrajas, la RAF ya tenía bastante con intentar ayudar a la aviación francesa y defender al VIII Ejercito de los temidos Stukas italianos, que hacían estragos en las divisiones en movimiento.
Malta estaba sola, aislada del resto del Imperio ingles y destinada a la rendición. Pero esta pequeña pequeña isla había atravesado situaciones parecidas cuando perteneció a la Orden de Malta y fue aislada del mundo por la flota turca. La población tomó sus armas y se dispuso a ayudar a los ingleses a defender la isla.
En esas estaban cuando Piero avistó la isla, iba en uno de los cazas de escolta, esto era como una degradación pero estaba seguro que acabarían necesitando que volviera a los cazas, pero mientras tanto se había propuesto ser disciplinado.
El fuego antiareo comenzó a rugir, a pesar de haber sido casi destruido los ingleses habían logrado hacer que algunos cañones funcionaran y volvían a disparar a los aviones. Era casi imposible que les dieran, pero el ruido y su visión infundía moral a la población y a los soldados.
-¡Bombas fuera! -ordenó el jefe del escuadrón.
Piero miró al avión que volaba por encima de él y vió caer las cargas, 1, 2, 3, 4, 5... Hasta 10 bombas en menos de 30 segundos. Las siguió con la mirada y pudo ver su impacto en la isla, una enorme bola de polvo se levantó del suelo.
Estaba claro que los Italianos tenían puntería. Varios puentes y carreteras saltaron en mil pedazos, separando a los defensores del resto de la Isla, el desembarco podría hacerse.
ENZO
Costa de Malta, 23 de Enero de 1945
5 horas después de declarada la Guerra la I Regia Marina, con los acorazados Littorio y Vittorio Venneto a la cabeza se colocaron frente las costas de Malta y pidieron por la radio la rendición de la Isla al Imperio. Los ingleses se negaron y la flota comenzó a descargar sus cañones sobre la isla, desde entonces no se había parado de disparar y la vida se había convertido en una tortura para sitiados y sitiadores. Cada pocos minutos se escuchaban a los cañones disparar y en el caso de los acorazados superpesados esto provocaba el temblor de toda el casco.
En estas condiciones era imposible dormir o comer en condiciones, y Enzo, con ojeras y con hambre recorría de nuevo la cubierta, protegiendose con el anorak del frío y del agua que superaba a cada disparo el casco e impactaba en la cubierta para infundir anímos a los hombres.
Miró nuevamente a su alrededor. El orgullo de la Regia Marina estaba allí e incluso una de las viejas flotas, con el Andrea Doria a la cabeza se había acercado en las últimas horas y bombardeaba también las costas, todo era poco para crear el infierno en Malta.
Enzo se acercó a los hombres para infundirles animos, estaban agotados y hartos de disparar, pero aún así mantenían la moral alta.
A esas mismas horas se lanzaba el desembarco desde dos puntos distintos de la isla, todo debería ir bien, 6 divisiones conquistarían la isla conquistando de paso a una división acorazada Británica.
Pero no todo iba a ser tan fácil, a la hora de comenzado el desembarco y cuando las lanchas aún no habían tocado las playas maltesas comenzaba a llover. El CMI indicó que se hicieran volver las lanchas pero Ambrosio, al mando de la operación, indicó que ya estaban más cerca de las costas que de los barcos y expuestas al fuego costero Inglés. Volver hacía atrás sería seguir a tiro de los cañones y perder varias lanchas con su tripulación. Por este motivo se siguió con el desembarco.
Los Italianos tocaron tierra a las 12 ante un tiempo infernal, el barro cubría la playa y hacía díficil moverse. Muchos murieron acribillados por los Britanicos que bien posicionados descargaban sus ametralladoras contra los soldados que tenían dificultades para moverse.
Por si esto fuera poco los Italianos equivocaron la segunda playa de desembarco y acabaron en una sin cobertura de los barcos y donde varios blindados les esperaban. La masacre fue brutal.
Enzo, que había vuelto al frente de mando escuchaba la voz aterrada y desesperada de los que estaban en las playas.
