CAPÍTULO III
LA GUERRA REVOLUCIONARIA CONTRA EL FASCISMO
El señor Lara contemplaba la estatua de la Cibeles desde la ventana de su despacho, en las oficinas centrales de la editorial “Sindicalismo”, en Madrid.
Su editorial había vivido tiempos mejores, ciertamente. ¿Cómo empezó todo? Su padre regentaba una librería en la calle Recoletos, allá por los años 30. Por aquel entonces, editaban panfletos y periódicos de diversas organizaciones obreras. Luego vino la Revolución. Aquellos fueron los años dorados. Todo el mundo tenía sus planes, sus proyectos, su versión de cómo había que hacer las cosas. En las revistas que su padre editaba se cruzaban toda clase de debates dialécticos entre todos los grupos que intentaban sentar doctrina.
Luego, ya avanzadas las Guerras Revolucionarias, Negrín sentó doctrina, y se acabaron los debates. Pero su padre tenía buen ojo para los negocios. Supo caerle en gracia a Negrín. Fue entonces cuando fundó la editorial “Sindicalismo”, y prosperó publicando los panfletos y libros de doctrina del Partido. El señor Lara recordaba mal las Guerras Revolucionarias. Era demasiado joven cuando ocurrieron. Pero era ya mayor de edad cuando murió Negrín, y volvieron los debates a la calle. Las revistas de la editorial volvieron a ser foro de disputas ideológicas.
El Gran Camarada, cuando se hizo con el poder, nunca perdonó a su padre el que no le hubiera apoyado ciegamente desde el primer momento. La editorial cayó en desgracia. A la muerte de su padre, el señor Lara había intentado congraciarse con el Gran Camarada, pero sin resultado. Llevaba años esperando a que el Gran Camarada olvidara o tuviera a bien morirse. Pero no ocurría ni lo uno ni lo otro.
A punto de cumplir 90 años, pensaba el señor Lara, y ese cabrón ni se muere ni da visos de ceder el poder. Su editorial estaba en apuros. Las deudas crecían y la empresa estaba peligrosamente cerca del límite de 100 empleados, a partir del cual el Estado se reserva el derecho de nacionalizar.
Necesitaba un best-seller. Eso era. Si podía dar con un buen novelista joven que pusiera en sus manos una de esas novelas que se pasan meses liderando las listas de mas vendidas, saldría de los apuros. Por eso estaba aceptando entrevistarse con cualquier jovenzuelo que tuviera un proyecto que sonase interesante.
La secretaria le informó por el interfono de que había llegado su cita de las once y cuarto. El señor Lara le indicó que pasara. Observó de arriba abajo al joven que entró. De unos veintitantos años, bastante alto y de complexión corpulenta…
- ¿El señor Sánchez? Soy Agustín Lara, propietario de esta editorial.
- Encantado de conocerle, señor Lara.
- El gusto es mío. Siempre es un placer conocer a jóvenes que son una imagen viva de lo exitoso de los planes de alimentación del Partido. Hoy en día ya no se ven chicos enclenques por las calles de España.
- Eh… si, ciertamente… - titubeó el joven, abrumado – pero por desgracia no soy un ejemplo de lo exitoso de los programas de fomento del deporte entre la juventud.
- Bah, tonterías. El deporte es una estupidez. En tiempos, era un arma política para demostrar al resto del mundo los logros de nuestra revolución. Pero ahora ya no tenemos que demostrar nada a nadie, ¿no es cierto? – dijo Lara, giñando un ojo.
- No, claro…
- Bueno, discúlpeme, supongo que no habrá hecho todo el camino desde Valencia para hablar de banalidades… ¿vino usted en el nuevo Tren Magnético de Alta Velocidad? ¿Qué le pareció? Es mucho mas rápido que el antiguo AVE.
- Vine en el tren regional. Mis ingresos no son muy elevados…
- Ah, pero aquí estamos para solucionar eso, ¿verdad? ¿Qué se trae entre manos?
- ¿Mi libro? Bueno, son unas memorias de guerra, las memorias de mi abuelo. Era caballero de los Tercios Acorazados, ¿sabe usted?
- Mmmh, ¿memorias de guerra? Un género que tuvo aceptación en su época. Pero me temo que hoy en día el mercado está colapsado.
- Pero estas memorias son diferentes. En realidad, hago un estudio de toda la época de las Guerras Revolucionarias a partir de la experiencia de mi abuelo.
- ¿Una especie de trabajo de microhistoria?
- Si, mas o menos…
- Me gusta. La microhistoria está teniendo cierto éxito, hoy en día. Usted sabe, el público está cansado de los historiadores marxistas. Quieren ver algo mas que economía y números. Quieren volver a ver al elemento humano como protagonista de la Historia. En fin, déjeme su manuscrito, y veremos si da usted la talla para tener el honor de ser publicado por la Editorial Sindicalismo.