Jornada 10: Millwall
Hace unos capítulos apareció por aquí Tony Cascarino. El irlandés que no era irlandés formó a principios una delantera absolutamente mítica, pero bastante desconocida en España, en una de las mejores épocas de la historia del Millwall, con este caballero que le acompaña en la foto de aquí debajo:
Exacto: Cascarino formó una delantera técnica, veloz, ágil y con un toque exquisito con el mítico Teddy Sheringham. Por favor, tratad de contener la risa, un respeto.

Teddy, que era solo un chaval de 16 años, fue fichado por el Millwall en 1982. Despuntó rápidamente en el equipo reserva, y tras dos cesiones (una de ellas al Djurgardens de Estocolmo, por si cierto sueco cuyo nombre empieza por J se pasa por aquí), en 1985 se asentó definitivamente en el primer equipo.
Demostró bastante olfato goleador, y ayudó a aupar al Millwall hasta las primeras posiciones de la First Division. En 1987, Cascarino llegó a los Lions, y aunque desde el primer momento todo el mundo dudó de si dos leñadores toscos y lentos podrían compenetrarse bien, tardaron menos de un mes en empezar a liarla. En su primera temporada juntos, ascendieron al Millwall a la First Division. Y en la segunda, a pesar de los unánimes vaticinios de descenso, encaramaron al club hasta la décima posición de la máxima categoría. El equipo descendería al final de la temporada 1989-1990 y Cascarino se marchó al Aston Villa. Teddy aún marcaría 36 goles en su última temporada con el Millwall, antes de su traspaso a un histórico, el Nottingham Forest.
Allí formó delantera con Nigel Clough bajo las órdenes de Brian Clough, el padre de Nigel Clough, claro. Duró un año, marcó 14 goles, dejó al equipo octavo en liga y subcampeón de la Copa de la Liga y se marchó a uno de los clubes de sus amores, el Tottenham. Todo el mundo coincide en que la falta de Teddy fue la causa principal del descenso del Forest la temporada siguiente.
Y es que el bueno de Teddy, en el norte de Londres dio un salto de calidad de caerse de espaldas. En su primer año marcó 22 goles y se llevó el Pichichi de la Premier. En su segundo año marcó 14 goles… claro que se pasó 20 partidos lesionado. El equipo lo pagó caro: luchó por evitar el descenso hasta el final. Con Jurgen Klinsmann formó una delantera letal entre 1994 y 1995 y en los dos años siguientes siguió marcando goles a puñados. Hasta 76 en 166 partidos con los de White Hart Lane.
Pero en 1997 tenía ya 31 años, no había ganado ni un título y en Manchester un club que vestía de rojo se había quedado sin Catoná y buscaba un delantero resolutivo y, sobre todo, carismático. Ferguson no lo dudó un segundo: Sheringham era el hombre indicado. Ahora puede parecer risible, pero a mediados de los 90 Sheringham era, junto con Shearer, el delantero más popular de las Islas Británicas.
En Manchester, sin embargo, su luz se apagó un tanto. Aunque marcó 14 goles en su primera temporada, el club no logró ningún título. Comenzó a hablarse de cierto gafe y circularon insistentes rumores sobre su traspaso. Todavía más cuando a comienzos de la temporada 1998-1999 los Red Devils ficharon a un viejo conocido de este AAR, Dwight Yorke, que junto con Andy Cole arrasó las porterias rivales de la Premier y dejaron a Teddy con un papel de segundón. Aun así contribuyó con sus goles a lograr el título de liga, el primero de su carrera.
Pocos días después de ganar la liga, Teddy se convirtió en una leyenda de Old Trafford, en el ídolo de los Red Devils y en uno de los jugadores más queridos por la afición. En la final de la Champions, y con el Bayern venciendo por 1-0 en el tiempo de descuento, Sheringham marcó el gol del empate y cedió de cabeza, apenas medio minuto después, un balón a Solksjaer que se convertiría en el gol de la victoria. Para rematarlo, el United completó poco después el triplete con la FA Cup. Teddy, con 33 años, ya tenía todos los títulos que tenía que tener y podía retirarse tranquilo.
Un momento… ¿alguien ha dicho retirarse? La siguiente temporada, que terminó con 34 años, siguió siendo el jugador nº12. Y en la 2000-2001, que concluyó con 35 años, fue el jugador que más partidos disputó, que más goles marcó… y que más votos se llevó de los aficionados y de los futbolistas de la PFA para el premio de Jugador del Año. De paso, sumó dos ligas a su palmarés.
Y se fue por la puerta grande. Vio llegar a un holandés de apellido Van Nistelroy y decidió que aquel ya no era su sitio. Volvió al Tottenham y siguió marcando goles durante dos años, aunque los resultados del equipo fueron modestos y perdieron una final de la Copa de la Liga. De ahí, se mudó todavía más al sur, a Portsmouth, donde marcó 9 goles. Y cuando el Pompey no quiso renovarle, el dijo que a sus 38 años era demasiado joven como para retirarse, que a él le quedaba mucho fútbol en las botas.
Así que para demostrarlo… fichó por el otro club de sus amores, el West Ham, a cuyo estadio acudía regularmente de niño. En la temporada 2004-2005 marcó 20 goles (el tercer goleador de la Championship), se llevó el premio al Jugador del Año, clasificó a los Hammers para la final del playoff y lo ganaron al Preston North End. Como bien sabéis, Teddy sigue jugando, y además con cierta regularidad. Tanto que en diciembre se convirtió en el jugador más “viejo” de la historia en jugar… y marcar en un partido oficial de la Premier League.
No parece probable que Teddy siga el año que viene en Upton Park. Pero no os preocupéis: no piensa retirarse. Se habló de su marcha a Australia, pero ahora parece que se reunirá con un viejo amigo de fútbol y cervezas, Darren Anderton, en el Bournemouth.
Y claro, en algún momento tenía que pasar. Hemos perdido. Parece que no, pero dos partidos sin Liddle (por lesión), un empate y una derrota.