-¡Saquennos de aquí maldita sea! ¡Esto es un infierno de barro y sangre! -gritaba un capitán por la rádio.
-Negativo, no podemos sacarles de allí. Deben llegar hasta la ciudad. -contestaron desde el puente de mando.
-¡Es imposible! No podemos movernos. ¡Si no nos sacan de aquí vamos a morir todos!
-Tranquilecese capitán. Entendemos su situación y no es tan complicada, serenese y llegue hasta la ciudad.
-Pero... ¡Ahgg! -la voz del capitán se ahogó. Una bala le había atravesado la garganta.
-Me reciben, aquí Puente de Mando, me reciben, cambio.
A los pocos segundos se oyó una fuerte explosión y el sonido de la rádio se convirtió en un pitido insufrible. Una rádio menos y unos soldados menos.
-Saquelos de ahí maldita sea. -dijo el Almirante Ciano acercandose a Ambrosio.
-No puedo, el Duce me ha pedido personalmente que rinda Malta.
-¡El Duce no esta aquí! ¡Va a perder a 6 divisiones no lo entiende! -dijo Ciano tomando a Ambrosio del cuello.
-¡Sigan dandonos cobertura! Si sus barcos dispararan mejor los ingleses no estarían tan bien en la costa. -dijo Ambrosio soltandose con un gesto brusco.
-Es usted un estúpido y un mal Teniente General. Preocupese por sus hombres y no por su carrera. No va a lograr alcanzar la ciudad.
-Pues me dejaré hasta el último hombre en el intento. -dijo Ambrosio mirando fijamente a los ojos de Ciano.
-No cuente con mi colaboración para ello. -dijo Ciano.
-El Duce me ha puesto al mando y usted, Almirante, hará lo que yo le ordene.
-Le garantizó que no por mucho tiempo.
Ciano salió del puente de mando acompañado por su Alto Mando, entre los que estaba Enzo, que a sus 37 años estaba acostumbrado a las disputas entre los Mandos fascistas y la Regia Marina, cuerpo casi exclusivamente Monarquico y que no se plegaba a las ordenes directas del Duce con facilidad.
-Corritore, vamos a bajarle los humos a ese Teniente General. En mis barcos mandó yo. Pongase en contacto con el CMI.
-¿El CMI?
-Si, llamar al CMI desde el centro de comunicaciones de emergencía. No digáis nada, solo llamar.
-A sus órdenes Almirante.
Enzo tomó el camino escaleras abajo y llego al centro de comunicaciones de emergencia. Un soldado hacía guardia dentro medio dormido a pesar del ruído y el movimiento. Al oír pasos se levantó, al ver a Enzo se cuadro.
-Perdone Señor, es que...
-Tranquilo soldado, no pasa nada, todos tenemos sueño. Ve a tu camarote e intenta dormir algo.
-Aún no ha llegado el relevo señor...
-Yo lo esperaré, tu vete. Es una órden.
-Si señor.
Cuando el soldado salió Enzó tomó la rádio, busco la frecuencia y dijo:
-Aquí el Vittorio Venneto.
Unas horas más tarde el CMI daba la órden fulminante a la flota de levar anclas y partir hacía la costa Blanca y suspendía el desembarco.
Algo se movía en el interior del Imperio...
Cuando se enteró de la noticia Mussolini montó en cólera, que Malta no hubiera caído era una afrenta para él. Tildó en un discurso radiado a toda la nación de cobardes a los soldados que participaron en el desembarco y ordeno que 1 de cada 10 oficiales participantes en el mismo fuese fusilado.
Ante la negativa de Pariani de ordenar tal barbaridad Mussolini mandó marcar una X en la espalda de todos los oficiales participantes en el mismo. La órden se cumplió, pero marcó el principio del fin de Mussolini con el ejercito.
Malta, objetivo Italiano.
Intentando desembarcar en Malta.
Los aviones machacan Malta.
Malta en Llamas, seguro que la quemaron ellos mismos...
La retirada deja la playa llena de muertos.
A pesar de esta derrota Italia quiere la Guerra que sabe que ganará.