CAPITULO II - LA PERDICIÓN
Las constantes amenazas de Japón en el escenario el Pacífico hicieron que el ejército americano formase un cuerpo de élite de infantería de marina experto en desembarcar en los archipiélagos de la Micronesia.
Henry Arnold continuó experimentando con nuevos modos de combatir en Francia en el aire. Descubrió que realizando círculos en torno al perímetro de combate, las escoltas enemigas se veían obligados a perder su posición facilitando la defensa.
Cuando los tanques se vieron sobrepasados por la artillería anticarro, se pidió a las brigadas de artillería que liberasen la zona de cañones, pero todo esto redujo la velocidad de avance en demasía. Por ello, los americanos desarrolaron artillería que era capaz de moverse rápidamente y a la misma velocidad que los blindados.
La estancia de Roosevelt se prolongó durante un par de semanas más en Inglaterra. Cambiando de posiciones continuamente, el presidente americano y británico viajaron juntos durante varios días en espera de que el mal tiempo acompañase el secreto regreso de Roosevelt a América. Cuando ambos presidentes estaban juntos, les acompañaba un silencio incómodo, siempre suavizado por las conversaciones que mantenían sus secretarios personales entre sí. Henry trataba de hacer ver a Roosevelt que las buenas relaciones con Chamberlain ayudarían a los intereses americanos, pero de nada sirivió. Roosevelt seguía pensando que tratar con un chiflado no servía de nada.
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Un buen día, Henry salio de su habitación en algún prado de Escocia y vio como Roosevelt salía muy enfurecido de su habitación.
-¿Qué ocurre, Frank?
-Voy a matar a ese idiota de Chamberlain
-¿Cómo? - la cara de Henry no podía mostrar más incomprensión. Aislado del mundo, Henry sólo recibía noticias por información de Roosevelt, pero no solía enterarse de nada. Decidió seguir a su presidente dando zancadas.
Poco después salieron a un prado que estaba bañado de rocío, al otro lado, la casa de Chamberlain estaba escoltada por dos hombres rudos y fuertes que se apartaron al ver que se abría la puerta. Chamberlain salió de ella con la cabeza gacha y murmurando para sí.
-¡Neville Chamberlain! - el presidente birtánico levantó la mirada hacia Roosevelt, luego volvió a bajarla y continuó su camino hacia el acantilado que había al final del prado. Roosevelt comenzó a andar más deprisa - ¡Maldita sea, Chamberlain, quiero hablar contigo ahora mismo!
-¡¿Qué diablos quieres ahora?! - Roosevelt se paró en seco horrorizado al ver los ojos furiosos de Chamberlain que lo miraban.
-¿Cómo has podido permitir el incidente de Noruega? ¡Sólo tenías que haber dejado que el Altmark saliera de aguas noruegas!
-¡Tú... Tú no tienes ni idea, maldito americano! ¡Siempre deseando la guerra y siempre diciéndome que avance! ¡Tú eres igual que ese maldito Hitler! ¡Un lunático!
De pronto, Roosevelt se puso erguido y comenzó a gritar a Chamberlain de un modo que la expresión del británico pasó del odio a la inseguridad.
-¡Tú eres el único lunático aquí! ¡No sólo has permitido que Polonia haya sido destruida, has permitido que Noruega sea atacada por Alemania!
-¡No, Roosevelt! - Chamberlain bajó la voz - Debemos llevar la iniciativa, ¿no? Pues es lo que he hecho, atacar antes que los alemanes.
-¡Eso ya no sirve! Nuestra única oportunidad era haber atacado mientras Polonia distraía su avance, pero ya es demasiado tarde, Chamberlain. Francia está condenada
-No, Franklin, no. La Línea Maginot destrozará su avance, no tienen posiblidades.
-Claro, ¿quién pensaría que los alemanes serían menos estúpidos que tú y avanzarían por los Países Bajos? - dijo Roosevelt con cara furiosa
-Vamos, ¿más países involucrados? No me hagas reír. Cuando Alemania se estrelle contra la Línea Maginot, el frente quedará estancado, como en la Gran Guerra. Entonces entrará la URSS
-¿Cómo?
-La URSS atacará Alemania por la espalda aplastándola.
-¿Has hablado con la URSS?
-Por supuesto, he conseguido que el gobierno sueco no mandase ayudas a Finlandia y...
-¡¿QUE HAS HECHO QUÉ!?
-Evitar que Suecia apoye a Finlandia
Roosevelt le miró con desprecio y escupió en el suelo.
-Chamberlain, serás nuestra perdición