Premier League, jornada 8: Tottenham Hotspur
Ya lo han escrito otros, así que no lo voy a hacer yo. Obviamente, lo ha escrito un argentino… pero eso es lo de menos. Lo de más es que las guerras y el fútbol nunca se han llevado bien.
Y además era uno de los titulares en Evasión o Victoria.
Y dicho esto, la visita a White Hart Lane la salvamos con una victoria por la mínima, que no está mal.
En realidad, el partido lo sacamos adelante por una defensa inmensa y un partidazo de Eagle en la portería.
Ya lo han escrito otros, así que no lo voy a hacer yo. Obviamente, lo ha escrito un argentino… pero eso es lo de menos. Lo de más es que las guerras y el fútbol nunca se han llevado bien.
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Marzo de 1982. Gran Bretaña y Argentina se declaran la guerra por el conflicto de Las Malvinas. Después de que los británicos abrieran las hostilidades con el inicio de la Operación Black Back (carnero negro), donde los aviones de la RAF bombardearon sin cesar el puerto argentino, con el propósito de conseguir rendir cuanto antes a los sudamericanos que defendían el archipiélago. Los militares argentinos, en desventaja, deciden poner en alerta a todo su personal para frenar el empuje británico. Las Fuerzas Armadas de Argentina se disponen a contraatacar, y para ello orquestan una maniobra donde la totalidad de sus cazas salgan al encuentro de la flota del Reino unido. La misión más delicada se le asigna a la denominada Sección Rubio, una escuadrilla de combate con mucha experiencia. Al frente del contraataque parten el Capitán Rhode y el Primer Teniente Ardiles, que despegan de la base Río Grande en misión de patrullar sobre las islas y abatir cualquier fuerza enemiga. Al atardecer, y después de varias escaramuzas, Rhode debe volver a la base por problemas en su aparato, y Ardiles decide seguir la misión patrullando en solitario. Cuando sobre los tejados de escapa la tarde, un avión británico se coloca en la cola del aparato del ‘Pepe’ Ardiles, que trata de mantenerle alejado a una distancia de tres millas. El argentino, desesperado, no puede contener el empuje del enemigo. Recibe el impacto de un misil, se escucha una explosión y el caza de Ardiles se pierde entre la nada. Desde la base argentina, Ardiles es llamado con insistencia a través de todas las frecuencias radiofónicas. No hubo respuesta. Los restos del avión cayeron en llamas sobre la isla de Bouganville, y a pesar de que muchos helicópteros buscaron el cuerpo del capitán Ardiles, fue imposible dar con su paradero. José Leonidas Ardiles, primer teniente, fue el primer piloto en regar con su sangre Las Malvinas, cayendo en combate un 30 de marzo.
La muerte de Ardiles causó conmoción en Argentina, donde toda su familia y allegados lloraron la pérdida, aunque el fallecimiento del primer teniente se vivió con especial dramatismo en la capital de Inglaterra, en Londres. Allí, en el corazón del Reino Unido, había echado raíces el primo del primer teniente, Osvaldo Ardiles. Eran malos tiempos para ser argentino y vivir en Londres, pero todavía mucho peores si uno era porteño y además, era personaje público en la vida de los ingleses. Y ése, precisamente ése, era el caso de Osvaldo Ardiles, futbolista y flamante estrella del Tottenham Hotspurs. Sólo una semana después de que estallara el conflicto armado, y del conocimiento de la muerte de su primo, Ardiles estaba en el ojo del huracán de la prensa inglesa. Mientras su país y sus vecinos de residencia se mataban a tiros por la soberanía de Las Malvinas, él tenía que seguir siendo profesional y desempeñar su profesión con total normalidad. Estaba entre la espada y la pared. Tanto, que el caso de Ardiles fue la noticia principal de todos los periódicos deportivos de la época, que se preguntaban acerca de qué debía hacer su club y sobre todo, cuál sería el comportamiento del futbolista. Ardiles, junto a Villa, otro argentino que jugaba para los Spurs, pasó los peores días de su día, y estuvo a un paso de hacer las maletas y desaparecer de Inglaterra para no volver nunca más. Pero no lo hizo.
Atosigado por los medios de comunicación, que le preguntaban acerca de su postura en el conflicto, Ardiles tomó una postura tan criticada como valiente. Su respuesta, visceral y sincera, contundente, fue asunto de estado en el fútbol inglés.
- Lo que está pasando es horrible, pero soy argentino y apoyo a Argentina, que es mi pueblo. Vivo en Inglaterra y mi familia también, pero sólo puedo decir que Las Malvinas son argentinas.
