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Supongamos que el japonés se le da bien las tierras asiaticas y ya se ha comido medio continente: qué tropas son las mejores para moverse en la selva? (se agradacería una rápida respuesta o la libertad y la democracia se irán a comer sopitas )
Supongamos que el japonés se le da bien las tierras asiaticas y ya se ha comido medio continente: qué tropas son las mejores para moverse en la selva? (se agradacería una rápida respuesta o la libertad y la democracia se irán a comer sopitas )
Joer.. que poca confianza leñe , para la selva lo mejor que hay es la infanteria de marina, al igual que para los pantanos. Aunque tambien la de montaña sirve, pero creo qeu tiene peores modificadores. Le puse lo de los ingenieros, para que fueran un poquito mas rapido que en la selva siempre ayuda, mas que otras brigadas.
Hehehehe, no
es que no me fiara, lo único que estaba convencido que debían ser infantería de montaña, pero seguiré vuestros consejos! -y os mantendré "reportados"-
“Nadie que ya no conserve su sano juicio puede esperar
entrar en la ciudad eterna mientras exista un solo romano dispuesto
a defenderla del tirano invasor. Yo seré nuevamente vuestro Duce"” Benito Mussolini al pueblo romano
Washington, 16 de agosto de 1943
Todos los analistas del ejército coincidieron en que la mejor forma de debilitar al eje era la de plantear las operaciones no solo con la mirada fijada en la victoria final, sino a seccionar los frentes y eliminar a aquellas naciones que daban apoyo al otro bando. Una vez incorporados los nuevos mandos al teatro europeo de operaciones(42) podíamos afrontar la tarea de abordar la península italiana basándonos en una estrategia de dispersión donde el ejército italiano y alemán tuvieran que hacer frente al mismo tiempo y en diferentes lugares a las amenazas que les plantearamos con un ataque simultáneo por los flancos norte y sur ejerciendo así una presión creciente al régimen fascista de Mussolini.
Así es que en mayo de este año iniciamos la Operación Husky a la que concedimos el mando al general Hodges quien, con extrema eficiencia, consiguió tomar la isla de Sicilia sin sufrir mayores bajas. Sabíamos que el general alemán Hube tenía órdenes claras de defender Messina aunque no debía ser mucha la confianza que Berlín le otorgaba a sus capacidades, dotes de mando o a la calidad de sus tropas, ya que también interceptamos comunicaciones alemanas donde se le ordenaba preparar la defensa de la línea Etna –alrededor de Messina-. En las semanas siguientes el avance aliado superó las grandes dificultades que la defensa italiana había preparado contando con la colaboración de un terreno muy irregular y montañoso. Aún recuerdo emocionado la misiva que el vicario general destacado en zona italiana, Francis Spellman, envió a su hogar durante esos días y que tuvieron la amabilidad de enviarme una cópia donde escribía que: “estos pilotos norteamericanos están convencidos de que están sufriendo y muriendo para llevar la salvación y la paz al prójimo. Para algunos fue el amanecer de su último día en este mundo; el valor de la vida de cada soldado me impresiona. Les deseé buena suerte y acepté con humildad sus mensajes. Uno me dijo: dígale a mi mujer que ha hablado conmigo”.
Al mismo tiempo, general Craig iniciaba su avance por el norte aprovechando de la escasa disposición de las tropas italianas a combatir contra un enemigo que tanto en potencia de fuego como en desarrollo tecnológico se mostraba tremendamente superior –y porqué no decirlo, nunca italianos y alemanes llegaron a cultivar amplias amistades-. Se trataba de enviar mensajes al ejército y pueblo italiano para que pusieran fin a su participación en el conflicto, rindieran sus armas y evitaran así un mayor derramamiento de sangre. Italia se estaba convirtiendo en una trampa mortal para cualquier ejército enemigo; con cada día que transcurría los aliados nos acercábamos más y más a la frontera italo-alemana, amenazando con cerrar los pasos que comunicaban ambas naciones y atrapar así cuantos efectivos militares quedaran encerrados en el interior de la península. Fue en ese momento cuando los alemanes demostraron que la formación del Eje se basaba únicamente en un cálculo frío y metódico de los “socios sacrificables y prescindibles” –como afirmó el general Kesselring- más que como “compañeros”; en pocos días Adolf Hitler ordenó el repliegue hasta Munich de todas las tropas alemanas presentes en Italia, condenando a su suerte a sus aliados. En palabras de Mario Fratelli –asesor para la defensa italiana- “esos alemanes nos han abandonado con la tranquilidad de quien abandona a cualquier perro en el camino”.
