Capt. XLIX: Katyn & Moscú
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Washington, 25 de agosto de 1943
Fue a principios de este año cuando recibí el primer dossier secreto de nuestros servicios de espionaje y vigilancia destacados en Europa en relación a la desconocida ciudad de Katyn. La Oficina Alemana de notícias anunció por Radio Berín del descubrimiento de enormes fosas comunes en Katyn, cerca de Smolensk (Unión Soviética), con gran cantidad de cadáveres de oficiales polacos asesinados en masa por las fuerzas soviéticas. El rápido desmentido soviético y la atención que el Ministerio de Propaganda alemán otorgó al hallazgo nos hicieron pensar que todo el asunto olía a una clara manipulación informativa con la clara intención de sembrar la desunión entre los socios aliados. De hecho ya lo había anticipado Adolf Hitler, meses atrás, al afirmar en una conferencia militar en Rastenberg (Prusia Oriental) que “vendrán momentos en los que la tensión será tan grande que se abrirá una brecha entre los Aliados; sólo tenemos que esperar”(49).
Las cifras divulgadas eran tan horrendas que por fuerza debía tratarse de algo imaginario: 10.000 cadáveres de oficiales polacos donde se incluían almirantes y generales. Alemania acusaba directamente al servicio secreto soviético (NKVD) según la teoría que durante la invasión soviética de Polonia en 1.939 se capturaron unos 14.500 oficiales que fueron internados en tres campos de concentrarción en la Unión Soviética. Posteriormente, entre los meses de abril y mayo de 1940 y durante cinco semanas, la NKVD habría transportado dichos prisioneros hacia un lugar en la carretera Smolensk-Vitebsk por orden directa de Stalin. Allí localizaron un enclavamiento rodeado de espesa arboleda que se encontraba a 2kms. de la granja más cercana, cerrando cualquier camino y prohibiendo que nadie transitara por la zona. Tras asesinar a 4.143 militares se procedió a enterrar los cuerpos en fosas comunes pero las fuentes alemanas apuntan que si bien fueron retirados de las víctimas cualquier objeto de valor, descuidaron sus identificaciones y pertenencias personales menores. La acción se repitió hasta completar la cifra total.
A través de contactos con su cuerpo diplomático hoy sabemos que el embajador polaco en Moscú, Jan Jot, conversó en 1941 con Stalin sobre este tema interesándose por el paradero de 40.000 oficiales transferidos, entre otros lugares, a los campos de trabajo de Starobielsk y Kozelsk, sin obtener ninguna respuesta coherente.
A principios de 1941, un oficial subalterno del Regimiento de Transmisiones 537 del ejército alemán estacionado en el bosque de Katyn tropezó con restos de huesos extendidos sobre una zona concreta. Tras reportar a sus superiores del hallazgo fue enviado un médico quien confirmó que se trataban de huesos humanos, iniciándose de inmediato las investigaciones que poco a poco tuvieron que ir ampliando el perímetro hasta cubrir una amplia zona. La magnitud de la tragedia era tal que a los forenses alemanes se les unieron profesionales polacos y de varios paises que se integraron bajo la Cruz Roja polaca. Este dispositivo realizó un informe completo respecto a lo sucedido, practicando la autopsia, y estimando el orígen polaco de los prisioneros. Las autoridades polacas confirmaron las evidencias que determinaban la autoría soviética de semejante barbaridad.
Inmediatamente los pocalos exiliados en la capital británica, a través de su Primer Ministro Sikorski, se reunieron con Churchill quien –a pesar de las incriminatorias pruebas halladas-, hizo todo lo posible para evitar una confrontación entre aliados manifestándole al Primer Ministro polaco que era mejor olvidar en asunto “en vista que nada le devolverá la vida a los oficiales asesinados”. Esta respuesta fue apoyada por una serie de manifestaciones públicas como la que realizó ante la Cámara Baja el ministro de asuntos exteriores británico, Anthony Eden, quien cargó a los alemanes con toda la responsabilidad.
Pero los polacos no dieron ninguna credibilidad a la respuesta y solicitaron una investigación a cargo de un equipo internacional mientras el Kremlin acusaba a los servicios de propaganda alemanes y a los polacos exiliados en Londres de mentirosos. El casual fallecimiento en un accidente áereo de Sikorski cuando sobrevolaba Gibraltar sembró de dudas la turbia conducta aliada.