Aquellas declaraciones cayeron como una bomba de relojería en Inglaterra. Muchos criticaron con ferocidad al futbolista y exigieron su marcha de la liga inglesa, mientras que otros entendieron que siendo argentino, el deber y el derecho de Ardiles era defender a Argentina. Después de esas manifestaciones, el cerebro del Tottenham era el epicentro de todas las informaciones deportivas, no sólo de Inglaterra, sino también de Argentina. El 8 de abril de 1982, una semana después de que un caza inglés acabara con la vida de su primo, Osvaldo Ardiles acudió a White Hart Lane, el estadio del Tottenham. Entró en silencio en los vestuarios, se cambió, se calzó las botas y saltó al campo de juego. Los Spurs recibían al Leicester City, y cuando el balón echó a rodar, Osvaldo Ardiles fue el protagonista de una de las anécdotas más recordadas de la historia del fútbol. Cada vez que la pelota llegaba al argentino Ardiles, los hinchas del Lester City gritaban ‘England, England, England’. Ardiles, muy profesional, escuchó jalear a la grada, aunque en ningún momento entró al trapo, perdió la concentración o respondió a las provocaciones. Sin embargo, al cuarto de hora, ocurrió un milagro. Lo que los fusiles no consiguieron en Las Malvinas, lo hizo posible la hinchada de White Hart Lane. Con el paso del tiempo, lo que ocurrió aquella tarde, Ardiles lo recuerda así:
- La hinchada del Leicester no paraba de pitarme. Cuando la cogía, me gritaba con rabia ‘England’, una y otra vez. Al principio no me afectó, pero después de quince o veinte minutos, empecé a escuchar que esos gritos se fundían con otros de los hinchas de mi equipo. Cuando fui a lanzar una falta, toda la hinchada del Tottenham estaba replicando a los del City, y gritaban ’Argentina, Argentina’. Jamás olvidaré lo que pasó aquella tarde en ese estadio. Mientras argentinos e ingleses se mataban, los hinchas del Totenham nos dieron una lección a todos…
Sin embargo, como el conflicto de Las Malvinas se recrudeció, Osvaldo Ardiles, más conocido por Ossie entre la grada de los Spurs, negoció su salida de Londres de una manera amistosa y decidió volver a su país. Lo hizo para ponerse a las órdenes de Menotti y preparar el Mundial de España en 1982, siendo consciente de que sería muy complicado volver a jugar algún día en el fútbol de Inglaterra. Después de un fugaz paso por el París Saint Germain, y una vez acabó la Guerra de Las Malvinas, Ardiles regresó a tierras inglesas. Allí, lejos de ser recibido con reservas, se le trató como el hijo pródigo que regresaba al hogar. Campeón del Mundo con Argentina en 1978, el ‘Pitón’ Ardiles, el centrocampista cerebral que había hecho campeón de la F.A. Cup al Tottenham en dos ocasiones (1981 y 82), volvió a su hogar. En su segunda etapa como líder de los Spurs, Ardiles no sólo fue un referente para su equipo, sino uno de los futbolistas más admirados y respetados de todo el Reino Unido por su profesionalidad y su humanidad. En 1984, Ossie Ardiles fue básico para que los Spurs conquistaran la Copa de la UEFA ante el Anderlecht, y fue elegido el mejor jugador del partido. Tres años después, abandonó White Harte Lane en lo más alto de su carrera deportiva, con el cariño de toda una afición, y empezó su recta final como futbolista. Pasó por el Blackburn Rovers, el Queen’s Park Rangers, el Fort Lauderdale Strikers de la NASL norteamericana y finalmente, acabó su carrera en el modesto Swindon Town, donde colgó las botas en 1991. Después, Ardiles comenzó su carrera como entrenador y ejerció en el país que le había dado todo en lo futbolístico, y llegó a dirigir a varios equipos ‘grandes’ de Inglaterra.
A día de hoy, Ossie, como se le conoce de forma cariñosa en Inglaterra, dejó constancia de su clase y se convirtió en un ídolo de masas en Gran Bretaña, donde el pueblo le considera una auténtica institución. Sin duda, Ardiles fue un gran futbolista, pero siempre será recordado por su valentía y honradez durante la Guerra de Las Malvinas, donde se ganó el corazón de su patria y el respeto de la mayoría del pueblo inglés. A muchos kilómetros de distancia, los ingleses habían matado a su primo, hoy día como un héroe de guerra en su país. Una semana después, Osvaldo Ardiles tomó la decisión más difícil de su vida. Declaró públicamente que Las Malvinas eran argentinas estando en suelo británico, y jugó un partido de la liga inglesa ante 50.000 hinchas ingleses.
El 13 de junio de ese mismo año, en el Mundial de España, Argentina perdía contra Bélgica. Un día después, los militares argentinos firmaban la rendición de Las Malvinas y las tropas inglesas tomaban el archipiélago. Cuatro años más tarde, en 1986, un argentino sin fusil, pero con una bomba de racimo en la zurda, Diego Armando Maradona, se tomaba cumplida revancha de la guerra de Las Malvinas. Su gol meteórico y su célebre Mano de Dios servían para derrotar a Inglaterra en el Mundial de Mexico, en 1986.
Argentinos e ingleses jamás podrán olvidar el horror y la muerte de Las Malvinas. Una isla perdida que se convirtió, durante 74 interminables días, en un pozo de sangre, muerte y dolor que sacudió 1982. Lo que tampoco olvidarán los argentinos y los ingleses fue al único hombre que les mantuvo unidos mientras sus compatriotas se mataban a tiros. Ese hombre era un tipo ligero, producto de la cantera de Huracán, con clase y buen toque de balón. Un tipo al que en el santoral argentino se le conoce como ‘El Pitón’ y al que, en el santoral británico se le rinde culto con el entrañable diminutivo de ‘Ossie’. Para ambos, un héroe. Un tal Ardiles.
Por Rubén Uría.
Y además era uno de los titulares en Evasión o Victoria.
Y dicho esto, la visita a White Hart Lane la salvamos con una victoria por la mínima, que no está mal.
En realidad, el partido lo sacamos adelante por una defensa inmensa y un partidazo de Eagle en la portería.