La combinación de bombardeos masivos, bombardeos costeros y frecuentes desembarcos anfibios sobre las provincias costeras habían permitido hasta junio un cómodo avance de la ofensiva sur. Pero todo cambió con la disposición italiana de la Línea Benito(43) sobre un terreno montañoso y escarpado que facilita las disposiciones defensivas a poca distancia de aeropuertos que daban cobijo a lo que quedaba de las fuerzas aéreas italianas. Incomprensiblemente algunos asesores alemanes permanecían en la zona y ante nuestro estupor conseguían que sus órdenes fueran obedecidas como si aún contaran con el aval de 10 divisiones panzer a sus espaldas –quien entenderá nunca a esos italianos!-. Su intención final no era tanto la defensa de la ciudad eterna –que de antemano sabían perdida- sino ganar tiempo para que modernos efectivos motorizados alemanes destinados al frente ruso tuvieran tiempo de situarse en posiciones de contraataque en las ocupadas Bélgica y Holanda; debíamos evitar que eso sucediera a toda costa.
Esa y otras razones nos empujaron a la toma de esas decisiones que cualquier general conoce pero que para un presidente de los Estados Unidos de America todavía hoy resultan todo un problema moral y filosófico. El eje sobre el cual giraba la Línea Benito se situaba en la población de Montecassino, donde se agrupaba un importante número de tropas de montaña italiana bien pertrechadas y suficientemente atrincheradas como para resistir varios meses, y no teníamos tanto tiempo ya que eso sólo suponía retrasar la ofensiva final que debería acabar en Berlín. Así es que el general Hodges, con el apoyo del pueblo estadounidense, ordenó durante la mañana del día 20 de junio el bombardeo masivo de la Abadía de Montecassino, donde se acumulaban una gran parte de los subministros, piezas de repuesto y arsenal de las tropas italianas(44).
Superada esta dificultad, la situación interna italiana solo podía ser calificada de “caótica”: Il Duce que desde la década pasada fustigaba con su fascismo a ese pueblo –y contaminando a otros como la hoy liberada España-, fue destituído por el rey Victor Manuel III y enviado al Hotel-Refugio del Gran Sasso, una especie de fortaleza a 2112 metros de altura, no se sabe bien si para protegerlo del exterior o para que la fiera no causara mayores daños. El mariscal Badoglio, constituído como el máximo mandatario de Italia, abría las puertas a una negociación para alcanzar un tratado de paz que acabara finalmente con el caso que empezaba a apoderarse de la nación; estaba seguro de poder controlar a los partidarios de Il Duce si fuera necesario; las tornas habían cambiado.
La situación era compleja: por un lado la posición de los aliados era clara pero con matices. Tanto los Estados Unidos como Gran Bretaña deseábamos firmar un armisticio en el plazo de tiempo más breve posible y así ahorrarnos los costes de invasión y poner en marcha la ofensiva hacia Alemania. Sin embargo mientras los ingleses deseaban imponer unas cláusulas sancionadoras muy duras con Italia –repitiendo así errores pasados- y mantener el status quo ejecutivo mediante un sistema monárquico representado por el rey Víctor Manuel III y un jefe de estado como el general Badoglio, nosotros estábamos convencidos que nuestra obligación era reemplazar a toda la cúpula que de un modo directo o indirecto había animado o apoyado las criminales acciones de Benito Mussolini desde los años 20. El pueblo italiano, de forma democrática merecía poder elegir a sus nuevos dirigentes y nosotros debíamos asegurarnos que cualquier manifestación fascista fuera erradicada del país; continuidad o ruptura?. Pero mientras las conversaciones y negociaciones se llevaban a cabo, dicté normas extremadamente claras acerca de la posición aliada: hasta que fuera firmada la paz con Italia deberíamos seguir tratando a los italianos como enemigos declarados por lo que nuestro avance no se detendría. Curiosamente los italianos creían –quizá demasiado inocentemente- que la retirada de Mussolini de la escena pública suponía de facto un tratado de no agresión.