En ese momento tuve conocimiento detallado de la actitud británica. Según conversación telefónica de ayer con Winston Churchill está clara la autoría soviética en los hechos relatados, pero según me ha recordado, no sólo la costumbre tradicional del té de las cinco ilustra al pueblo inglés, sino también su flema. El Premier es un dirigente que ha debido asumir demasiadas tragedias como para dejar que un grave acontecimiento facilite al enemigo una grieta por donde introducir su cuña. Sabe que cualquier muestra pública de desacuerdo entre los Aliados es precisamente la señal que está aguardando el régimen nazi y no va a permitir que nada de eso ocurra(50).
Confiar en Stalin es algo parecido a poner un lobo a vigilar un rebaño de corderos. Los Estados Unidos y Gran Bretaña deberán mantenerse unidos(51) y en guardia no sólo contra una Alemania que ya se sabe vencida, sino contra la nueva amenaza emergente que se configura a través del comunismo soviético basado en los mismos excesos del nazismo, franquismo y fascismo que han asolado Europa. Hemos coordinado nuestros intereses nacionales para presentar una actitud firme en la próxima conferencia; Stalin no puede salir victorioso de ese crucial envite.
Cuando esta locura acabe ya no estoy seguro que Dios nos pueda perdonar a todos.
Franklin D. Roosevelt,
- - - - - - - - - -
(48) Este capítulo se ha podido confeccionar con la inestimable colaboración de Kurt_Steiner al que doy las gracias por autorizarme a utilizar el texto que insertó en el hilo de “Historia” (http://www.europa-universalis.com/forum/showthread.php?t=222598), adaptado para esta ocasión. Gracias tio!
(49) De hecho la cita se realizó en agosto de 1944.
(50) Durante el juicio de Nuremberg se intentó, bajo presión soviética y la indiferencia cómplice británica, investigar y acusar a los “culpables” alemanes del crimen en masa de Katyn, incluso se pretendió incriminar a oficiales superiores y generales que no lo habían sido en otros supuestos actos criminales. Según se sabe hoy del estudio de los archivos del juicio, en virtud de los Estatutos de Nuremberg según los cuales los informes de las comisiones de encuestas aliadas tenían el valor de prueba, el informe soviético sobre Katyn –donde se acusaba a los alemanes de la matanza de 11.000 militares y civiles polacos- fue aceptado por los vencedores como prueba auténtica e indiscutible. Finalmente no se reunieron pruebas suficientes y la causa fue sobreseída.
(51) En 1989, después del colapso de la Unión Soviética, el Primer Ministro Gorbachov admitió que la NKVD había ejecutado a los polacos y confirmaba la existencia de otros dos lugares más de ejecucción similares, donde siguiendo las órdenes de Stalin, en Marzo de 1940, la NKVD había dado muerte a 25.700 polacos, incluyendo los encontrados en Katyn.
En mayo de 1992, en un bosque cercano a Kharkov, investigadores privados rusos descubrieron una fosa común conteniendo 3.891 cuerpos de oficiales polacos procedentes del campo de Starobielsk en Ukrania. En junio de ese año, autoridades rusas descubrieron 30 fosas comunes en Miednoje, 100 millas al noroeste de Moscú. Contenían los restantes 6.287 prisioneros polacos del campo en la isla Ostashkov en el lago Seliguer.
Antes de la masacre de 1940, 245 oficiales de Kozielsk, 79 de Starobielsk y 124 del campo de Ostashkor, fueron transferidos, por razones no aparentes, al campo de Pavlishchev Bor, a cien milllas al noroeste del campo de Kozielsk. Esos 448 oficiales fueron los únicos supervivientes de la masacre de Katyn. En otros lugares del bosque de Katyn se encontraron diferentes tumbas, conteniendo cuerpos de políticos rusos prisioneros los cuales fueron ejecutados por la NKVD antes de la guerra. Parece ser que el bosque de Katyn fue el lugar principal de las ejecuciones de la NKVD de Stalin.
El 13 de abril de 1990, cincuenta años después de la masacre, Boris Yeltsin admitió oficialmente la responsabilidad de la Unión Soviética en el crimen de Katyn y el 14 de octubre de 1992, envió al presidente polaco Lech Walesa los archivos secretos del caso.
