Wach Nach Oder
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Andy: Entonces, ¿a que cree que se debieron todas esas deserciones?
Jan: Acabábamos de reconquistar nuestra tierra. Supongo que muchos, al ver las condiciones de miseria en que se encontraban los suyos, perdieron los ánimos.
Andy: Es curioso. La liberación de Polonia debería haber dado como resultado justo el efecto contrario, una avalancha de voluntarios.
Jan: Y lo provocó. Pero no una avalancha de voluntarios polacos, si no de voluntarios extranjeros. Antifascistas de todos los países que habíamos liberado empezaron a alistarse. La propaganda de Mikolajczyk surtía su efecto. Aunque también podría ser que esos extranjeros pensaran que, cuanto antes fueran derrotados los nazis, antes se retirarían las tropas de ocupación polacas de sus países. En cualquier caso fueron bienvenidos, puesto que la reserva de recursos humanos polaca empezaba a escasear. Se decretó inmediatamente la movilización de todos los reservistas y de las últimas quintas. También se aceptaban voluntarios sin importar su juventud. Muchachos de 16 o 17 años eran enviados al frente sin demasiados tapujos.
Andy: Parece que los ánimos empezaban a flaquear. Y todavía quedaba un largo año de guerra.
Jan: En Abril de 1944, todavía pensábamos que nuestro papel era subsidiario, y confiábamos en un avance aliado desde el oeste que desbaratara al ejército alemán. De momento, nuestras ambiciones aún eran limitadas. Simplificar los frentes, y suponer una amenaza directa para Berlín, obligando al enemigo a traer tropas a la retaguardia, y que descuidaran el frente occidental.
Andy: ¿Esos eran los objetivos que inspiraron la operación "Avance hacia el Oder"?
Jan: Efectivamente. Todavía pensábamos en nuestro frente como la retaguardia... no acabábamos de asumir que éramos el frente principal. Bueno, la operación tuvo lugar en dos fases. En la primera fase, el objetivo era simplificar el frente, eliminando el saliente alemán en Oppeln y recuperando Innsbruck. Desgraciadamente Salzburgo resistió, pero por el norte si pudimos llegar al Oder, aunque no logramos embolsar a los alemanes.
Andy: ¿Tomó usted parte en los combates para establecer cabezas de puente en el Oder?
Jan: Si, estuve presente. Me habían vuelto a cambiar de destino. Escaseaban los reemplazos, cualquiera podía ser destinado al puesto mas extravagante, y yo acabé en la batería de cazacarros de la 1ª División, asignado a la dotación de un cañón antitanque de 76mm. ¿Se imagina la razón?
Andy: Ciertamente no. Es el puesto mas estúpido que podían asignar a un soldado de caballería y experto en reconocimiento.
Jan: Pues me asignaron a él... ¡porque necesitaban a "Natasha" para trasladar el cañón!
Andy: Es una razón tan válida como cualquer otra.
Jan: Así fue que terminé mis días de soldado como artillero. El comandante de la dotación se llamaba Stefan Frankowski. Estaba un poco atrapado, pero era un tipo legal. Había hecho toda la guerra como artillero. Presumía de sus siete tanques alemanes destruidos. "Solo cuento los tanques" nos decía "los semioruga, camiones, artillería autopropulsada... y demás pequeñeces no cuentan, solo tanques. Y solo los que he destruído yo. Los "compartidos" tampoco cuentan. Ni los dañados, ni los que quedaron solo inmovilizados, ni los que podían ser reparados... solo cuento los que he reventado y dejado envueltos en llamas".
Andy: ¿Siete tanques? ¿es mucho?
Jan: Piense que si todas las baterías anti-tanque aliadas hubieran destruído *un* tanque enemigo, las divisiones panzer alemanas se habrían quedado en cuadro en el primer año de la guerra.
Andy: Ha dicho que era una batería de 76mm. ¿Quiere decir que en 1944 ya estaba generalizado ese calibre?