Este presidente, mis generales y en conjunto, la totalidad de nuestras tropas, vivieron unos días caóticos en los que una sucesión de hechos extraños parecía poner en grave riesgo la operación de invasión. Los italianos se habían dividido entre los que habían decidido entregar las armas y disolverse, los que seguían comprometidos con la causa del Eje y los que optaban por incorporarse a los aliados, de forma que cuando nuestro ejército entraba en contacto con militares italianos debía considerar nuestras órdenes y tratarlos como enemigos cuando podían estos mostrar una actitud pacífica, hostil e incluso amistosa. En el bando alemán tampoco andaban mucho mejor las cosas: luchaban con italianos contra italianos. No era una situación de guerra civil, sino de desorganización.
Finalmente un informe tremendamente realista del general Hodges nos enseñó el camino de la rápida resolución del conflicto. Aplicando lo que posteriormente se conoció como la “Teoría del Ataque Directo”, Hodges había elaborado un preciso plan de intervención basado en una sucesión de cuatro invasiones anfibias (con el debido apoyo naval, aéreo y la participación de tropas de asalto aerotransportado) sobre puntos esenciales del mando italiano: Athenas, Salonika, Tirana y Durbovnik(45). Esto permitiría forzar de una sola vez la rendición italiana y al mismo tiempo dar satisfacción a las demandas de Winston Churchill quien se empeñaba en liberar Grecia y desde allí tomar posiciones de bloqueo a fin de obstaculizar el avance de las tropas soviéticas y, en general, del comunismo que –según él- amenaza en conquistar Europa. Además, nadie puede negar que el éxito de esta operación supondría una exhibición de fuerza ante la Alemania nazi aunque mucho me temo que ello no variaría en mucho la actitud de esa bestia llamada Hitler.
Así, que en pocas semanas dispusimos los preparativos necesarios y tras tomar el emplazamiento fortificado de Dubrovnik el 24 de julio, efectuamos un rápido movimiento de despiste -ya que los italianos se esforzaban en reforzar Tirana en el convencimiento que sería allí donde asestaríamos el siguiente golpe-, trasladando con una formidable eficiencia y rapidez toda la flota aérea y naval del Mediterráneo disponible hasta las aguas que bañan el Pireo y liberando la ciudad de Athenas el 4 de agosto. Sólo 10 días más tarde y en uno de los movimientos mejor ejecutados de lo que llevamos de conflicto, en la misma madrugada que el general Hodges desembarcaba en Salonika y nuestros paracaidístas tomaban por sorpresa Tirana, el general Craig entraba victorioso en la ciudad de Roma. Todo había acabado en unas 24 horas finales que sin duda asombraron al mundo por su impecable coordinación.
Ayer firmamos el armisticio con Italia; la decisión política –así como el caso español y francés- quedará para la próxima conferencia. Pero no todo ha sido tan fácil: miles de vidas aliadas y del eje se perdieron en una disputa que se sabía perdida desde el mismo momento en que triunfó la Operación Husky. La estupidez humana no tiene límites y en tierras itálicas hemos visto italianos luchar contra americanos, para luego hacerlo contra ellos mismos y contra sus aliados y siempre con el mismo resultado final: muerte. Grecia ha sido liberada después de su heroica resistencia, la Francia de Vichy sólo existe nominalmente –buena parte de su flota ha sido hundida durante esta última etapa bélica- y a pesar de todo estoy convecido que Alemania luchará hasta el final no porque sus enloquecidos líderes conserven la más mínima esperanza de triunfar o resistir, sino porque prefieren sacrificar a todo un pueblo antes de afrontar la vergüenza que sobre ellos se cernirá sin sombra de duda.