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Capítulo XLIX
KATYN & MOSCÚ
“Deploramos el cinismo con que el gobierno alemán
acusa a la Unión Soviética de estos hechos,
con el velado propósito de romper la unidad entre aliados”
Anthony Eden, Ministro de asuntos exteriores del Reino Unido,
en una declaración oficial en la Cámara Baja(48)
KATYN & MOSCÚ
“Deploramos el cinismo con que el gobierno alemán
acusa a la Unión Soviética de estos hechos,
con el velado propósito de romper la unidad entre aliados”
Anthony Eden, Ministro de asuntos exteriores del Reino Unido,
en una declaración oficial en la Cámara Baja(48)
Washington, 25 de agosto de 1943
Fue a principios de este año cuando recibí el primer dossier secreto de nuestros servicios de espionaje y vigilancia destacados en Europa en relación a la desconocida ciudad de Katyn. La Oficina Alemana de notícias anunció por Radio Berín del descubrimiento de enormes fosas comunes en Katyn, cerca de Smolensk (Unión Soviética), con gran cantidad de cadáveres de oficiales polacos asesinados en masa por las fuerzas soviéticas. El rápido desmentido soviético y la atención que el Ministerio de Propaganda alemán otorgó al hallazgo nos hicieron pensar que todo el asunto olía a una clara manipulación informativa con la clara intención de sembrar la desunión entre los socios aliados. De hecho ya lo había anticipado Adolf Hitler, meses atrás, al afirmar en una conferencia militar en Rastenberg (Prusia Oriental) que “vendrán momentos en los que la tensión será tan grande que se abrirá una brecha entre los Aliados; sólo tenemos que esperar”(49).
Las cifras divulgadas eran tan horrendas que por fuerza debía tratarse de algo imaginario: 10.000 cadáveres de oficiales polacos donde se incluían almirantes y generales. Alemania acusaba directamente al servicio secreto soviético (NKVD) según la teoría que durante la invasión soviética de Polonia en 1.939 se capturaron unos 14.500 oficiales que fueron internados en tres campos de concentrarción en la Unión Soviética. Posteriormente, entre los meses de abril y mayo de 1940 y durante cinco semanas, la NKVD habría transportado dichos prisioneros hacia un lugar en la carretera Smolensk-Vitebsk por orden directa de Stalin. Allí localizaron un enclavamiento rodeado de espesa arboleda que se encontraba a 2kms. de la granja más cercana, cerrando cualquier camino y prohibiendo que nadie transitara por la zona. Tras asesinar a 4.143 militares se procedió a enterrar los cuerpos en fosas comunes pero las fuentes alemanas apuntan que si bien fueron retirados de las víctimas cualquier objeto de valor, descuidaron sus identificaciones y pertenencias personales menores. La acción se repitió hasta completar la cifra total.
A través de contactos con su cuerpo diplomático hoy sabemos que el embajador polaco en Moscú, Jan Jot, conversó en 1941 con Stalin sobre este tema interesándose por el paradero de 40.000 oficiales transferidos, entre otros lugares, a los campos de trabajo de Starobielsk y Kozelsk, sin obtener ninguna respuesta coherente.
A principios de 1941, un oficial subalterno del Regimiento de Transmisiones 537 del ejército alemán estacionado en el bosque de Katyn tropezó con restos de huesos extendidos sobre una zona concreta. Tras reportar a sus superiores del hallazgo fue enviado un médico quien confirmó que se trataban de huesos humanos, iniciándose de inmediato las investigaciones que poco a poco tuvieron que ir ampliando el perímetro hasta cubrir una amplia zona. La magnitud de la tragedia era tal que a los forenses alemanes se les unieron profesionales polacos y de varios paises que se integraron bajo la Cruz Roja polaca. Este dispositivo realizó un informe completo respecto a lo sucedido, practicando la autopsia, y estimando el orígen polaco de los prisioneros. Las autoridades polacas confirmaron las evidencias que determinaban la autoría soviética de semejante barbaridad.
Inmediatamente los pocalos exiliados en la capital británica, a través de su Primer Ministro Sikorski, se reunieron con Churchill quien –a pesar de las incriminatorias pruebas halladas-, hizo todo lo posible para evitar una confrontación entre aliados manifestándole al Primer Ministro polaco que era mejor olvidar en asunto “en vista que nada le devolverá la vida a los oficiales asesinados”. Esta respuesta fue apoyada por una serie de manifestaciones públicas como la que realizó ante la Cámara Baja el ministro de asuntos exteriores británico, Anthony Eden, quien cargó a los alemanes con toda la responsabilidad.