Jan: Si, acababa de entrar en servicio. Era un gran cañón. Stefan estaba entusiasmado. Nos contaba que "el cañón de 30mm con el que empecé la guerra era una basura como cazacarros. Era mas fácil que te reventara en la cara a que lograses penetrar el blindaje enemigo, ni siquiera por el costado. El cañón de 45mm era mucho mejor. Con eso ya podíamos comenzar a trabajar. No penetraba el blindaje frontal, pero tenías buenas posibilidades de penetrar un tanque enemigo de costado. Así que teníamos que elegir bien el lugar de despliegue, pensando en el camino que iban a tomar los carros enemigos, para poder meterles un balazo cuando nos mostraran su costado. Pero cuando entraron en servicio esos tanques "Tiger", pues no podían penetrarlos. El cañón de 57mm era un arma excelente, y cuando recibimos el nuevo tipo de munición perforante, podía atravesar un tanque de costado a costado." Eso nos contaba Stefan. Las enormes capacidades del cañón de 76mm le dejaron un tanto decepcionado. Decía que había perdido la gracia ser artillero anti-tanque.
Andy: Volvamos a las cabezas de puente sobre el Oder...
Jan: Nosotros cruzamos en la segunda oleada, cuando la infantería ya había consolidado las posiciones. Nos asignaron un área y Stefan buscó el mejor lugar para emplazar el cañón. Empezábamos a cavar en un sitio, para atrincherarnos. Esto era importante, según nos decía Stefan. Si te pillaban en campo abierto, eras hombre muerto, pero si podías cavar un agujero de un par de paladas de profundidad, ya tenías donde cobijarte. Empezamos a cavar y al cabo de un rato llegó Stefan y nos dijo que lo dejáramos, y nos trasladáramos diez metros a la izquierda o a la derecha. Así siete u ocho veces. Y otra vez a cavar. Me quejé y Stefan me dijo que él llevaba casi cinco años cavando, que había cavado mas que lo que un hombre normal cava en toda su vida, y que si prefería no cavar y que me mataran, pues que le parecía bien, pero que él prefería seguir vivo. Tenía razón, así que seguí cavando. A los diez minutos nos dijo que había encontrado por fin el lugar perfecto. Nos mandó cavar justo al lado del cráter provocado por un obús de artillería enemigo. Le pregunté por qué y me dijo, simplemente "todo el mundo sabe que es casi imposible darle al mismo sitio dos veces". Era una regla estúpida, pero tengo que decir que funcionaba.
Andy: Vaya, ese Stefan parece un hombre interesante. ¿Todavía vive?
Jan: Si, creo que si. Si quiere entrevistarle, vive en Suwalki. Allí, despues de la guerra, le dieron un trabajo muy adecuado para su experiencia: Enterrador. (comienza a reirse)
Después de atrincherarnos, vino el ataque alemán. Rechazamos las primeras oleadas, y entonces oímos el ruido que mas odiábamos en el mundo: El ruido de los motores de los Stukas. Nos pusimos cuerpo a tierra y nos cubrimos la cabeza mientras escupíamos juramentos en arameo. Pero entonces ocurrió algo extraño. Algo nuevo. Oímos otros motores. Pensábamos que era algún nuevo modelo alemán. Alguien se atrevió a levantar la cabeza y dijo "¡son los nuestros!" "¿nuestos? ¿nuestros qué?" Levanté la cabeza y allí los vi. Eran los cazas de la nueva P.A.F. Pensábamos que era una leyenda, pero no, era real. ¡Teníamos aviación propia! Los cazas tenían un aspecto magnífico. Los rayos del sol se reflejában sobre sus fuselajes metálicos, semejando las armaduras relucientes de los caballeros polacos de Ladislao II Jagellón, cargando en cuña para aniquilar a los caballeros de la Orden Teutónica en Tannenberg. Pero lo mejor estaba por llegar. Cuando los cazas y stukas alemanes cayeron envueltos en llamas, vimos aparecer a nuestros propios bombarderos, que arrojaron una lluvia de metralla sobre los atacantes, obligándoles a volver a los oscuros agujeros de los que habían surgido. Fué magnífico. Vitoreamos como un solo hombre a nuestros compañeros de los cielos, y yo tuve la seguridad de que a partir de ahora todo sería un paseo. Fui demasiado optimista. Es verdad que la Luftwafe no volvió a darnos problemas, pero los alemanes todavía estaban en condiciones de presentar duras batallas.
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