Que Dios nos asista porque lo más duro está por llegar.
Franklin D. Roosevelt,
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(42)Es una forma poco disimulada de explicar que la planificación que el autor realizó no tuvo en cuenta la necesidad de tener HQ a su disposición. Esto provocó que el avance por Europa quedara detenido hasta la creación de nuevos mandos. El tiempo se aprovechó en la toma de Sicilia para estar en disposición de, llegado el momento, iniciar la invasión del Sur de Italia (Hodges) en una acción coordinada con la que se iniciaría por el norte.
(43) El nombre real es “Línea Gustav” pero dado que en la narración las tropas alemanas se han retirado de la península italiana, parece más coherente que los italianos fieles a Il Duce le dedicaran esta defensa.
(44) La Abadía de Montecassino constituía un importante centro de los monjes benedictinos establecidos en la zona. Tanto ellos como la población próxima creían en la existéncia de un acuerdo tácito entre alemanes y aliados para respetar ese centro religioso. De esta forma, cuando los percances del conflicto destruían viviendas del pueblo, sus moradores buscaban refugio en la citada Abadía. El bombardeo aliado destruyó por completo el centro causando un elevado número de víctimas civiles.
(45) Argumento un tanto endeble para no escribir que la táctica no es conquistar todas las posesiones italianas sino solo los puntos de victoria que permiten la rendición.
(46) Aunque el final de la historia es exacto, realmente se firmó el armisticio el 3 de septiembre de 1943 con la condición que no se hiciera público hasta que las tropas americanas desembarcaran en Salerno. A partir de ese momento Mussolini fue liberado por intervención de las tropas alemanas que todavía estaban presentes en la península y suponían una grave amenaza. Il Duce se estableció al norte del país y fundó la Repúbblica Sociale Italiana en Salò creando un ejército de 150.000 hombres. Cuando el avance aliado forzó que Mussolini quisiera cruzar la frontera hacia Suiza, fue detenido y ejecutado.
“Seguramente no era el mejor portaaviones, de hecho no nació como tal, seguramente no disponía
ni de la mejor rampa, ni su velocidad de crucero era buena, ni siquiera servían
un rancho aceptable, pero Dios, como le hecharemos de menos!” Almirante Stark desde la base naval de Norfolk
Washington, 18 de agosto de 1943
El pasado 12 de julio uno de nuestros portaaviones más emblemático por los años que permaneció en servicio, el USS Saratoga, fue hundido en aguas del mar Adriático. Centenares de vidas se perdieron cuando el casco del buque no pudo soportar el impacto de sendos torpedos lanzados desde alguna embarcación italiana. El almirante Stark me explicaba esta tarde la curiosa trayectoria del Saratoga, construído en los astilleros de Nueva York y botado como buque de guerra el 25 de septiembre de 1920 con 33.000 toneladas brutas. Al parecer ya se intuyó que las necesidades de la marina pasaban por formar una flota integrada por portaaviones y se decidió adoptar esta embarcación a los nuevos retos; así cinco años más tarde fue rediseñado entrando en el servicio activo el 7 de abril de 1925 como portaaviones de la clase Lexington CV-3. su contribución al desarrollo práctico de nuevas técnicas de combate y doctrinas navales fue durante toda su vida útil muy considerable.
El capitán Albert C. Read, el militar que más tiempo tuvo el poder de su timón, logró sacar todo el partido posible a una embarcación que desde el mismo momento en que los Estados Unidos entraron en guerra, se sabía anticuada en relación al poderío enemigo. Estoy especialmente orgulloso al observar la particular hoja de servicios del USS Saratoga en Europa, no sólo en el apoyo aeronaval desempeñado durante las operaciones del Día D, sino especialmente, por su servicio a lo largo de la costa mediterráneo(46), primero frente a costas españolas y posteriormente italianas.