Pero los polacos no dieron ninguna credibilidad a la respuesta y solicitaron una investigación a cargo de un equipo internacional mientras el Kremlin acusaba a los servicios de propaganda alemanes y a los polacos exiliados en Londres de mentirosos. El casual fallecimiento en un accidente áereo de Sikorski cuando sobrevolaba Gibraltar sembró de dudas la turbia conducta aliada.
En ese momento tuve conocimiento detallado de la actitud británica. Según conversación telefónica de ayer con Winston Churchill está clara la autoría soviética en los hechos relatados, pero según me ha recordado, no sólo la costumbre tradicional del té de las cinco ilustra al pueblo inglés, sino también su flema. El Premier es un dirigente que ha debido asumir demasiadas tragedias como para dejar que un grave acontecimiento facilite al enemigo una grieta por donde introducir su cuña. Sabe que cualquier muestra pública de desacuerdo entre los Aliados es precisamente la señal que está aguardando el régimen nazi y no va a permitir que nada de eso ocurra(50).
Confiar en Stalin es algo parecido a poner un lobo a vigilar un rebaño de corderos. Los Estados Unidos y Gran Bretaña deberán mantenerse unidos(51) y en guardia no sólo contra una Alemania que ya se sabe vencida, sino contra la nueva amenaza emergente que se configura a través del comunismo soviético basado en los mismos excesos del nazismo, franquismo y fascismo que han asolado Europa. Hemos coordinado nuestros intereses nacionales para presentar una actitud firme en la próxima conferencia; Stalin no puede salir victorioso de ese crucial envite.
Cuando esta locura acabe ya no estoy seguro que Dios nos pueda perdonar a todos.
Franklin D. Roosevelt,
- - - - - - - - - -
(48) Este capítulo se ha podido confeccionar con la inestimable colaboración de Kurt_Steiner al que doy las gracias por autorizarme a utilizar el texto que insertó en el hilo de “Historia” (http://www.europa-universalis.com/forum/showthread.php?t=222598), adaptado para esta ocasión. Gracias tio!
(49) De hecho la cita se realizó en agosto de 1944.
(50) Durante el juicio de Nuremberg se intentó, bajo presión soviética y la indiferencia cómplice británica, investigar y acusar a los “culpables” alemanes del crimen en masa de Katyn, incluso se pretendió incriminar a oficiales superiores y generales que no lo habían sido en otros supuestos actos criminales. Según se sabe hoy del estudio de los archivos del juicio, en virtud de los Estatutos de Nuremberg según los cuales los informes de las comisiones de encuestas aliadas tenían el valor de prueba, el informe soviético sobre Katyn –donde se acusaba a los alemanes de la matanza de 11.000 militares y civiles polacos- fue aceptado por los vencedores como prueba auténtica e indiscutible. Finalmente no se reunieron pruebas suficientes y la causa fue sobreseída.
(51) En 1989, después del colapso de la Unión Soviética, el Primer Ministro Gorbachov admitió que la NKVD había ejecutado a los polacos y confirmaba la existencia de otros dos lugares más de ejecucción similares, donde siguiendo las órdenes de Stalin, en Marzo de 1940, la NKVD había dado muerte a 25.700 polacos, incluyendo los encontrados en Katyn.
En mayo de 1992, en un bosque cercano a Kharkov, investigadores privados rusos descubrieron una fosa común conteniendo 3.891 cuerpos de oficiales polacos procedentes del campo de Starobielsk en Ukrania. En junio de ese año, autoridades rusas descubrieron 30 fosas comunes en Miednoje, 100 millas al noroeste de Moscú. Contenían los restantes 6.287 prisioneros polacos del campo en la isla Ostashkov en el lago Seliguer.
Antes de la masacre de 1940, 245 oficiales de Kozielsk, 79 de Starobielsk y 124 del campo de Ostashkor, fueron transferidos, por razones no aparentes, al campo de Pavlishchev Bor, a cien milllas al noroeste del campo de Kozielsk. Esos 448 oficiales fueron los únicos supervivientes de la masacre de Katyn. En otros lugares del bosque de Katyn se encontraron diferentes tumbas, conteniendo cuerpos de políticos rusos prisioneros los cuales fueron ejecutados por la NKVD antes de la guerra. Parece ser que el bosque de Katyn fue el lugar principal de las ejecuciones de la NKVD de Stalin.
El 13 de abril de 1990, cincuenta años después de la masacre, Boris Yeltsin admitió oficialmente la responsabilidad de la Unión Soviética en el crimen de Katyn y el 14 de octubre de 1992, envió al presidente polaco Lech Walesa los archivos secretos del caso.
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