Como preludio de la ofensiva, tomamos velozmente Peoria y Chicago. Como nuestras posiciones en esta última ciudad son precarias, debemos darnos prisa en reventar la bolsa cuanto antes, pues esos avances secundarios no están pensados más que para evitar que los cercados sean nuestros propios cuerpos.
Los ánimos en la zona confederada estaban altos antes del ataque final a Cleveland. Y puede que esto se viera reflejado a la hora de atacar, porque el general Jouett, comandante en jefe del sector norte, lanzó su ataque desde cinco frentes diferentes, rebasando fácilmente a la defensa unionista, que iba pertrechada con armamento moderno e incluso carros de combate.
Al amanecer, un bombardeo de artillería ataca la ciudad, allanando el terreno para el paso de nuestra infantería, que asalta la zona una hora después, desde varias direcciones. Nuestro armamento anticarro es escaso, pero disponemos de rifles y varios cañones de campaña. El general consiguió con notable éxito que esas piezas estuviesen en el lugar apropiado del frente.
Las zonas urbanas estaban defendidas de manera bastante precaria por milicianos unionistas, campesinos con simples escopetas y fusiles de un solo tiro, que no tardaron en ser derrotados por nuestras modernas tropas bajo el pendón de las barras y estrellas.
Casi ochenta mil soldados enemigos fueron muertas o capturadas. De hecho muchos desertaron a las filas confederadas, pero nunca fueron admitidos como soldados. En el sur los traidores no serán tolerados bajo ningun concepto.
En el frente sector centro sur, los resultados son satisfactorios. La toma de varios centros industriales enemigos en el norte, como Chicago o la recientemente conquistada Cleveland, está dañando severamente el potencial industrial enemigo.
Tal vez por esto, la Unión se ve incapaz de reponer las pérdidas de sus unidades a la vez que recluta nuevas tropas. De hecho, la disensión dentro de sus propias filas no es escasa. Nuestros espías en zona enemiga comunican que el gobierno del norte se ve incapaz de satisfacer la demanda de bienes de consumo de su propia población, por lo que el descontento entre nuestros enemigos se hace patente. Tal vez de ese modo aparezcan quintacolumnistas en la Unión.
Pero volviendo al plano operacional, vamos dando la vuelta a las tornas obteniendo una superioridad, al principio local, y ahora absolutamente global, respecto a número de nuestras tropas. Estonos permite cruzar el Mississipi por varios sitios simultáneamente a principios de Mayo, y asentarnos con fuerza al otro lado. Oklahoma está a punto de rendirse y Kansas City en pocos días hará lo propio. Parece que en este sector, la guerra está decantada del lado de la confederación.
- Adelante - El presidente Earl Kemps levanta la vista de sus informes para ver quién ha llamado a la puerta. Se trata de Lindsay Holland, ministro de defensa.- Siéntese.-
- Buenos días, señor presidente
- Buenos días ¿Qué le trae por mi despacho?
- Traigo buenas noticias, señor presidente. El departamento de inteligencia militar acaba de comunicarme que
acabamos de terminar las instalaciones necesarias para poner a funcionar a un nuevo equipo de investigación. Nuestro potencial ha crecido ciertamente mucho con esto, ahora podemos investigar a la misma velocidad que las potencias mundiales como Inglaterra, por ejemplo.
- Fantástico. Mañana por la mañana quiero un informe sobre sus proyectos de investigación para el futuro.-
- Como quiera, señor presidente. Buenos días.-
- Buenos días.
El ministro había abierto ya la puerta cuando el presidente le detuvo.
- Espere, Holland.
- Dígame - Dijo este cerrando de nuevo la puerta.
- ¿Hay alguna novedad sobre el proyecto Louisiana?
- Por el momento, no, señor. Pero estimamos que nuestro agente contacte pronto con ellos. No tardaremos mucho.
- Eso espero, Holland. Puede retirarse.
- Gracias, señor.
Y el ministro abandonó definitivamente la estancia. Kemps bebió un nuevo sorbo de su café, casi hirviendo, como a él le gustaba tomarlo por las mañanas. El proyecto Louisiana era muy importante para el futuro de la confederación. Esperaba firmemente que llegase a buen puerto...
Los cinco flamantes equipos de investigación de la Confederación.
Pero no terminaban ahí las buenas noticias para nosotros. Jouett, aprovechando la victoria en Cleveland, había enviado tres divisiones a través de Flint y Marquette. Los grandes lagos nos pertenecían ahora.
Estas tres divisiones habían cruzado por un estrecho paso hasta Green Bay, donde derrotaron a una división de milicianos unionistas.
A su vez, una división confederada iba hasta Madison desde Peoria. Así quedaba trabada una bolsa de tres divisiones en Milwakee, otro centro industrial que caería en nuestras manos poco después con la destrucción del cerco y la captura o muerte de treinta mil soldados de infantería entre milicia y regulares. La Confederación había vuelto a triunfar, y una vez más, de manera aplastante. El avance que estábamos experimentando no era más de un preludio del rodillo confederado que el nuevo continente iba a experimentar en las próximas semanas, sobre todo en el sector centro-sur.
Y a este sector nos vamos, puesto que allí la apisonadora de las verdaderas barras y estrellas ya había empezado su periplo. A la velocidad del rayo y sin apenas oposición enemiga, llegamos al gran delta del Mississipi, donde lo cruzamos de nuevo por el sur y aislamos una división de milicia enemiga en el norte del río.
A su vez, al norte, tomamos Omaha y la bandera confederada ondea ya sobre Kansas. Divisiones enteras de milicianos se desintegran a nuestro paso. El enemigo recula y se extingue a lo largo del frente como poca mantequilla extendida sobre demasiado pan. El fin de los estados unidos de América, se acerca cada vez más...