En diferentes ocasiones ha sido objeto de toda una serie de oportunas modificaciones que han ayudado a modernizar tanto sus prestaciones como equipo y armas tanto de defensa como de ataque. El resultado final de todo ello fue aumentar, hasta casi doblar, su tonelaje original situándose hasta la actualidad alrededor de las 52.000 toneladas. Por su pista de despegue hemos visto partir y llegar los más diversos aparatos; desde los antiguos Boeing F3B-1 fighters, hasta los Grumman F4F fighters, los Douglas SBD o los Grumman TBF torpederos.
La lista de embarcaciones enemigas hundidas por el grupo de combate que integraba el USS Saratoga es interminable y por esa razón he decidido realizar los honores necesarios para que sean otorgadas las 7 estrellas de guerra que sus servicios durante este conflicto le han hecho merecedor.
Desde el despacho de mi residencia oficial uno no puede evitar sentir el mayor de los respetos ante estas embarcaciones las cuales simbolizan mucho más que un despliegue de poderío militar. Porque en momentos como los de hoy, no es posible describir la tremenda pena que aborda al máximo representante de un pueblo que lucha por su supervivencia cuando conoce la notícia del hundimiento de algo que ha reunido tantos esfuerzos de nuestros más capacitados hombres. En sus camarotes se hallaran, sin duda alguna, los cuerpos atrapados para siempre de nuestros hijos que un día decidieron sacrificar su más preciado tesoro, su vida, en bien del valor más elevado que pueda tener un pueblo: su libertad.
Hemos recuperado los restos de su bandera de batalla que permanecerá en custodia oficial. Que Dios les acoja a todos.
Franklin D. Roosevelt,
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(47)De hecho el Saratoga fue destinado al frente del Pacífico; estuvo cerca del ataque a Pearl Harbour –concretamente en Wake Island- y participó activamente en la Batalla de Midway, Guadalcanal, Islas Marshall, etcétera. En dos ocasiones fue seriamente dañado por el impacto de torpedos o de aviones kamikazes pero siempre fue reparado con total garantías. Finalmente fue utilizado como blanco para tests atómicos del ejército americano y hundido cerca del atolón de Bikini en 1946.
No, si leyendo uno se entretiene y estas cosas te ayudan, tu lees esto por la noche y te deja relajado, porque es tan entretenido y ameno que te vas contento a tu cama por leer esto
PD: De verdad eso esta bien "Soldados Italianos defendiendose de los disparos de un francotirador Aleman" Capítulo XXXXVI....Pero no eran aliados, esta historia cada vez es mas interesante
@Ralfa: Si bueno, yo también agarraba los libros de Kotler para conciliar mejor el sueño . Sobre lo de los italianos luchando contra alemanes ya lo he explicado en el AAR. A la rendición italiana todavía existían algunos destacamentos alemanes por Italia que intentaban seguir resistiendo y de hecho reclutaron a parte del ejército italiano para seguir manteniendo "su orden". Otros efectivos italianos se desarmaron espontáneamente y otros se incorporaron al eje.
@Ralfa: Si bueno, yo también agarraba los libros de Kotler para conciliar mejor el sueño . Sobre lo de los italianos luchando contra alemanes ya lo he explicado en el AAR. A la rendición italiana todavía existían algunos destacamentos alemanes por Italia que intentaban seguir resistiendo y de hecho reclutaron a parte del ejército italiano para seguir manteniendo "su orden". Otros efectivos italianos se desarmaron espontáneamente y otros se incorporaron al eje.
“Si no conseguimos acabar con Norteamerica en los primeros meses,
me temo que habremos despertado a un monstruo
al que no podremos vencer” Almirante Yamamoto al Alto Mando de la Marina Imperial Japonesa
Washington, 20 de agosto de 1943
No es la primera vez –y mucho me temo que tampoco la última- que este diario escucha mis lamentos. Uno de joven cree que sus ideas son capaces de cambiar el mundo y que tiene condiciones para marcar una diferencia respecto al resto de humanos. Sabemos lo que haremos y lo que no, y conocemos los errores que en el pasado se han cometido y eso nos da la total seguridad que no caeremos en las mismas falsedades. Décadas más tarde uno se mira en el espejo por la mañana y se da cuenta que finalmente se ha convertido en aquello que iba a evitar y que la presidencia de los Estados Unidos le obliga a olvidar su propia conciencia y los valores sobre los que ha edificado su vida para plegarse ante un bien superior, el de su patria.
Hace veinticuatro años que la Universidad de Harvard acogió entre sus aulas (hasta 1921) a un joven militar nipón que, como alferez del crucero Nisshin, ya había vivido las desgracias de la guerra que enfrentó a Rusia y Japón. Fue precisamente en la batalla de Tsushima donde perdío dos dedos de la mano izquierda. Pocos entre los presentes podían mostrar un curriculum semejante. Allí fue cuando Soroku Yamamoto consiguió entender en buena parte la mentalidad y el potencial del pueblo americano. Tanto fue así que en un principio se mostró contrario a cualquier enfrentamiento bélico entre las dos naciones, aún así y atendiendo a las órdenes recibidas, planificó las estrategias navales para vencer a los Estados Unidos en el océano Pacífico. A Yamamoto no se le escapaba que las posibilidades de triunfo sobre los USA pasaban por asestar una serie de duros golpes que obligaran a la firma de una rápida paz; a medida que el conflicto se alargara así se inclinaría progresivamente la balanza favorable a los Estados Unidos.
Su aportación a la teoría del combate naval fue fundamental para conseguir que la marina japonesa fuera durante algunos años la principal fuerza desplegada en el océano Pacífico: la aplicación de la rama aeronaval basada en el poderío de los portaaviones sólo fue el primer paso, hasta llegar a las tácticas de ataque con torpedos una vez analizado la operación de ataque inglesa contra el puerto de Tarento. Así implementó un significativo cambio de táctica vista la desastrosa experiencia alemana de limitarse a cortar las rutas de suministro y hundir los mercantes. Decidió fomentar el ataque de navíos de combate enemigos y utilizar a sus submarinos contra todo tipo de embarcaciones norteamericanos si existía la más mínima posibilidad de alzarse con el triunfo –aún a costa de altas pérdidas-.
Pero el pasado día 10 de abril los servicios de espionaje nos notificaron que tenían información fiable respecto a la visita que en los próximos días realizaría a algunas bases el almirante Yamamoto. Fueron horas complicadas ya que la importancia de la acción a realizar exijía la autorización expresa del presidente de los Estados Unidos. Conocíamos la ruta, el día y la hora de la formación que transportaría al militar hasta su destino y su obsesión casi enfermiza por la puntualidad; su suerte dependía de mi firma.
Nunca se me han dado bien los asesinatos pero tras una serie de reuniones con analistas y expertos militares todos coincidieron en afirmar que su eliminación supondría, sin duda alguna, el acortamiento de esta guerra que en el frente del Pacífico todavía tenía que estallar ya que estábamos pendientes de tener a nuestra disposición el importantísimo contingente en buques que nuestros astilleros estaban produciendo. Nuevamente la decisión única de un solo hombre constituyó mi dilema durante escasas horas de insomnio.
A las 08:35h, el avión del almirante Yamamoto, un transporte Mitsubishi G4M Betty, escoltado por 6 cazas Mitsubishi A6M Zero y un transporte Betty donde se encontraba el resto del Estado Mayor de Yamamoto, fueron interceptados y derribados por nuestras fuerzas aéreas. Me pregunto si algún día podré dejar atrás estos remordimientos que noche tras noche acompañan mis sueños.
Incluso en la guerra hay que respetar a nuestros mejores enemigos.